Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
17 de octubre de 2017

Jornadas del 19 y 20 de diciembre en Argentina:

Reflexiones sobre las jornadas revolucionarias en Argentina

22 Dec 2001   |   comentarios

Buenos Aires, 22 de diciembre de 2001
Estimados compañeros:
Acabamos de vivir momentos extraordinarios en la historia de nuestro país. La caída revolucionaria del gobierno De La Rúa - Cavallo abre una coyuntura revolucionaria en Argentina que presenta una gran oportunidad a los marxistas revolucionarios.
Las jornadas revolucionarias
Lo que vivimos el 19 y 20 de diciembre fueron dos grandes jornadas revolucionarias donde los trabajadores, el pueblo pobre y la clase media de los grandes centros urbanos, con métodos variados pero simultáneos, dieron jaque mate a uno de los gobiernos más entreguistas y expoliadores. El acontecimiento no cayó del cielo, sino que sintetizó más de un año de agudísima lucha de clases que incluyó levantamientos locales con características semi-insurreccionales, como los que vimos en la provincia de Salta a fines del 2000, el surgimiento de un poderoso movimiento de desocupados (los piqueteros), que llevó a la escena nacional las reivindicaciones de los sectores más explotados y oprimidos de la sociedad, y last but not least, ocho huelgas generales que, apoyadas sobre los trabajadores del transporte, paralizaron en forma impresionante una y otra vez toda la geografía nacional. Todo este bagaje de lucha y de organización hecho a pesar de las direcciones oficiales del movimiento obrero, terminaron explotando en las jornadas de diciembre.
Estos acontecimientos constaron de tres grandes episodios. Quizás el más importante fue el proceso de alrededor de 600 saqueos a hipermercados, supermercados y comercios en una semana (contra los 800 que se produjeron al fin del gobierno de Alfonsín en 52 días). Digo "quizás el más importante" porque abrió una situación sin salida reformista para el gobierno. O los saqueadores lograban confluir con otras clases en lucha, aunque sea por sus propias reivindicaciones, o el estado burgués hubiera debido aislarlos y eventualmente aplastarlos. No pudo hacerlo porque la clase media de los grandes centros urbanos y del comercio minorista de la periferia de las ciudades estaban furiosamente en contra del gobierno. Con la medida del "corralito" (límite de $ 250 por semana a la extracción del dinero de los depósitos bancarios, incluidos sueldos), Cavallo y De La Rúa no sólo planteaban la sombra ominosa de una confiscación de los depósitos, como había hecho el mismo ministro en el gobierno de Menem a principios de los "90, sino que por la misma acción "secaba" al país de moneda circulante, que es la sabia vital que sostiene a la economía informal (y en negro). Durante este mes, desde los sectores más explotados como los hurgadores en la basura, hasta los comerciantes minoristas que se manejan en pesos, y a los cuales es delirante exigirles "tarjetas de débito" y bancarización de todas las operaciones, sufrieron una caída brutal en sus condiciones de vida. Esto contribuyó a que los saqueos, lejos de transformarse en una guerra de pobres contra pobres (elemento que existió pero que, a la postre, resultó siendo secundario) al comienzo se dirigieran contra los hipermercados, rompieran la legalidad burguesa y desataran un proceso de insubordinación de todas las clases contra el gobierno. Los saqueos constituyeron entonces el primer episodio de estas jornadas.
El miércoles 19 por la noche la clase media provocada por el discurso de De La Rúa que no reconocía la menor responsabilidad por la crisis y decretaba el estado de sitio, desató el segundo episodio: una impresionante respuesta simultánea de centenares de miles de personas que comenzaron un infernal cacerolazo, con bombas de estruendo incluidas, y donde decenas de miles iniciaron una marea humana en los centros de las principales ciudades, fundamentalmente en Buenos Aires. Cuando llegamos a la Plaza ya estaba la mitad ocupada y las ocho cuadras de la Avenida de Mayo que la separan de la Plaza de los Dos Congresos estaba repleta de gente caminando, mientras en todos los barrios de la ciudad se encendían centenares de fogatas (que duraron hasta la madrugada) que agrupaban otros varios miles de personas. En la ciudad de Córdoba, según nos cuentan los compañeros, a las 2 de la mañana marchaban más de 10.000 personas por el centro. Los sostenedores de la "historia sin sujeto" o los pseudomarxistas que se basan en el "individualismo metodológico", se verán en figurillas para explicar cómo en cinco minutos, por "transmisión del pensamiento", centenares de miles de personas, con distancia de kilómetros entre ellas, se reunieron al grito "Cavallo, hijo de puta..." y "qué boludo, el estado de sitio, se lo meten en el culo". Para nosotros, marxistas revolucionarios que consideramos que la sociedad está dividida en clases con intereses propios, es más fácil explicar el impactante proceso de cómo, sobre la base de esos intereses, puede surgir un sujeto colectivo en acción.
