Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
Martes 27 de Septiembre de 2016
02:16 hs.

Partido

Plan político del PTS para comienzos de 2015

La crisis de fin de ciclo y la emergencia de una izquierda combativa de los trabajadores

12 Feb 2015 | Resolución política de la reunión de dirección nacional del PTS del 7 y 8 de febrero de 2015   |   comentarios

Resolución política de la reunión de dirección nacional del PTS del 7 y 8 de febrero de 2015

1. Lo nuevo en la izquierda internacional: triunfo de Syriza en Grecia y ascenso de Podemos en el Estado Español.

En la Unión Europea, venimos asistiendo a un proceso de polarización política en varios países frente al retroceso de los partidos del centro político (sean conservadores/liberales o socialdemócratas) producto de gerenciar los duros ajustes para hacer pagar la crisis capitalista a sus pueblos, aunque en Francia el gobierno socialdemócrata se fortaleció luego de los atentados terroristas de enero y en Alemania se mantiene fuerte el gobierno de “gran coalición” liderado por Merkel. Mientras en varios países del norte del continente se desarrollan partidos de extrema derecha (ver mapa), hace pocas semanas asistimos al triunfo de Syriza en Grecia, un movimiento que se llama de “izquierda radical” (en realidad, reformista) por primera vez en la historia de ese país, capitalizando el hundimiento de la socialdemocracia tradicional, el sentimiento “antiausteridad” y la intensa lucha de clases que llevó más de 30 huelgas generales en los últimos años. A su vez, en el Estado Español, el movimiento Podemos, que algunas encuestas ubican por encima del PSOE en eventuales elecciones, realizó una concentración de 150.000 personas en Madrid, en la misma Puerta del Sol donde el movimiento de los “indignados” (15M) reunía decenas de miles de jóvenes hace dos años atrás. Las tendencias a la polarización hacen crujir los planes de austeridad impulsados desde Bruselas, y Grecia en particular se transforma en un elemento que puede llevar a saltos en la crisis si no encuentra una solución negociada al problema de la deuda, además de generar tensiones geopolíticas por sus gestos de acercamiento a Rusia en momentos que esta se enfrenta a la UE y a EEUU en Ucrania (aunque no acepta su ayuda financiera).

En los casos de Syriza y Podemos, los millones de trabajadores que los apoyan (junto a amplios sectores de las clases medias y la juventud) vienen de romper por izquierda con los partidos socialdemócratas, pero bajo la forma “ciudadana”, diluyendo su potencial como “clase” en un “pueblo” atomizado cuyo único poder de cambio queda reducido al voto, sin organizaciones propias fuertes ni siquiera sindicales (aunque Syriza tiene mayor relación con las organizaciones sindicales). A esto ha contribuido el peso que aún conservan los herederos del stalinismo, ya sea en su variante más “ortodoxa” griega o más socialdemócrata como Izquierda Unida en el Estado Español, burocracia dirigente (y corrupta) de Comisiones Obreras. La clase obrera necesita partidos que le permitan procesar por izquierda la experiencia que harán con los dirigentes de esos movimientos que se esfuerzan en repetir, aunque bajo lenguaje y formas nuevas, los viejos intentos de reformas utópicas del capitalismo, más aún en la UE donde es claro que para salir definitivamente de los planes de austeridad (más allá de las “flexibilizaciones” circunstanciales que se puedan dar) y no caer en las salidas nacionalistas igualmente de ajuste y degradación (como salir del euro en un marco capitalista, como bien se denuncia aquí), es necesaria una lucha por un programa transicional que ataque el poder los capitalistas en la perspectiva de un gobierno obrero y socialista. En este marco, impulsamos desde el PTS y nuestra corriente internacional, en particular en Francia y Alemania, la lucha contra los planes de austeridad y por la anulación de la deuda de Grecia con la banca imperialista.

Estos movimientos se apoyan en la nefasta experiencia histórica del stalinismo y la socialdemocracia para negar no sólo los programas y estrategias revolucionarias que supo forjar la clase obrera, sino incluso la potencialidad de su propia existencia como clase. Si bien la ofensiva neoliberal significó precarización, fragmentación, retroceso en la organización política y sindical y pérdida de conquistas, el hecho es que el propio capitalismo expandió a la clase obrera asalariada, sobre todo en el sector servicios, urbanizando y “proletarizando” más a todos los países. Estamos frente a una nueva clase obrera que hace sus primeras experiencias de lucha diluida en movimientos “ciudadanos” o “populares”, incluso con procesos revolucionarios como los que se dieron (y fueron desviados o derrotados) en el norte de África, o en las crecientes huelgas de la mayor concentración obrera del planeta: China. En todas estas experiencias está lo verdaderamente nuevo.

2. La izquierda en Sudamérica

En nuestro subcontinente, los gobiernos chavistas en Venezuela y el de Evo Morales en Bolivia, fueron expresiones “de izquierda” frente a crisis muy profundas, comparables a la griega, que lograron mantenerse gracias al amplio ciclo de auge de los precios de las materias primas, que les permitieron administrar ciertas concesiones a las masas sin dejar de garantizar las ganancias capitalistas e incluso manteniendo y a veces profundizando la penetración de las multinacionales imperialistas y la primarización de las economías. Los casos del PT en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay, fueron anticipatorios, en un marco de menor crisis, y por ello sus políticas fueron de mayor continuidad de los gobiernos neoliberales que los precedieron. En Chile, el nuevo gobierno de Bachelet está llevando adelante un plan de algunas reformas del régimen heredado de Pinochet, haciendo honor al duro enfrentamiento de la juventud y los trabajadores con los gobiernos anteriores de la propia Bachelet y del derechista Piñera.
El momento internacional actual de baja de los precios de las materias primas y mayor restricción al flujo de capitales internacionales que inundaron países como Brasil, empujan tendencias recesivas que pondrán al rojo vivo los enormes límites de las políticas “reformistas” y acelerarán la experiencia de las masas con esos gobiernos.

