Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
16 de junio de 2019

La Verdad Obrera N° 377

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EN EL DIA DEL EJERCITO Y ANIVERSARIO DEL CORDOBAZO

Operativo Rekonciliación

03 Jun 2010   |   comentarios

Cristina y las Fuerzas Armadas del “proyecto nacional”

Al cumplirse 41 años del Cordobazo, el último 29 de mayo, durante las celebraciones recordatorias del día del Ejército, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner pronunció un discurso sobre las FF.AA.: “Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue por sobre todas las cosas pueblo, dirigida también por quienes tenían el honor de ser su brazo armado. Cada vez que ese brazo armado confundió su rol y se separó de su pueblo, hubo amargas derrotas. Creo que es el aprendizaje que todos debemos hacer en estos 200 años de historia.” La afirmación fue hecha el mismo día que se conmemora el aniversario de una semiinsurrección obrera y popular contra una dictadura militar entreguista. Que en el aniversario del Cordobazo la presidenta elogie a las FF.AA. heredera de los represores del movimiento de insurgencia obrera parido por la gesta del ‘69 es una desmentida sobre el discurso de la historia Bicentenaria del 25 de mayo centrada en el protagonismo popular. Pero además muestra que la preocupación presidencial es la de conciliar a la población con el brazo armado de la burguesía.

Los Kirchner se distinguieron de los gobiernos anteriores de la democracia burguesa pos dictadura por avanzar en la recomposición de las FF.AA.
mediante la negación de la teoría de los dos demonios, la anulación de las leyes de impunidad y la cooptación de los principales organismos de DD.HH. como una base para promover juicios a cuentagotas a unos pocos genocidas emblemáticos, una auténtica política de Estado suscripta en acuerdo con todos los bloques parlamentarios. Para los Kirchner estas son las FFAA del “proyecto nacional”. No casualmente, tras la celebración del Bicentenario, la ministra de Defensa, Nilda Garré, declaró que “hay un clima de reconciliación con las FF.AA.”.

Tradición, familia y propiedad

El discurso de Cristina el día del Ejército es parte de la “batalla” cultural del Bicentenario que el gobierno puso en marcha. Se presenta como respuesta a la historia oficial de la Argentina terrateniente, construida por el liberalismo oligárquico mitrista y reivindicada por la derecha argentina que nutrió este 25 de mayo el Teatro Colón. Esta visión sitúa a las FF.AA. en el centro de la tradición nacional junto a los estancieros (dicho sea de paso, los sojeros y los terratenientes fueron los grandes ausentes de las celebraciones del Bicentenario). Un reconocimiento por parte de los propietarios de la tierra de que su dominio sobre el país fue impuesto de la mano de la intervención militar despojando a los pueblos originarios de sus tierras con las campañas del Gral. Julio Argentino Roca entre 1869 y 1878, reprimiendo a los peones rurales de la Patagonia en huelga de la mano del coronel Varela en 1921, con el golpe de Uriburu en 1930 inaugurando la época del fraude patriótico, bombardeando al pueblo en Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, fusilando a los obreros y militares peronistas en los basurales de José León Suárez y en el penal de Las Heras, reprimiendo el Cordobazo para llevar a cabo un plan antinacional como el de Krieger Vasena, perpetrando masacres como la de Trelew, dando el golpe de 1976 contra la creciente insurgencia obrera contra el capital, en defensa de la sociedad occidental y cristiana. No olvidemos que la dictadura de Videla encumbró como ministro de Economía al conspicuo miembro de la Sociedad Rural –y representante de la burguesía nacional– José Alfredo Martínez de Hoz.

“Patria y pueblo”

El discurso kirchnerista que identifica la grandeza nacional con la unidad entre pueblo y ejército también es un gran mito. El peronismo siempre buscó la identificación de los trabajadores con las FF.AA porque es parte constitutiva de su discurso de conciliación entre las clases. No sólo porque Perón era un militar –de donde nacería el mito fundacional de un ejército popular- sino por la necesidad de fortalecer al Estado y las instituciones como representantes del bien común de patrones y obreros. De ahí, la idea peronista de que es necesario un ejército nacionalista y popular, que incluso los Montoneros sostuvieron con entusiasmo en tiempos del Operativo Dorrego, donde participaba entre otros el genocida Albano Harguindeguy.

