Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
12 de diciembre de 2017

La Verdad Obrera Nro. 90

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Quieren convertir a la Argentina en una estrella más de la bandera yanqui

28 Sep 2001 | Entrevista a José Montes, Christian Castillo y Susana Sacchi dirigentes y candidatos por el PTS   |   comentarios

¿Cómo va a afectar la nueva política norteamericana a la Argentina?

José Montes: El sector más concentrado del establishment, y eso lo refleja De la Rúa, va a empujar para que se profundicen las "relaciones carnales" con EE.UU. Como decimos nosotros, quieren convertir a la Argentina en "una estrella más de la bandera yanqui". El presidente de la Sociedad Rural, Enrique Crotto, que hace poco pidió represión a los piqueteros igual que el banquero Escasany, lo acaba de decir con claridad : "...No caben terceras posiciones, o se está con la civilización o se está con la barbarie y barbarie es cualquier forma de terrorismo, sea de la ideología que fuese, y esté en el país donde se encuentre". Estos hipócritas de la oligarquía son los mismos que apoyaron el terrorismo de Estado de Videla.
Por el contrario, los trabajadores debemos rechazar no sólo el envío de tropas argentinas contra un pueblo brutalmente oprimido como el de Afganistán, sino todo apoyo político de Argentina a la "cruzada antiterrorista" norteamericana que servirá a los intereses imperialistas en todo el mundo. Es una cuestión decisiva para los trabajadores argentinos.

Susana Sacchi:
Además están aprovechando para fortalecer los mecanismos represivos en el país. El ministro Jaunarena, que fue ministro cuando otorgaron las leyes de Obediencia Debida y el Punto Final para salvar a los genocidas, busca una reforma a la Ley de Defensa que permita a los militares un rol más activo en la represión interna y las tareas de inteligencia, es decir de espionaje. Haciendo de la "lucha contra el terrorismo" una cuestión de Estado, se preparan para volcar esos mecanismos represivos contra los trabajadores. Ya en Salta, con el Operativo Cabañas 2001, desembarcaron 240 soldados norteamericanos. Y ahora la Gendarmería, que se encuentra apostada allí desde el último levantamiento piquetero de Mosconi, acaban de constituir un "Comité de Crisis Operativa" junto al Ejército, la policía y otros organismos de seguridad e inteligencia. Por otra parte el Sindicato docente de Tierra del Fuego acaba de denunciar que el gobierno provincial, mediante un decreto, cedió tierras para montar una base militar norteamericana, que se agrega a la que quieren construir en Chubut.
Hay que rechazar todos estos aprestos represivos en el país y demás pisoteos a la soberanía nacional, como ya hicieron los docentes de Tierra del Fuego, como parte de movilizarnos contra la agresión imperialista a Afganistán o a cualquier país oprimido.

Una perspectiva negra para los trabajadores y el pueblo...

Christian Castillo: Sí, pero ya no pueden repetir los años 90. Hoy EE.UU. sostiene a la Argentina como la soga sostiene al ahorcado. Semanas antes del atentado, el imperialismo norteamericano tomó nota de las consecuencias que traería la caída de Argentina y salió a sostenerla. Mientras presentaban la perspectiva de la cesación de pagos argentina como amenaza contra el pueblo, por las penurias que provocaría, temían ellos mismos las consecuencias de la desestabilización que podía provocar en América Latina. Y aún a escala internacional: la crisis económica es "global" y ha detenido el crecimiento en todas las potencias imperialistas. Se marcha a una recesión mundial. Así es que su "ayuda" no sólo implica mantener el "Déficit cero" sino nuevas cadenas de coloniaje. Los yankquis intentarán utilizar la crisis para disciplinar aún más a los que consideran habitantes de su "patio trasero". El proyecto del ALCA, para que los monopolios norteamericanos busquen una salida a su crisis en un mercado "libre" de 700 millones de latinoamericanos, es el ofrecimiento que tienen para sus socios menores nativos. Pero si en los años 90, a cambio de las "relaciones carnales" con EE.UU., Menem aprovechó el flujo de capitales que llegaron para hacer los negociados de las privatizaciones, ahora el destino que se presenta para el país burgués es, aunque la clase "dominante" se arrodille aún más, una época de vacas flacas, parecida a la llamada "década perdida" de los años 80 con Alfonsín.
Esto ya era así antes de los atentados, y la tendencia ahora se profundiza.

