Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
23 de septiembre de 2017

La Verdad Obrera Nro. 154

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Para la discusión de los Circulos Marxistas

¿Qué es el centralismo democrático?

28 Dec 2004 | Como resultado de una experiencia en común y del acuerdo con nuestra estrategia y política, cientos de nuevos militantes están ingresando al PTS.¿Cómo es el funcionamiento interno de la organización al que ingresan los compañeros? En este artículo, intentaremos hacer una breve síntesis sobre un principio insoslayable en el proceso de construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora: el centralismo democrático. Más importante aún, cuando su identificación con el “centralismo burocrático” stalinista ha llevado a todo tipo de falsificaciones.   |   comentarios

El “centralismo democrático”, como régimen interno de partido, surge históricamente de las necesidades que impone la lucha de clases a una organización que tiene como objetivo el triunfo de la revolución proletaria.
El enfrentamiento contra la burguesía y su estado que cuentan con miles de funcionarios profesionales, las fuerzas de seguridad, los servicios de inteligencia, y sus agentes en las filas del movimiento obrero como la burocracia sindical exige para enfrentarlos una organización altamente centralizada. Las organizaciones “laxas” como proponen los autonomistas no sirven para luchar contra tales enemigos.
Por otro lado, una organización revolucionaria, a la vez que delimita sus fronteras a través del programa que propone para que la clase obrera se transforme en fuerza social y política dirigente, debe garantizar que todos sus miembros tengan realmente el derecho de discutir y cuestionar la orientación de su política a partir de la experiencia en la lucha de clases viva.
Centralismo y democracia son dos polos de un mismo régimen ya que como ilustra esta definición de L. Trotsky: “Un revolucionario se forma en un clima de crítica a todo lo existente, incluida su propia organización. Sólo se puede lograr una firme disciplina por medio de la confianza consciente en la dirección. Para ganarse esta confianza son necesarias una política correcta y también una actitud honesta frente a los propios errores”. ...“un régimen partidario democrático conducirá a la formación de un endurecido y unificado ejército de luchadores proletarios sólo si nuestras organizaciones, apoyándose en los firmes principios del marxismo, están dispuestos a combatir irreconciliablemente, aunque con métodos democráticos, toda influencia oportunista, centrista y aventurera”1. Los principios del centralismo democrático suponen “la posibilidad absoluta para el partido de discutir, criticar, de expresar su descontento, de elegir, de destituir, al mismo tiempo que implica una disciplina de hierro en la acción. ... que garantice la combatividad del partido”.

Bolchevismo y stalinismo

El principal creador del partido revolucionario centralista democrático fue Lenin, líder de la fracción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata que tomó el poder en Rusia2. A partir de 1923, comenzó el proceso de degeneración burocrática del estado soviético y del PC, conquistando su dirección el stalinismo, como representación política de la burocracia que liquidó a la dirección revolucionaria.
Todo nuevo militante o simpatizante que se acerca a la izquierda tiene como “sentido común” el rechazo al “centralismo democrático” identificando éste con la brutal degeneración que hizo de él el stalinismo, transformándolo en “centralismo burocrático”.
No vamos a referirnos aquí a la historia de este proceso, sólo queremos señalar que las concepciones de León Trotsky y los trotskistas que retomaremos aquí esquemáticamente, no surgieron por azar sino como producto de la lucha no sólo contra las clases dominantes de los distintos países, sino también contra la criminal burocracia stalinista, la cual finalmente organizó su asesinato.
Aquí tomaremos algunos lineamientos generales y de principios que señalara Trotsky (que hay que aplicar a las condiciones históricas dadas) con el objetivo de forjar los cuadros y militantes del futuro partido; sabiendo que este será el subproducto de procesos convulsivos de la lucha de clases, de fusiones con otras tendencias, y de delimitaciones y rupturas. 

