Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
12 de diciembre de 2018

La Verdad Obrera N° 551

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Tucumán: repudio al pacto de impunidad

12 Dec 2013 | Alejandra Arreguez   |   comentarios

Al igual que en gran parte del país, el gobierno de Alperovich terminó cediendo frente al reaccionario paro policial otorgándoles la legitimidad de actuar como corporación. De esta forma se volvió a reafirmar el pacto de impunidad existente en Tucumán, en donde la mafia policial al servicio del poder político pretende seguir actuando libremente en la provincia de los abusos, secuestros, gatillo fácil y narcotráfico. Mientras el salario promedio de los estatales ronda los $4000, la policía tucumana percibirá un mínimo de $8700.

Este pacto se da en un momento particular: se cumple un año del escandaloso fallo que absolviera a todos los imputados en el caso Marita Verón. Además está en curso el juicio a los policías denunciados por fraguar las actas del caso Paulina Lebbos que, también este año, tuvo repercusión nacional por el aparato de encubrimiento montado por el poder político, judicial y policial. Pero por sobre todo, este año la policía fue blanco de denuncia de la enorme lucha estudiantil, que no solo denunciaba los abusos a sus compañeras, sino que cuestionó al conjunto del régimen político, principalmente a su pata policial.

Es en este contexto que se realizó el acuartelamiento y la liberación de zonas, con el fin de obtener aumentos salariales y la incorporación de policías exonerados de la fuerza.

La movilización le pone un límite al poder policial

El inicio de saqueos en forma organizada desde la propia fuerza policial quedó al desnudo para la población. El modus operandi se repetía en toda la ciudad, grupos de motos que actuaban de forma coordinada seleccionaban objetivos, iniciaban los saqueos y luego la crisis social que se vive en gran parte de los barrios le daba más o menos masividad a los saqueos. Así como diariamente la policía recluta por la fuerza a jóvenes de los sectores socialmente más castigados para que les hagan el trabajo “sucio”, en los saqueos se vio la mano policial.

Luego de pactar con Alperovich, la policía intentó cerrar un círculo perfecto: obtener fuerza como corporación y volver a la sociedad como “salvadores” frente al caos. Pero el tiro, en parte, les salió por la culata. El desprestigio acumulado por la policía, hizo que su llegada no fuera bienvenida, ya que a pesar de haberse generado un clima de pobres contra pobres (montándose cientas de barricadas), en numerosos barrios obreros la policía fue echada a los gritos, a pedradas o incluso a tiros. Hubo además escraches y enfrentamientos en comisarías y algunos negocios han puesto carteles indicando que “en este local no atendemos personal de la fuerza policial”.
La represión en Plaza Independencia a quienes reclamaban más seguridad hizo que el repudio creciera y más de 10 mil personas se movilizaron al día siguiente, principalmente denunciando al gobierno de Alperovich y a la policía. La policía que pretendía salir fortalecida con el pacto de impunidad como fuerza corporativa recibió un duro golpe con la masiva movilización que agrandó su enorme desprestigio social. La composición mayoritariamente juvenil de esta movilización da cuenta de que existe en Tucumán un profundo fenómeno político de carácter democrático que cuestiona al régimen político provincial.

La conclusión que sacaron miles de jóvenes y trabajadores de que el gobierno y la policía son mayormente responsables de la crisis (y que gran parte de la izquierda aún no la digiere), es necesario profundizarla con el objetivo de darle una salida obrera. Si los sindicatos y los centros de estudiantes permanecieron inmóviles o cómplices del poder político, es necesario poner en pie agrupaciones sindicales y estudiantiles para recuperar esos sindicatos y centros, pero no con el fin único de realizar reclamos propios de cada sector, sino también (y ahora principalmente) para ganar las calles levantando un programa que dé respuestas a todas las demandas de los sectores de trabajadores y el pueblo pobre, comenzando por el pase a planta de todos los trabajadores, trabajo todo el año para los temporarios, tierra y vivienda para los sin techo y bolsones alimentarios de emergencia repartidos por las organizaciones sindicales. Solo una salida obrera que una a trabajadores, jóvenes y pueblo pobre como fuerza social podrá tirar abajo a este régimen político podrido y evitará que las crisis sociales deriven en una mayor división entre las filas de los trabajadores.

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