Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
24 de agosto de 2017

La Verdad Obrera N° 440

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APUNTES MILITANTES

La votación del Frente de Izquierda expresó tendencias en la clase obrera y la juventud hacia la construcción de un partido revolucionario

18 Aug 2011   |   comentarios

1 - A mediados de mayo, un mes después de conformado el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, señalamos en nuestra columna de “Apuntes militantes” que se abría “Una oportunidad para la organización política de la vanguardia obrera inédita desde hace décadas”. La conquista de bancas en las legislaturas provinciales de Neuquén y Córdoba, así como los 520.000 votos obtenidos en las primarias, son la expresión “por arriba” (superestructural) de una fuerte campaña militante que se desarrolló en estos cuatro meses “por abajo”, en los lugares de trabajo y estudio, que ha comenzado a cristalizar las tendencias a la emergencia de un partido de trabajadores revolucionario. Estas tendencias condensan diferentes procesos: a) el desarrollo, durante casi todo el “ciclo kirchnerista”, de sectores antiburocráticos y antipatronales en el movimiento obrero, conocidos como el “sindicalismo de base”, que ahora sienten como propio el triunfo del Frente de Izquierda al derrotar el intento de proscripción en las primarias; b) una amplia izquierda estudiantil, dentro de la cual tienen fuerte influencia las juventudes de los partidos que integramos el Frente de Izquierda, que desplegamos una dura lucha política con las kirchneristas en torno a las primarias, quedando a la defensiva las corrientes de centroizquierda “sojera” e “independientes”, en las facultades y colegios más politizados; c) por último, quizá lo más novedoso, el giro a izquierda de un sector de intelectuales, docentes universitarios y artistas al influjo de la crisis capitalista internacional, los procesos revolucionarios en otros continentes, las erupciones derechistas del kirchnerismo (cadena de asesinatos producto de las patotas o de la represión policial a las luchas obreras y populares) y la endeblez de la centroizquierda. Estos procesos se han desarrollado tortuosamente, sometidos a la presión de las ilusiones reformistas de amplios sectores explotados y oprimidos del país. La fuerza con que golpea la crisis capitalista a nivel internacional no deja dudas de que, tarde o temprano, se terminará el “viento de cola” en nuestro país y las aspiraciones de los trabajadores chocarán con la dureza del ataque que promueve el gran capital en la mayoría de los países “desarrollados”. Así, los procesos de radicalización política que hoy se muestran embrionarios (aunque significativos para los revolucionarios) se masificarán y profundizarán.

2 - El 50% de los votos obtenidos por CFK y el triunfo de los partidos “oficialistas” en casi todas las elecciones provinciales, confirman que no nos equivocamos al ubicar nuestra campaña en un plano general “defensivo” desde el punto de vista de la relación de fuerzas entre las clases. Coherentes con esto, propusimos a las demás fuerzas que integran el Frente de Izquierda poner en el centro de nuestros spots de TV y radio el intento de silenciar a la izquierda (“nos exigen 400.000 votos en agosto para poder presentarnos a las elecciones de octubre”), articulando en torno a esta denuncia las principales demandas de nuestro programa (contra la superexplotación y las tercerizaciones, por el salario igual a la canasta familiar, por el 82% móvil para los jubilados contra el pago de la deuda con la plata del ANSES, que los legisladores ganen lo mismo que un docente, contra el gatillo fácil policial y por Jorge Julio López, por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito). A su vez, ante la represión salvaje en Jujuy, propusimos el único spot que habló del tema en la campaña electoral (“Basta de represión. Por el derecho a la vivienda, al trabajo y al salario”). El acierto de la campaña “defensiva”, principista y obligatoria para toda fuerza de izquierda (Proyecto Sur pagó muy cara su negativa a denunciar esta trampa del régimen), se expresó en la repercusión “de masas” que logramos, llegando a millones de personas e imponiendo en la agenda política nacional los aspectos proscriptivos de las primarias.

3 - Pero señalábamos que toda buena defensa debe tener aspectos de ataque: “La politización masiva que implican las elecciones generales, la derechización del gobierno, la debilidad de la oposición patronal y de centroizquierda, y la novedad del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, permiten una actitud ofensiva en el terreno de la lucha política para conquistar en cada fábrica, empresa, barrio, colegio o facultad, una franja de trabajadores y estudiantes que nos apoyen y ayuden a superar el piso proscriptivo en las primarias de agosto y, si lo logramos, sean parte en octubre de la campaña de la izquierda obrera y socialista”. En este camino, hemos dado pasos fundamentales, como se reflejan en las páginas de esta edición de La Verdad Obrera, sobre todo en la organización de verdaderas redes obreras y populares: trabajadores de la industria y los servicios que extendieron el apoyo al FIT no sólo en sus lugares de trabajo sino también en sus barrios, a través de sus familiares, amigos y conocidos. Miles de compañeros y compañeras tomaron en sus manos la campaña, utilizando la “popularidad” de nuestra denuncia contra el intento de proscripción, pero siendo muy claros que esa defensa era para la “izquierda dura”, que está siempre presente en las luchas contra la patronal, enfrentada a la burocracia sindical vendida. En el caso particular de los compañeros y compañeras independientes y del PTS que vienen construyendo una corriente político-sindical en torno al periódico clasista Nuestra Lucha (dirigentes y militantes de Zanon, Stefani y otros ceramistas; de Kraft, PepsiCo, Stani y otras alimenticias; del Subte, UTA y ferroviarios; de Donnelley y otras gráficas; de Alicorp/ex Jabón Federal y otras jaboneras; metalúrgicos, metalmecánicos, docentes, estatales, de la salud, papeleros, del citrus, aeronáuticos, telefónicos, etc.) se “jugaron” al debate directamente político y “partidario” desde la izquierda clasista, logrando una simpatía y apoyo “de masas” en los lugares de trabajo donde tenemos responsabilidad sindical, no sólo por los referentes obreros que fueron candidatos del FIT en distintas provincias, sino por una militancia obrera directamente política como no se veía hace décadas.

