Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
24 de noviembre de 2017

Teoría

JUJUY

Notas sobre el curso “Trotsky y la Teoría de la Revolución Permanente” (2do. encuentro)

08 Aug 2007 | “... en el marco general de las desigualdades del todo capitalista, Trotski fue capaz de comprender lo particular de la paradoja rusa. La accesión a la actualidad de la revolución proletaria mundial queda mostrada por el corte en la época que representa 1905 en Rusia, el cual evidencia a la vez la desaparición definitiva de la burguesía en cuanto clase progresista y le emergencia, en las peores condiciones de subdesarrollo y de atraso social, del proletariado, único capaz de afrontar de manera consecuente y determinada el orden antiguo, produciendo un tipo de revolución absolutamente nuevo, marcado con su propio sello: huelga general y soviets” Alain Brossat[1] “La hegemonía de la ciudad sobre el campo, de la industria sobre la agricultura y, al mismo tiempo, la modernización de la industria rusa, la ausencia de una pequeña burguesía fuertemente constituida, de la que los obreros hubieran sido sólo los auxiliares, todas estas causas hicieron del proletariado la fuerza principal de la revolución y le obligaron a pensar en la conquista del poder” León Trotsky   |   comentarios

Se realizó el segundo encuentro del curso dirigido a militantes del PTS-Jujuy y compañeros/as de los círculos marxistas en la Casa Cultural “Obreros del Mundo”. Nuevamente haremos una síntesis de lo más destacado del curso, dando cuenta de las discusiones y los avances logrados en pos de apropiarnos de lo más avanzado en teoría marxista revolucionaria.

La discusión giró en torno a la primera Revolución Rusa. Discutimos brevemente los hechos como contexto de las discusiones político-programáticas que se darían luego entre las fracciones de la socialdemocracia. Hablamos entonces del fin del boom económico en Rusia -y la primer huelga general del proletariado contra el zarismo en 1903-; el aumento de tensiones interestatales, hasta el estallido de la guerra ruso-japonesa en 1904 (expresión de la nueva época imperialista). De allí parten las primeras formulaciones de Trotsky sobre el rol del proletariado, como protagonista central de la próxima revolución. Cuestión que se vería luego confirmada.

Del “Domingo Sangriento”, de aquel 9 de enero, cuando una manifestación pidió al Zar “la vida o la muerte” y fue respondida con una masacre contra los trabajadores y campesinos, todo el año 1905 fue de convulsión social: un proceso revolucionario contra la autocracia. Y lo nuevo: huelga general y soviets. Nuevos fenómenos obreros de lucha y organización surgidos hacia fines de aquel año, que no llegaron a desarrollarse a pleno. La insurrección de diciembre chocó con las bayonetas del ejército del Zar, y los diputados obreros del Soviet presos. El proceso mostró el rol del proletariado, su peso propio, pero no hubo durante 1905 una sólida unidad entre los obreros y campesinos.

Desde aquí, desde estos hechos, queda establecida la discusión acerca del carácter de la revolución y la pregunta clave: ¿qué clase social detentará el poder en la próxima revolución?

Debatimos entonces los artículos de Trotsky[2], donde polemiza con los mencheviques y su esquematismo disfrazado de “marxismo”, que los lleva en el terreno político a apoyar al partido Kadete de la burguesía liberal. Deduciendo que el carácter de la Revolución Rusa es burguesa, los mencheviques adjudican a los liberales la dirección del proceso: lo mismo que pasó en Francia en 1789 tiene que pasar en Rusia luego.

Trotsky despliega un brillante análisis sobre la dialéctica de clases en la historia, comparando las diferencias entre Francia -nación capitalista avanzada- y Rusia. Y visto la realidad de esta última pregunta:

“¿Y si esta democracia burguesa no existe? ¿Y si no hay una democracia burguesa capaz de marchar a la cabeza de la revolución burguesa? En este caso hay que inventarla: a esto es a lo que llegan los mencheviques. Edifican una democracia burguesa, le dan una serie de cualidades y una historia, empleando su imaginación para ello.

