Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
22 de julio de 2019

La Verdad Obrera N° 400

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MEDIOS Y DICTADURA

Los periodistas de Massera

11 Nov 2010   |   comentarios

  • Audio: Entrevista a Enrique Cachito Fukman (AEDD) y Myriam Bregman en Pateando el Tablero



El principal genocida de la ESMA, el “Almirante Cero”, está muerto. Durante los últimos años se habló mucho de su estado de salud, aunque los organismos de derechos humanos nunca creyeron en los informes del Hospital Naval. La última burla de Massera tuvo lugar el lunes 8, cuando un ACV lo absolvió para siempre. A pesar de haber sido condenado hace 25 años, muere impune de todas sus crímenes y robos, en libertad y sin haber declarado una sola vez en los últimos años.

“Buenas noches, Almirante”

En los años que Massera (con Videla y otros) era amo y señor de la vida de millones, muchos periodistas lo presentaban como un gran militar, intelectual y político. Neustadt, Grondona y una cohorte periodística lo adulaban mientras en la ESMA él dirigía la tortura, la violación y la muerte generalizada.

Mariano Grondona hoy habla de “democracia” y “libertad” en Hora Clave. Pero hace 15 años el Doctor tuvo como entrevistado de “honor” al mismísimo Massera. Era agosto de 1995 y como el genocida quería recuperar su imagen en decadencia mantuvo con Grondona una amable conversación. Allí el “Almirante” (así nombró el periodista al destituido y condenado militar) mostraba un sobre diciendo que era “correspondencia que mandaban los ‘torturados’ agradeciendo el trato recibido”.

Massera quería aprovechar toda la pantalla posible. Entonces dos jóvenes periodistas en ascenso vieron la posibilidad de dar la nota y le hicieron una entrevista de dos horas, por América TV. Eran Daniel Hadad y Marcelo Longobardi. También era agosto del ‘95 y los genocidas llevaban cinco años indultados por Menem. Fue en esa “exclusiva” que el criminal y los muchachos disertaron sobre los excesos y las consecuencias indeseadas de la “necesaria” lucha contra el terrorismo subversivo durante los ’70.

Hoy Hadad es dueño de C5N y Radio Diez, dos medios que se llevan demasiado bien con el gobierno de los “derechos humanos” de Cristina. Longobardi es el periodista estrella de esos medios, destacándose por sus cotidianas entrevistas a los funcionarios nacionales, a Scioli y a otros kirchneristas.

Pero, “nobleza obliga”, habrán pensado el lunes Daniel y Marcelo. Por eso en la radio y en el canal la noticia de la muerte del genocida fue anunciada con la sobriedad de quienes guardan un celoso respeto. Ningún adjetivo acompañó al nombre de Emilio Eduardo Massera. Ni dictador, ni ex presidente de facto. Mucho menos represor o genocida. Los Massera, agradecidos.

Convicción

Enterados de la muerte de Massera, varios periodistas actuales de Clarín, La Nación y hasta de Canal 7 habrán recordado cuando Massera era su patrón. Cuando el genocida se retiraba de la Junta Militar, a mediados de 1978, y ya imaginaba un proyecto político con su Partido de la Democracia Social (¡!). Entonces lanzó el matutino Convicción, que editaría 20.000 ejemplares diarios durante cinco años (hasta fines de 1983) con tres ideas claras: “lavar” las manos ensangrentadas de Massera y compañía, unificar a las Fuerzas Armadas de cara a una futura amnistía y armar un clima propicio para el proyecto político del “Almirante Cero”.

Estratégico, Massera entendió que lanzar un diario propio era mejor que negociar espacios con Clarín y La Nación (que poco antes habían recibido Papel Prensa gracias a los favores de Videla y Martínez de Hoz). Por eso contrató, con jugosos sueldos, a profesionales del periodismo que llenaron sus páginas durante esos años de Dictadura. Hoy Convicción es historia, como Massera. Sin embargo el último lunes un recuerdo invadió más de una redacción y emisora. En Clarín Marcelo Moreno, Daniel Muchnik, Jorge Castro; en La Nación Pablo Sirvén, Any Ventura, Ernesto Schoo; en Canal 7 Marcelo Araujo; en FOX Sports Fernando Niembro; en Canal 26 Mauro Viale y tantos otros periodistas habrán revivido, aunque sea por unos segundos, esos años de servicios para el señor de la muerte.

Vale una última mención para el sentido recuerdo que hizo esta semana de Massera el diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca. No sorprende que Vicente Massot (su director) se despache con loas al genocidio. No sólo porque siempre lo hizo, sino porque siempre lo hizo con fervor. Esta semana se animó a decir que, al mismo tiempo que fue uno de los forjadores de la Dictadura, Massera fue “una de sus principales víctimas”, y que gracias a Massera y sus cómplices “el flagelo subversivo fue cortado de raíz, ahorrándole males inimaginables al país”.

Murió Massera. Pero muchos de sus subordinados torturadores, violadores, ladrones y desaparecedores siguen vivos e impunes. Y muchos periodistas que le sirvieron, que alabaron sus acciones y justificaron sus vejámenes, también.

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