Ya vimos en el 2013 las “jornadas de junio” que conmovieron al gigante del subcontinente, Brasil. No por casualidad es allí es donde existe hoy una corriente con cierto peso para proponerse constituir una variante reformista a la izquierda del PT: el PSOL. Obtuvo en las últimas elecciones apenas el 1,6% de los votos nacionales pero logró altas votaciones en grandes ciudades como Sao Paulo, Río Grande do Sul, Belem (capital del estado de Pará) y sobre todo en Río de Janeiro, logrando pasar de 3 a 5 diputados federales y varios estaduales y concejales. Pero si bien la dinámica de Brasil es al estancamiento económico (que puede adquirir características dramáticas si se profundiza la falta de agua en las grandes ciudades) y a las persistentes crisis del régimen por los escándalos de corrupción (ahora en torno a mutimillonarias coimas en las contrataciones de Petrobrás), está lejos de la profundidad de la crisis que golpeó a Grecia y el Estado Español, que llevó la desocupación al 25% en ambos países, y por esto hizo implosionar a los regímenes. Paradójicamente, en un país con una poderosísima clase obrera que viene de dar duras batallas de vanguardia que demuestran que las “jornadas de junio” empiezan a impactar en su seno (huelga de los “garis” de Río de Janeiro, de los no docentes de la USP y de los obreros de VW de Sao Bernardo, todas triunfantes, además de la dura huelga de profesores de Río de Janeiro), el PSOL tiene una debilísima implantación, menor incluso que el PSTU (que obtuvo un escaso 0,08% de los votos), y ni se propone revertir esa falta de peso estructural pues su estrategia pasa por construir un movimiento electoral que no moleste a las patronales ni a la burocracia sindical (“petista” u opositora) que atenaza al movimiento obrero.

3. Argentina y la crisis de fin de ciclo

Para abordar las perspectivas de la izquierda en Argentina, objetivo de esta resolución, es necesario definir brevemente la situación política nacional.

La muerte del fiscal Alberto Nisman abrió una crisis política de magnitud. Si bien todo apunta a un suicidio (mucho más crítico sería el escenario si se tratara de un asesinato) y el gobierno respondió con un plan de reforma de la SI (ex SIDE), aún no está cerrada la crisis: sigue bajo sospecha quién o qué “indujo” al suicidio (toda la información tiene baches importantes que alimentan teorías conspirativas), volvió a ponerse en evidencia la impunidad frente al atentado a la AMIA, y ahora toda la oposición burguesa (política y mediática) se unificó tras la convocatoria de los fiscales a una “marcha del silencio” el 18F que busca fortalecer a un ala reaccionaria del poder judicial, de la oposición patronal y de los medios, tan responsables de la impunidad y el espionaje como el propio gobierno. El kirchnerismo no logra retomar la iniciativa política y no está claro el efecto que tendrá esta crisis en el próximo escenario político electoral.

El gobierno había logrado un fin de año “bajo control” (alta inflación pero controlada, recomposición de las reservas –vía inversiones en petróleo y telefonía, bonos “dólar linked” y acuerdos con China- y consecuente control del dólar, tendencias recesivas en la economía pero sin catástrofe ni despidos masivos) y una recuperación de la imagen presidencial que lo llevaban a especular con el triunfo en primera vuelta (lograr más del 40% y 10% de diferencia con el segundo en base a la división de la oposición) de “su” candidato, un Scioli al que se imaginaban imponiéndole muchas condiciones.

Frente a esta situación, la oposición y sus voceros (Clarín y La Nación) apoyaron con virulencia la debilísima denuncia de Nisman (a tono con la campaña internacional imperialista contra el “fundamentalismo islámico”), y luego de su sorpresiva muerte multiplicaron al infinito cada detalle que fuera contra el gobierno. Lograron así que el gobierno cometa gruesos errores, como el de Capitanich rompiendo, en su conferencia “oficial” desde la Casa Rosada, las notas de Clarín, que al día siguiente se demostró que decían la verdad sobre el “borrador” de Nisman que pedía la detención de Cristina.

Esta situación envalentona a una oposición burguesa que aún no encuentra una fórmula “ganadora”. Algunas encuestas dicen que cayó fuerte la imagen del gobierno. El acuerdo de Macri con Carrió es una buena jugada de la oposición de derecha que consolida y potencia el avance que venía teniendo Macri sobre el espacio de Massa (aunque este mantiene fuerza, sobre todo en la PBA) y profundiza la crisis de UNEN. Pero paradójicamente mejora las chances de Scioli al dividir más claramente a la oposición entre dos variantes relativamente fuertes. Por esto, varios analistas burgueses plantean posibles “saltos” hacia escenarios donde se configure una oposición “competitiva” que pueda ganarle las elecciones a un FPV encabezado por Scioli: que Massa compita en un frente común en las PASO con Macri, que termine “bajándose” a la gobernación de la PBA con Macri como presidente, o que se imponga lo que plantean sectores de la UCR: competir todos en las PASO en un frente con Macri y Massa. Es decir, distintas vías de reedición de una “Alianza” como la del ’97-’99 más a la derecha, o de un frente de “unidad nacional” si se diera el acuerdo Macri-Massa-UCR para dirimir la primacía en las PASO. Son variantes por ahora improbables pero no descartables. En este marco, también hay que ver qué movimientos hará el sciolismo para tener un perfil más independiente del kirchnerismo dentro del FPV, y si es que se lo permiten.

