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La revolución en Centroamérica: Cuando el volcán entró en erupción

06 Apr 2005 | El Salvador es el país más pequeño de América Central. Desde 1940 experimentó un importante proceso de modernización económica que dio origen a un concentrado movimiento obrero urbano y a un proletariado agrícola que se transformará en el centro de los acontecimientos políticos que luego sacudirían al país.   |   comentarios

El Salvador

 

1977: comienza el ascenso de masas abriendo el proceso revolucionario

En 1977 el movimiento obrero urbano y popular se encuentra en una total actividad, que combinaba protestas sociales con huelgas masivas con ocupaciones de fábricas. Se iniciaba así una dinámica de luchas en escala ascendente que llegará a su apogeo a fines de la década y principios de los ‘80. La transformación de la lucha huelguística en política y luego en revolucionaria se fue dando en forma acelerada. Y si este era el estado de las luchas obreras y populares, un fenómeno similar ocurría entre los campesinos pobres y semiproletarios del campo. Las masas se vieron compelidas a actuar por todas las circunstancias objetivas producto de la crisis general que vivía el país. Este ascenso también lo experimentarán las organizaciones guerrilleras, surgidas a inicios de la década, bajo la influencia de la revolución cubana. Estas organizaciones, de carácter nacionalista pequeñoburgués, influenciaban a sectores importantes de la población a través de sus famosos frentes políticos de masas

Sin lugar a dudas, la curva de flujo de las masas sobrepasó -cualitativa y cuantitativamente- al accionar de las organizaciones guerrilleras. Proliferaron las huelgas, los paros, las tomas de fábricas, ministerios públicos, universidades, escuelas y embajadas. La confrontación con las fuerzas represivas y el ejército siguió un proceso gradual de desarrollo, los muertos y heridos en las manifestaciones se incrementaban. En 1979, cuando triunfa la revolución nicaragüense, el movimiento de las masas, muy fortalecido y combativo, entró en una etapa de euforia, el poder estaba a tiro de fusil.

Pero las masas -casi a punto de insurreccionarse- contarán con un elemento en contra, su propia dirección, en la que se encontraba el Partido Comunista Salvadoreño (PCS). Así, para septiembre de 1979 surge el “Foro Popular” (un clásico frente popular) hegemonizado por el PCS1. En su seno, el PCS planteó el objetivo de la unidad con sectores de la burguesía opositora en torno a la lucha por conquistar “la democracia y la libertad”. Los stalinistas se preparaban así para una de sus mayores traiciones.

1979: el auge revolucionario se profundiza, pero se orquesta el golpe preventivo para quebrar la revolución

Hacia el último cuatrimestre de 1979 la crisis era abierta. El gobierno del General Carlos Humberto Romero se fue agotando rápidamente y comienzan a moverse los hilos para un recambio: la burguesía y los grandes propietarios, asesorados por EE.UU, conciben un golpe militar preventivo, dando pasos concretos para evitar que su poder político corra riesgos. El 15 de octubre un movimiento de los autodenominados “militares jóvenes” depone al régimen del General Romero.

EI “Foro Popular” con el PCS a la cabeza no se quedó atrás. En un “Memorándum” declara: “Las intenciones …eran, según lo expresa la misma proclama de la Fuerza Armada, abrir posibilidades a un camino democrático, substanciado con el importante apoyo de un conjunto de fuerzas de la sociedad civil”. El 17 de octubre se hizo público la incorporación de representantes del MNR, el PCS y otras fuerzas como miembros de la nueva Junta de Gobierno y de su gabinete.

El golpe de Estado tenía como objetivo estratégico golpear en la espina dorsal de la revolución en curso. En un período de menos de tres meses, el ejército y las fuerzas represivas se encargarán de realizar una serie de asesinatos masivos apuntando a descabezar al movimiento obrero y a las organizaciones de masas aprovechando la salida a flote producto de una supuesta “legalidad” que brindaba la Junta de Gobierno.