Cómo se aplica

Es imposible ofrecer una fórmula sobre “centralismo democrático” única de una vez y para siempre. Esta debe encontrar inevitablemente una expresión diferente en los partidos de diversos países y en distintos estados de desarrollo de un mismo partido. Todo depende de circunstancias concretas, de la situación política del país (legalidad o ilegalidad para actuar), de la experiencia del partido, del nivel general de sus miembros, de la autoridad de la dirección. El régimen de un partido no cae hecho del cielo sino que se forma gradualmente en la lucha de clases.
Tanto las condiciones objetivas de legalidad burguesa como las aún insuficientes pruebas en luchas revolucionarias de los partidos de izquierda exigen poner el acento en el polo democrático de la fórmula general.
Pero, incluso en esta etapa donde la lucha de clases se manifiesta como “escuela de guerra” y no como “la guerra misma” nuestra organización se forja, aprende, se critica a sí misma preparándose para los acontecimientos futuros no sólo poniendo a prueba su programa sino también una firme unidad en la acción. Un partido que no tenga algún grado de centralización no sirve hoy para actuar en la realidad y definitivamente no servirá en los momentos revolucionarios decisivos. La idea en boga de la “horizontalidad” (del tipo de Zamora) en las decisiones de una organización política, es una estafa: generalmente terminan decidiendo unos pocos. El centralismo democrático, como organización jerárquica es, no obstante mil veces más democrática dado que se establece una interrelación entre la base y la dirección, con rendición de cuentas, derechos, obligaciones y responsabilidades claras de todos los militantes.

Composición social y política correcta

Aunque parezca una redundancia (desgraciadamente no lo es para la mayoría de las organizaciones que se reclaman trotskistas), para el marxismo el carácter de un partido revolucionario de la clase trabajadora está dado no sólo por su estrategia y su práctica, sino también por su composición de clase. Esto implica la promoción de dirigentes obreros en las principales tareas de responsabilidad. La composición de clase del partido debe corresponder a su programa y la calidad del régimen de “centralismo democrático” se pone a prueba si hace viable el desarrollo de obreros revolucionarios. Como plantea León Trotsky: “La democracia de partido no es necesaria como fin en sí misma sino como medio para educar y unificar a la vanguardia proletaria en el espíritu del marxismo revolucionario. La organización revolucionaria sólo puede crecer y fortalecerse si constantemente se depura y ensancha su base proletaria. Una política clasista correcta es la premisa principal para que exista una sana democracia de partido. Sin eso, todo lo que se diga de la democracia y la disciplina carece de contenido; peor aun, se convierte en un arma para la desorganización del movimiento proletario”3. 
Nuestra opción no deja lugar a dudas: la intervención en la lucha de clases, en procesos de reorganización del movimiento obrero como el Astillero Río Santiago, en la Alimentación, en telefónicos, etc. y del proceso de fábricas bajo control obrero como fueron Zanon y Brukman –participación señalada como unitaria y democrática, aún por observadores “antipartido”- es ejemplo de nuestras batallas en los procesos más avanzados desde la etapa abierta en 2001. Si bien no es lo mismo el centralismo democrático de un partido (vanguardia revolucionaria conciente organizada alrededor de un programa) que la democracia de las organizaciones de masas (donde se expresan todas las tendencias, aún las reformistas), la lucha por la democracia de los trabajadores, es condición para una correcta selección de militantes y un régimen interno sano. Esto es lo que ha permitido forjar dirigentes obreros trotskistas en el PTS, provenientes de esas principales luchas.
¿Qué han demostrado las demás organizaciones de izquierda que se reivindican marxistas en este terreno? Su opción fue la de centrar su actividad en organizar colaterales en el movimiento piquetero confundiendo (pervirtiendo) la relación de sus propios partidos con las organizaciones de desocupados. Así, mientras se negaban a levantar un movimiento nacional único con libertad de tendencias políticas y democracia obrera a su interior, llevaron a sus militantes a una práctica movimientista, dedicados en gran parte a la administración de planes, a mantener comedores, etc. ¿Puede ser sano el régimen interno de organizaciones que llevan adelante semejante política? Como mínimo afirmamos que la desviación de una estrategia proletaria y confundir organizaciones que deberían ser de masas con sus grupos, degradan la práctica de los militantes y pervierten el centralismo democrático.

