Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
24 de noviembre de 2017

La Verdad Obrera N° 296

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Los Kirchner capitulan ante la oligarquía financiera

25 Sep 2008   |   comentarios

En medio de los intentos desesperados del gobierno de Bush de salvar de la bancarrota al capital financiero internacional, el gobierno se entrega cada vez más a sus exigencias. No alcanzó con la decisión de pagar casi 7.000 millones más al Club de Paris. El establishment logró del gobierno argentino, además, el “rescate” que pedía para los bonos de los fondos buitres que no entraron al canje de la deuda en 2006 por, al menos, otros 10.000 millones de dólares.

Con este giro del gobierno, la oposición “republicana” perdió casi todas las banderas económicas. En gran parte por la desorientación de los neoliberales en la crisis capitalista internacional, y en otra porque han sido tomadas por la política oficial. Solo pueden tomar fuerza, detrás de la embestida que lleva como estandarte a un protegido del FBI que -aprovechando los negociados entre la burguesía bolivariana y los empresarios K- pretende que el gobierno se separe de la Venezuela de Chávez en sintonía con la política norteamericana. Con el caso Uberti-Antonini Wilson, la oposición patronal pretende transformar en la gran “causa nacional” la lucha contra este hecho de corrupción, mientras desde Elisa Carrió hasta Duhalde hacen la vista gorda a las cientos de “valijas” de millones de dólares que significarán los nuevos desembolsos a los banqueros y especuladores.

La gran estafa de la deuda

Cristina sostuvo que la deuda con el Club de París “es una de las más genuinas”. El “gobierno de los derechos humanos” omite que casi la mitad de la deuda con el Club de París fue contraída durante la dictadura. El propio Banco Mundial certificó que la deuda contraída por los militares fue utilizada en un 40% para fuga de capitales, un 30% en pago de intereses de la deuda y otro 30 % en compra de armamentos. La llevaron de 7.000 millones a 45.000. En 25 años de democracia para ricos, creció a los 150.000 millones de dólares actuales. La mitad es deuda contraída por los grandes empresarios como Macri, Grupo Clarín, Papel Prensa, Pérez Companc, Bulgheroni o Renault que fue estatizada por Cavallo bajo la dictadura y reconocida por Alfonsín. Menem entregó a precio vil las empresas públicas a cambio de papeles de esa deuda y la multiplicó para conseguir los dólares que sostuvieran la convertibilidad. De la Rúa y Cavallo la aumentaron con el “megacanje” que significó la gran estafa de la fuga de capitales que terminó en el default del 2001. Y ahora el gobierno dice que “hay que honrar” a los fondos buitres que conservan papeles de esa estafa. La operación la harán tres bancos que orquestaron el mismo megacanje, el Deutsche Bank, el Citibank y el Barclays. Los dos primeros están acusados de fraudes por el “corralito” del 2001. El tercero acaba de anunciar que la firma Lehman Brothers, el banco de inversión norteamericano que con su quiebra puso a EE.UU al borde del crack, funcionará ahora bajo el nombre de Barclays Capital.

Junto al establishment de Wall Street

La oposición criticó a la presidenta por su discurso en la Asamblea de la ONU en Nueva York, considerando un agravio al gobierno norteamericano decir que estaban haciendo “la intervención estatal más extraordinaria, desde un lugar donde se dijo que el Estado no era necesario”. Pero en realidad, esta reivindicación del estatismo en general es, en términos diplomáticos, una lavada de cara del monumental salvataje a la gran banca y al sistema financiero internacional, lo que es completamente compatible con cenar en la misma mesa que Bush. De paso, la presidenta absuelve a los “neoliberales” que, como todos los capitalistas, utilizan su Estado para acudir en rescate de los quebrantos de los empresarios como lo hizo Cavallo en la dictadura militar y acaba de demostrar Bush a gran escala.