1980: la revolución mantiene su ascenso, pero su dirección permite que la contrarrevolución tome la ofensiva

Pese a la represión, las acciones de masas proliferan, así como los enfrentamientos de las fuerzas militares con las organizaciones guerrilleras. La feroz ofensiva de la Junta de Gobierno tornó insostenible la presencia de la izquierda en la misma, renunciando el MNR y el PCS tres meses después. Se constituye una segunda Junta, en la que, mediante un “Pacto Social”, la Democracia Cristiana de José Napoleón Duarte compartirá el poder con el Ejército Nacional.

El año de 1980, pese a la política del Foro Popular, se transformará en el de un ascenso nunca visto. Expresando una respuesta a las aspiraciones de unidad de las masas por la lucha contra la dictadura, se abrirá un proceso de unificación de los frentes de masas y las organizaciones guerrilleras. El 11 de enero surge la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM)2, bajo la “Plataforma Programática para un Gobierno Democrático Revolucionario”. En ese período la situación política del país se convulsiona aún más, cuando el 24 de marzo es asesinado Monseñor Oscar Arnulfo Romero. La insurrección popular se veía venir de un momento a otro, dadas las condiciones objetivas prevalecientes y los saltos cualitativos que gradualmente había venido dando el movimiento de masas. El 22 de mayo se unifican la mayoría de las organizaciones guerrilleras dando origen a la Dirección Revolucionaria Unificada (DRU), para octubre el proceso de unificación será completo, surgiendo el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)3.

Las organizaciones populares siguieron su trayectoria de tomas y quemas de edificios públicos, Iglesias y embajadas. Los diversos sindicatos implementaron una serie de huelgas. Las organizaciones guerrilleras, además de los enfrentamientos con el ejército y cuerpos de seguridad, se lanzaron a operativos armados en diversas zonas del país, tomándose varias poblaciones. Surge el Frente Democrático Revolucionario (FDR)4. Este exigirá un compás de espera a las masas bajo el pretexto que necesitaba tiempo para su consolidación. Una vez más se intenta frenar la revolución.

Pero la presión del movimiento de masas obliga a la CRM a convocar a una huelga general para los días 24, 25 y 26 de junio. Según los propios datos del gobierno fueron a la huelga 100.000 obreros industriales, 25.000 empleados públicos, 30.000 maestros, 100.000 trabajadores agrícolas, más las centenas de millares de trabajadores de los hospitales, transporte, comercio y estaciones de servicio. No estaban en juego mejoras salariales sino exigencias políticas y, en definitiva, el derecho al poder político del país por parte de las masas.

La movilización siguió presionando hacia la huelga general indefinida insurreccional. Se anunció una nueva huelga para los días 23, 24 y 25 de julio. Pero las direcciones guerrilleras, junto a sus frentes políticos, se atemorizan temiendo ser desbordados. La huelga es cancelada. El estallido revolucionario se retrasa. La razón de la suspensión por parte de las direcciones políticas era que no estaban preparadas para esas fechas “para acompañar con actividades insurreccionales y militares”. Nuevamente la burguesía toma aire, y la iniciativa, golpeando al movimiento de masas con sus asesinatos masivos y adoptando todas las medidas contrarrevolucionarias frente al movimiento revolucionario en ascenso que amenaza su existencia.

Repentinamente se llama a una nueva huelga general para los días 13, 14 y 15 de agosto. Pero el gobierno se había anticipado al movimiento, aprestándose para que no volviera a repetirse el triunfo del primer paro. Militariza las principales ciudades y los centros fabriles, dando un duro golpe. A fines de diciembre las fuerzas de la represión asesinan a parte de la plana mayor del FDR, entre ellos el secretario general del BPR; dirigentes del PCS, del MLP y del MNR. Sólo en 1980 se calculan en más de 30.000 los asesinados.