El grueso de la burocracia sindical se mantiene a la espera de una mayor definición del escenario político, lo que lleva al gobierno a darle más aire (y apoyo como se ve en Lear) a los pocos que le quedan más fieles: Caló y Pignanelli, mientras Moyano y Barrionuevo impulsan la movilización opositora reaccionaria del 18F.

Desde el punto de vista del estado, esta crisis muestra las tendencias a la descomposición que van reapareciendo y que indican los enormes límites que tuvo la operación de reconstrucción que llevó adelante el kirchnerismo luego de la crisis orgánica del 2001. Si en diciembre del 2013 conmovió al país la rebelión de las policías provinciales, ahora muestran toda su podredumbre los servicios de inteligencia, en especial la SI (ex SIDE), y sus relaciones promiscuas con el poder judicial. Ya veníamos del escándalo del “gendarme carancho” y la infiltración de la Gendarmería Nacional, la fuerza con mayor prestigio, que denunciamos desde el PTS en las acciones en apoyo a los trabajadores de Lear. Un elemento claro de fin de ciclo es que los pilares del estado se desprestigian, lo cual abre un campo de denuncia que desde la izquierda clasista venimos aprovechando para intentar evitar su capitalización por derecha.

En la economía, el gobierno venía apostando a un nuevo ciclo de endeudamiento para llegar hasta el final de su mandato, pero el fallo de Griesa a favor de los fondos buitre complicó este plan que ahora, sin abandonarlo (sobre todo vía la deuda que toma YPF), buscan complementarlo con los acuerdos de inversiones y préstamos con China. El carácter de “socio estratégico” que le otorgó a Argentina la burocracia restauracionista de Pekín se explica porque China impone condiciones favorables desde el punto de vista económico y financiero, en función de sus necesidades de materias primas (asegurándose las exportaciones argentinas, incluso comprando grandes empresas petroleras y cerealeras) y como exportador industrial superavitario (mientras Argentina profundiza su reprimarización).

El estancamiento de Brasil y la caída de los precios de las materias primas, más coyunturalmente, y las tendencias al estancamiento y las crisis más de conjunto de la economía internacional (más allá de recuperaciones parciales) en el marco de lo que economistas norteamericanos de “primer nivel” llaman “estancamiento secular”, llevan a que las perspectivas sean de ajuste. Aunque logren contener los ataques más directos (despidos masivos, rebajas salariales, etc.), no habrá retorno al ciclo “expansivo” que vivió el país en estos años, y por lo tanto se seguirá minando lenta pero persistentemente la ilusión “conservadora” de los trabajadores respecto a mantener el salario, el empleo y resistir la prepotencia patronal. Esto es base para el desarrollo de la izquierda clasista.

4. El movimiento obrero combativo y el Frente de Izquierda

La experiencia del Frente de Izquierda en Argentina es sin duda parte de los “nuevos fenómenos” que toda la izquierda internacional sigue de cerca.

Hasta ahora el FIT ha logrado el apoyo electoral de una franja de masas minoritaria, más amplia en provincias como Mendoza y Salta, un tanto menor en Jujuy, Córdoba, Neuquén, y más restringida en la principal concentración urbana (y obrera) del país (CABA y GBA). Este crecimiento no es producto de una crisis aguda como Grecia o el Estado Español, o de grandes acontecimientos de la lucha de clases (como fueron las jornadas revolucionarias del 2001, aunque estas determinan la relación de fuerzas más general y son el marco histórico de los procesos actuales) sino de una experiencia política con un gobierno peronista populista de centroizquierda. Precisamente las desigualdades por provincia tienen que ver con la fortaleza o debilidad relativa del peronismo kirchnerista y la centroizquierda en cada una de ellas.

Pero un hecho fundamental determina el desarrollo del FIT y de los partidos que lo integramos: la lucha de clases se ha desplegado poco en estos años, limitándose a algunos paros nacionales sin continuidad, algunas huelgas de gremios provinciales (docentes, petroleros) y luchas de fábricas duras pero aisladas (Lear, Donnelley, etc.). ¿Cómo se explica esto cuando las tendencias económicas son recesivas, hay un 30% de trabajo precario, la inflación carcome los salarios y los sindicatos están en manos de burocracias odiadas? El “arte” del gobierno K y la burocracia sindical ha sido precisamente “administrar” los ataques buscando evitar escenarios conflictivos, como se ve en las paritarias donde hay pocos paros de gremios. Fomentan el conformismo y el conservadurismo en los sectores en blanco y sindicalizados de los principales gremios (los que más han logrado recomponer lo perdido en la crisis anterior y “acompañar” la inflación), utilizando los despidos puntuales (o masivos en casos especiales como Lear) como disciplinadores. A su vez se da una inédita situación desde que existe el peronismo: la izquierda peronista (por ejemplo, los sectores k como el Movimiento Evita o similares) y “populista” en general, no está en la clase obrera sino en la administración del estado en sus diferentes niveles (desde los ministerios hasta los barrios), dejando el enfrentamiento a las patronales y a la burocracia sindical solo en manos de la izquierda clasista. Ni bien “se mueve” algo en la clase obrera, esto se nota inmediatamente: así lo analizaron periodistas tanto de derecha como de izquierda señalando el protagonismo clave de la izquierda clasista (y en particular del PTS) en los piquetes del paro nacional del 10 de abril, o en el “conflicto del año” (según la encuesta entre los CEOs publicada por El Cronista Comercial) que fue Lear (el Movimiento Evita amenazó participar y cuando vio que debía enfrentarse a Pignanelli decidió borrarse). Pero al no generalizarse la lucha de clases, el peso de la izquierda clasista en el movimiento obrero tiene límites.