El jueves 20, mientras las ciudades amanecían humeantes por las últimas fogatas y había montones de barrios con comercios saqueados en los suburbios de las grandes ciudades, algunos remanentes de la movilización nocturna permanecían haciendo sonar incansablemente los tachos de basura municipales, frente a una Casa Rosada plagada de policías, con la esperanza de que volviera la multitud de la noche anterior que había sido dispersada con gases lacrimógenos y con la noticia de la renuncia del ministro. (En cierta medida, el "puente" entre un día y el otro fue un gran contingente que luego de la represión por la noche en Plaza de Mayo marchó hasta Congreso y se quedó allí hasta las 3 de la mañana).
Durante toda la mañana del jueves, engrosaron sus filas con trabajadores (oficinistas, cadetes, empleados bancarios, etc.) que dicidieron "desviarse" en el camino a sus trabajos, estudiantes y militantes sueltos de organizaciones diversas. Aquí se inició el tercer episodio, el que la prensa dio en llamar la Batalla de Plaza de Mayo. La Policía Federal, con una actitud durísima, trató de impedir durante todo el día que se llenara la Plaza. Decenas de ataques represivos hechos con una combinación de tanquetas, caballería, infantería con gases lacrimógenos y balas de goma al principio y balas de plomo en varias ocasiones, recibieron la respuesta de una multitud multiforme que, en una especie de guerra de guerrillas, contratacaba desde diversas calles y avenidas de acceso a la Plaza. Todo esto era trasmitido en directo por cuatro canales de aire y varios de cable, que mostraban escenas desde todos los ángulos posibles. Esto permitía que toda la nación siguiera los acontecimientos. Desde el mediodía, se incrementó la participación de jóvenes trabajadores, desocupados y ocupados, y estudiantes, que adquirieron un peso abrumador en los grupos de combate más decididos. Para las 16 horas, la suerte de De La Rúa estaba echada. Ya había alrededor de cinco compañeros muertos por balas de plomo (dos más morirían al día siguiente en el hospital) y el breve discurso del ex presidente fue una propuesta última y miserable "para la historia": ofrecer un gobierno de unidad nacional a los peronistas como forma de compartir la responsabilidad por el trágico desenlace. Al caer la tarde, se seguía combatiendo, y cerca de las 19 horas, el increíble De La Rúa renunciaba y se fugaba en helicóptero de la Casa Rosada.
Esto ponía fin momentáneo a las dramáticas jornadas revolucionarias. El saldo: el centro de la ciudad lleno de piedras en sus calles y con decenas de negocios, bancos, camionetas de empresas, incendiados y/o saqueados. El saldo trágico: ya se cuentan más de 25 muertos en los distintos episodios.