¿Una vuelta a los 80?

Christian Castillo: No, porque en los 80, después del triunfo imperialista en las Malvinas se creó una conciencia de que el imperialismo era inexpugnable. En cambio ahora se está viviendo un despertar de los sentimientos antiimperialistas en la Argentina, en Latinoamérica y, en general, en todo el mundo semicolonial. Ya se había visto algo de esto en la simpatía de la población con la lucha de los trabajadores de Aerolíneas. Esto es esencial porque sin dejar de pagar la deuda externa y sin renacionalizar bajo control de los trabajadores las empresas privatizadas, poniendo esos resortes claves de la economía al servicio de un plan en beneficio de la mayoría popular, es decir sin tomar medidas de ruptura con el imperialismo, no hay forma de lograr ningún plan económico serio que intente solucionar el desempleo, la pobreza creciente.
La crisis internacional pone al descubierto el verso que nos vendieron los últimos diez años, y que era funcional para que los trabajadores del mundo agacharan la cabeza. Nos decían que desde el 89 Estados Unidos era la superpotencia invulnerable que fortalecía su dominio del mundo, sin restricciones. Nosotros siempre opinamos al revés: que la caída de ese socio mundial de los yanquis que fue la burocracia gobernante de la ex-URSS, que antes le permitía contener los conflictos regionales, sería, estratégicamente perjudicial para el propio dominio imperialista, aunque en un primer momento dejara a EE.UU. como más fuerte. Pero para derrotar al principal terrorista del mundo, el que masacró a los pueblos de Irak o Yugoslavia, se necesita de la unidad de los pueblos oprimidos con los trabajadores de los países centrales. Así fue en Vietnam en los 70, cuando EE.UU. sufrió la primera derrota militar, provocada por la combinación entre la resistencia del pueblo vietnamita y las movilizaciones de masas en las calles norteamericanas y de las principales capitales del mundo que paralizaron su maquinaria bélica. Y esa es la unidad contra las represalias guerreristas de EE.UU. es la que debemos buscar hoy, entre los trabajadores de Argentina, los campesinos y obreros de Bolivia, Brasil o México, con los trabajadores norteamericanos y el movimiento juvenil anticapitalista que se movilizó en Seattle, Praga, Génova y las cumbres del FMI en las principales capitales de los centros imperiales.

¿Por que no llaman a votar en blanco o a la abstención electoral?

Susana Sacchi:
Gran parte de los votos en blanco expresarán un repudio, que compartimos, a un régimen de democracia para ricos que en 18 años demostró una enorme capacidad para legislar a favor de una minoría. Con esta democracia se bajó el salario y se reprodujo el desempleo masivo como no lo había logrado hacer ni la dictadura militar. Se ha demostrado un régimen expropiador de una mayoría que vive de su trabajo. No nos vamos a sumar a la campaña reaccionaria contra el voto en blanco que hacen los políticos como Béliz, Terragno, y hasta Altamira del PO. Pero nosotros preferimos agregarle a ese repudio elemental que expresa el voto en blanco, la idea de que es la clase trabajadora la que puede cambiar de raíz este orden de cosas. Contra las campañas de personajes ultraderechistas como Neustadt o Hadad que promueven la impugnación del voto, le respondemos encabezando nuestras listas con trabajadores contra los políticos del régimen capitalista. Un delegado de Luz y Fuerza, Darío Toniutti, que es parte de la lucha contra la privatización de EPEC, va como primer diputado en Córdoba, y en Neuquén un obrero combativo de Cerámica Zanón, Juan Billiet; ambos compañeros que no pertenecen al PTS. El compañero Chiche Hernández, obrero de Siderar en Santa Fé, José Montes del Astillero Río Santiago en provincia de Buenos Aires. 

Hay muchos lectores que preguntan por qué no se une la izquierda...