Pero más allá de algún acto aislado de nacionalismo industrialista como los que encarnaron Savio o Mosconi, las FF.AA. argentinas desde sus orígenes en tiempos de Roca siempre fueron el instrumento de la oligarquía y las elites dominantes, cuando no de los planes imperialistas. Fueron siempre una institución antipopular y antinacional. El Gral. Valle que encabezó un levantamiento militar peronista en 1956, describió con claridad la hostilidad de los militares hacia el pueblo pobre. Antes de ser fusilado escribió: “con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, (…) y desahogar una vez mas su odio al pueblo”. A partir de la revolución cubana en 1959, las FF.AA. van a abrazar la Doctrina de la Seguridad Nacional que, amén de reforzar su anticomunismo visceral, las va a hacer dependientes y transformar en agentes del imperialismo en la represión a la clase obrera y el pueblo pobre. Al respecto decíamos en La Verdad Obrera “el nacionalismo militar, fue un macaneo del nacionalismo burgués que mientras por un lado utilizaba a las masas como medio de presión en la puja con el imperialismo, por el otro se apoyó en las FF.AA. como institución fuerte del estado. El supuesto “ejército del pueblo” de 1945 (…) fue el mismo que encarceló a Perón en Martín García y provocó la reacción popular del 17 de octubre. Fue el alto mando de la Marina, tolerado por Perón, el que bombardeó Plaza de Mayo en junio de 1955, y fue el “ejército leal” a Perón el que hizo posible su derrocamiento en septiembre del mismo año, por las huestes unidas del nacionalismo católico y el liberalismo militar” (LVO 191, 15/6/2006).

En este sentido, el discurso de las FF.AA. del “proyecto nacional” kirchnerista está lejos, muy lejos de las conclusiones del legendario militante de la resistencia peronista John William Cooke para quien las FF.AA. “representan el orden, la disciplina, el respeto a los valores establecidos, el freno a toda subversión de las categorías económicas y sociales; y ya se sabe que las clases dominantes identifican sus intereses con valores sublimes, y con el caos y el desorden y la catástrofe a toda amenaza a sus privilegios” y que la comunidad de la Nación “pueblo-ejército” choca con la realidad de quien domina efectivamente en la Nación: “el mantenimiento del orden no es, entonces, la preservación de una mítica armonía de elementos que funcionalmente tienden a cohesionarse en la Nación, sino la coerción que mantiene la unidad garantizando el statu-quo. Las FF.AA. no defienden “el orden” sino éste orden, que es el impuesto por los explotadores”. (John W. Cooke. Peronismo y revolución).

No es de extrañar. Cooke expresaba una crítica incompleta al nacionalismo burgués. El “proyecto nacional” de los Kirchner, los intereses de la burguesía nacional que se benefició del genocidio y entregó el país al imperialismo.

Recomposición de las FF.AA.: una crisis abierta

Las FF.AA. del “proyecto nacional” y la democracia, reconciliadas con el pueblo, contrasta violentamente con la realidad de una institución en crisis producto de haber realizado un genocidio y por la derrota nacional en la guerra de Malvinas. Además, porque más allá de la renovación generacional, los militares conservan en sus filas un fuerte espíritu de cuerpo de reivindicación del genocidio y sus filas están plagadas de cómplices y partícipes de la dictadura. Entre ellos que se destaca el Jefe de la Marina, almirante Jorge Godoy, que ejercía actividades en la Base Naval de Mar del Plata donde funcionaba un campo de detención clandestino. Por otra parte, las FF.AA. que se plantean en el discurso burgués como defensoras del territorio y la soberanía nacional no sólo fueron agentes del imperialismo cuando tuvieron el poder en sus manos, sino que como abanderados de una causa nacional, como la guerra de Malvinas, capitularon vergonzosamente ante el imperialismo británico. Esta situación y la persistente lucha popular y democrática contra la impunidad a los genocidas han inutilizado a las FF.AA. para intervenir en la política interna (no pudiendo ser utilizadas para reprimir los levantamientos del hambre de 1989 o las jornadas revolucionarias del 2001) y ser instrumento de la represión de las rebeliones populares. Esta crisis no está cerrada.

