Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
18 de octubre de 2017

Movimiento Obrero

EL ASTILLERO MAS GRANDE DE AMERICA LATINA

Río Santiago quiere volver a navegar mientras espera los barcos de Venezuela

26 Jul 2004 | Kirchner firmó contratos con ese país para construir buques en la fábrica. Los talleres de Ensenada tienen una larga historia contra la privatización.   |   comentarios

Si no fuera porque está en la orilla de Ensenada, podría decirse que se trata de la ciudad de Gdansk. Allí, los trabajadores navales encendieron la primera chispa de Solidaridad, el movimiento que derribó primero el comunismo en Polonia, y luego en el resto de Europa. Como aquellos obreros polacos, los hombres del Astillero Río Santiago son de hierro. Gente fuerte para el trabajo, dura para dar batalla. Esta fábrica de barcos, fundada en 1953, supo ser la gloria de una industria considerada estratégica. Es imposible no percibir su mística. La fraternidad, allí, tiene una dimensión entrañable. El Astillero Río Santiago es una leyenda. Ahora tiene que tener una posibilidad de futuro.
El viernes pasado, el presidente Néstor Kirchner firmó en Venezuela una alianza con la empresa estatal Dianca, que le permitirá empezar a reparar un buque petrolero, el "Luisa Cáceres", en setiembre, y eventualmente construir 8 tanques petroleros para la empresa estatal de petróleo PDVSA, de 30 mil toneladas cada uno. Además, una empresa venezolana pidió cotización para construir un ferry para unir la Isla Margarita con la isla de Coche. Esto podría generar mucho trabajo en la vieja fábrica de barcos, la más grande de América latina. "Queremos que el Astillero Río Santiago sea la puerta de la industria naval argentina", dijo a Clarín su interventor, Rafael Magnanini.
Pero, aunque otra vez soplen vientos de esperanza, la situación del Astillero Río Santiago tampoco –nunca– es sencilla. En marzo pasado, el Gobierno de la provincia de Buenos Aires decidió intervenirlo, lo que culminó con la remoción del viejo gerente general de la empresa. Y mientras se construye "Malhoja", un enorme buque granelero para Wilhem, un armador alemán, hay también incertidumbre en estas viejas barracas, donde todo huele a metal. Es que aquí la gente tiene la piel escaldada de tanta pelea por conservar la fábrica, siempre al borde del cierre. 
Pero lo cierto es que nadie sabe cuál es la situación financiera del astillero, que tiene un presupuesto anual de 75 millones de pesos, de los cuales genera sólo 11 millones. El resto sale de las arcas provinciales. El 90% del dinero se destina al pago del personal. Se sabe ya que 2004 va a arrojar un balance negativo.
Así y todo, Magnanini aseguró a Clarín que no hay intención de privatizar la empresa: se la quiere convertir en una sociedad anónima estatal. Pero, antes, dijo el interventor, hay que transparentar las cuentas. Se le pedirá, en ese sentido, una auditoría a la Universidad de La Plata. La segunda tarea es mejorar las condiciones de trabajo en la fábrica. Por ejemplo, los astilleros se quedaron sin baños, duchas o comedor cuando Antonio Cafiero –entonces gobernador de la provincia– le quitó buena parte del terreno, para construir una zona franca. Esto le hace la vida muy difícil a la gente que trabaja a la intemperie o que debe meterse en las bodegas de pesqueros para hacer reparaciones.
A primera vista, la fábrica parece un lugar decadente. Nadie ha arreglado sus talleres en décadas. El grueso de la maquinaria aun es de la Segunda Guerra Mundial. Hay chatarra tirada y oxidada por todas partes. Desorden. Con esta imagen es difícil hacer negocios, dice Magnanini, y por eso hay que cambiarla. Pero, la decisión política de salvar Río Santiago existe, entre otras cosas, por la calidad de su mano de obra . Hay una correlación directa entre la decisión de intervenir la compañía y las perspectivas de conseguir los contratos con Venezuela. El 3 de agosto llega una misión del país caribeño para seguir las negociaciones. Recién entonces se determinará cuántos barcos se construyen: si uno, los ocho o ninguno. Hoy en la empresa trabajan 2.281 personas. La cantidad de personal que se tome en el futuro dependerá realmente de los contratos que se firmen. "Queremos trabajar al 100%", dijo Magnanini.
"Hay que entrar al barco para entender la determinación de la gente para defender la fuente de trabajo", dice el ingeniero Angel Cadelli, uno de los gerentes de la empresa. Es cierto: la gran nave, colorada por el óxido, causa vértigo desde cualquier costado que se la mire. Se necesita mucho músculo e inteligencia para moldear el metal y darle la forma deseada. Un error, con un soplete en la mano ardiendo a 1.500 grados, puede ser fatal. El ruido es intenso. "Hay que hablar a los gritos. Tal vez por eso parecemos todos prepotentes", cuenta Cadelli, en el medio de gigantescas grúas que van y vienen. Metal, metal, más metal.
Hoy, no sólo se construye el "Malhoja": se proyectan dos barcos graneleros más para el mismo armador alemán. Además, se están reparando varios barcos, entre ellos un pesquero. En setiembre, llegará la Fragata Libertad (fue construida aquí) también para su reparación. Hay contratos para hacer seis lanchas patrulleras. Si consuman los planes con Venezuela, el astillero realmente podrá cambiar su cara. "La misma decisión de lucha, es la decisión de trabajo", dice Jorge Smith, un delegado. No es una consigna vacía: es el desafío.
 

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