En tanto que materialización, tenemos que preguntarnos primero cuáles son las bases sociales de la democracia burguesa, en qué capas o clases puede apoyarse.

Es inútil hablar de la gran burguesía como de una fuerza revolucionaria (...) Los industriales lyoneses, por ejemplo, tuvieron un papel contrarrevolucionario en la época de la Revolución Francesa, que fue una revolución nacional en el más amplio sentido. Pero se nos habla de la media y, sobre todo, de la pequeña burguesía como fuerza dirigente de la revolución burguesa; y, ¿qué representa esta pequeña burguesía?

Los jacobinos se apoyaron en la democracia de las ciudades, derivada de las corporaciones artesanas. Los maestros de taller, sus oficiales y las gentes de la ciudad tenían con los primeros lazos estrechos, componían el ejército revolucionario de los sans-culottes, y ése fue el apoyo del partido dirigente. Esta masa compacta de la población urbana, que había pasado por la larga escuela histórica de la vida corporativa, fue precisamente la que soportó todo el peso de la transformación revolucionaria. El resultado objetivo de la revolución fue crear las ‘condiciones normales’ de la explotación capitalista. Pero el mecanismo social de la evolución histórica ha hecho que la dominación burguesa se viera asegurada por obra de la plebe, de la democracia de la calle, de los sans-culottes. Su dictadura, basada en el terror, libró a la sociedad burguesa de todos los vestigios del régimen anterior, y luego la burguesía impuso su dominio, derribando la dictadura democrática de los pequeños burgueses”[3].

Trotsky explica que la burguesía rusa no pasó por las etapas de la francesa: la corporación y el artesanado; el capitalismo se desarrolló por el capital extranjero en Rusia, por lo tanto no hay clase burguesa para ponerse al frente de la revolución. Aquí, Trotsky despliega su análisis del “desarrollo desigual y combinado” (que ser˜à explicada nuevamente en varios trabajos posteriores, de los cuales, el de Historia de la Revolución Rusa es el más conocido y citado).

Entonces, surge la clase obrera industrial como producto del capital extranjero, sin que exista una pequeñaburguesía nativa fuerte.

Por el lado del campesinado, una intervención planteó muy bien que las masas campesinas pueden ser revolucionarias, pero que un marxista sabe bien que no pueden dirigir la revolución (por su dependencia material de la ciudad -que está dirigida o por la burguesía o por el proletariado-) ni liberar entonces las fuerzas productivas de una nación. La “base” del capitalismo es el proletariado, y es quien puede derrotarlo[4]. También se profundizó acerca de los límites del campesinado, como clase pequeñoburguesa, señalando que el proletariado sí puede ser una clase “para sí” (es decir, conciente de sus intereses comunes) y el campesinado no[5].

Por lo tanto -como planteó otra intervención- tenemos nuevamente planteado el tema del “transcrecimiento” de la revolución, ya que en las colonias y semicolonias no hay burguesía -con un desarrollo histórico propio, “autónomo”-, sino una burguesía “socia menor” del capital imperialista, que ha dejado inconclusas sus “tareas nacionales” (reforma agraria, libertades democráticas, independencia nacional) en desmedro de las masas obreras, campesinas y populares.

Otro aspecto que se destacó fue como Trotsky (y Lenin también) veía el proceso revolucionario en Rusia como parte de un proceso mundial[6] (y a Rusia como “último reducto de la reacción mundial”), desarrollando el marxismo revolucionario y depositando su confianza en el proletariado -al contrario de los mencheviques, que descreen del proletariado y la revolución-. Así, se planteó que entonces “los países más atrasados toman lo más adelantado de los otros países”, en referencia al marxismo como teoría de la revolución mundial. No por nada el texto de Franz Mehring “La revolución permanente” saluda la lucha de los trabajadores rusos, su “dinámica permanentista”, y destaca el hecho de que, de alguna manera, la clase obrera rusa sacó las lecciones de la derrota de 1848 (y que debe seguir alerta, aprovechando las conclusiones de esa misma experiencia).