El kirchnerismo intenta recomponer a las FF.AA. participando en Misiones internacionales cuya finalidad es defender los intereses del imperialismo. Esta senda había sido iniciada por el menemismo durante la comandancia de Martín Balza siendo parte de la coalición militar encabezada por Bush padre durante la operación contra Irak “Tormenta del Desierto” en 1991. Actualmente, integrando los destacamentos de los cascos azules de la ONU en Haití (MINUSTAH), que actúa como fuerza de ocupación junto a los 12.000 marines norteamericanos enviados tras el terremoto para controlar los movimientos de las grandes masas populares.

Los Kirchner reivindican un Ejército “nacional” vinculado al “pueblo”. Extraño concepto “nacional”, cuando utilizaron la causa AMIA en función de las necesidades del imperialismo norteamericano y el Estado de Israel para demonizar a Irán, sacando provecho en el orden local con la imposición de una ley antiterrorista que pone en tela de juicio las libertades democráticas más elementales. Parece que ese carácter “nacional” los condujo a enviar tropas al sur de Líbano en 2006 para defender la frontera norte del Estado de Israel, cuando tras la segunda guerra de Líbano los soldados sionistas agredieron a Hezbollah y asesinaron cientos de campesinos.

El objetivo de la reconciliación con las FF.AA. es un plan reaccionario para que la burguesía recupere a la institución que ejerce el monopolio de la violencia fundamental del Estado capitalista.


El Ejército y las barricadas del Cordobazo

por Miguel Raider

En su célebre ensayo El Estado y la revolución, Lenin señalaba que las FF.AA., así como las Fuerzas de Seguridad, las cárceles y las instituciones coercitivas “son los instrumentos fundamentales de la fuerza del poder del Estado ... una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión ... un órgano de opresión de una clase por otra que no podría surgir ni mantenerse si fuese posible la conciliación de las clases”. Por ese motivo, esa “fuerza especial de represión del proletariado por la burguesía” tiende a incrementar el poder de fuego de sus instituciones coercitivas a medida que se agudizan las contradicciones entre estas dos clases sociales antagónicas, en pugna por sus propios intereses. La historia argentina del siglo XX abunda en ejemplos fecundos desarrollados en ese sentido, con numerosos golpes de Estado como el de 1976, lanzado para preservar el “orden” de los capitalistas contra una clase obrera que desbordaba los marcos de la conciliación de clases del peronismo y una vanguardia provista de ideas revolucionarias.

Asimismo, Lenin destacaba que estos “destacamentos de hombres armados” constituidos en un “poder público” representan el aspecto más antidemocrático de este régimen social y político que consagra “el monopolio de la violencia” en manos de esas élites especiales “situadas por encima de la sociedad y divorciados de ella” en desmedro de la “organización armada espontánea de la población”.

La ironía de la historia es que en el mismo día del Ejército miles de obreros y estudiantes desafiaron el orden público y el monopolio de la violencia en la gran gesta del Cordobazo. En ese entonces, las masas derrotaron a la Policía mediterránea a fuerza de barricadas y tomaron las 150 manzanas de los barrios Alberdi, Clínicas, Nueva Córdoba, San Martín y Güemes. Sin embargo, esa insurrección fue limitada, pues en realidad fue una semiinsurrección porque los trabajadores y los estudiantes no se dotaron de armamento para derrotar a las fuerzas militares, aunque indudablemente emergieron formas embrionarias de armamento popular expresadas en los francotiradores que se desplazaban en los techos de los edificios. En consecuencia, a pesar de toda la audacia desplegada, cuando en horas de la noche ingresó el Tercer Cuerpo de Ejército al mando del general Carcagno como un contingente de ocupación, esta fuerza logró restablecer el orden y el control de la ciudad. Los socialistas revolucionarios consideramos necesario estimular y desarrollar todas las formas de autodefensa obrera y popular frente a la represión y la violencia estatal, y en esa dirección luchamos por la disolución de las fuerzas represivas y la destrucción de las FF.AA. capitalistas para reemplazarlas por el armamento de todo el pueblo en milicias obreras y populares.


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