Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
18 de diciembre de 2017

La Verdad Obrera N° 595

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Lear: una lucha ejemplar

12 Mar 2015 | Mientras seguimos luchando con los compañeros que siguen la pelea por su reincorporación, que se movilizan y presentan nuevas medidas judiciales, publicamos este balance. Uno más acabado sobre esta histórica lucha se puede leer en este sitio, titulado “Lear, una lucha ejemplar contra viento y marea”.   |   comentarios

Mientras seguimos luchando con los compañeros que siguen la pelea por su reincorporación, que se movilizan y presentan nuevas medidas judiciales, publicamos este balance.

“Siempre el coraje es mejor, la esperanza nunca es vana” (Jorge Luis Borges)

El conflicto de Lear se desató por un fuerte ataque de la patronal junto con la Ford, el SMATA y el gobierno. El objetivo era destruir a la Comisión Interna y todo el activismo. No fue una pelea buscada por los trabajadores sino impuesta por la empresa.

Ni bien despidieron a los 240 trabajadores se paró la fábrica. Al día siguiente y sin orden judicial, los delegados fueron impedidos de ingresar a la planta. Con los activistas y los delegados afuera, la zona militarizada y la patota del SMATA adentro, las posibilidades de continuar con medidas de fuerza dentro de la fábrica quedaron fuertemente limitadas.

Entonces se buscaron otras formas de afectar la producción. Primero, piquetes para impedir el ingreso y egreso de camiones, enfrentando intentos represivos. Se hicieron bloqueos que impedían el ingreso de los trabajadores y paralizaba la planta. Allí se daba una confraternización entre despedidos y los trabajadores de adentro usando boletines de lucha diarios.

Incluso se bloqueó la empresa Johnson Controls que había despedido a un importante activista, y de esa forma se logró parar la Ford.

Se hacen bloqueos más duros hasta que el 29 de julio la policía rompe el piquete con violencia para que ingrese la patota de la Verde. Los bloqueos se endurecen frente al escándalo de la represión y duran hasta que la empresa organiza un lock out de 12 días.

Fue más de un mes de lucha intensa con bloqueos, represiones como la del 8 de julio, patoteadas, acampe y movilizaciones permanentes.

Sin embargo la Ford seguía trabajando con normalidad. Se comprueba que allí existía un importantísimo stock importado. El gobierno nacional era cómplice.
La posibilidad de ganar el conflicto de forma más o menos rápida con medidas adentro o bloqueos desde afuera que ahogaran económicamente a la empresa, estaba fuera de perspectiva en lo inmediato. Tomar la fábrica en ese momento era el camino más rápido hacia una derrota, porque era imposible quebrar la voluntad de un enemigo que contaba con stock para que Ford siguiera produciendo; la toma iba a ser minoritaria y la base iba a retirarse frente a un escenario así. En las asambleas se discute esta opción y los trabajadores en lucha en asamblea la descartan. Ellos no querían “un hecho político” sino una estrategia acorde a la situación concreta que aumentara sus posibilidades de triunfo.

Persistencia, solidaridad y creatividad como factores claves del combate
El 20 de agosto luego del lock out patronal, los delegados son finalmente destituídos en una asamblea trucha del SMATA avalada por el Ministerio de Trabajo. Habían logrado ingresar un día antes y pronto se los encerrará en una jaula para evitar el contacto con sus compañeros.

En este marco se podía dar la lucha por concluida porque las condiciones eran dificilísimas, o buscar nuevas medidas. Para la segunda opción, se imponía una lucha de largo aliento de otras características: era necesaria la persistencia para golpear sobre un frente único enemigo muy poderoso pero que también tenía contradicciones. Tener imaginación, ganar apoyo y buscar el frente único más fuerte y amplio posible. Esto es lo que se hace.

Los trabajadores levantan la consigna "familias en la calle nunca más ". Con sus 22 cortes de la Panamericana y los del resto del país llegan a millones. Así se ganan el apoyo de amplios sectores de la población. Se desnuda el doble discurso K. Se demuestra contra toda visión sindicalista que la política obrera pueda ganar fuerzas para la lucha de clases. Esto se expresa en el millón y medio de pesos del fondo de lucha, que mostraban la decisión de hacer una lucha larga. Cada vez que la represión caía sobre ellos, el apoyo aumentaba y la crisis en el bando gubernamental, también. Así siguieron, incansablemente.

Se convierten en un ejemplo y su lucha, una causa popular. Allí es donde la enorme mayoría de los partidos de izquierda se retiran de la lucha o limitan su apoyo a lo mínimo. Solo el PTS quedará peleando seriamente poniendo a disposición de los trabajadores toda su fuerza militante, su apoyo político y material. Esto se expresa cuando se ve quienes son los detenidos, quienes buscan hacer un gran fondo de lucha y están al frente de los cortes: los trabajadores despedidos y los militantes del PTS. Esto no cae del cielo sino de la concepción de nuestro partido de que el centro de la actividad de una organización revolucionaria tiene que estar en la lucha de clases.