El doble discurso oficial llega al extremo cuando llama a poner fin a un “modelo de especulación financiera” en el mismo momento que resuelve pagar a los fondos buitres para acceder al financiamiento externo y reiniciar el ciclo de endeudamiento. Es decir, en los términos “nac & pop”, la mayor influencia del “mercado” sobre “el estado” nacional. Tanto es así que, aunque el gobierno enviará la discusión al Congreso a mediados de octubre para revestirla como una decisión “soberana”, como denuncian hasta economistas oficialistas como Alfredo Zaiat “La nueva emisión de deuda que vendrá acompañada con la reapertura del canje, además, se hace bajo legislación extranjera, en una resignación de soberanía jurídica que hoy se padece en juicios millonarios en los tribunales de Nueva York” (Página/12, 24/09).

Estos anuncios fueron complementados con el pedido de la presidenta a Irán a someterse al fallo de la justicia argentina que acusa a funcionarios de ese país por el atentado de la AMIA que, como se sabe, fue instruido por la Embajada norteamericana. Fue notable la coincidencia con el eje del discurso del propio Bush que se centró en la condena a Irán –una “cuestión de Estado” para todo el establishment norteamericano, incluido el demócrata Obama, a quien ponen sus fichas los Kirchner y todos los gobiernos “progresistas” latinoamericanos. Al lado de semejante alineamiento político, el pedido de reconocimiento de la soberanía argentina en Malvinas es una frase que ni siquiera sirve para el disimulo.

Un plan incierto

Como con el caso del Club de París, las patronales agremiadas en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), presidida por Pagani de Arcor, emitieron un comunicado señalando que “es un paso muy importante hacia la normalización de las relaciones financieras internacionales” y “un elemento necesario para lograr el acceso pleno al financiamiento externo por parte del Estado y de las empresas argentinas”, para “nuevas inversiones productivas”. Menos confiado es el economista Jefe del Deutsche Bank para América latina, uno de los bancos que opera en el nuevo canje con los bonistas: “La estrategia (en relación a las recientes medidas anunciadas por el Gobierno) es necesaria pero no suficiente como para que se abran las puertas de los mercados de deuda para Argentina”.

Mientras Cristina comanda el giro incierto hacia el capital financiero, Néstor a la cabeza del PJ prepara su ingeniería electoral de cara al 2009. En tanto la crisis internacional no tenga aún efectos catastróficos en la economía argentina, como una caída abrupta del precio de las materas primas en las que se basan los superávit fiscal y comercial, el gobierno aspira a cabalgar en un escenario de desaceleración de la economía (ver suplemento Econocrítica “¿De qué desacople hablaban?”). Aún con una debilidad política irremontable desde el conflicto con la patronal agraria, intenta conservar una mayoría parlamentaria a través del voto del conurbano bonaerense. Cuenta con que la única oposición organizada es la Coalición Cívica de Carrió, con ascendente en las clases medias pero que no le hace mella al núcleo duro de la base social del peronismo y su alianza con los intendentes. “La semilla de la política está en los municipios”, es una frase que se les atribuye. Cristina firmó su primer decreto de necesidad y urgencia destinando 30 mil millones de pesos para obra pública de los intendentes; de la misma forma que fueron enviados 200 millones de pesos para el “salvataje” de las cuentas públicas del gobierno de Córdoba, ayudar a contener los reclamos de los estatales y sellar la alianza electoral con el sojero Schiaretti. A la otra pata de la alianza, los caciques de la CGT, se les otorgará la eliminación de los topes en los aportes que hacen las empresas a las Obras sociales, con lo que los jerarcas sindicales “manejarán unos 800 millones de pesos más por año” (Clarín).

Los revolucionarios del PTS participamos en las organizaciones combativas de los trabajadores y los estudiantes impulsando las demandas salariales por las que en Buenos Aires y Mendoza van al paro los docentes, o de mayor presupuesto que reclaman estudiantes y docentes universitarios. En ellas luchamos para que tomen en sus manos las grandes causas nacionales como la lucha contra el pago de la deuda externa y la ruptura de los compromisos con los banqueros acreedores.

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BASTA DE ARGENTINA PARA LOS PATRONES:
POR UN GOBIERNO DE LOS TRABAJADORES SIN IMPERIALISTAS NI EXPLOTADORES

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