Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
23 de octubre de 2017

Gobierno en estado de coma

Vamos por más con la Huelga General

20 Dec 2001   |   comentarios

Se vive una revuelta nacional del pueblo pobre, las clases medias y los trabajadores. Por eso cayó Cavallo.
Irrumpió un clamor popular, como no se veía nada igual desde el fin de la dictadura militar: que se vayan. No se pueden sostener con el Estado de Sitio. Apenas fue anunciado por De la Rúa se llenaron las calles a desafiarlo. Espontáneamente, en las principales ciudades del país hubo cacerolazos, bocinazos de los automovilistas y formidables concentraciones de masas en la Capital del poder político. Sumaron decenas de miles los que manifestaron frente al Congreso, a la Casa Rosada en Plaza de Mayo, y hasta en la casa particular de Cavallo y la propia residencia presidencial en Olivos. Los gases contra la manifestación, más que una utilización del Estado de Sitio fue la reacción lógica de un gobierno en estado de coma.
Hay una insubordinación generalizada de todas las clases explotadas y oprimidas. Todas las direcciones oficiales han sido desbordadas. El país entró abiertamente en una situación que signará la próxima etapa, donde los de arriba no pueden seguir dominando como antes y los de abajo no quieren seguir viviendo como hasta ahora.
Miles de pobladores y familias en la miseria absoluta, desesperados, simultáneamente en 11 provincias se agolparon frente a los supermercados en busca de alimentos. Fue superior a hechos similares que se produjeron en el 89. En esta depresión económica se ven crudamente las contradicciones del sistema capitalista: millones no tienen para darle de comer a sus hijos, mientras los alimentos se abarrotan en las góndolas y depósitos. Encima son reprimidos: al cierre de esta edición ya había 7 asesinados, 137 heridos y más de 500 detenidos en todo el país.
Ya hay 5 millones de desocupados y subocupados, y se multiplican los cierres de empresas y despidos, a los que ofrecen resistencia múltiples conflictos obreros.
Los pequeños comerciantes son empujados a la quiebra y arden de bronca junto a los que les han sido retenidos sus ahorros: promueven cacerolazos y cortes de calles en plena Capital Federal, y hasta en los barrios ricos. En las tierras más fértiles de la provincia de Buenos Aires, los chacareros pobres con sus campos inundados e hipotecados están indignados contra la usura de los banqueros y el gobierno.
A los jubilados y trabajadores se les impide cobrar todo su salario y aguinaldo, que en gran parte es pagado en bonos. El séptimo paro general contra De la Rúa volvió a mostrar en forma masiva y contundente el rechazo de millones de trabajadores que paralizaron el transporte, la industria, la administración estatal.
Aún habiéndose desprendido de Cavallo, el gobierno de De la Rúa es ilegítimo y odiado por la mayoría nacional. Con la rebelión popular tiramos a Cavallo, hay que ir por más: fuera De la Rúa.
A este gobierno lo sostiene el imperialismo y un puñado de banqueros y grandes empresarios: el Citibank, el Banco de Boston y el Galicia, Carrefour y Wal Mart, Telecom y Telefónica, Repsol y Fiat, Techint y Pérez Companc. No más de 20 ó 30 grupos que entrelazan al gran capital extranjero con el nacional, y han concentrado los principales resortes del poder económico en la última década. Son una minoría complotada para mantener sus extraordinarias ganancias y pagar la deuda externa a los buitres del FMI. A su servicio, este gobierno pretende seguir arremetiendo con el Déficit Cero para pagar la deuda externa, contra el empleo, el salario, la salud, la educación y el ahorro de la mayoría popular. De aquí que cada lucha parcial, por importante que sea, debe ser librada firmemente en una perspectiva de conjunto a favor de los trabajadores y el pueblo de todo el país.
Necesitamos preparar una gran gesta nacional, una acción independiente de millones, todos juntos coordinadamente. Una huelga general con piquetes en las rutas, fábricas, bancos y ocupar masivamente las calles, por el tiempo que sea necesario hasta terminar con este gobierno.

Y no estamos condenados de antemano a que vuelva el PJ de los Ruckauf, Duhalde, De la Sota y Reutemann, los que con Menem hundieron al país, y ahora lo siguen haciendo en las provincias que gobiernan. Ellos también son resistidos masivamente con huelgas y movilizaciones de municipales y estatales en Córdoba y Buenos Aires. Reutemann fue el que más reprimió frente a los supermercados dejando varios muertos.
No puede volvernos a pasar como cuando echamos a la dictadura militar asesina y vino el engaño de que "con la democracia se come, se cura y se educa". Ni como después de la catástrofe de la hiperinflación del 89, cuando prometieron "revolución productiva y salariazo". No es cierto que haya que seguir soportando que, de una u otra forma, nos hagan pagar de nuevo la crisis de sus negocios. Esta vez la crisis la tienen que pagar ellos, los que la produjeron, los capitalistas. En la actual "convocatoria de acreedores" generalizada, toda la clase dominante es consciente que para salvar sus intereses los que deben pagar son los trabajadores y el pueblo. De una u otra forma: si la rebelión popular obliga a a renunciar a De la Rúa, querrán pactar para un gobierno de "unidad nacional" o directamente que asuma el PJ. Es decir que si no pueden descargarnos su crisis mediante la baja directa de salarios y recortes al presupuesto del estado como hasta ahora, buscarán hacerlo con la devaluación del peso. Pero con ello la crisis no concluirá, más bien se va a agravar.
Por ello no se puede mirar para arriba esperando que lleguen soluciones mágicas. Son ellos o nosotros. Las salidas no vendrán de los enriquecidos diputados o senadores coimeros del Congreso. Y tampoco de las cúpulas de dirigentes sindicales millonarios. La fuerza para cambiar de cuajo esta situación, para remover al país desde sus cimientos viene de abajo. Podemos y debemos dar nuestra salida, la de la Argentina de los trabajadores y el pueblo pobre.
El PTS propone en estas páginas un programa para triunfar, para producir un cambio profundo y verdadero, revolucionario, que debe conducir al gobierno obrero y popular, porque nada cambiará realmente sin expropiar a la minoría de expropiadores de la mayoría nacional. El programa desarrollado en esta Edición Especial de La Verdad Obrera lo ponemos a consideración para ser discutido, enriquecido y tomado como suyo por las organizaciones obreras, sindicales, piqueteras y estudiantiles combativas. Y por todos los que buscan una salida independiente. A los trabajadores y estudiantes conscientes de las definiciones y grandes batallas que se vienen, los llamamos a tomar partido por este programa y combatir por él.









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