Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
18 de febrero de 2019

La Verdad Obrera N° 400

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EXTRACTOS DE UN ARTICULO DE ROLANDO ASTARITA

Militancias y compromisos

11 Nov 2010 | El artículo “Militancia probada…y capital” de Rolando Astarita, economista marxista y docente de la UBA, se puede leer completo en su blog, http://rolandoastarita.wordpress.com/. Aquí, con su permiso, reproducimos sólo un extracto, sobre el actual debate en torno a la militancia.   |   comentarios

En su edición del 2 de octubre de 2010, la revista The Economist dedica una larga nota, además del editorial, al Brasil que deja Lula, y a la sucesión de Dilma Rousseff. Dejando de lado algunos desacuerdos secundarios, la revista es muy elogiosa para con el líder del Partido de los Trabajadores. “Lula dio a Brasil continuidad y estabilidad”, sostiene. Y sobre Rousseff dice que es “una mujer fuerte y con coraje: siendo una joven militante de izquierda, sobrevivió a la tortura a manos del régimen militar, y atravesó una batalla contra un cáncer linfático el último año”.
Así The Economist afirma lo que muchos intuimos desde hace tiempo, a saber, que el establishment económico valora muy positivamente a los militantes de izquierda cuando éstos pasan a defender el capital y su Estado.

(…) quisiera hacer una reivindicación del militante de izquierda, en específico, ya que con el giro hacia el capital, también se ha desvirtuado el contenido de la militancia de la izquierda. Hoy parece que da lo mismo militar por el capital, que contra el capital; por el Estado, que contra el Estado. Por supuesto, en este punto entra mucho de lo personal, y lo que digo ahora está atravesado por la pasión y los recuerdos de compañeros perdidos.

Por estos días se habla mucho del militante, y se reivindica la militancia política. Pero dentro de esta categoría se encierran actitudes y trayectorias que no tienen nada que ver con lo que es la militancia de izquierda. Al menos, con la militancia que he conocido, desde mediados de la década de 1960, y hasta el presente. La mejor manera de expresarlo es a través de casos que, si bien teóricos, están inspirados en personas reales.

José, milita en un sindicato, en el que tiene un puesto dirigente, y entre sus tareas está reclutar barras bravas para ir a moler a golpes a los activistas de la oposición. José trabaja todo el día en defensa de los afiliados. En especial, en juicios laborales, en los que casualmente participan estudios de abogados a los que está vinculado. José también ha hecho una fortuna con “mordidas” que tiene con los estudios de abogados, pero no ve en ello nada malo. Es parte de la retribución por su actividad militante. También tiene poder para colocar gente en algunas empresas, y por eso ha hecho mucho bien a amigos y conocidos. Estos lo apoyan a muerte. José está sometido a muchas tensiones, y a veces los amigos le dicen que se cuida poco. Pero José explica que su vida es el sindicato y la militancia. Por supuesto, José está tan dedicado a su sindicato, que jamás se preocupó por los trabajadores precarizados y en negro; ni por los desocupados. Lo cual no obsta para que milite también en contra de los zurdos, que siembran la discordia en estos sectores. Además, lo interesante de la carrera de José, es que empezó como militante de un grupo de izquierda, cuando era un pibe, allá por 1975. Ese grupo, en 1978, le aconsejó aceptar un puesto en una lista oficialista del sindicato, para “hacer entrismo”. Desde entonces José siguió haciendo entrismo, hasta el día de hoy, sin dirigir nunca más la palabra a sus viejos compañeros. Y está muy entrenado en detectar posibles y peligrosos entristas, para echarlos rápidamente del sindicato.

Pablo es militante del mismo sindicato que José. Desde hace meses Pablo arriesga su seguridad y la de su familia, para formar una lista de oposición a la directiva del sindicato, defendida por José. Pablo vive pobremente, porque nunca aceptó sobornos, y ha sido despedido de varios trabajos. Siempre debido a su actividad gremial. Pablo hace críticas al manejo del sindicato por parte de gente como José. Muchos piensan que Pablo es un moralista pasado de moda, y que no entiende la esencia del sindicalismo.

