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Túnez y la primavera árabe

27 Jan 2011   |   comentarios

Mientras prosiguen las protestas en Túnez contra el gobierno de transición, Egipto vive manifestaciones históricas

Las promesas y los gestos de apertura del gobierno de Ghannouchi luego de la huida de su ex patrón, el dictador Ben Ali, no bastó como para aplacar las protestas en Túnez. Las calles de las principales ciudades del país siguen siendo el teatro de importantes manifestaciones y la clase obrera se perfila cada vez más como un actor central de la situación, aunque hasta ahora controlada por los sectores “radicales” de la poderosa central sindical tunecina, la UGTT.

El gobierno de Ghannouchi anunció la liberación de todos los presos políticos, mientras que muchos de los actuales ministros se desafiliaron del RCD, el ex partido del régimen. El gobierno transitorio hasta llegó a anunciar el procesamiento del ex dictador y de algunos de sus parientes y colaboradores cercanos por corrupción y enriquecimiento ilícito y la creación de un subsidio para los jóvenes licenciados actualmente desocupados. Los manifestantes siguen exigiendo sin embargo ya no solo la salida de todos los ministros RCD del actual gobierno, sino la del propio Ghannouchi. Ésta fue una de las demandas de los manifestantes de la “caravana de la libertad” que salió del Sur del país y llegó a la capital, Túnez, el día 23. Desde entonces miles son los que desafían a diario el toque de queda y acampan día y noche en la plaza de la Khasbah, frente al palacio del gobierno, exigiendo su renuncia. Fueron los que el 25/1 dispersaron la marcha a favor del gobierno orquestada por Ghannouchi que terminó en un fracaso. Llamativamente, hasta el discurso a los manifestantes pronunciado el 24/1 por el popular jefe de Estado mayor de las FFAA Rachid Ammar y que llamaba a la calma y a la paciencia no logró apaciguar los ánimos, por más que prometiera que el ejército se comprometía a ser “garante de la revolución tunecina”.

El éxito de la huelga docente y la huelga general en Sfax

Con el tiempo el proceso tunecino sigue arraigándose en la clase obrera, en particular entre aquellos sectores que estuvieron, históricamente, a la cabeza de la oposición a Ben Ali. La huelga general indefinida convocada a partir del 24/1 por el sindicato docente de la poderosa central sindical UGTT, con la exigencia de la renuncia de Ghannouchi, fue acatada en forma casi unánime en las escuelas del país y bastante seguida en los colegios secundarios. La burocracia terminó levantando la medida de fuerza después de 48 horas alegando que había sido un éxito pero no gozaba de suficiente popularidad entre los padres. Lo que teme en realidad la dirección del sindicato docente (históricamente opositora a Ben Ali, aunque sobre bases moderadas, más aun hoy en día después de la caída revolucionaria del dictador) es que la huelga se trasforme en columna vertebral de la oposición al gobierno de transición que hoy por hoy apuesta a reformas cosméticas y negociados con las FFAA y la UGTT para conseguir la estabilización del país. La presión de la base obrera sigue siendo muy alta, sin embargo, como lo atestigua la huelga general que empezó a paralizar el 26/01 la segunda ciudad del país, Sfax, el pulmón económico de Túnez.