El movimiento obrero en cuanto tal, siendo el sector más retrasado, participó sin embargo en dos acontecimientos importantes el miércoles 19: la marcha encabezada por los obreros del Astillero Río Santiago, docentes y estatales de La Plata, que comenté en mi carta anterior, y el enfrentamiento de los municipales de la ciudad de Córdoba, al que también hice referencia. Los compañeros de Córdoba nos informan que "lo importante fue la resistencia de los municipales, primero de forma masiva en la entrada del palacio y luego en la zona. Cerca del mediodía, grupos de 30/40 municipales tenían cortadas unas cuantas intersecciones y de hecho controlaban algunas manzanas del centro de la ciudad. La policía se encargó del desalojo con gases y balas de goma, unos 70 municipales, incluido su secretario general, se refugiaron en Luz y Fuerza. La policía lanzó gases dentro del sindicato y luego cerró sus puertas, además de bloquear las esquinas con cordones policiales. Esto hizo que durante varios minutos decenas de personas se encuentren encerradas con una nube de gas encima, incluso chicos que estaban en el sindicato por cuestiones recreativas, tuvieron que salir hacia las ambulancias. Esto provocó un repudio enorme y indignación entre los trabajadores y fue pasado por TV a toda la población. De esta situación quedaron unos 20 detenidos. Se realizó una marcha a la comisaria pero aún están detenidos (...) El miércoles a la tarde, los sindicatos organizaron un plenario de gremios. El bloque que se formó es de la CGT (Rodríguez Peña) -CTA-SEP-UEPC y estos convocaron, luego de horas de dudas, a una concentración para el jueves a la mañana. Esta se hizo con unas 2000 personas. Fue significativa porque creemos que es uno de los pocos lugares donde sectores de los trabajadores están interviniendo de forma activa en esta crisis. Aunque Daniele, del SUOEM, único orador, hizo eje en cuestiones "cordobesas", para todos se trataba de una respuesta a la crisis nacional. La ubicación del gobierno en torno a la represión cambió de forma abrupta. No sólo no hubo represión sino que no se vio un sólo policía por la zona". En Neuquén, la burocracia de la CTA, que venía enfrentada con los comerciantes por los hechos del paro del 13 de diciembre, donde no sólo hubo enfrentamientos con la policía sino que hubo ataques injustificados a comercios, convocó a una marcha con banderas argentinas que fue raquítica, donde participó una delegación de compañeros de Zanon. Más en general, la burocracia de las dos CGT impidió que los trabajadores impusieran su impronta al declarar recién el jueves al mediodía un tardío paro general a partir del viernes. El clima de las fábricas, por lo que sabemos, era de alegría y combatividad. La renuncia de De La Rúa impidió la expresión de clase de conjunto en estas jornadas. Sin embargo, en el conjunto del proceso la clase obrera intervino, como dijimos arriba, con los poderosos paros generales. Sin ir más lejos, el último paro general del jueves 13 de diciembre, confluyó con el inicio de los cacerolazos masivos y extendidos de los comerciantes, y los saqueos comenzaron al día siguiente. La burocracia, inmediatamente después de la renuncia de De La Rúa desactivó el paro del viernes a pesar más de 25 muertos, centenares de heridos y miles de detenidos. El "combativo" Moyano y la burocracia causiempresaria de Daer, ya habían cumplido su rol y ahora confiaban en que el peronismo resolviera las demandas populares. La socialdemócrata CTA, que ya había cumplido un rol nefasto haciendo desaparecer en los hechos la Asamblea Piquetera, estuvo ausente sin aviso de todos los acontecimientos, tratando de evitar por todos los medios mezclarse con los "revoltosos". El extremo fue que levantaron una movilización convocada por la FTV-CTA y la CCC (la dirección de las Asambleas Piqueteras de La Matanza) para el mismo jueves 20 a Plaza de Mayo, y D"Elía condenó los saqueos, en una actitud digna de un funcionario gubernamental. El ala CCC de la burocracia piquetera, que no jugó ningún rol en los acontecimientos, terminó avalando los saqueos espontáneos a pequeños comercios (con los grandes habían acordado entregas de comida), no asomó su nariz en la Batalla de Plaza de Mayo y, frente a la presión de sectores de su base, intentaron cortar la ruta 3 en La Matanza, pero fueron reprimidos por la Policía Bonaerense sin presentar una resistencia organizada. El movimiento piquetero, que había ganado autoridad sobre los desocupados, no fue ni siquiera un mínimo polo alternativo en el extendido fenómeno de los saqueos, protagonizados en parte por la base que decían representar, y mucho menos en los acontecimientos de Plaza de Mayo.
Hasta aquí, la descripción de los acontecimientos objetivos. A esto habría que agregar que nuestra organización repartió en la Batalla de Plaza de Mayo 4000 ejemplares del número especial del periódico que editamos esa madrugada, y participamos de los acontecimientos con una columna de la izquierda (con el MTR, MIJP, IU, PO y grupos menores) en las primeras horas y, cuando los principales grupos se retiraron (antes de la renuncia de De la Rúa), estuvimos con una columna del PTS de centenares de compañeros acompañando los combates de los manifestantes contra la Policía, en la zona del Obelisco. Esta es una pequeña frase de balance sobre nuestra actuación porque lo que está planteado es escribir más ampliamente sobre cómo debe intervenir una organización revolucionaria de propaganda en acontecimientos como estos que son muy agudos pero que no logran transformarse en "semiinsurrecciones" como el Cordobazo, donde participa la clase trabajadora como tal.