La revolución fue golpeada en su espina dorsal, el movimiento obrero urbano y sus frentes de masas, aunque las fuerzas guerrilleras estaban intactas. El FMLN se repliega al campo donde encuentra un fuerte apoyo en los campesinos pobres y los semiproletarios. Sin medir el golpe en las ciudades causado por su propia política de frenar la revolución, el FMLN se lanza a una “ofensiva general” el 10 de enero de 1981, y hace un llamado “al pueblo y a toda clase de organizaciones a prepararse y participar en las acciones finales”. Aunque en esta ofensiva se consolidan importantes partes del territorio nacional, no hay la respuesta esperada en las ciudades como era de imaginarse. La verdad es que esta “ofensiva general” escondía otros objetivos políticos, la demostración de fuerzas en el campo militar para abrir los llamados procesos de negociación con el gobierno.

1981-1984: entre la guerra civil y la salida negociada

Luego del llamamiento de la “ofensiva final” y de su resultado, una nueva etapa comenzaría a operar a través del diálogo y la negociación. El 28 de agosto de 1981, México y Francia reconocen la alianza FDR-FMLN como fuerza política representativa. Se da inicio a la salida mexicana-francesa de negociación.

Pero el cambio de la política en el FMLN abrirá una aguda crisis, dando lugar a dos corrientes internas: la primera, mayoritaria en la dirección, proponía la solución política negociada a corto plazo, cambiando el programa político. La segunda, encabezaba por el dirigente de las FPL, Salvador Cayetano Carpio, privilegiaba continuar la lucha hasta lograr su meta, sin subordinarla a una eventual negociación5. En 1982, en una reunión en Cuba, bajo la coordinación de Fidel Castro, las organizaciones del FMLN “se comprometieron a renunciar al esquema de la dictadura del proletariado y a aceptar un proceso democrático. El pacto está contenido en un famoso libro verde...Todos (firmaron) con excepción de Cayetano Carpio. Él firmó pero hizo ver que lo hacía con reservas... Para Cayetano Carpio aquello fue una traición al socialismo”6.

El saldo de la aguda polémica es conocido: desaparición de los dos principales dirigentes de las FPL, Mélida Anaya Montes, por asesinato, y Carpio, por “suicidio”7. De allí en más, el predominio de las posiciones significó la búsqueda de una salida negociada a corto plazo. A fines de 1983, el FDR-FMLN modificó su programa político, centrándolo en la lucha antioligárquica y en el rescate de la soberanía nacional. En 1984, presentó la propuesta de un “Gobierno de Amplia Participación”.

 

En la tercera y última parte de esta serie abordaremos de conjunto la continuación de las guerras civiles en El Salvador y Nicaragua y los procesos de negociación que llevarán a desmontar definitivamente la revolución centroamericana, producto de las políticas del stalinismo, el castrismo y las direcciones de las organizaciones pequeñoburguesas de la región.

1 Además del PCS, conformaban este frente una tendencia del Partido Demócrata Cristiano, el Movimiento Nacional Revolucionario (ambos representantes de la burguesía opositora), las organizaciones de izquierda Ligas Populares 28 de febrero y el Frente de Acción Popular Unificada (FAPU –RN), y una serie de federaciones sindicales, en su amplia mayoría influenciados por el PCS.

2 La CRM es conformada por los frentes de masas Frente de Acción Popular Unificada (FAPU), Ligas Populares 28 de febrero (LP-28), Partido Comunista Salvadoreño (PCS) y el Bloque Popular Revolucionario (BPR).

3 Componen el FMLN las organizaciones guerrilleras Fuerzas Populares de Liberación (FPL) ligadas al BPR, Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) ligadas al PCS, Resistencia Nacional (RN) ligada al FAPU, Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) ligado a las LP-28, y el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC).

4 El FDR prácticamente es compuesto por las organizaciones que conformaron el “Foro Popular”.

5 Ver el testamento político de Salvador Cayetano Carpio en Correo Internacional, 1984.

6 Entrevista a Eduardo Sancho en El Diario de Hoy del 20/10/2004. Sancho era el principal dirigente de la Resistencia Nacional, una de las cinco organizaciones del FMLN.

7 Es evidente, al mejor estilo de las mayores prácticas stalinistas y de las organizaciones guerrilleras, que la discrepancia política fue resuelta por las armas. 

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