Aunque las universidades estuvieron atravesadas por las vacaciones de invierno, también fueron miles los estudiantes que apoyaron, y allí se organizó la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda, cuya base fue la declaración con más de 500 firmas. Estudiantes secundarios también tomaron como propia la campaña, destacándose en Córdoba, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires. La Juventud del PTS estuvo en la primera fila de impulsar todas estas iniciativas, así como los compañeras y compañeros del Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx”.

4 - Pero ahora se nos presenta un desafío táctico que encierra un problema estratégico: encarar la pelea por mantener y superar la votación en las elecciones de octubre, explotando toda posibilidad que se abra de conquistar diputados nacionales, pero enfrentando las presiones redobladas del régimen democrático burgués para “integrar” y canalizar esas tendencias obreras y estudiantiles potencialmente revolucionarias. Si quisieron –y no pudieron- proscribirnos, ahora intentarán degradarnos para que seamos la “pata izquierda” de la “democracia” (burguesa). Para enfrentar estas presiones contamos a nuestro favor con el carácter del Frente de Izquierda, que parte de una clara defensa de la independencia política de los trabajadores y levanta un programa de lucha tendiente al gobierno de los trabajadores y al socialismo, reforzado por la reivindicación como “guía para la acción” del marxismo revolucionario anti-stalinista y anti-socialdemocráta (“trotskista”) de los partidos que lo integramos. En este sentido, como ya hemos señalado, hay una diferencia cualitativa con las alianzas frentepopulistas que hizo el MAS de los ’80 con el Partido Comunista, primero en el Frente del Pueblo (’85) y luego en Izquierda Unida (desde el ’89 hasta el estallido del viejo MAS). En esa experiencia también hubo miles de obreros y estudiantes que se reivindicaban de izquierda y podían evolucionar hacia la construcción de un verdadero partido revolucionario, pero la dirección del viejo MAS impulsó una estrategia frentepopulista y electoralista, que no sólo consistió en la alianza electoral con el PC stalinista cuando se venía la caída del Muro de Berlín, sino en la adopción del “luche y vote” como estrategia. Se negaban a considerar la intervención en las luchas político-económicas de los trabajadores (“luche”) y en las elecciones (“vote”) como tácticas al servicio de desarrollar las tendencias más progresivas del movimiento obrero enfrentando decididamente a la burocracia, para recuperar los sindicatos y poner en pie nuevas formas de coordinación para la lucha, junto con impulsar la independencia política de todas las variantes de conciliación de clases, así como las tendencias en la juventud a la lucha contra la impunidad para los genocidas y sus cómplices. Rechazaban promover el internacionalismo militante y la lucha ideológica en defensa del marxismo, en momentos en que la burocracia stalinista en la URSS y Europa del Este se pasaba con armas y bagajes al campo de la restauración capitalista. En suma, no se propusieron encarar las tareas de preparación consciente de un partido que, en perspectiva, se proponga dirigir a las masas en el camino de la “insurrección como arte”: la revolución socialista.

Hoy, lo que sobrevive de la (centro) izquierda reformista busca reagruparse como parte del Frente Amplio Progresista (De Gennaro y la CTA Micheli) y se preocupa poco por conquistar influencia en la clase obrera y la juventud. El PCR/CCC se lamenta de la “ruptura” entre el FAP y Proyecto Sur y, sobre todo, de haber optado por el apoyo al perdedor (aunque en la Provincia de Buenos Aires hicieron el insólito llamado a “cortar boleta” uniendo a su eterna aliada sojera del GEN, Margarita Stolbizer, con la boleta presidencial de Argumedo-Cardelli). Esta debilidad de la izquierda reformista se transforma en una ventaja para los que luchamos por poner en pie un verdadero partido revolucionario, a condición de combatir conscientemente contra toda adaptación al régimen y sus “espacios”.

Como decíamos en la nota citada: “Por supuesto que un posicionamiento electoral es sólo una expresión elemental de consciencia política, pero como “recuento globular de fuerzas” (Engels) puede indicar si la izquierda clasista gana terreno en la vanguardia obrera y juvenil. Conquistar esta “porción de territorio al enemigo” es el desafío que nos proponemos en estos meses. Esto no “suspende”, por el contrario presupone, la clarificación fraternal de las diferencias de programa y práctica política (un aspecto esencial de la estrategia, es decir, el cómo llevar adelante la lucha por el programa) entre los integrantes del FIT, sin que esto se constituya en un obstáculo para dar la batalla en común contra el gobierno, la oposición patronal y la centroizquierda”.

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