Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
25 de abril de 2019

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LA GENDARMERÍ OCUPA LOS BARRIOS

Peligro en las calles

22 Mar 2012   |   comentarios

No solo del espionaje vive la Gendarmería. Desde hace más de un año, miles de gendarmes ocupan los barrios más populosos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, patrullando las calles, apostados en las esquinas y vigilando cada cruce del Riachuelo. Es la postal inaugurada por CFK y Nilda Garré en diciembre de 2010, cuando pusieron a esta fuerza y a la Prefectura a controlar el territorio tras los hechos del Parque Indoamericano. A aquel brutal desalojo policial de familias sin techo que mató a tres trabajadores inmigrantes le siguió el desembarco de Gendarmería, que se encargó de saturar Soldati y ‘limpiar’ el parque. La descomposición manifiesta de la Federal y la Bonaerense colocó desde entonces a este brazo armado del Estado en el centro de la escena. Se generalizó así su presencia en los barrios donde viven millones de trabajadores y jóvenes pobres (desde 2003 ya operaba en estaciones ferroviarias y en Ejército de los Andes -el mal llamado ‘Fuerte Apache’-).

Con los operativos ‘Centinela’ y ‘Cinturón Sur’ se desplegaron, respectivamente, 6.000 efectivos en el conurbano y 2.500 en el sur porteño, destinando para ello más presupuesto, armas y logística. Hoy Gendarmería tiene 40.000 efectivos en todo el país, a los que se suman 29.000 de Prefectura.

¿Contra el delito?

Pero por más que avance esta militarización de los barrios, la ministra Garré lejos está de poder mostrar ‘éxito’ contra el delito. Los grandes narcotraficantes siguen operando con tranquilidad; no se desarticuló una sola red de trata de personas (cada tanto se atiende alguna denuncia y se libera a chicas obligadas a prostituirse, pero enseguida otras tantas son secuestradas por las mismas redes); y el robo de autos sigue siendo un negocio en mano de grandes desarmadores.

Los pocos datos oficiales son elocuentes. Pese al inaudito despliegue represivo, entre 2009 y 2011 sólo algunos delitos bajaron apenas un 10%. Es decir que el delito organizado, motor de una economía ‘paralela’ tan violenta como millonaria, no sólo continúa su marcha sino que ahora está mejor custodiado. Porque no es posible que esas fuentes ilegales de fortunas puedan desarrollarse sin la complicidad o, directamente, la asociación con las más altas esferas de las fuerzas represivas y el poder político.

Mientras tanto en los barrios populares cada 28 horas una persona es asesinada por alguna fuerza estatal, entre ellas Gendarmería, por el gatillo fácil o la tortura en comisarías y cárceles. Según CORREPI, de 1983 a la fecha, la fuerza preferida de Garré y CFK ya tiene medio centenar de muertes en su haber.

Contra el pueblo

Donde Gendarmería sí es exitosa es en la represión a los más explotados y a los que luchan. En los últimos años fue enviada a barrer manifestaciones, desalojar pobres y controlar el territorio a pedido de los capitalistas y sus políticos.

En General Vedia, Chaco, hace un año, 300 gendarmes cargaron contra manifestantes que rechazaban un electroducto que, literalmente, atravesaba el barrio. “Le pegaron a las mujeres que estaban encadenadas, las arrastraron y las detuvieron”, denunciaron los pobladores.
En abril, a pedido del macrismo, desalojaron en Bajo Flores a familias que reclamaban viviendas. Una vez ‘limpia’ la zona, el gobierno porteño avisó que “de ninguna manera” otorgaría viviendas.

En octubre desalojaron a ex empleados de YPF que bloqueaban la destilería de San Lorenzo, en Santa Fe (los petroleros conocen a Gendarmería desde los ’90, cuando los mismos ‘centinelas de la patria’ reprimían en tiempos de privatización).

En la autopista Richieri echaron a los albañiles de la Fundación Madres de Plaza de Mayo que pedían cobrar sus salarios. Y en la Panamericana, hace pocas semanas, desalojaron a obreros que luchaban contra los despidos en la autopartista multinacional Lear.

Así Gendarmería hace uso de sus armas y bagajes, controlando y reprimiendo, vigilando nuestra vida cotidiana y descargando su poder en marchas y piquetes.

La asunción de Sergio Berni como Secretario de Seguridad (un escalón debajo de Garré) preanuncia la profundización de esta política. El ex carapintada y amigo de los Kirchner adquirió experiencia en el ministerio de Desarrollo Social, enfrentando en las calles directamente a las organizaciones sociales y desarticulando sus demandas.

Año tras año se aumenta el presupuesto para las fuerzas represivas con el pretexto de sumar recursos contra la ‘inseguridad’. Pero en realidad a lo que más temen el gobierno y las clases dominantes es a que los trabajadores y el pueblo pobres nos organicemos y salgamos a luchar por trabajo, vivienda y contra el ajuste. Más allá de que el ala ‘izquierda’ del kirchnerismo quiera presentar a la Gendarmería como más democrática que otras fuerzas represivas, este brazo armado sigue cumpliendo el mismo rol para el que fue creado en 1938: espiar, controlar y reprimir a la clase trabajadora y el pueblo pobre. Y eso, es irreformable.


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