Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
17 de junio de 2019

La Verdad Obrera N° 572

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HACE 25 AÑOS

La masacre de la Plaza Tiananmen

05 Jun 2014   |   comentarios

Para comprender a la China actual, es necesario conocer los sucesos del 4 de junio de 1989, la llamada “masacre de Tiananmen”. China era todavía lo que los trotskistas llamamos un “Estado obrero deformado” (ver Claves), surgido de una revolución en 1949 (la tercera revolución china), esencialmente campesina y dirigida por el Partido Comunista Chino (PCC) y su líder Mao Zedong (afín a Stalin). Frente a la presión del imperialismo y la movilización campesina, Mao tomó el poder, nacionalizó la economía y realizó la reforma agraria en el campo. Pero lo hizo con los métodos de la burocracia estalinista, ahogando todo tipo de autoorganización independiente de las masas e instaurando una dictadura del PCC, desde los inicios del nuevo Estado. Luego Mao rompió con Stalin, pero siguió defendiendo la misma idea de que se podía construir el socialismo en un solo país y que no era necesaro extender la revolución a nivel internacional. También sostuvo que, al estar en guerra contra Japón, un país atrasado como China tenía que formar el “bloque de las cuatro clases”: la burguesía nacional, el proletariado, el campesinado y la pequeña burguesía urbana, donde el sujeto fundamental era el campesinado (es decir, un bloque de conciliación de clases) y la estrategia era la guerra popular prolongada o guerra de guerrillas (del campo a la ciudad). Como estrategia era opuesta a la de la Revolución Rusa, defendida por Lenin y Trotsky, ya que ésta impulsó a que el proletariado eleve su nivel político y se transforme en sujeto de su liberación. Por otro lado, Mao también coincidía con el estalinismo en el culto a la personalidad y ejerció una fuerte represión contra sus opositores. Desde 1949 hasta su muerte en 1976, fue el presidente del gobierno central de la República Popular China. En 1972, un presidente norteamericano, Nixon, por primera vez visita a la RPC de Mao, como símbolo de normalización de sus relaciones. En 1975 comenzaba su ascenso al poder Deng Xiaoping, el “padre de las reformas”, que mantendrá su influencia hasta su muerte en 1997. Deng fue quien ordenó la represión de Tiananmen.