Andrés es militante de un partido político, y ya llegó a puestos de importancia en el Estado. Siempre trabajó haciendo trenzas. A lo largo de los años, y a costa de una esforzada militancia, Andrés desarrolló un notable olfato para entender “cómo viene la mano” y dónde recostarse. En los noventa militó a favor de las privatizaciones menemistas; hoy lo hace por el modelo productivista de Kirchner. Muchos piensan que es muestra de su gran tenacidad militante, de su compromiso con la militancia en sí misma. En cualquier caso, y como corresponde a tanto esfuerzo, a Andrés le llegó la recompensa. Hoy tiene un alto puesto en el Estado, que le da derecho incluso a un automóvil con chofer. Andrés proclama que lo suyo siempre fue para mejorar la situación de la gente. Pero Andrés también amasó una pequeña fortuna. Cuando se le cuestiona este aspecto de su militancia, explica que él está empeñado en una lucha desigual “contra los grupos de poder”, y que necesita esos dinerillos para asegurar su futuro, el de sus hijos y el de sus nietos, ya que la lucha “contra los grupos” es a largo plazo, y despiadada.

Juan es militante de un partido pequeño, donde todo se hace a pulmón. Tan a pulmón que Juan destina todos los meses, de sus magros ingresos, una cuota para sostener al partido; y ha donado dos indemnizaciones a la organización (porque lo echan de los trabajos debido a su actividad política y sindical). Juan lee ávidamente la prensa de su partido para tener argumentos con los que discutir, ya que son muchas las presiones que soporta. El partido de Juan, en promedio, obtiene el 0,5% de los votos desde hace años, por lo cual Juan no tiene ninguna esperanza de llegar a ser alto funcionario, al menos en un futuro previsible. De todas maneras sigue trabajando por su partido, porque está convencido de que lo importante son las ideas, y que éstas algún día van a triunfar.

Ahora bien, si me preguntan por el mérito de ser militante, personalmente solo me identifico con Pablo y Juan. Esa es la militancia que conocí desde adentro. En cuanto a la militancia del otro tipo, la de los José y Andrés del ejemplo, no me parece que tenga nada de progresivo. No veo por qué hay que reivindicar en sí misma esa militancia, que por otra parte es la que abunda en las democracias burguesas.

Termino esta nota recordando un episodio que viví. Es el 22 de agosto de 1976. Estoy secuestrado en Superintendencia, en Capital, con los ojos vendados, con otros compañeros. En la noche del 19 al 20 de agosto los represores habían sacado a muchos compañeros y compañeras, diciéndoles que se iban a un penal. Ya a la tarde del día 20 nos habíamos enterado de que los habían matado a todos, cerca de Luján (es lo que se conoce hoy como la masacre de Fátima). De pronto, no sé de dónde vino, me dicen al oído (no podíamos hablar, estábamos tirados en el piso) que haríamos un homenaje a los compañeros caídos, y a todos los luchadores. Consistía en tomarnos de las manos y prometer que seguiríamos la lucha. Lo hicimos. Recuerdo que mi compromiso, asumido en esa vocesita interior a la que tratamos de ser fieles, consistía en seguir resistiendo a la represión para no entregar a ningún compañero. Seguramente, cada cual habrá hecho su propio compromiso. No sé cuál, y tampoco sé con certeza cuántos de los que estuvimos ese día, tomándonos las manos en silencio, estamos con vida al día de hoy. Sé de dos viejos y buenísimos amigos que sí, que estuvieron allí y permanecieron, y permanecen, fieles a aquellas promesas. Pero en cualquier caso, estoy seguro de que ninguno de los que estuvieron ese día en ese sencillo acto se hubiera reconocido en la militancia, oportunista y acomodaticia, que hoy muchos reivindican en estos tiempos de “realismo”. Por aquellos lejanos y oscuros días de agosto de 1976, en esa fría celda de Superintendiencia, nadie pensaba que debíamos pasar aquella prueba para terminar ofreciendo nuestros servicios al capital (y al elogio de The Economist). Tal vez esto ayude a entender el abismo que me separa de algunos discursos que circulan por estos días.

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