Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
19 de septiembre de 2019

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Revoluciones y procesos revolucionarios en los siglos XIX y XX

¡Pan, libertad y paz! La Revolución Alemana de 1919

17 Sep 2004   |   comentarios

"...entre el carácter extremo de las tareas a realizar y la inmadurez de las condiciones previas para su solución en la fase inicial de la revolución resulta que cada lucha se salda formalmente con una derrota. ¡Pero la revolución es la única forma de "guerra" (...) en que la victoria final sólo puede ser preparada a través de una serie de "derrotas"!".
Rosa Luxemburgo. El orden reina en Berlín.

La Socialdemocracia Alemana

No se puede entender el destino de la revolución alemana sin conocer el papel que le tocó jugar a la Socialdemocracia. Fundada en 1875 por una alianza entre la organización de Ferdinard Lasalle y el partido de los marxistas, el Partido Socialdemócrata (PSD), iniciará la ardua tarea de organizar al proletariado y de fundar en 1889 la II Internacional. Ya en ese entonces Marx y Engels criticarán la tendencia del nuevo partido a cederle al estado alemán.
El colonialismo y el imperialismo auspiciaron la expansión y fortaleza de las economías centrales, donde el proletariado consiguió innumerables mejoras. El PSD comenzó a representar a la “aristocracia obrera”, un sector acomodado de los obreros alemanes que identificó “su bienestar” con el bienestar de sus clases dirigentes, la burguesía imperialista. Para 1896 Eduard Bernstein inicia la revisión a la “táctica” de Marx y Engels, la revolución social, en pos de un camino “más lento pero igual de eficaz”, la reforma del estado capitalista. Fue Rosa Luxemburgo quien enfrentó el dilema del proletariado entre reforma y revolución, la acción y los fines últimos de los marxistas son uno, derrocar el poder de la burguesía, hacer la revolución socialista.

La larga noche del mundo

Para 1914 el PSD agrupaba a 1 millón de integrantes, afiliaba en los sindicatos a 2 millones de proletarios y publicaba 90 periódicos en todo el país. Había obtenido 4 millones de votos en las elecciones de 1912 y contaba con 110 diputados nacionales, 220 provinciales y 2886 representantes municipales. Con tal peso aspiraba a hacerse del poder mediante una alianza electoral con el Partido Progresista, partido burgués de centroizquierda. Pero otro tema comenzará a inquietar la tranquilidad de los jefes, la guerra mundial.
En las reuniones de la Internacional se acuerda enfrentar a sus gobiernos si declaran la guerra. Pero en las horas decisivas capitulan. El 3 de agosto de 1914 los sindicatos del PSD firman con la patronal la “paz civil”. Van a garantizar el orden en casa para luchar contra el enemigo afuera, se impide cualquier tipo de manifestación o indisciplina laboral bajo pena marcial. El proletariado debía abastecer la gran industria de la muerte. El 4 de agosto de 1914 los diputados del PSD votan en el Reichstag –Cámara de Diputados- los créditos de guerra y Alemania se lanza al reparto imperialista. Se inicia la larga y sanguinaria noche del mundo. Una voz se alza entre el fervor patriótico, Karl Liebknecht diputado socialdemócrata y apasionado revolucionario eleva su voz “¡El Enemigo principal esta en nuestro propio país!”. En las cárceles alemanas y rusas, en esta tenaz lucha contra la guerra imperialista, se fundará la III Internacional.

Los partidos en la revolución alemana

Durante la guerra, el PSD se había dividido en tres sectores, la derecha que monopolizaba los órganos dirigentes y agrupaba a los guerreristas, una amplia ala centro que adoptaba una postura antiguerrerrista moderada, en la que militan desde Kautsky hasta los delegados revolucionarios que agrupaba R. Müller y la izquierda constituida por el grupo espartaquista liderado por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, quienes llaman a terminar la guerra mediante la revolución. Opuestos a la política guerrerista oficial del PSD enfrentaron sanciones y persecución, sin embargo se negaron a constituirse en partido independiente como aconsejaban los bolcheviques. No quisieron romper el “partido” pero enfrentados a su disciplina en 1916 son expulsados junto a todo el ala centro. Se funda así el Partido Socialdemócrata Independiente (PSI) que agrupa entre otros a Hilferding, Bernstein, Kautsky y Müller. A él se unen los espartaquistas, otorgándoles a este confuso agrupamiento el prestigio de la figura de Liebknecht. No haber preparado anticipadamente un partido revolucionario, organizado independientemente de los oportunistas y reformistas, un partido del poder de los Consejos Obreros como el bolchevique, marcó el destino trágico de la revolución alemana de 1919. 