La definición marxista de los acontecimientos
Las definimos desde un punto de vista marxista como jornadas revolucionarias por las siguientes razones:
a) Porque participaron todas las clases explotadas y oprimidas de la sociedad con distinto empeño y con el objetivo de lograr que se vaya el gobierno.
b) Porque tuvieron como motor, expresado en miles de declaraciones de los participantes, la denuncia del hambre (lucha por el pan), la desocupación (lucha por el trabajo) y contra el gobierno burgués nacional, y en las provincias contra los gobernadores peronistas o de la Alianza que ejecutaban el ataque.
c) Por el repudio a toda la dirigencia política burguesa, también expresada a viva voz, en particular al trío De La Rúa, Cavallo, Menem.
d) Porque, desde los saqueos, pasando por las movilizaciones contra el estado de sitio, hasta la Batalla de Plaza de Mayo, hubo un cuestionamiento revolucionario, más o menos profundo, a la legalidad burguesa, y un aumento de la subjetividad de las masas al sobreponer la "justicia" de sus reivindicaciones a la "legalidad" del aparato estatal burgués. Esto es particularmente significativo ya que, a diferencia de Indonesia, las jornadas revolucionarias en Argentina se hicieron contra un gobierno y un régimen democrático burgués.
e) En síntesis, es una acción histórica independiente del movimiento de masas, una respuesta contundente a la pregunta que la dirección del PTS había formulado en una minuta interna el 7 de diciembre: "¿En qué medida servirá el llamado al paro nacional para que la clase trabajadora y las masas irrumpan como factor independiente en la crisis nacional? ¿Se abrirá, sí dura "90 días" el forcejeo de los de arriba, la posibilidad de nuevas acciones independientes de las masas, antes que la cierren con una de las variantes reaccionarias?".
Las jornadas revolucionarias abren una nueva etapa en la lucha de clases en la Argentina, pre-revolucionaria aguda u objetivamente revolucionaria, siendo desde ya el factor más retrasado para transformarse en una situación revolucionaria clásica la falta de organismos de doble poder y de una alternativa de dirección revolucionaria con influencia en al menos un sector del movimiento de masas.
Esta es la definición de lo que fue, y de la situación que abrió. Sin embargo, como marxistas debemos tener un cuidado escrupuloso para no exagerar en forma impresionista este rico proceso que vivimos. León Trotsky definió a la Revolución de Febrero de 1917, que dio vuelta el Ejército y recreó los soviets, como una insurrección con apariencia de espontánea pero dirigida en los hechos por los cuadros formados por el partido de Lenin. Es evidente que en nuestro país no hubo ni la participación de la clase como tal, ni la derrota de la policía, ni el asalto a organismos donde se asienta el poder. Para compararla con un hecho menor que la Revolución Rusa pero clave en la historia de nuestro país, tampoco fue un Cordobazo (1969), al que los marxistas definimos como una semiinsurrección que fue protagonizada por sindicatos combativos y el movimiento estudiantil, que derrotó a la policía obligándola a replegarse en sus cuarteles, y donde la burguesía sólo logró retomar el control de la ciudad con la intervención del Ejército mucho más tarde, siendo resistido por francotiradores que cubrían la retirada de los manifestantes hacia los barrios. Otros procesos de esa época, como los Rosariazos (1969) o el segundo Cordobazo (el Viborazo, 1971), tuvieron el mismo carácter semiinsurreccional.
Denominamos jornadas revolucionarias a estos acontecimientos (al igual que hicimos con las jornadas que voltearon a Suharto en Indonesia en 1998) para señalar su potencialidad pero al mismo tiempo definir que, como hechos en sí, están por detrás de semiinsurrecciones como el Cordobazo, y mucho más aún de una revolución como la de Febrero de 1917 en Rusia. Además, la situación internacional transitoria, luego de los atentados del 11 de setiembre, y más precisamente hoy la coyuntura internacional reaccionaria luego del triunfo norteamericano en Afganistán, actúan negativamente en comparación con el proceso revolucionario internacional abierto con el Mayo Francés. Sin embargo, estas jornadas revolucionarias se dan en el marco de una crisis económico-social y una decadencia nacional infinitamente más aguda que en los 70, con una clase media enormemente pauperizada, que aporta "leña seca" potencialmente revolucionaria.
