Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
Martes 2 de Septiembre de 2014
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La Verdad Obrera Nº 456 (sólo en internet)

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ACERCA DE LA ÚLTIMA NOUVELLE DE ANDRÉS RIVERA

Un discurso de la melancolía

08 Dec 2011   |   comentarios

  • Andre Rivera

“Miro las gotas de lluvia bajar por los vidrios de la ventana que da al río.
Melancolía. ¿Tiene horarios la melancolía? A mí me llega de cinco a siete de la tarde.
¿Quiénes aludieron a la melancolía como una dolencia ineludible y, también, soportable?
¿Lord Byron? ¿Erdosain? ¿Chéjov? ¿Jean Valjean? ¿Trotsky? ¿Borges?”

Andrés Rivera, Kadish

La historia y sus personalidades salientes. La literatura y sus personajes (y autores) destacados. La política, que envolvió a su familia, desde los pogroms en Europa contra los judíos, pasando por La Liga Patriótica argentina, el PC, las huelgas obreras y el peronismo. La dictadura y sus deletéreas consecuencias que (nos) llegan hasta el presente. Personajes nefastos (policías y milicos), y héroes de la clase trabajadora: luchadores y militantes, a los que Andrés Rivera les deseó, desde el título de una obra, “el paraíso” [1]. Y en esta misma línea se inscribe Kadish [2], su última nouvelle.

En ella, una vez más, Arturo Reedson recuerda, e invita a lector a acompañarlo. ¿Qué recuerda Reedson? Su vida, y las vidas ajenas, de personalidades conocidas y de sus familiares. Seguir su discurso, entonces, es como iniciar un trance donde, de manera vertiginosa, las luchas y las injusticias libran batalla permanentemente, en el recuerdo, en la memoria, de Reedson. Un viaje a lo largo de la historia: la Revolución Rusa de 1917 y la guerra civil española, el stalinismo y el asesinato de Trotsky, las huelgas obreras en Argentina y el peronismo, el PC y las dictaduras. Como ya dijimos en otro artículo [3] a propósito de la obra de Rivera, encontramos en ella “pasajes, túneles y puentes entre países y épocas histórico-políticas”.

Así una labor de varias décadas continúa. Rivera, ha traído al presente (las últimas décadas neoliberales: las que proclamaron el “fin de las ideologías”, el fin de los “grandes relatos” –especialmente el marxismo– y el “fin de la clase obrera”, entre otros tantos fines –que, se puede ver más claro hoy– no finalizaron), desde las novelas y relatos, hechos que recuperan tradiciones (como la necesidad de enfrentar y escarmentar a los carneros de huelgas [4]) que las clases dominantes preferirían poder sepultar. La prosa de Rivera es melancólica, y hasta me atrevo a decir: posee una áspera ternura en sus momentos de lamento poético. Pero nos acerca también, desde una consciente evocación vital, enérgica y personalísima, y a la vez histórica, el recuerdo y la protesta ante las barbaries, el fascismo, de los ricos y poderosos.

Y el presente también está presente en el memorioso Reedson:

“¿Mojaste los dedos, Arturo Reedson, en la sangre de Jorge Julio López, ese anciano al que asesinaron, ese anciano que caminó, sin saberlo, relajado, anónimo, con bonhomía, hacia los fierros de sus criminales?

¿Quién se acuerda de él?

¿Quién?

¿Quiénes?

Vos, sí, ¿y quiénes más?”.

La remembranza en Kadish incluye al menos dos fragmentos de otra persona: Susana Fiorito. Al comienzo y al final. Rivera recuerda (nos hace recordar con ella) su militancia en 1971, como parte del sector de prensa del sindicato clasista Sitrac. Dice/le hace decir: “Trabajé en estrecha relación con Carlos Masera, Domingo Bizzi, Santos Torres, Rafael Clavero, Francisco Páez, Gregorio Flores, Luis Argañaraz. A todos ellos, salvo Argañaraz, los seguí viendo a lo largo de los años. Páez murió, y con Clavero perdí contacto a fines de los años 90” [5].

Rivera enlaza las gestas históricas de luchas, sueños y ambiciones políticas de aquellos años revolucionarios con el presente, de manera realista y sombría, donde los asesinos y sus crías –para evocar otro de sus títulos– parecen, con éxito, poder perpetuarse. Por ello:

“Reedson, solo en su departamento de un piso doce del barrio porteño de Belgrano, piensa en el rencor inextinguible de los que miraron para otro lado a partir del 24 de marzo de 1976; de los que no cesan de exigir ley y orden para los que tienen los bolsillos vacíos y vacíos y vacíos de futuro; para los que no comen hoy y tampoco mañana; para los heréticos, para los que dicen no, para los desesperados.
[…]

Buenos Aires, aún hoy, es una fiesta”.

