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La tinellización de Nina y Castells

26 Apr 2007   |   comentarios

  • Nina Peloso en el programa de Marcelo Tinelli

Fue el "pum para arriba" que disparó la guerra del rating de Canal 13, superando a Telefé y su programa de taquilla, Gran Hermano. Los anunciantes de propagandas batían palmas proyectando los negocios por venir. Casi 8 millones de televidentes la vieron bailar. Tampoco faltaron los que esperaban jactarse de aquella mujer que había llegado a las tablas de la pantalla chica, y generaba comentarios suspicaces sólo por su condición de origen humilde en las barriadas del Gran Buenos Aires. En su debut, Nina Peloso pisó la pista de baile con una coreografía de música disco por demás aceptable y que el lector podrá juzgar mejor o peor. Pero lo anecdótico fue que Nina entró en escena portando un cartel con la imagen de Carlos Fuentealba, mientras reía exultante ante la tribuna de sus seguidores.
El periodista Mario Wainfeld señalaba que de esta forma Nina y Castells llegaban a millones de personas para denunciar el asesinato del docente neuquino. Cabe reflexionar bajo qué precio. El televidente relativamente crítico podía apreciar que la denuncia materializada en la foto se degradaba como un elemento accesorio del decorado, y hasta resultaba chocante ante la excitación, las guarangadas, la obviedad y el chiste fácil. Toda denuncia se propone despertar el enojo y la preocupación a raíz de una injusticia. Pero la denuncia jamás puede cobrar contenido de tal cuando se halla en simetría con el festejo de la trivialidad distractiva. Así, las demandas de justicia para Fuentealba quedaban reducidas a un signo de marketing, banalizando la lucha social de los desocupados y los pobres urbanos. El empeño puesto por Nina en la performance en vivo del número de baile no guarda relación con el rol de Castells y el MIJD en las más de 300 movilizaciones llevadas adelante en todo el país con motivo del asesinato de Fuentealba y la lucha de los docentes neuquinos. Si bien Castells asistió a la marcha de Capital, la participación de su movimiento fue prácticamente inexistente, pasando desapercibido, a pesar de su influencia en decenas de comedores y espacios barriales. Parece que Nina y Castells abandonaron decididamente la lucha en las calles para tinellizarse.
Durante el festín menemista, el programa de Marcelo Tinelli exhibía la ostentación de los "ricos y famosos", que hacían alarde obsceno de sus propiedades, en conjunción con la frivolización de los dirigentes políticos tradicionales del establishment que festejaban la entrega nacional bajo el lema "pizza y champagne". Pero los aires progresistas del kirchnerismo le dieron una vuelta de tuerca, y el programa incorporó a personas de origen humilde que, tras la selección del casting, "bailan por un sueño" con el afán de realizar sus aspiraciones y son evaluados por un jurado "sensible y solidario con la causa de los pobres y los luchadores", integrado entre otros por el "padrino" Gerardo Sofovich y el periodista Jorge Lafauci, quienes hace muy poco agitaban discursos inflamados para reprimir al movimiento piquetero y hasta el día de hoy reivindican terminar con los cortes de ruta. Resulta imposible olvidar las alabanzas entre Sofovich y Menem, regodeándose sobre la desgracia y la miseria de las grandes masas que se resistían a entrar al "primer mundo". Si cambió la forma, incorporando la presencia de un público más "popular", de ningún modo cambió el contenido de trivializar la realidad en aras de los negocios de Tinelli. En ese sentido, durante el último programa Nina destacó que "si hay rating, bienvenido sea porque así ganamos todos". Ciertamente, los únicos que ganan son los auspiciantes de propagandas y Canal 13 embolsando millones de pesos. Sin embargo, esta confesión de parte revela un curso de conciliación con las clases dominantes, como la alianza emprendida con el ingeniero Blumberg, el muy probable candidato macrista y abanderado de la mano dura y el gatillo fácil contra los pobres. Con razón el reaccionario Mariano Grondona extraía como conclusión que la participación de Nina en el programa de Tinelli obedecía a la concepción de Castells de "un socialismo de integración de clases, opuesto al marxismo de la lucha de clases". Para abordar este rumbo, Nina y Castells resolvieron "aggiornarse", eliminando toda arista combativa y llegando al extremo de farandulizar el movimiento social de los pobres urbanos en un espectáculo decadente.
Lamentablemente, Castells y el MIJD se precipitan hacia el desbarranque, abrazando la farándula bajo el disfraz de una nueva "tribuna de lucha".

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