Así, por un lado, ha sido mucho mayor el crecimiento político-electoral de la “izquierda clasista” (superando a las expresiones de izquierda “populista” en sus distintas variantes) que el desarrollo de franjas “combativas” del movimiento obrero. Emergió (desde el 2011 y más claramente en el 2013) una franja (minoritaria) de la clase obrera que vota al FIT como izquierda “dura” (de lucha) y netamente identificada con la clase obrera, que en algunas fábricas o empresa con presencia militante llega al 20% o más. Un enorme hecho auspicioso para construir una corriente militante en el movimiento obrero que no existía desde hace décadas. Pero, a su vez, lo que se llamó el “sindicalismo de base”, es decir, sectores del movimiento obrero que nacían a la lucha abarcando sectores más amplios que los identificados políticamente con la izquierda, y se enfrentaban a las patronales y a la burocracia sindical, conquistando “posiciones” en comisiones internas y sindicatos, si bien se recrea permanentemente (y lo seguirá haciendo), lo hace en el marco de la poca lucha de clases que estamos describiendo. Sus avances y retrocesos hacen que de conjunto se encuentre estancado, con una dinámica mucho menor que el crecimiento político de la izquierda clasista. Incluso sectores que se reivindican “combativos” se adaptan a esta situación y dejan de combatir, como lamentablemente se vio en la lucha de Lear donde sólo el PTS se viene jugando hasta el final para aprovechar hasta la última posibilidad de golpear al duro frente patronal-burocracia-gobierno.

Por otro lado, y relacionado con lo anterior, aunque los partidos integrantes del FIT hemos crecido claramente en fuerza militante, el crecimiento electoral ha sido mucho mayor. Recién a fines del 2014, un año después de haber obtenido 1,2 millones de votos, tanto el PO como el PTS logramos hacer actos que reunieron alrededor de 6000 personas cada uno (en el Luna Park y en Argentinos Juniors), los más grandes en nuestras respectivas historias (50 años del PO, 26 años del PTS). Si bien indican un desarrollo militante que comienza a aproximarse, un año después, en proporción al crecimiento electoral, en lo que se refiere a composición obrera en el Luna Park fue casi inexistente (más que algunos delegados que estaban en la mesa) mientras que hubo una fuerte presencia obrera en Argentinos Juniors, que de todos modos no deja ser de unos miles.

La pasividad mayoritaria que señalamos en la lucha de clases conspira contra el desarrollo de tendencias militantes más amplias entre las franjas de trabajadores (y estudiantes) que giran hacia la izquierda clasista. Fortalece a su vez las presiones electoralistas en las propias filas de la izquierda.

Lejos de todo fatalismo, señalamos estas contradicciones para combatirlas conscientemente. La nueva generación obrera de Lear y Donnelley/Madygraf (que se extiende a las batallas de Liliana de Rosario, Shell y Calsa en la zona sur del GBA, Valeo de Córdoba, Ingenio San Juan de Tucumán, municipales de Jujuy, Hospital Castro Rendón de Neuquén, docentes de la PBA y otras más que dimos sólo en el 2014) que estamos formando en el PTS, enriquece y da nuevas fuerzas a las anteriores generaciones que integran nuestro partido: la del Astillero Río Santiago y otros que vienen de los ’80 y resistieron los ‘90, la de Zanon y las fábricas bajo gestión obrera del 2001 y posteriores como el Ingenio La Esperanza de Jujuy, las del “sindicalismo de base” de esta década: Kraft, Pepsico, Stani, el Subte, telefónicos, ferroviarios, aeronáuticos, Alicorp (ex Jabón Federal), Mafissa, IVECO, Molarsa, Siderca, Siderar, los ingenios tucumanos, Worldcolor, Printpack, Coca Cola, los petroleros del sur y sigue la lista.

Con todos ellos y ellas, nos proponemos una nueva etapa en la construcción de los cimientos de un partido revolucionario en la clase obrera: aprovechar la existencia de una franja de trabajadores y trabajadoras de izquierda, para unir las experiencias de lucha pasada con una nueva y mayor politización (que no tenía el “sindicalismo de base”) para conquistar nuevos valores, una nueva tradición en el movimiento obrero: ser de izquierda y clasista debe implicar ser combativo, pero no de manera improvisada sino con organización previa y planificación de cada batalla, buscando aliados y la más mínima brecha en el enemigo (en el gobierno, en la justicia); significa no conformarse con ser delegados o dirigir una interna sino proponerse recuperar los sindicatos echando a la burocracia sindical, sin lo cual será mucho más difícil dar cualquier lucha seria; significa combatir el individualismo que quiebra la solidaridad entre trabajadores sin por eso negar los problemas familiares y personales que por supuesto tiene cada uno; significa pelear por desterrar el machismo y todo maltrato hacia las mujeres, así como la discriminación por país de origen, orientación sexual o etnia; significa considerarnos parte de una misma clase a nivel nacional e internacional, y sacar lecciones de la historia de la clase obrera, de sus experiencias revolucionarias condensadas en un programa y saber cómo funciona el sistema para mejor combatirlo (el marxismo).

5. El FIT, el PTS y la experiencia histórica

El FIT es una coalición política constituida a partir de un acuerdo de intervención común en las elecciones del 2011, que claramente se delimita por la defensa de la independencia política de la clase obrera, que reivindica su organización, la lucha de clases, el internacionalismo, la lucha por un gobierno de los trabajadores y por el socialismo, así como un programa de demandas transicionales para que la crisis la paguen los capitalistas. Este es el contenido político concreto que no se expresa sólo en la propaganda electoral sino también en la actividad parlamentaria (prácticamente no ha habido diferencias en el Congreso Nacional, a pesar de la negativa de PO a constituir un interbloque) y en las posiciones generales frente a hechos políticos nacionales, donde ha habido importantes diferencias pero sin llegar a problemas de principios o traiciones de clase desde su constitución en el 2011. La defensa del FIT en estos términos, frente a la presión que significa el desarrollo de movimientos políticos “de izquierda” pero que en realidad se proponen como gerenciadores del capitalismo como Syriza o Podemos, es un punto de partida esencial.

