Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
12 de diciembre de 2017

El estruendo de la bronca

Las calles de Buenos Aires se han convertido en escenario de la ira de un pueblo

21 Dec 2001   |   comentarios

Medianoche del 19 de diciembre. La señora mayor, de anteojos, desdentada, se abraza a dos paquetes de fideos que se lleva de un supermercado del barrio de San Telmo; queda como hipnotizada frente a las luces de una cámara de televisión que se enciende sobre ella. Se asusta y retrocede cuando los cronistas avanzan micrófono y magnetófono en mano y, ya contra la pared, dice como en un ruego: "Es la primera vez, señor, se lo juro, es la primera vez. Yo nunca hice esto, se lo juro. Yo trabajaba. Pero ahora no tengo nada, nada para mis hijos".
Recostado contra el umbral, un joven coreano llora con desconsuelo, mientras la gente entra y sale del local llamado Wu. Entre sollozos y con dificultad para hacerse entender en castellano, cuenta: "Un año, vinimos aquí. Todos corruptos, delincuentes. ¿Para qué pagamos policía, impuestos, eh?".
Madrugada del 20 de diciembre. Centro de Buenos Aires. Cruce de las avenidas Callao y Santa Fe, barrio norte, clase media-alta. El rumor del cacerolazo es estridente, ensordecedor y parece provenir desde los sótanos de cada edificio. Los vecinos se reúnen de forma espontánea y cortan el tráfico. Se forman corrillos. Cantan el himno nacional con los ojos llenos de lágrimas. Los hombres mayores comparan la jornada del 19 con el histórico 17 de octubre de 1945, fecha fundacional del peronismo, cuando las masas suburbanas invadieron el centro de la ciudad para pedir por la libertad del entonces coronel Juan Domingo Perón. Uno de ellos recuerda a Raúl Scalabrini Ortiz, mítico intelectual de la época: "Otra vez se ha sublevado el suelo de la patria".
Por las avenidas centrales deambulan grupos de vecinos sin rumbo que golpean las cortinas metálicas de los comercios cerrados, gritan e insultan. Primero a Domingo Cavallo, ya ex ministro de Economía, luego al presidente Fernando de la Rúa, siguen con el ex presidente Carlos Menem, con el ex presidente Raúl Alfonsín, con los sindicalistas más conocidos, con los militares, y siguen y vuelven al comienzo.
3.30 de la madrugada. Plaza del Congreso. La policía trata de disolver la manifestación que rodea el edificio del Parlamento. Hay carreras, explosión de granadas lacrimógenas, cargas de la caballería y de las fuerzas de a pie, golpes, heridos y sangre. Daniel Cesare tiene un ojo como una bola de tenis: "Le robaron la pistola a un policía y se puso loco. Se la agarró con una vieja, la arrastraba por los pelos. Yo intenté defenderla y me pegó un bastonazo en el ojo. No veo nada, la sangre no me deja ver".
9.00 AM. Plaza de Mayo, ante la sede de la Presidencia. El estruendo de la bronca es incesante, infinito, no para nunca, rebota en palos contra los botes de plástico de la basura, que los manifestantes arrancan en las esquinas, en cacerolas, en tambores, en bombos. Una señora, alejada de todos los grupos, golpea la tapa de una pequeña olla: "Me vine de San Miguel a las ocho de la mañana. Tengo dos hijos fuera del país, en Estados Unidos, están bien, pero yo los perdí, los extraño, ya no van a volver. No sé qué me pasó. Anoche vi todo por televisión y esta mañana le dije a mi marido: me voy a la plaza. Quiero quedarme aquí, aguantar, nada más".
Por una pequeña radio portátil se escucha al presentador Fernando Bravo iniciar su programa con Aurora, canción dedicada a la bandera. La persona de la radio llama a otras. Todas cantan, entre sollozos: Es la bandera / de la patria mía / del sol nacida.... Una mujer, de unos 45 años, vecina de Congreso, habla sola: "Mi papá está enterrado acá, yo no me quiero ir, me crié aquí, es mi país, mi patria". El reportero gráfico Ricardo Cárcova lleva casi 24 horas sin descanso: "Anoche, cuando veía venir a las columnas desde todos los barrios después de que el presidente anunció el estado de sitio, pensaba que esto es como la caída del muro. Se cayó el muro del liberalismo".
10.15 AM. Plaza de Mayo. Llega Hebe de Bonafini con un grupo de Madres de Plaza de Mayo: "Estuvimos anoche, regresamos ahora y esta tarde volveremos para la ronda habitual de los jueves. Yo vivo todo esto con una profunda tristeza porque todavía no hay una organización política que interprete esta bronca y las necesidades del pueblo. La gente ya no resiste más. Son todos ladrones, asesinos. Pero todavía falta, falta para que se produzca un verdadero cambio".
11.20 AM. Plaza de Mayo. Con voz calma, sereno, vestido de traje gris y un transmisor en la mano, el comisario René Derecho advierte que van a desalojar la plaza. Tienen órdenes de no reprimir, pero el estado de sitio impone disolver la manifestación. La policía a caballo y a pie cerca la plaza. La gente resiste y corea: "El pueblo no se va, el pueblo no se va". Comienza la represión: carreras, gases, disparos, palizas, las Madres se enfrentan cara a cara con la policía. Las arrastran, las golpean, las empujan. Una de ellas, de 90 años, sangra por la nariz. Los manifestantes se enardecen, vuelven una y otra vez a ocupar la plaza. La policía retrocede. La gente les grita "asesinos, hijos de puta" y cantan "El pueblo, unido, jamás será vencido". Insultan: "De la Rúa, compadre / la concha de tu madre". Siguen con Cavallo y con Menem: "Menem, hijo de puta, la puta que te parió". Con los militares. Siguen y vuelven a De la Rúa: "¡Qué boludo, qué boludo, el estado de sitio, se lo meten en el culo!". Ululan las sirenas y las ambulancias. Hay grupos amenazantes por los barrios pobres y en las villas miseria de la periferia. Por toda la ciudad retumban las cacerolas, el odio, la bronca.









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