Susana Sacchi: El problema crucial es cómo lograr la unidad de la clase trabajadora que ha dividido la patronal con el beneplácito de los viejos dirigentes sindicales en diez años de privatizaciones, precarización de las condiciones de trabajo y desempleo masivo. El surgimiento de los piqueteros y los movimientos de desocupados, y más incipientemente, el surgimiento de nuevos dirigentes en empresas que se oponen a la cúpula burocrática de los sindicatos, está indicando el comienzo de una militancia propia de la clase trabajadora. La fusión con esas tendencias es el verdadero desafío de una izquierda que quiera ser revolucionaria, porque la gran tarea es recomponer el sujeto social que será el partero de los grandes cambios en la Argentina. Nuestra perspectiva es la de retomar el camino del Cordobazo y las coordinadoras de los 70, superando ese gran ensayo revolucionario, hasta el gobierno obrero y popular. Por eso el PTS impulsa la coordinación obrera con los movimientos de desocupados, la participación en la Asamblea piquetera de los sindicatos combativos, como el de los Ceramistas de Neuquén. Desde este ángulo, es que medimos nuestras diferencias con la izquierda, al mismo tiempo que promovemos la unidad en la acción como la que está planteada en forma urgente contra las agresiones guerreristas del imperialismo en Afganistán. La unidad de la izquierda sólo puede cobrar sentido si toma un norte revolucionario. Porque si no es así, ¿qué se lograría con la unidad de los partidos de izquierda si es para limitarse a presentarse en las elecciones?

¿Cual es el significado de la consigna de campaña "Basta de Argentina Capitalista"?

Christian Castillo: Para imponer el "Consenso de Washington" y las enormes transformaciones de los años 90 al servicio de una minoría, los liberales dicen haber hecho una "revolución conservadora". En realidad es una contradicción en los términos porque fue una contrarrevolución, y bastante violenta si recordamos que la década se inicia con la masacre del Golfo en el 91 a la que se sumó la Argentina. Contra las propuestas utópicas que promueven reformas del capitalismo, decimos que el establishment no resignará nada de lo conquistado. ¿Quién puede creer que las privatizadas, los bancos, o multinacionales como la FIAT que financiaron el fascismo en Italia, van a permitir que se les saque pacíficamente de sus ganancias para distribuir mejor la riqueza en la Argentina? Por el contrario, cuanta más crisis capitalista, más agresividad de los monopolios contra los trabajadores y los sectores oprimidos. Por ello nos separamos de la idea de que un cambio sustancial significa lograr un "capitalismo sano", en contraposición a un "capitalismo mafioso" como propone Elisa Carrió. En un programa de televisión llegó a la barbaridad de poner como ejemplo de ese capitalismo a Pérez Companc, que es un beneficiado con las corruptas privatizaciones menemistas, cuya empresa petrolera opera en Neuquén donde hay un pozo de extracción cada 20 habitantes y la desocupación supera la media nacional. No hay capitalismo sin mafias. Hay que poner todos los resortes de la economía en manos de los trabajadores, las únicas manos limpias y honestas. De lo que se trata es de salvar a la única clase productora y creadora de riqueza de la sociedad. Si un régimen que se basa justamente en la explotación del trabajo asalariado, con la altísima desocupación estructural demuestra negar hasta el derecho a sus esclavos de ser explotados, entonces, el régimen capitalista tiene que desaparecer.

¿Que puede pasar después del 14 de octubre?