A partir de esta enorme base progresiva común, surgen las importantes diferencias entre los integrantes del FIT, sobre todo respecto a la intervención en la lucha de clases, es decir, a la práctica política. Este terreno es fundamental, ya que un aspecto que identificó históricamente a los movimientos de tipo “socialdemócrata” (de los cuales Syriza o Podemos son sus variantes más “explícitas” pero los hay con lenguaje más de izquierda) es precisamente la separación entre el discurso “socialista” y la práctica nada combativa (llegando a la traición) en la lucha de clases. La Tercera Internacional (o Internacional Comunista, IC), durante sus cuatro primeros congresos (posteriores a la Revolución Rusa), tuvo como principal desafío construirse sobre la base de las rupturas de los grandes partidos socialistas. Lo central fue el combate al peligro oportunista de las corrientes que adherían formalmente al programa de la IC (sin por ello dejar de combatir las tendencias “izquierdistas”) pero mantenían sus viejas prácticas. Por ello, como se puede ver en las “Tesis sobre táctica” o en las “Tesis sobre la estructura, los métodos y la acción de los partidos comunistas”, ambas del Tercer Congreso (1921), insisten una y otra vez en proponerse ser “la voluntad de combate corporizada”, en participar de todas las batallas de la clase obrera “por mínimas y modestas que sean” sus reivindicaciones, en no limitarse a actuar con “agitación y propaganda” exterior a la clase obrera (destacados nuestros):

“Los partidos comunistas sólo pueden desarrollarse en la lucha, incluso los más pequeños de los partidos comunistas no deben limitarse a la simple propaganda y a la agitación”

“Nuestro trabajo de organización, tanto en los sindicatos como en los partidos, no debe apuntar a una construcción mecánica, a un aumento numérico de nuestras filas sino que debe estar compenetrado del espíritu de las luchas futuras. Solo cuando el partido, en todas sus manifestaciones y en todas sus formas de organización, sea la voluntad de combate corporizada, estará en condiciones de cumplir su misión en los momentos en que las condiciones necesarias para las mayores acciones combativas estén dadas”.

“la acción de los comunistas en el seno de los sindicatos adquiere una importancia decisiva. Ninguna crítica del partido, proveniente de afuera, podría ni siquiera en una mínima medida ejercer sobre las masas una influencia similar a la que puede ser ejercida por el trabajo cotidiano y constante de las células comunistas en los sindicatos, mediante un trabajo tendiente a desenmascarar y a desacreditar a los traidores y a los burgueses del tradeunionismo”.

“El peligro que siempre amenaza a un partido obrero que da sus primeros pasos hacia la transformación comunista es el de conformarse con la aceptación de un programa comunista, reemplazar en su propaganda la doctrina anterior por la del comunismo y sustituir solamente a los funcionarios hostiles a esta doctrina por comunistas”

“Solamente colocándose al frente de las masas obreras en sus constantes escaramuzas contra los ataques del capital, el Partido Comunista puede ser capaz de convertirse en esa vanguardia de la clase obrera, de aprender sistemáticamente a dirigir en los hechos al proletariado y de adquirir los medios de preparar conscientemente la derrota de la burguesía”.

“Los comunistas cometen un muy grave error si se amparan en el programa comunista y en la batalla revolucionaria final para adoptar una actividad pasiva y negligente, o hasta hostil, en relación con los combates cotidianos que los obreros libran actualmente para obtener mejoras aunque pequeñas, en sus condiciones de trabajo. Por mínimas y modestas que sean las reivindicaciones por cuya satisfacción el obrero ya en la actualidad está dispuesto a enfrentarse con los capitalistas, los comunistas nunca deben usarlo como pretexto para mantenerse al margen del combate. Nuestra actividad agitativa no debe hacer pensar que los comunistas son ciegos instigadores de huelgas estúpidas y otras acciones insensatas, pero en todas partes debemos merecer entre los obreros militantes el reconocimiento de ser los mejores camaradas de combate.”

La Tercera Internacional deja sentada así la experiencia histórica de superación de la Segunda Internacional y sus grandes partidos socialistas que se habían demostrado impotentes para enfrentar la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial. Allí quedó demostrado que el principal peligro para los partidos obreros no provenía sólo de la lucha sindicalista “burguesa” que Lenin venía combatiendo duramente desde que escribiera el ¿Qué hacer? (1902), sino también de la burocracia conservadora del propio partido en los sindicatos y en el Parlamento, que se negó a llevar hasta el final la lucha de clases contra la guerra imperialista, que implicaba poner en riesgo sus cargos y traicionó a la clase obrera (ver “La bancarrota de la Segunda Internacional”, Lenin, 1915). Por esto la Tercera Internacional combate a los que se “amparan en el programa comunista” para adquirir una “actitud pasiva” hacia los “combates cotidianos” de la clase obrera, pues allí está el germen de la degeneración. La historia dio la razón, trágicamente, a este combate con el desarrollo posterior de la burocracia stalinista que, con un programa “comunista” (que por supuesto luego irá abandonando), traicionó una a una las luchas decisivas de la clase obrera.