El gobierno, el régimen y la economía
Al no darse una "insurrección espontánea", la burguesía no necesita aún la colaboración contrarrevolucionaria expresada a nivel gubernamental entre sectores de la burguesía y las organizaciones obreras en un Frente Popular, que, como sabemos, es el "penúltimo recurso de la burguesía antes del fascismo o la revolución proletaria" (León Trotsky). En los 70, la burguesía tuvo que traer a Perón que, parafraseando a Trotsky que afirmó que el cardenismo mexicano era un "frente popular en forma de partido", podríamos decir que junto a su movimiento eran la encarnación personal y partidaria del frente popular. Hoy, la burguesía intenta apoyarse en un peronismo dividido y debilitado infinitamente si lo comparamos con lo que era en vida de Perón. Pero es lo único conque cuenta a mano por sus conexiones con el movimiento de masas para actuar como "partido de la contención", como lo definimos en la nota "Tomar partido" en el número de La Verdad Obrera posterior a las elecciones de octubre. Espera que, a través de su ligazón más o menos orgánica con los sindicatos del proletariado industrial y con el pueblo pobre a través de sus punteros (caudillos barriales, matones, "manzaneras", y lúmpenes de todo tipo), reconstruir la legalidad burguesa. En la coyuntura, el nuevo gobierno que está por surgir con Rodríguez Saá como presidente interino hasta el 3 de marzo, jaqueado por el imperialismo y el capital financiero por un lado, que a su vez están en guerra con la burguesía industrial y parte de la agraria, y debiendo gobernar sobre masas tonificadas por haber volteado al gobierno anterior, será tan débil que permanecerá "como suspendido en el aire". Desde el punto de vista marxista, será un gobierno kerenskista. El régimen, que busca relegitimarse mediante nuevas elecciones a tres meses, aunque no será kerenskista (porque no existe doble poder) tendrá también una debilidad extrema.
El enemigo central del movimiento de masas es, nuevamente, el peronismo que, aunque enormemente dividido y arrastrando el estigma del menemismo odiado por las masas, aún le presta grandes servicios al sistema.
El principal elemento revolucionario objetivo lo constituye la monumental crisis económica, financiera y monetaria que ha hecho que la mayoría de los analistas extranjeros comparen la situación en Argentina con las situaciones más terribles como la depresión norteamericana de los 30 o la transición entre la República de Weimar y el fascismo en Alemania. Ninguna medida que se tome (devaluación flotante o con dolarización, default de la deuda, confiscación de depósitos, "disciplina fiscal", etc.) dejará de tener efectos traumáticos para las masas, y todo proceso de eventual recuperación no podrá partir sino de nuevos quebrantos de bancos, empresas y particulares, es decir, de una mayor concentración del capital, como explicamos en LVO. Esto sólo podría ser amortiguado con un rescate multimillonario en dólares del imperialismo, que por ahora está fuera de cuestión.
En este marco las salidas reformistas más o menos pacíficas son altamente improbables. La agudeza de la situación es tal que un editorial oficial del periódico imperialista The Washington Post de hoy, recomienda al peronismo cesar los pagos y devaluar para que "los argentinos" puedan ver una luz al final del túnel, y el límite que pone es el de evitar una recaída populista "renacionalizando las empresas privatizadas o cerrando la economía". El imperialismo está preocupado porque aún en un país con un 60 % de la economía extranjerizada, el nuevo gobierno intente apoyarse en el movimiento de masas para tomar medidas antiimperialistas. Lo que los marxistas definimos como gobierno bonapartista sui generis de izquierda, aunque en la actualidad es improbable, es una de las variantes inscriptas en la dinámica general de la situación.