Acorralado por las protestas Ghannouchi anunció la creación de un nuevo gabinete cuya proclamación va postergando. Es bastante poco probable que el cambio gubernamental que podría tener lugar el 27/01 logre calmar la situación, por más que termine marginando a los ministros más vinculados con el benalismo y de más espacio a la ex oposición. Al protestar contra la presencia del RCD y exigir la disolución del ex partido benalista y la renuncia de Ghannouchi, los manifestantes cuestionan objetivamente las bases mismas del viejo régimen. Es lo que comprendió la oposición burguesa más radical, tanto el social demócrata Congreso por la República de Moncef Marzuki como los islamistas de Ennahda. Más que nunca, es necesario recalcar que la única salida auténticamente democrática para el país, alternativa a la trampa de las “reformas cosméticas” y del recambio gubernamental de Ghannouchi tanto como a las opciones más radicales de la oposición burguesa que exige la dimisión del Premier, pasa por la convocatoria de una Asamblea Constituyente Revolucionaria capaz de rediscutir las bases mismas del país sobre las ruinas del régimen benalista y los acuerdos de sumisión imperialista a Francia y la UE. Tal Asamblea Constituyente Revolucionaria no podría sino estar convocada por un gobierno obrero, campesino y popular basado en los comités de huelguistas, de autodefensa y populares independientes del ejército y constituidos por los que fueron el motor del movimiento que tiró a Ben Alí y son hoy el sostén de la oposición a Ghannouchi, la clase obrera y la juventud.

Históricas movilizaciones en Egipto

Mientras tanto, Túnez sigue teniendo un enorme impacto en el conjunto del mundo arábigo musulmán. Muchos fueron en los últimos días los casos desesperados de inmolaciones (en Egipto, Argelia, Marruecos, etc.), a imagen y semejanza del suicidio de Mohamed Buazizi con el cual inició el proceso tunecino a mediados de diciembre. Todo cambió sin embargo el 25/1 con las manifestaciones que sacudieron las principales ciudades de Egipto. Desafiando el estado de sitio en vigor desde 1981, cuando Hosni Mubarak llegó al poder, miles de manifestantes se enfrentaron con la policía en El Cairo, Suez, Alejandría, Ismailia, exigiendo la renuncia de Mubarak en el poder desde hace 30 años. Con un saldo de cuatro muertos se trataron de las manifestaciones más importantes desde la revuelta del pan de 2007.

Las protestas, en gran parte espontáneas, no fueron encabezadas por los partidos de la oposición legal y ni siquiera por el poderoso movimiento de los hermanos musulmanes, principal fuerza de oposición a Mubarak. Lejos de retroceder ante las cargas de la policía, los manifestantes resistieron durante varias horas frente a las fuerzas de represión en el mismo centro de la capital. Por otra parte, las marchas tuvieron un marcado carácter popular y hasta obrero en algunas ciudades, con Mahalla, teatro ya en 2007-2008 de las grandes huelgas textiles que habían desembocado en la huelga general del 4 de abril de 2008.

El régimen egipcio suspendió todas las conexiones a las redes sociales que utilizó la juventud cairota para llamar a las protestas del 25/1 y no vaciló en reprimir duramente todo intento de concentración el 26/1, llevando a cabo redadas policíacas y casi 700 detenciones en sólo dos días. Se volvió a llamar a una jornada de protesta para el 28/1, después de la gran plegaria del viernes.
Mubarak piensa que bastará la represión y la presencia del ejército en la calle para aplacar las protestas. Lo mismo pensaba Ben Ali hasta el último minuto, hasta que la oleada popular se lo llevara. Queda por ver cómo evolucionará en los próximos días la situación tanto en Túnez como en Egipto. Parece sin embargo que más que nunca las marchas de la avenida Burguiba de Túnez dieron inicio a una nueva primavera árabe.

Un golpe al imperialismo yanqui

La situación abierta en Egipto es además un nuevo dolor de cabeza para Washington. El país norafricano es el segundo receptor de ayuda financiera militar estadounidense después de Israel y el dictador Mubarak es un aliado indispensable para la política de Estados Unidos en Medio Oriente. Tan así es que Hillary Clinton afirmó el 25/1 que “el Gobierno egipcio se mantiene estable a pesar de las protestas ", mientras que el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, preguntado sobre si Estados Unidos continuaba apoyando a Mubarak, señaló que Egipto sigue siendo un "importante y estrecho aliado" (Europapress, 26/1).

De esta manera el despertar de las masas egipcias se convierte en un nuevo frente que debe encarar Barack Obama.

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