Las brechas en el campo enemigo

El gobierno era un factor clave para sostener la intransigencia total de la empresa. Cada corte mostraba su doble discurso.

Las crisis termina de aflorar con el escándalo del Gendarme Carancho y el infiltrado Galeano y el propio Berni recibe un golpe de magnitud. La jueza Arroyo Salgado saca a la Gendarmería de la Panamericana.

En el Congreso todos los bloques repudian la represión que sufrió el Diputado Nicolás del Caño cuando acompañaba a los trabajadores. Todos los bloques piden un fallo favorable para solucionar el conflicto. Los delegados logran que se termine la hostilidad dentro de la fábrica.

En este tiempo también se habían recibido fuertes golpes como el retiro de decenas de despedidos que no podían soportar seguir sin cobrar y la desvinculación de dos delegados (que luego serán tres)

Pese a esto, los cortes, movilizaciones y la lucha política cambian la relación de fuerzas. Los abogados de los trabajadores dan una enorme batalla judicial y finalmente, la Sala X de la Cámara Nacional de Apelaciones dictamina que los trabajadores tienen que ser reinstalados. Afirma que la empresa había despedido masivamente sin tramitar el Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) y que por eso los despidos debían anularse. Los abogados hacen este pedido ya que era la única manera de lograr un fallo de reinstalación colectiva (los juicios por discriminación son individuales) basándose en las brechas de la legislación patronal. Así se logra que sean convocados a trabajar al finalizar las vacaciones. Entonces el Ministerio de Trabajo organizó un escandaloso PPC en secreto en enero, para seguir con su colaboración con la patronal y con la burocracia verde del SMATA. Desobedecen de esta manera el fallo que los obligaba garantizar la reinstalación de los compañeros.

La empresa el 19 de Enero impide el ingreso a los despedidos y los suspende, amparándose en que como se había hecho un PPC ya habían cumplido con la medida judicial ordenada. Un fraude enorme armado por el Ministerio. Lejos de cualquier “legalismo”, nadie se queda de brazos cruzados, sino que se cortó la Panamericana 6 veces y dos el Puente Pueyrredón desde que salió el fallo. El 22 de Enero, un juez de feria dictamina que deben ingresar y que las suspensiones eran ilegales pero al día siguiente le da la razón a la empresa y dice que habían cumplido con el fallo porque hicieron un PPC. La lucha sigue con cortes de Panamericana y el Puente Pueyrredón pero sin la misma fuerza. En febrero la Sala X cambiará su fallo y adhiere a la tesis patronal. Un enorme fraude jurídico y político hecho por los funcionarios K junto con los representantes del "partido judicial".

Esto da un duro golpe a la lucha.

El efecto Lear

El Diario Clarín editorializó sobre esta gran lucha diciendo que “ya sentó un precedente sobre cómo enfrentar este tipo de conflictos desde las empresas”. La verdad no es esta. Las patronales fueron desalentadas a encarar nuevos ataques por lo que se peleó en Lear durante meses: saben el infierno que les espera si lo intentan. Si la lucha hubiera terminado cuando no era posible parar adentro, sin dudas las empresas hubieran sacado las conclusiones que dice Clarín, se habrían envalentonado. Pero no fue así. La imposibilidad del gobierno de apoyar a la patronal de Donnelley en medio de la lucha de Lear, lo demuestra.

La lucha de Lear, que en un momento tuvo el triunfo al alcance de la mano, demostró que hasta al enemigo más poderoso se lo puede poner contra las cuerdas e incluso ganar batallas si existe decisión y persistencia de parte de los trabajadores y cuentan con el apoyo de las organizaciones que realmente se la juegan.

Una pelea de largo aliento

En los sindicatos más fuertes del país, se trata de dar batallas, generar una nueva tradición, dar golpes y desprestigiar al enemigo. Conquistar una Interna, delegados o militantes dentro de las fábricas, no son más que medios dentro de este gran objetivo. Estas peleas y cada lugar conquistado son una preparación necesaria, ineludible para poder barrer a los dirigentes vendidos cuando la lucha de los trabajadores sea generalizada, como ya ocurrió con el SITRAC SITRAM o el SMATA Córdoba en los ’70, cuando los obreros metalmecánicos recuperaron esos sindicatos. Pelear con todo en cada uno de los combates es la mejor forma de prepararse para esta perspectiva.

Los que luchamos hasta el final y buscamos hasta la última posibilidad de enfrentar los despidos en Lear, estamos orgullosos de haber pasado esta prueba.

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