Retomando esta experiencia histórica, consideramos que no hay término medio para construir un verdadero partido de la clase obrera que sea alternativa real a los movimientos “de izquierda” que vemos emerger, si no se apoya no sólo en un programa sino también en una práctica consecuente, subordinando la actividad electoral y parlamentaria a la lucha de clases. Si la izquierda clasista va a limitarse al discurso y las batallas electorales, será impotente. Creemos que la intervención en la lucha de clases que hemos llevado adelante durante este año 2014 desde el PTS, comenzando por los piquetes del paro nacional del 10 de abril y su preparación desde el Encuentro Sindical Combativo de Atlanta, que fueron un polo independiente de Moyano y Barrionuevo, y siguiendo por la heroica lucha de los obreros de Lear, enfrentando a la patronal, a la burocracia del SMATA, a la Gendarmería y al Ministerio de Trabajo, y la ocupación y puesta en producción de Donnelley (hoy Madygraf), son ejemplos concretos de que las diferencias de programa con las corrientes populistas y de estrategia con las corrientes que se reivindican trotskistas, no son caprichos “ideológicos”, sino que llevan a prácticas distintas en las luchas reales de la clase obrera. La actividad parlamentaria de los diputados del PTS Nicolás del Caño, Christian Castillo, Raúl Godoy, Noelia Barbeito o Cecilia Soria (y recientemente, Laura Vilches), que unen indisolublemente la intervención en las cámaras con los combates en las calles junto a los trabajadores y la juventud, son expresión de esta concepción. Por esto hemos propuesto pre-candidaturas del PTS a nuestros aliados del Frente de Izquierda para expresar estas batallas. Toda esta unidad entre programa, teoría, discurso y práctica es lo que dio un carácter cualitativo a los 6000 compañeros y compañeras reunidos en el acto del PTS del 6 de diciembre en Argentinos Juniors. Por supuesto que la agitación política es un elemento central de la política revolucionaria, y por esto, además de la intervención en los medios masivos de comunicación, hemos tomado la iniciativa de lanzar el primer diario digital de la izquierda argentina y latinoamericana, La Izquierda Diario, con un enorme esfuerzo político, organizativo y financiero, consiguiendo 500.000 visitas mensuales en promedio, junto a nuestro periódico impreso La Verdad Obrera. Pero la agitación política cobra fuerza cuando se basa en la actuación decidida en la lucha de clases, como pudimos ver durante buena parte del 2014 con las denuncias que hicimos desde el PTS sobre la represión del gobierno, las patotas de la burocracia sindical y la prepotencia de las empresas norteamericanas a partir del conflicto de Lear.

Las diferencias entre el PTS y otras organizaciones como el PO o IS pasan por el carácter del partido revolucionario que decimos querer construir: si será esencialmente agitativo-propagandístico o si estará basado en la lucha de clases. La lucha del PTS por este último aspecto es lo que el PO trata de negar bajo la acusación de “faccionalismo”, pues no aceptamos limitarnos a la difusión de nuestro programa y posiciones políticas en las campañas electorales y en la construcción partidaria pasiva, sino que aspiramos a luchar por ellas en los “combates cotidianos” de la clase obrera. Allí se formarán los dirigentes y militantes obreros que necesita la izquierda clasista para conquistar realmente la superación del peronismo. Tenemos el orgullo de que cada regional del PTS ha pasado por decenas de experiencias de lucha. La batalla por recuperar los sindicatos, expulsando a la burocracia sindical, es inseparable del carácter no sólo “clasista” sino también “combativo” que queremos imprimirle (aunque parezca extraño tener que aclararlo).

Otro aspecto insoslayable para los que queremos construir un partido que retome el programa y la estrategia de lucha por el socialismo y el comunismo, es el obvio descrédito que generó en las amplias masas de trabajadores la monstruosa experiencia del estalinismo y las derrotas que llevaron a la fragmentación de la clase obrera y al retroceso de sus organizaciones políticas y sindicales, a pesar de su desarrollo objetivo como clase “en sí” (como señalamos arriba). Esta “crisis de subjetividad del proletariado”, como la llamamos, es una situación opuesta a la que generó la Revolución Rusa que fue un enorme acontecimiento que impactó en la conciencia de millones y millones de trabajadores. Hoy no existen instituciones obreras de peso (grandes sindicatos o partidos obreros) que puedan ser referencia internacional o nacional para impulsar el desarrollo de sectores revolucionarios (o al menos clasistas y combativos) del movimiento obrero. Por esto, construir una izquierda obrera y socialista requiere no sólo intervenir en la lucha de clases y forjar nuevas instituciones que sean polos de referencia para la batalla por retomar el programa y la estrategia revolucionaria, sino también recrear los medios para el combate político e ideológico indispensable contra toda la propaganda capitalista. La agitación política de masas en las campañas electorales es útil a este fin pero absolutamente insuficiente (los spots de radio y TV, lo verdaderamente masivo, duran apenas segundos) frente a los poderosos medios de comunicación de la burguesía. Desde el PTS nos propusimos utilizar las ventajas de la expansión masiva del uso de Internet, para impulsar La Izquierda Diario junto a nuestro periódico impreso La Verdad Obrera. A su vez, hemos continuado con la publicación mensual de la revista Ideas de Izquierda, en común con intelectuales no partidarios que reivindican al FIT, y los libros del IPS-CEIP permiten que las obras de León Trotsky estén presentes en las principales librerías. Las producciones audiovisuales de TvPTS lograron un salto con “Marx ha vuelto”, cuyo primer capítulo ya tiene casi 200.000 vistas. El diario ha conquistado un amplio público de izquierda, cada vez es más seguido por periodistas y militantes de las más diversas tendencias, pero queremos conquistar una influya mayor en el debate político nacional. Por otra parte, sobre todo para las nuevas generaciones obreras, necesitamos redoblar el esfuerzo por la formación de las y los trabajadores que asumen la militancia.