Formación

La formación en el marxismo revolucionario y en el internacionalismo proletario de los nuevos compañeros es otro aspecto esencial del significado de la democracia partidaria sin la cual la posibilidad de actuar sobre la realidad, cuestionar la orientación propuesta por la dirección y hacer pesar las opiniones hacia el interior del partido se vuelve puramente formal. Como sostiene Trotsky: “Las ideas y las consignas no caen del cielo; se las elabora en el curso de una lucha prolongada. Así, resulta difícil comprender correctamente las ideas, tanto científicas como políticas, sin conocer la historia de su elaboración”4. Esta es la única forma que tiene una clase revolucionaria para no recomenzar desde cero luego de cada desvío o derrota. 
La democracia presupone entonces no sólo una actitud política formal, sino también una preocupación constante por parte de la dirección por la formación de los militantes nuevos y en especial de los sectores obreros a los que todo les es negado, comenzando por sus capas más explotadas como son los jóvenes trabajadores. Con este objetivo, el PTS impulsa el CEIP León Trotsky, el Instituto del Pensamiento Socialista- Carlos Marx, la edición de las revistas “Lucha de Clases” y Estrategia Internacional, órgano de la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional.

Derecho a tendencias y fracciones

Este quizá sea uno de los aspectos más controvertidos y desnaturalizados del “centralismo democrático”, ya no sólo por parte del stalinismo, sino también por organizaciones que se reclaman trotskistas. Para algunas de ellas, como el MST, dividido en dos fracciones internas, el “centralismo democrático” consiste en esconder sus diferencias, suspender todo debate de su militancia postergando su Congreso por dos años. Del PO no puede decirse más que no se le han conocido discusiones públicas por décadas, sólo las detracciones o insultos a los dirigentes o agrupamientos que se han separado de su organización. En el otro extremo se encuentran los que tienen la concepción de fracciones de existencia permanente, como es la corriente internacional fundada por Ernest Mandel, funcional a un partido laxo y adaptado al régimen democrático burgués.
Ante esto sostenemos: “La doctrina actual que proclama la incompatibilidad del bolchevismo con la existencia de fracciones está en desacuerdo con los hechos. Es un mito de la decadencia. La historia del bolchevismo es en realidad la de la lucha de las fracciones. ¿Y cómo un organismo que se propone cambiar el mundo y reúne bajo sus banderas a negadores, rebeldes y combatientes temerarios, podría vivir y crecer sin conflictos ideológicos, sin agrupaciones, sin formaciones fraccionales temporales? La clarividencia de la dirección del partido logró muchas veces atenuar y abreviar las luchas fraccionales, pero no pudo hacer más. El Comité Central se apoyaba en esta base efervescente y de ahí sacaba la audacia para decidir y ordenar. La justeza manifiesta de sus opiniones en todas las etapas críticas le confería una alta autoridad, precioso capital moral del centralismo”5.
Intentamos orientarnos en este sentido defendiendo el criterio de que los dirigentes tienen derecho a expresar sus posiciones políticas en los materiales internos y en la prensa6, dentro de los límites generales del programa partidario. Si las diferencias son de magnitud, es lógico que tiendan a crearse agrupamientos especiales al interior del partido (tendencias y fracciones), para desarrollar la lucha política, que deberá resolverse en los Congresos o Conferencias. Pero este aspecto tan importante del régimen interno y como el que hace a su dirección lo desarrollaremos en el próximo número de LVO.

1 Del artículo “El régimen partidario”, 17 de agosto de 1933.
2 Una breve síntesis de esta gran revolución pueden verse en LVO N° 145 y 146 .
3 Prólogo a la edición griega de “El nuevo curso”, 28 de enero de 1933.
4 Idem.
5 Del artículo “La degeneración del partido bolchevique” de “En defensa del marxismo”, septiembre de 1937.
6 Esta fue nuestra propuesta al MAS como último esfuerzo para evitar la ruptura en el ’88, como se puede leer en el folleto “Nuestra lucha contra el revisionismo”.









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