Luego de la muerte de Hu Yaobang (impulsor de las reformas económicas junto a Deng pero que era visto como un ala más democrática de la burocracia), el 15 de abril de 1989, se desarrollaron manifestaciones estudiantiles, a quienes se unieron los trabajadores, con el apoyo de la mayoría de la población urbana. Los estudiantes se movilizaban por libertades democráticas y contra la corrupción; los trabajadores, contra las reformas procapitalistas (o restauracionistas) económicas implementadas por Deng Xiaoping y su primer ministro Li Peng, que comenzaban a crear desigualdades sociales, desocupación e inflación. Las manifestaciones se concentraban en la Plaza Tiananmen (la plaza central de la capital china, Beijing/Pekín), donde llegaban estudiantes universitarios del resto del país. Varios de ellos se declararon en huelga de hambre. El gobierno de la burocracia china (basado en el Partido Comunista y sus FFAA), luego de declarar la ley marcial, decidió aplastar definitivamente las movilizaciones. El 4 de junio, el Ejército de Liberación Popular Chino entró con tanques e infantería a la capital china. Los manifestantes construyeron grandes barricadas y se enfretaron al ejército en las calles adyacentes a la plaza. Allí fueron asesinados entre cientos y miles de estudiantes (nunca se conoció la cifra exacta), otros miles fueron heridos y detenidos. Las potencias imperialistas, que en un principio amenazaron con sanciones económicas, rápidamente dejaron de nombrar la masacre frente al ascenso económico y las convenientes negociaciones con la burocracia china. Deng Xiaoping había empezado a introducir las reformas procapitalistas a fines de los ‘70. Pero esta derrota contrarrevolucionaria fue un punto de inflexión que afianzó este proceso de restauración capitalista, a la vez que fortaleció el control político de la burocracia sobre las masas. Fue un cambio cualitativo que le permitió a la burocracia en 1992, recibir una fenomenal oleada de inversiones extranjeras directas. Esta apertura fue bautizada con el viaje de Deng Xiaoping a Cantón, Shenzhen y Zhuhai y Shanghai, pronunciando discursos en los que anunciaba la continuación y profundización de las reformas. A Deng lo sucedieron como secretario general del PCCh Jiang Zemin el 24 de junio de 1989, y como presidente de la República Popular China de 1993 a 2003. En ese cargo lo siguió Hu Jiantao, quien en su visita en el 2004 a Francia declaró: “el gobierno emprendió una acción determinada para calmar la tormenta política en 1989, que permitió a China disfrutar de un desarrollo estable”, demostrando que la masacre de Tiananmen siguió siendo reivindicada por la burocracia del PCCh.
La restauración capitalista de China se dio bajo la forma de la liquidación de la planificación económica, del monopolio del comercio exterior, la privatización de numerosas empresas, la privatización del campo, el desarrollo de fuertes desigualdades sociales entre la ciudad y el campo, entre el Norte y el Sur, una gran superexplotación, las burbujas inmobiliaria y financiera, y todo bajo la férrea dirección del Partido Comunista (que hoy agrupa a los principales millonarios chinos), hoy presidida por Xi Jinping. La industrialización que generó este “gran taller de mano de obra barata” le permitió al capitalismo mundial subsistir durante las siguientes décadas, aunque contradictoriamente hizo crecer enormemente los centros urbanos y obreros en el país más poblado del mundo, en el que hoy crecen huelgas importantes como las recientes del calzado (Nike, Adidas, etc.). Por otro lado, esta superexplotación le permitió a China convertirse en una economía pujante y lograr posiciones estratégicas (como ser el principal acreedor del déficit comercial de EEUU). Como parte de su entrada a la economía capitalista mundial, en el 2001 ingresó a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

China fue el único país donde la derrota del ascenso estudiantil-obrero fue militar. Tal como pronosticaba Trotsky, de no triunfar la “revolución política” (una revolución que derrote a la burocracia y el ejército y que restituya la planificación democrática de la economía en base a la autoorganización de los trabajadores y el pueblo) estos estados terminarían volviendo a la órbita capitalista, ya que en la medida en que no avance la revolución socialista en los países centrales, el capitalismo seguirá hegemonizando la economía mundial.


Claves:

ESTADO OBRERO DEGENERADO Y DEFORMADO: Los trotskistas llamamos “Estado obrero degenerado” a lo que fue la URSS, luego de 1924, ya que aunque surgió como un Estado obrero revolucionario, con la toma del poder en 1917 por los soviets o consejos dirigidos por un partido revolucionario internacionalista, luego de la derrota de la revolución alemana de 1923 y la miseria provocada por una larga guerra civil, degeneró en un Estado obrero dirigido por una casta burocrática. En cambio, países como China, Polonia y en general Europa del Este, surgieron “deformados” desde sus inicios ya que el Partido Comunista y la III Internacional que dirigieron su transformación a la economía planificada ya estaban burocratizados.

1980-81: Ascenso y derrota de la “revolución política” en Polonia.

1985: En la URSS, Gorbachov, para prevenir procesos como el polaco, y frente a la presión del imperialismo, lanza la “perestroika” (reformas económicas) junto a la “glasnot” (reformas políticas). Pero su fracaso demuestra que la restauración no se podía hacer pacíficamente. En 1991 la URSS se disuelve, y Rusia junto al resto de Europa del Este, avanza hacia la restauración capitalista.

4 DE JUNIO DE 1989: Es electo por primera vez en Polonia Tadeusz Mazowiecki, el Primer Ministro no comunista.

UN CONTEXTO DESFAVORABLE: En el Occidente capitalista, desde principios de los ‘80 avanzaba el neoliberalismo de Reagan y Thatcher, con la derrota de la huelga aeroportuaria en EE.UU., la huelga minera inglesa de 1984, con la ayuda del “Santo” Juan Pablo II, para desactivar el ascenso polaco y la derrota argentina en Malvinas.









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