Ahora bien, durante el 2015 todo indica que el terreno de lucha se concentrará en el escenario burgués por excelencia: las elecciones. Allí tendremos que dar batalla para ampliar la influencia del FIT en general, y del PTS en particular, pero con la conciencia de cuáles son las líneas de falla decisivas. Esto nos servirá para dar jerarquía a cada oportunidad que se presente de ser parte de las luchas de la clase obrera, como la continuidad de la lucha de los trabajadores de Lear por su reinstalación efectiva o la de los obreros de Madygraf para quebrar la resistencia de los senadores de la Provincia de Buenos Aires que se niegan a votar la ley de expropiación que ya fue aprobada por los diputados, y a su vez para aprovechar la campaña electoral para “explicar pacientemente” nuestra perspectiva de conjunto (por ejemplo, el rol de los servicios de inteligencia a partir del “caso Nisman” y por qué peleamos por “otro estado” construido sobre los escombros del estado burgués). Es decir, nos proponemos combatir conscientemente la presión redoblada a construir una izquierda electoralista.

6. La difícil tarea de formar dirigentes y militantes obreros, una nueva función para La Verdad Obrera y el impulso de clubes obreros

Para la construcción de un verdadero partido de la clase obrera que defienda un programa revolucionario, la conquista de dirigentes y militantes obreros conscientes es algo decisivo que todas las corrientes de izquierda a nivel internacional han abandonado. El PTS posee en su dirección nacional, en sus candidaturas y en su militancia en general, una importante proporción de dirigentes y militantes obreros y obreras, producto de las experiencias de lucha que resumimos arriba. Dada la baja lucha de clases, estos compañeros y compañeras están sometidos a una enorme presión cotidiana en su actividad sindical, por la “guerra de guerrillas” que llevan adelante las patronales y la burocracia sindical, que les dificulta elevarse como dirigentes en el terreno político, y genera permanentes contradicciones. Esto es más agudo en gremios con poca tradición política de izquierda, como la Alimentación, metalúrgicos, metalmecánicos o jaboneros, lo contrario, por ejemplo, de Gráficos. Por su parte, las nuevas generaciones de la juventud obrera enfrentan las inestabilidad de sus trabajos (alta rotación, contratos temporales, etc.), la marginación que sufren por parte de la burocracia sindical y el relativo atraso político, por lo cual necesitan fuertes dosis de aliento y organización para poder transmitir fuerzas a las generaciones ya más maduras, más condicionadas por las ilusiones reformistas y los compromisos familiares.

En el PTS asumimos el desafío estratégico de conquistar nuevas camadas de dirigentes y militantes obreros de la industria y los servicios, además de fuertes corrientes en docentes, estatales, salud y otros gremios. Nos apoyamos en el ejemplo alentador, tomando sólo el último año, de los obreros gráficos de la ex Donnelley (hoy Madygraf), los metalmecánicos de Lear, los jóvenes obreros metalúrgicos que pasaron por la experiencia de lucha contra los despidos y la persecución en Liliana en Rosario, los de Córdoba que hicieron lo propio con la dura lucha de Valeo o los de la Zona Oeste del GBA, los petroleros de Shell de Dock Sud y tantos otros. Queremos que ellos, con todo el apoyo necesario del conjunto de la organización, asuman el desarrollo del PTS en el conjunto del movimiento obrero industrial y de los principales servicios, con el desafío que hemos señalado de crear una nueva tradición, nuevos valores, apoyados en esas experiencias de lucha y en la existencia de una franja de obreros que se identifican con el FIT, peleando por recuperar los sindicatos (empezando por el Subte –batalla en curso, gráficos, la Alimentación, jaboneros, docentes y estatales, y más estratégicamente la UOM y el SMATA).

Con este contenido, nos proponemos transformar al periódico impreso La Verdad Obrera en una herramienta pensada y escrita por y para los trabajadores industriales y de los servicios, que sea un canal de desarrollo político de dirigentes y militantes. Queremos abrir la discusión en nuestra organización sobre la regularidad adecuada de esta publicación para este fin (si quincenal, como ahora, o semanal), mientras nuestro diario (LID) actualiza las informaciones y sirve de canal para los debates políticos e ideológicos, pero como medio es más adecuado para los y las docentes, estatales, estudiantes, sectores medios, etc.

A su vez, queremos impulsar clubes obreros donde los trabajadores de diferentes fábricas y empresas de una misma zona o ciudad puedan tener un lugar propio para poder organizar actividades sociales, deportivas y, por supuesto, sus actividades políticas y de intercambio de experiencias de lucha y organización. Los campeonatos de fútbol que ya se han organizado en varias ciudades o zonas muestran el deseo de los trabajadores de encontrar lugares que sean a su vez de diversión y de solidaridad y espíritu de clase.

En la reunión de dirección nacional de PTS (Comité Central) resolvimos reforzar la presencia de dirigentes obreros/as (un 33% de los/as miembros votados en el Congreso son dirigentes en sus actuales lugares de trabajo, y más de un 50% son obreros/as, docentes o estatales), invitando a cada reunión a una decena de compañeros y compañeras obreras que se destaquen en este desafío, como así también a compañeros y compañeras del movimiento estudiantil, para que sea un ámbito no sólo de debate y resoluciones sino también de formación política para las nuevas generaciones.