José Montes: En la trastienda del poder se hacen y deshacen las conspiraciones típicas de un régimen que se hunde, porque todos los pronósticos anuncian que Cavallo y De la Rúa no llegan al 2003. Pero aún siendo peligrosas e ideadas contra los trabajadores y el pueblo, todas estas trampas corren el riesgo de estar condenadas al fracaso.
Por ejemplo, De la Sota se postula como "el recambio del establishment", pero su llegada a la presidencia sólo sería posible con el adelantamiento de las elecciones del 2003, es decir con la caída de De la Rúa. Y esto no se puede imaginar sin una crisis más profunda que la que se dio en el 89, cuando Alfonsín adelantó el poder a Menem que, en ese entonces, contaba con un PJ fortalecido.
De otro lado, los sectores burgueses que imaginan un "gobierno de unidad nacional" manteniendo a De la Rúa como presidente, como quieren Alfonsín, Duhalde y también las CGTs, con un "primer ministro" o un ministro de economía peronista, tendrían que aplicar el mismo plan "Déficit Cero" de Cavallo o, de lo contrario, buscar la salida devaluacionista. Es decir, otro escenario de aguda crisis nacional.
Y por último, si Cavallo-De la Rúa, que encima saldrán derrotados de estas elecciones, pretenden mantenerse hasta el 2003, con la ilusión de fortalecerse atados al carro de la política norteamericana, van a provocar mayores repuestas de los trabajadores y el pueblo, que no quieren seguir viviendo como antes.

Christian Castillo: Las tendencias a la irrupción de sectores combativos del movimiento estudiantil que se muestran más directamente en La Plata con tomas de facultades, pero que se expresan como ebullición política en todas las universidades del país, están reflejando cada vez más tensiones entre las clases, que vamos a mayores enfrentamientos abiertos después de octubre. Las penurias de las masas se están agravando a niveles insoportables para cada vez más amplias capas, como lo indican los índices de la pobreza creciente. Ninguna de las nuevas variantes de la centroizquierda, aunque saquen muchos votos en octubre, están preparadas para contener lo que puede engendrar esta crisis. Elisa Carrió podrá despertar hoy gran simpatía en las capas medias hastiadas de la "corrupción", pero eso no será suficiente en el futuro para detener un giro a la izquierda cuando a éstas le sean confiscados sus ahorros. El cura Farinello, con ascendente en sectores populares sumergidos, al oponerse como ya lo ha declarado, "al método de los piquetes", no tendrá autoridad para frenarlos, y muchos menos si las tomas de fábricas comienzan a ser la respuesta a los cierres de empresa, que pueden multiplicarse por una profundización de la recesión.

José Montes: Con ese horizonte, la actual tregua de la burocracia sindical de las CGTs y la CTA (que se expresó con el levantamiento de la gran huelga y movilización docente), fue de gran ayuda para que la clase dominante pueda llegar a las elecciones en silla de ruedas. Pero será completamente endeble poco después. La actual revuelta de los estatales de Entre Ríos, de Jujuy, o en Formosa está anunciando lo que se viene en las provincias. La Ley de déficit cero y los recortes a la coparticipación federal programados en el Presupuesto 2002 que se aprestan a votar después de las elecciones, va a generar resistencia. No solo por los recortes salariales en los empleados del estado, de las jubilaciones, el pago en bonos y hasta de los planes Trabajar de los desocupados. También la propia crisis está conmoviendo el "conservadurismo" de quienes se aferran a mantener el empleo, porque en las empresas privadas, solo en el pasado mes de agosto hubo más de 5000 despedidos, cerca de 12 mil compañeros fueron suspendidos, y las rebajas salariales alcanzaron aproximadamente a 6000 trabajadores, sin contar los atrasos salariales que se producen mes a mes.
Justamente para octubre está convocada la tercera Asamblea Nacional piquetera, que según lo resuelto el 4 de setiembre en La Matanza, será "abierta a todas las organizaciones de trabajadores (...), con el método planteado aquí de un representante cada 20 compañeros organizados, ocupados o no, para resolver la continuidad de nuestro plan de lucha y un programa de salida a la crisis". No sabemos si esta votación será respetada por la actual dirección de la Asamblea piquetera, que la CTA intenta encorcetar en el Frente contra la Pobreza, mientras avanza la unidad burocrática de las CGT de Moyano y Daer que se inclinan hacia los proyectos patronales de la UIA y el PJ. Nosotros planteamos para la tercera Asamblea piquetera una perspectiva de independencia de clase y de ruptura del país con el dominio imperialista. De acuerdo a ese horizonte de movilización extraparlamentaria que está planteado en la Argentina, utilizaremos en estas semanas la tribuna electoral para presentar candidatos trabajadores contra los políticos del régimen capitalista.

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