Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
18 de junio de 2019

La Verdad Obrera N° 552

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¿Sindicato de policías o asociación de criminales a sueldo?

19 Dec 2013   |   comentarios

Tras el motín policial que se produjo en varias provincias la semana pasada desde algunos sectores se instaló el debate sobre la constitución o no de sindicatos para los miembros de las fuerzas represivas del Estado.

“Si hubiese existido la sindicalización de la policía, esto no hubiese ocurrido”, dijo Hugo Moyano. La definición del líder de la CGT es acorde con el apoyo que le brinda al Sindicato de Policías y Penitenciarios (SinPoPe), un rejunte de milicos en actividad, retirados y hasta exonerados que se organizan para reclamar “mejores condiciones de trabajo”. Si para muestra basta un botón, alcanza con decir que el SinPoPe tiene como referente a Salvador Baratta, comisario retirado de la Bonaerense en cuyo prontuario figuran, por ejemplo, la participación en la masacre del Puente Pueyrredón en 2002, la represión en La Plata a los manifestantes que realizaban un escrache al genocida González Conti (secuestrador de Julio López en la dictadura) en 2006, y el desalojo y detención de los obreros de Kraft en Pacheco (Tigre) en 2009. Fue justamente por los servicios prestados a la multinacional yanqui que Baratta se ganó el aprecio de Sergio Massa y hoy es concejal de Lanús por el Frente Renovador. Una joyita.

¿Compañero policía?
Desde la CTA opositora, por su parte, también salieron a bancar la sindicalización policial. "Es un derecho constitucional, porque el policía es un trabajador del Estado", dice Víctor De Gennaro, autor de un proyecto de ley para reglamentar la creación de esos sindicatos. Junto a Pablo Micheli, De Gennaro apoya al Sindicato Policial Buenos Aires (SiPoBA), que en abril de este año firmó su incorporación a la central sindical. El SiPoBA nació en 1998, en pleno auge de la “maldita policía” duhaldista y desde entonces, como lo hizo la semana pasada, también reclama “mejores condiciones de trabajo”.
Irónicamente, mientras la CTA se moviliza a Plaza de Mayo este jueves 19 (sin nombrar siquiera en su convocatoria a los caídos por las balas policiales de De La Rúa y Ruckauf), su “ratysindicato” festeja orgulloso lo logrado en el reciente motín, que lo tuvo como actor protagónico en La Plata. “Los policías de Buenos Aires hicimos historia”, afirman y saludan calurosamente a toda la “familia policial”.

Quien mayor desfachatez aportó en esta discusión es la centroizquierda k. Para Marcelo Saín, diputado de Nuevo Encuentro y ex funcionario del Ministerio de Seguridad provincial durante la gobernación de Solá, la sindicalización policial es necesaria porque “también hay policías que reaccionan frente a las cúpulas,… diciéndole a los jefes que no protegen a los trabajadores, que son ricos, están vinculados al crimen, y ellos no son delincuentes”. Un argumento derribado por la propia realidad ya que los motines demostraron todo contrario. Oficiales (jerárquicos y subalternos) y suboficiales actuaron como una corporación levantando las mismas demandas de salario e impunidad (retiro de sanciones, vuelta al viejo régimen disciplinario, etc.). En ningún momento las supuestas “bases” denunciaron a los comisarios y sus corruptelas y negocios ilegales. Es que la policía actúa como corporación, con intereses propios, porque esa es la forma que adquiere su relación con el delito, donde “Drogas Peligrosas” se organiza desde el mando hasta la suboficialidad en la administración del narcotráfico o la “División Piratería del Asfalto” hace lo propio con el gran robo en rutas y caminos. Ellos son parte y árbitro del delito a la vez. Desde las cúpulas hasta el último suboficial existe una cadena de mando en la “división del trabajo”, organizando el delito desde la negociación con los grandes narcos y la Justicia, la custodia del transporte y las rutas, el manejo de caja, el control y la liberación del territorio, la regulación de la venta al menudeo, etc.

No son trabajadores
Quienes luchamos contra la explotación y la opresión capitalista no podemos dar el mínimo margen a la idea de que quienes integran el brazo represivo del Estado son parte de la clase trabajadora. Los uniformados que, arma en mano, reprimen al movimiento obrero y al pueblo pobre al tiempo que participan de cuanta tarea mafiosa existe, no pueden ser considerados trabajadores. Más allá de provenir una amplia mayoría de ellos de las entrañas de los sectores populares, son desclasados (separados de su clase de origen) que ingresaron por propia voluntad a esa institución creada para servir a los intereses de las clases dominantes. No son, como se pretende presentarlos, “trabajadores con uniforme”. Su carácter social, enemigo de los explotados y oprimidos, está determinado por la función represiva que asumen al momento de integrar la fuerza. Su “trabajo” no es otro que el de resguardar la propiedad capitalista y mantener el “orden” reprimiendo a todo aquel que ponga en cuestión la apropiación y la reproducción de esa propiedad. Por eso, cuando “luchan” por mejores “condiciones de trabajo” están reclamando una mejor retribución del capitalista por defender su dominación. Ni esos perros guardianes a sueldo son “trabajadores” ni su sindicalización favorecerá en nada al movimiento obrero. Por eso repudiamos el apoyo brindado a los “sindicatos” de policías por parte de quienes burocráticamente dirigen los sindicatos y las centrales obreras. En la pelea por recuperar los sindicatos de mano de la burocracia también debemos inscribir la delimitación (y expulsión) de todo embrión de “sindicato policial”.

Principios
Algunas organizaciones que se reivindican marxistas y revolucionarias pretendieron encontrar ciertos rasgos “de clase” en el reclamo policial que se extendió en casi todo el país por mejores salarios, uniformes y armas. El debate alcanzó, incluso, a las organizaciones que integramos el FIT (ver LVO n°551).
Quienes defienden o proponen con argumentos “de izquierda” la sindicalización policial no consiguen hacerlo en base a alguna definición teórica o programática que se asiente en la tradición del marxismo revolucionario. Y mucho menos viene en su ayuda la historia reciente de las fuerzas represivas a nivel nacional e internacional (en algunos casos con sindicatos policiales existentes desde hace años) signada por la represión constante a los levantamientos populares y la persecución a los que luchan.
En este sentido cobra un valor singular la declaración que el Frente de Izquierda publicó el viernes 13 frente a la crisis social, política y policial. En una reafirmación del planteo programático que levantó el FIT a lo largo de su campaña electoral, en esta declaración se hace una advertencia “contra la ilusión de que esta crisis policial ha transformado a las fuerzas de seguridad en aliada de los trabajadores, o que se ha quebrado su función represiva. Quienes así piensan, serán desmentidos en tiempo récord por los propios acontecimientos”. Toda otra posición que se adopte desde la izquierda clasista y anticapitalista sólo puede confundir la caracterización que hacemos de nuestros enemigos, desviar el objetivo de nuestra lucha y ceder terreno a la ideología burguesa que procura todo el tiempo meterse bajo la piel de la clase obrera y el pueblo pobre en pos de reproducir la explotación y la opresión.

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