7. Los debates en el FIT hacia las próximas elecciones

Frente a la crisis abierta por la muerte de Nisman, los referentes del FIT tanto del PTS (Nicolás del Caño, Myriam Bregman, Christian Castillo) como del PO (Jorge Altamira y Néstor Pitrola) han tenido presencia en los debates políticos, denunciando al conjunto de los partidos del régimen y al propio estado y sus servicios de inteligencia que sólo responden al interés de la clase capitalista dominante para ajustar cuentas entre sus camarillas y perseguir a los luchadores obreros, populares y de la izquierda, dejando impunes atentados como el de la AMIA. Exigimos en común la apertura de todos los archivos. Pero no pudimos acordar una declaración política común pues PO se opone de forma inexplicable al elemental planteo de lucha por una Comisión Investigadora Independiente que lleve adelante la investigación contra el estado, para desenmascararlo. Insistiremos en la necesidad de trabajar un pronunciamiento político común. En el mismo sentido, vemos la necesidad de pronunciarnos sobre el nuevo gobierno “de izquierda” en Grecia.
A su vez, las corrientes del FIT vienen apoyando la dura lucha de los obreros de Lear por su reincorporación.

En este marco, el primer desafío electoral del FIT son las elecciones municipales de la Capital de Mendoza, donde Nicolás del Caño asumió la candidatura a intendente para enfrentar las maniobras de adelantamiento de radicales y peronistas. Todo parece indicar que hará una buena elección. Luego seguirá Salta, donde PO espera también un buen resultado, y posteriormente Neuquén, Santa Fe y CABA, antes de las PASO nacionales. Ante el rechazo del PO a nuestra propuesta de candidatura presidencial, hemos planteado que estamos dispuestos a acordar un esquema nacional de conjunto que contemple el peso conquistado por el PTS. Si persiste la falta de acuerdos, no descartamos que tengamos que dirimir esta cuestión en las PASO, en base a un reglamento democrático, aunque el PO e IS se han venido negando a apelar a este mecanismo como último recurso.

8. Retomar la relación con miles de simpatizantes

Como parte de la preparación del acto del 6D, el conjunto de la militancia del PTS realizó una intensa actividad de discusión “persona a persona” con unos 7000 trabajadores y jóvenes (por fuera de nuestras fuerzas militantes). Muchos no pudieron asistir al acto, pero manifestaron sus simpatías por la lucha del PTS y lo siguieron por la cobertura de La Izquierda Diario. Luego de merecidas semanas de vacaciones, el conjunto de la militancia del PTS nos proponemos volver a visitar a estos compañeros y compañeras para encarar con los desafíos inmediatos que se nos presentan.

La convocatoria del EMVJ para el 24 de marzo así como la movilización en el día internacional de la mujer trabajadora (8 de marzo) tendrán este año un contenido concreto de presentar un polo político independiente tanto del gobierno nacional como de la oposición patronal, sobre todo a partir de la crisis por la muerte de Nisman, la podredumbre de la guerra entre servicios de inteligencia y la movilización reaccionaria del 18F. El 24 de marzo será también una gran demostración de fuerzas del FIT (y de las corrientes que lo componemos). Por esto, vemos una gran oportunidad para encarar en profundidad las lecciones de la “crisis Nisman” y nuestra perspectiva política enfrentada tanto al gobierno K como al 18F, así como invitarlos a marchar con el PTS y el FIT el 24 de marzo.

A su vez, queremos invitar a todos ellos a colaborar con la Campaña Financiera que ya comenzamos en diciembre para juntar miles de aportes para el PTS y La Izquierda Diario . Durante enero, los militantes y simpatizantes más cercanos ya han aportado. Ahora nos proponemos convencer a los miles de simpatizantes para que hagan sus aportes, junto a los y las militantes que aún no lo han hecho, ya sea directamente al PTS o a través de la campaña “miles de aportes para La Izquierda Diario” que se puede realizar directamente desde la página web, vía depósito bancario, con tarjeta de crédito u otros medios de pago.

9. Cursos de formación

En estos días están comenzando los cursos de formación preparados como la Secretaría de Propaganda del PTS. Habrá sobre todo dos niveles: uno más amplio de discusión de los conceptos centrales del Manifiesto Comunista (utilizando los cinco capítulos de “Marx ha vuelto”); y otro para centenares de compañeros y compañeras con más formación, que será un seminario sobre el método y los conceptos centrales del Tomo I de El Capital, que se realizará en distintas ciudades del país.

10. Conferencia Internacional de la FT-CI y gran Acto Internacionalista

A fines de abril se reunirá en Buenos Aires una nueva Conferencia Internacional con los dirigentes de organizaciones de Francia, Alemania, Estado Español, México, Brasil, Bolivia, Chile, Venezuela y Uruguay que integran, junto con el PTS, la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional. Son todas organizaciones que intervienen en las luchas y procesos políticos del movimiento obrero y la juventud de sus países, publican sus periódicos, escriben cotidianamente en las páginas internacionales de La Izquierda Diario (que se ha convertido en un verdadero periódico internacional, con una portada especial para los que ingresan desde países fuera de la Argentina) e impulsamos en común un Movimiento por una Internacional de la Revolución Socialista - Cuarta Internacional. Invitaremos para dicha Conferencia a organizaciones afines de Grecia.

Queremos aprovechar la presencia de estos compañeros y compañeras, para organizar un gran Acto Internacionalista del PTS con toda nuestra militancia y simpatizantes, en un lugar como el estadio cubierto de Ferro o similar, donde se puedan expresar los principales desafíos que enfrentamos los que defendemos el programa y la estrategia del marxismo revolucionario, los trotskistas, en el momento actual cruzado por la crisis capitalista, procesos revolucionarios desviados o derrotados y guerras, mientras el movimiento obrero lucha y da origen a nuevos fenómenos políticos que vuelven a poner a la orden del día la imperiosa necesidad de construir partidos que se propongan recuperar el programa, la estrategia y las tácticas para vencer a los capitalistas.

Temas Relacionados: Partido









moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Conectarse
Su mensaje

Este formulario acepta atajos SPIP [->url] {{negrita}} {cursiva} <quote> <code> código HTML <q> <del> <ins>. Para separar párrafos, simplemente deje líneas vacías.

  • No hay comentarios a esta nota