Finalmente discutimos cómo Trotsky, aunque avanza más -y también porque lo permite la nueva época imperialista, al abrir el “campo estratégico de la revolución proletaria” en todo el orbe- en las “formulaciones permanentistas”, su teoría sigue siendo aún una teoría para la revolución en Rusia, respondiendo a esta “paradoja” de “revolución burguesa a realizarse por el proletariado”, desde una concepción dialéctica de “desarrollo desigual y combinado”[7]. Mientras que su planteo de “dictadura del proletariado llevando tras de sí a las masas campesinas” es más acertado que la “fórmula algebraica” de Lenin de “dictadura democrática de obreros y campesinos”, su punto débil es que es un “francotirador” al margen de las fracciones de la socialdemocracia rusa (mencheviques y bolcheviques). Para que la teoría de la revolución permanente llegue a su “punto culmine”, tiene que postular la organización partidaria como dirección del proceso revolucionario. Esta debilidad de Trotsky contrasta con la fortaleza, la claridad estratégica en este plano, del “trabajo preparatorio” de Lenin y los bolcheviques, de inserción y ligazón a la clase, más allá de los avatares, los avances y retrocesos parciales del proletariado durante los 12 años siguientes, hasta que llegue la nueva Revolución Rusa en 1917.

El tercer encuentro del Curso verá la polémica en la “Correspondencia entre Trotsky y Preobrazhensky” sobre la derrotada revolución China. Allí Trotsky, habiéndose incorporado como “el mejor bolchevique” en 1917, como dijo Lenin, será ya un “hombre de partido”, sacando a fondo las lecciones de la derrota, avanzando en las formulaciones político-programáticas y comenzando la polémica con la fracción de Stalin y Bujarin, que reflotaban la vieja consigna “dictadura democrática” de Lenin, para tener una política reformista y etapista, que llevó a una subordinación del heroico y combativo proletariado chino al partido burgués Kuomintang. Todo esto lo veremos luego, en el tercer encuentro.

[1] En los orígenes de la revolución permanente. El pensamiento político del joven Trotsky, México, Siglo XXI, p. 12.

[2] León Trotsky: “El partido del proletariado y los partidos burgueses en la revolución” y “El proletariado y la revolución rusa”; Franz Mehring: “La revolución permanente”, todos en 1905, Bs. As., CEIP “León Trotsky”, 2006. Los dos primeros artículos también se encuentran en La teoría de la revolución permanente (Compilación), Bs. As., CEIP “León Trotsky”, 2000. La cita que encabeza este resumen es del segundo artículo de Trotsky, 1905, p. 342.

[3]“El partido del proletariado y los partidos burgueses en la revolución”, 1905, Bs. As., CEIP “León Trotsky”, 2006, pp. 327 y 328.

[4] “(...)Es la ciudad la que posee la hegemonía en la sociedad moderna, y sólo la ciudad es capaz de desempeñar un papel importante en la revolución burguesa. ¿Dónde veis vosotros ese democracia urbana que llevaría tras de sí a toda la nación?

El camarada Martinov la ha buscado más de una vez, lupa en mano. ¡Ha encontrado maestros de escuela en Saratov, abogados en Petersburgo y técnicos estadísticos en Moscú! Como todos los de su opinión, se ha negado a ver que, en la Revolución Rusa, el proletariado industrial ocupa el lugar que, a fines del siglo XVIII, tenía la democracia de los artesanos, la democracia de los sans-culottes. Os ruego, camaradas, que os fijéis en este punto esencial.