Algunos aspectos programáticos y perspectivas
En los próximos días y meses está planteado jerarquizar dentro del programa de acción general que planteamos en LVO, la consigna táctica de Asamblea Constituyente soberana contra el gobierno provisional y las elecciones surgidas de las transas de un Parlamento coimero y de una dirigencia política odiada por todo el país. Esta consigna, que debe articularse a las consignas mínimas de "pan y trabajo genuino para todos" (adecuándolas según los subsidios y los planes de trabajo precario que está prometiendo el nuevo gobierno) nos deben permitir propagandizar el conjunto de nuestro programa de acción. Sin embargo, la estrategia permanente a partir de ahora será, más que nunca, la de intentar desarrollar y generalizar organismos de doble poder. Para eso, la consigna será la de Asamblea de Trabajadores ocupados y desocupados, a nivel nacional y provincial, con un delegado cada 20, las que a su vez deben coordinar con las organizaciones estudiantiles, de pequeños comerciantes, de chacareros arruinados, etc. Ya en el terreno de la "extrema izquierda", tenemos adversarios de esta política levantada en el Encuentro de Neuquén de 2 de diciembre, en el PO y el MTR que plantean "asambleas populares" (PO) o "cabildos" (MTR) como organismos policlasistas sin límites definidos. Hoy, cuando el movimiento obrero tiene expropiadas sus organizaciones por la burocracia, mientras que todos los sectores pequeño burgueses están llenos de organizaciones representantivas (cámaras de comerciantes, de PyMES, etc.) los obreros van a terminar diluidos en organismos con orientación conciliadora y pequeñoburguesa, del tipo de las multisectoriales. Por supuesto que hay que distinguir si las asambleas populares surgen como un movimiento real con participación de los trabajadores, en cuyo caso deberemos levantar un programa transicional que incluya que los delegados obreros tengan tantos votos como los trabajadores de las fábricas, empresas u organizaciones de desocupados que representan, es decir, que se exprese la mayoría de la población trabajadora que hay en la sociedad. Dicho sea de paso, ni siquiera hace falta ante la mayoría de los trabajadores en la población, imponer un "voto calificado" como impusieron los bolcheviques en un país con mayoría campesina. Desde ya que conseguir la hegemonía numérica de los trabajadores no será lo mismo que conseguir su hegemonía política revolucionaria, pues puede haber una mayoría obrera pero conciliadora. Aunque estos puntos hoy resulten abstractos por lo embrionario del proceso, debemos estar preparados porque, local y provincialmente, es probable que a través de formas ambiguas estas discusiones comiencen a estar a la orden del día.
Perspectivas
La situación abierta en Argentina tiene posibilidades de expansión en el Cono Sur, como señala la Agencia Stratfor quien afirma que las masas de los países vecinos están viendo un contraataque popular a una "brillante economía de mercado" y que esto puede contagiarse e incluso ayudar a que triunfen gobiernos izquierdistas en Brasil o Ecuador. Esta posibilidad no sólo es sugerida por varios periódicos del mundo, sino que está inscripta en la lógica de la situación. Las jornadas revolucionarias que sacudieron al país son sin duda una contratendencia en la coyuntura reaccionaria posterior al triunfo imperialista en Afganistán.
Nos parece que actuar como verdaderos internacionalistas implica avanzar desde el proceso argentino hacia la reconstrucción de la IV Internacional con una política ofensiva y la construcción del PTS, sumando a centenares de nuevos compañeros que compartan y acuerden con el programa de acción revolucionario frente a la actual situación. Considero muy importante tener una política de separación política de Izquierda Unida haciendo un llamado a constituir un Bloque de la Izquierda Obrera y Socialista, es decir, de los que, aunque sea nominalmente, están por un gobierno de los trabajadores y una política de independencia de clase y revolucionaria. Esto implica una propuesta directa a los compañeros del PO y al MAS (sin dejar de criticar su política concreta, sobre todo en la lucha de clases, que sigue dejando mucho que desear) y una exigencia al MST para que rompa IU y se sume a un bloque de este tipo. Lo que estamos diciendo no es de ninguna manera fácil, ya que las elecciones a corto plazo y la "ley de lemas" desarrollará todos los elementos oportunistas de estas organizaciones, e intentarán presionarnos para que entremos a la "unidad de la izquierda" en general sin independencia de clase y mucho menos programa revolucionario. Sin embargo, debemos confiar en el conjunto del proceso abierto, porque por más presión que ellos tengan del régimen, en algún momento se va a reflejar en esos aparatos la presión de las masas. Ese será el momento de plantear unir en un partido común los mejores elementos que estén en la extrema izquierda del espectro político y social nacional.
Espero recibir muchas contribuciones como las que nos mandaron compañeros de Bolivia e Inglaterra.
Con saludos calurosos y fraternales.
Emilio Albamonte
Dirigente Nacional del PTS









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