La Revolución Rusa y las huelgas de 1918

El frente de guerra alemán se debilita. Al acoso de Francia y la nueva incorporación americana, se suma la revolución bolchevique y su propaganda por la paz. La República Soviética como la Comuna de París se proclamará “república universal” del proletariado y llamará a los obreros y campesinos alemanes a alzarse en apoyo de la Rusia revolucionaria. Para Lenin y Trotsky el destino de Rusia se jugaba en la revolución alemana y allí pusieron todas sus energías.
Tres años le costará al proletariado alemán despertar del sueño patriótico. Las huelgas comienzan en enero de 1918 y se extienden por todo Berlín. Luchan contra la carestía, una paz sin anexiones, el levantamiento del estado de sitio, la eliminación de la ley de militarización del trabajo, el sufragio universal y la libertad a los presos políticos. Se suceden los enfrentamientos con la policía. El comité de huelga es declarado ilegal y sus integrantes son apresados, el movimiento retrocede y es derrotado. En octubre los marineros de Kiel se sublevan, 1000 son apresados y sus cabecillas fusilados pero el movimiento se extiende al proletariado de la ciudad. El Consejo de obreros y soldados libera a los presos del motín. En noviembre de 1918 los espartaquistas organizan Consejos en la ciudad de Stuttgat. La fábrica de autos Dailmer, reconvertida en industria militar, declara la huelga, elige delegados a su Consejo local y se lanza a la insurrección. La consigna de Consejos de obreros y soldados se extiende por todo el país. La paz civil está rota.

Gobierno de los Consejos vs. Gobierno del Pueblo

Del 6 al 9 de noviembre se eligen Consejos obreros y de soldados en todas las ciudades, los jefes socialdemócratas cavilan mientras el PSI encabeza el movimiento. Los enfrentamientos callejeros se suceden. El Partido Socialdemócrata aconseja al gobierno no disparar sobre las masas. Dicen: es preferible sacrificar al emperador que entregar Alemania a los bolcheviques, el Rey debe abdicar. El barón Max de Baden se hace cargo del nuevo gobierno “Republicano” al que integra al PSD. A partir de ese momento buscarán institucionalizar la revolución.
Delegados y obreros insurrectos ocupan la sala del Reichstag y llaman a una reunión central de los Consejos para conformar un gobierno revolucionario. La prensa burguesa e incluso el periódico del PSD, el V˜örwarts órgano de la propaganda guerrerista y antibolchevique es ocupado por las milicias. El PSD propone incorporar al gobierno al PSI y antes de la reunión plenaria acuerdan integrar un nuevo ejecutivo. Ya no son Cancilleres son “Comisarios del Pueblo” pero no por orden de las masas sino, contra ellas, por orden del estado burgués.

¡Pan, libertad y paz!

En las primeras reuniones de los Consejos, los líderes del PSD sellarán su muerte como órganos del la insurrección y del nuevo gobierno revolucionario. Los jefes visten la vieja maquinaria burguesa con los nombres del poder obrero alternativo. Frente a la consigna espartaquista de ¡Todo el poder a los Consejos de obreros y soldados!, el PSD contrapone la consigna de “gobierno del pueblo” mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Para el PSD no corresponde gobernar para una “minoría”, los proletarios, sino que es necesario representar los intereses de “todo el pueblo”. La Asamblea Constituyente debía dictar la incorporación de los consejos como instituciones democráticas de la producción, reducirlas a una función económica e incorporarlos a la república burguesa. Debía dictar su fin como institución de poder obrero.
En la plenaria, el PSD impone que la formación del Comité Ejecutivo del Consejo sea basado en representantes “paritarios” de los partidos obreros, aún cuando esta representación no sea proporcional a la influencia real que cada uno tiene en el movimiento de masas. Con el apoyo del PSI, amputan al Consejo su condición revolucionaria: el ser expresión de la radicalización de las bases obreras. El Consejo vota sus representantes, los mismos que ya eran representantes del estado burgués. En los meses de dualidad entre estos dos poderes, el Consejo obrero se niega a tomar medidas mínimas de autodefensa revolucionaria como ser la creación de una guardia armada propia o la confiscación de la banca. El aparato represivo y administrativo del estado se mantiene intacto. A fines de 1918 se funda el Partido Comunista Alemán (espartaquista) y se prepara la segunda fase de la revolución.

"El Orden reina en Berlín”

La ilusión de que la república burguesa y los Consejos de obreros y soldados marchan juntos por un mismo objetivo se rompe abruptamente. En enero de 1919 el gobierno del PSD reprime a la delegación de los mineros de Kiel que vienen a proteger al Consejo berlinés. Comienza la sanguinaria tarea de los jefes socialistas para sacar de las calles a los obreros y aplastar a los insurreccionalistas. El PSI abandona el gobierno ante la escalada represiva y junto al nuevo PC (e) llama a la huelga general y a la insurrección contra el gobierno socialdemócrata. Los obreros y militantes revolucionarios responden, el 5 de enero se desencadena la insurrección. Aunque Liebknecht realiza esta proclama y los obreros contestan con valentía, la insurrección es desordenada y se realiza como una acción defensiva y desesperada de la vanguardia obrera ante la provocación del gobierno. Tras cinco días de combate la insurrección es derrotada. El antiguo sindicalista Gustav Noske, jefe de los grupos de tareas, asesina brutalmente a Luxemburgo y Liebknecht.
El 12 de febrero el PSD, el partido católico y los progresistas conforman la República de Weimar nacida del aplastamiento sangriento de los obreros, los soldados y los líderes revolucionarios. Pero no será tan fácil sojuzgar a este proletariado, dos intentos revolucionarios en 1921 y en 1923 serán llevados adelante.

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