Nuestra gran industria no procede del artesanado; la historia de nuestras ciudades ignora completamente el período de las corporaciones. La industria capitalista ha nacido, para nosotros, por la presión inmediata del capital europeo. Se ha apoderado de un suelo virgen, verdaderamente primitivo, y no ha tenido que luchar contra la resistencia de un ambiente corporativo. El capital extranjero se ha introducido en nuestro país por medio de los empréstitos de Estado y por lo canales, si se pueden llamar así, de la iniciativa privada. Ha agrupado en torno a sí al proletariado industrial, sin permitir a los pequeños oficios crearse y desarrollarse. Como resultado, en el momento de la revolución, la principal fuerza de las ciudades se encuentra en un proletariado industrial con una conciencia social muy elevada. Este es un hecho irrefutable y que debe servir de base a todos nuestros estudios sobre táctica revolucionaria”, ídem 3, p. 328.

[5] Trotsky plantea en polémica contra el stalinismo: “Bajo las condiciones capitalistas el campesinado no tiene cultura independiente. En lo que a cultura concierne, el campesino puede madurar bajo la influencia del proletariado o de la burguesía. Estas son las dos únicas posibilidades existentes para el avance cultural del campesinado. Para un marxista, la idea de que el campesinado ‘culturalmente maduro’, habiendo derrocado al proletariado, puede tomar el poder por su propia cuenta, es un prejuicio totalmente absurdo. La experiencia de las dos revoluciones nos ha enseñado que el campesinado, si entra en conflicto con el proletariado y lo derroca del poder, simplemente tiende un puente -a través del bonapartismo- para la burguesía. Un Estado campesino independiente no basado ni en la cultura proletaria ni en la burguesa es imposible”, “Discurso a la XV Conferencia”, 1ª de noviembre de 1926, en La teoría de la revolución permanente (Compilación), Bs. As., CEIP “León Trotsky”, p. 262.

[6] “Conocemos el ejemplo clásico de una revolución en la que la dominación de la burguesía capitalista ha sido preparada por la dictadura y el terror de los sans-culottes vencedores. Esto tuvo lugar en una época en que la población de las ciudades se componía principalmente de artesanos y pequeños comerciantes. Pero la población de las actuales ciudades rusas se compone especialmente de un proletariado industrial. Esto nos lleva a concebir una situación histórica en la que la victoria de la revolución ‘burguesa’ sólo sería posible gracias a la conquista del poder revolucionario por el proletariado. ¿Dejaría esta revolución de ser burguesa? Sí y no. Eso no dependería de una definición sino del ulterior desarrollo de los acontecimientos. Si el proletariado es rechazado por la coalición del as clases burguesas, y por la clase campesina por él liberada, la revolución conservará su carácter esencialmente burgués. Pero si el proletariado es capaz de actuar con todas sus posibilidades políticas y romper así los marcos nacionales de la revolución rusa, ésta podrá transformarse en el prólogo de un cataclismo socialista mundial. Si nos preguntamos hasta dónde llegará la revolución rusa no podremos contestar más que de una manera condicional”, “El proletariado y la revolución rusa”, ídem 3, pp. 336 y 337.

[7] E.H. Carr señala: “El tradicional sistema ruso de realizar avances espasmódicos, acelerando para ponerse a la altura del occidente y quemando en el proceso las etapas intermedias por las que pasó el progreso occidental, se repitió en los preparativos de la Revolución rusa. La teoría de Trotski de ‘la revolución permanente’ nació ante el dilema que planteaban las condiciones imperantes en Rusia: la ausencia de una burguesía fuerte capaz de llevar a cabo la revolución burguesa, la cual era una etapa necesaria según las concepciones occidentales del marxismo. Y Lenin, aunque rechazaba formalmente la teoría, adoptó en 1917 lo que, a fin de cuentas, constituía el mismo expediente: considerar la toma del poder por los bolcheviques como el último acto de la revolución burguesa y, al mismo tiempo, el primero de la revolución socialista” (Historia de la Rusia Soviética, “El socialismo en un sólo país”, Vol 1, t. 1, Madrid, Alianza Universidad, 1974, ed. original 1958, p. 31)

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