La melancolía riveriana no deja de ser un claro señalamiento de las injusticias presentes, odiables hijas directas del pasado.

Contra la “fiesta” de la derecha, Rivera evoca, en una suerte de anti-fiesta narrativa, una vez más (recordar el tierno y dolido “Pirí”, el último cuento de Estaqueados [6]), a quien se autopresentaba como “nieta del poeta e hija de un torturador”: Pirí Lugones, a quien conoció en la mítica editorial Jorge Álvarez, y que fue, pese a su notorio linaje, secuestrada, vejada y asesinada por los militares. De manera tan lacónicamente como breve, Rivera expone al lector las crueldades humanas, sin necesidad de “decirlo todo”, de ser explícito; sin “pedagogías” pero sin embargo con una claridad política –en muchos casos “no inmediata”– filosa, poderosa.

* * *

Aunque se puedan encontrar algunas afirmaciones y elucubraciones (políticas) discutibles, de escéptica incredulidad (como pensar que Trotsky poseía trabas y escrúpulos, a diferencia de Lenin y su “acción revolucionaria”, debido a alguna clase de fidelidad a la “pureza teórica”[?]; o que Trotsky estaba “tan desesperado”[?] que dejó, en México, que Mercader lo asesinara tras llegar con un grueso abrigo en un clima “casi tropical”), Rivera nos acerca una vez más sus recurrencias, obsesiones y discursos que campean (una vez más) sobre la historia pasada y reciente.
Rivera impacta en la sensibilidad de los/as lectores/as con la fuerza de un látigo.

Es un auténtico –y por ende atractivo– caleidoscopio poético y social.

[1] Andrés Rivera, Para ellos, el paraíso. Y otras novelas, Bs. As., Alfaguara, 2002.

[2] Andrés Rivera, Kadish, Bs. As., Seix Barral, 2011.

[3] Ver: Demian Paredes, “Reeditaron ‘La sierva’, de Andrés Rivera. Política y poder en el siglo XIX”, La Verdad Obrera N° 352
(http://www.pts.org.ar/spip.php?article14190).

[4] En La lenta velocidad del coraje tenemos a Demetrio y Luján, dos obreros textiles que llevan 3 meses en huelga, y donde hay un joven carnereando. Allí leemos: “Enceguecido por el sudor, Demetrio escuchó a Luján la próxima vez no te voy a dejar un hueso sano, ¿entendés?, y se limpió el sudor de la cara, y alzó los ojos: Simón sangraba por la boca, y movía los brazos para atajar los golpes que, con la mano abierta, le descargaba Luján en la cara y en las orejas no quiero verte más por acá, ¿entendés?, y las bofetadas de Luján eran disparadas con una exacta crueldad, y había marcas rojas y blancas en la cara del pendejo si te llego a agarrar carnereando otra vez te vas a despedir del oficio, ¿entendés?, y Demetrio apartó los ojos de las manos de Luján, y de la cara de Simón, porque lo que vio lo dejó sin aire, y porque Luján nunca prometía lo que no fuera a cumplir.

Demetrio suspiró, cansado: no se preguntó si un canalla aprende la fatal precariedad de ciertas impunidades, pero a Luján le sobraban agallas para zamarrear a un tipo hasta que el tipo aprendiese –o clamara, en nombre de su madre, que había aprendido– que las impunidades no son eternas. Luján dijo, una y otra vez, a lo largo de esos tres meses de agonía, sin que sus palabras sonasen gozosas o perversas, que era útil y eficaz enseñar que el carneraje se paga, aunque esa enseñanza no apresurara nada, aunque esa enseñanza no los acercara a nada.

Salieron del galpón y caminaron en silencio, como dos desconocidos, unas pocas cuadras. Entraron a un bar, y Luján pidió, para los dos, salchichas saltadas con huevo, y una botella de cerveza, la más fría que hubiese en la heladera del bar” (Andrés Rivera, La lenta velocidad del coraje, Bs. As., Alfaguara, 1998, pp. 120 y 121).

[5] Lamentablemente también ha fallecido –recientemente– Gregorio Flores. Ver: Hugo Echeverre, “Homenaje a un clasista”, La Verdad Obrera N° 453 (http://www.pts.org.ar/spip.php?article19716).

[6] Andrés Rivera, Estaqueados, Bs. As., Seix Barral, 2008.

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