Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
16 de agosto de 2018

La Verdad Obrera N° 497

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MOTÍN DE GENDARMES Y PREFECTOS, DEBATE CON IZQUIERDA SOCIALISTA

La continuación del pacifismo por otros medios

18 Oct 2012   |   comentarios

La “lucha” de gendarmes y prefectos dejó un amontonamiento en la izquierda, que casi en su totalidad, se ubicó del lado “verde”. En el caso de Izquierda Socialista (IS), su fervor llega al punto, que en su web aparece una foto de los “uniformados”, como si se tratara de nuevos líderes proletarios. La misma foto tiene el MST y ambos debaten con el PTS con argumentos y citas idénticas, como si esta “lucha” hubiera suturado las heridas que los separaron, hace algunos años.

El dirigente de IS, Miguel Sorans (MS), se despacha con un artículo titulado “Sobre las huelgas policiales, la sindicalización, las FF.AA. y los socialistas revolucionarios” con más pretensiones que seriedad. Plantea apoyar las huelgas de los miembros de cualquier institución represiva del Estado burgués. Para justificarlo hace una comparación con la política bolchevique en la Revolución de 1905 y las “21 condiciones” de la III Internacional para el ingreso de los nuevos Partidos Comunistas luego de la Revolución Rusa, donde se les exige realizar agitación sobre las tropas. Nada tienen que ver esos ejemplos con la actual “lucha” de gendarmes y prefectos.

Sostenemos con claridad que, al igual que la policía, se trata de instituciones profesionalizadas cuyo objetivo es la represión interna. El fortalecimiento de su “tropa” no puede más que perjudicar la lucha de los trabajadores y el pueblo, que cada vez que pelean con seriedad tienen que enfrentarlas, como se vio durante su propio conflicto cuando reprimieron a trabajadores en Ezeiza. No se puede igualar a estas instituciones con un ejército de conscriptos donde los trabajadores y sectores populares son alistados de forma obligatoria. Se trata de una guardia pretoriana a la que no se puede ganar para el campo de la lucha obrera sólo con agitación y propaganda y mucho menos a partir del apoyo de sus demandas corporativas. Por otro lado, miles de gendarmes (más de 17.000) “conquistaron” ya, mediante cautelares, jugosos reajustes, que incluyeron no sólo a la oficialidad sino a gran parte de la suboficialidad, por lo que nada tienen de parecido a los campesinos y obreros despojados de todo y alistados para ir a la guerra.

La idea de que si ganaban los gendarmes se debilitaba Cristina y estaríamos mejor los trabajadores, es un razonamiento que no distingue izquierda de derecha. Se trataría de un fortalecimiento de los integrantes de uno de los pilares del Estado burgués, por lo cual la alegría podría ser de la oposición patronal, pero no de la izquierda. Pero además, es la institución elegida por el kirchnerismo para suplantar a las FF.AA., luego de que su derrumbe moral pos-dictadura limitara su papel y para tareas de “seguridad” ante la crisis de las policías. Es dudoso que un fortalecimiento de los gendarmes vaya contra el proyecto del gobierno que los ubicó como “fuerza estrella” de la “seguridad democrática”. El kirchnerismo invirtió millones de dólares en equipos de última generación para Gendarmería, incluyendo pertrechos de alta calidad, helicópteros y hasta tanquetas antimotines de tecnología israelí. Los efectivos aumentaron casi un 100%, y durante el gobierno de Néstor volvieron los “adicionales” y otros rubros en negro para superar “por izquierda” los aumentos salariales de los trabajadores estatales.

Que un problema fiscal lleve al gobierno a roces y choques con los gendarmes no convierte a esta “lucha” en un enfrentamiento de clase, ni de aliados de la clase obrera. El desalojo de la Panamericana contra los compañeros de la 60, encabezado por Berni -apenas terminado el primer round de esta “lucha”- y la denuncia penal que el Secretario de Seguridad hizo contra los choferes muestra que la unidad entre el gobierno y los gendarmes es más estrecha de lo que desean quienes buscan ver en los uniformados un aliado. Esto lo entienden los trabajadores combativos, como los de Kraft, que rechazan todo apoyo a los gendarmes, ya que cada vez que subieron a la Panamericana se encontraron con la visita del “aliado” de IS que los infiltró con el “Proyecto X”. Quizá en forma tragicómica lo entiendan los familiares de los gendarmes que al final del conflicto aún estaban en las escalinatas del Centinela y fueron desalojados por los propios gendarmes, haciendo real eso de que “por una pizza reprimís a tu mamá”.

Perdón Lenin…

MS cita la resolución de la III Internacional como muestra irrefutable de que es necesario apoyar a los gendarmes: “El deber de propagar las ideas comunistas implica la necesidad absoluta de desarrollar una propaganda y una agitación sistemática y perseverante entre las tropas”. En otras traducciones se encontrará que en vez de “tropa” dice “Ejército”. No por nada MS prefiere hablar de tropa en general a ver si pasa la idea de que son lo mismo ejércitos de millones de obreros y campesinos empujados a la 1° Guerra Mundial que los gendarmes argentinos, totalmente profesionalizados, dedicados a la represión (y a hacer juicios para obtener jugosos “adicionales”) en medio de una situación no revolucionaria.

Las “21 condiciones” para pertenecer a la III Internacional fueron adoptadas en 1920 luego de la Revolución Rusa y la 1° Guerra. Se refieren a la necesidad de tener política hacia las tropas formadas por millones que acababan de ser parte de una confrontación monstruosa. Trotsky en la Historia de la Revolución Rusa contará: “Fueron movilizados cerca de 15 millones de hombres que llenaban las zonas de combate, los cuarteles, los centros de etapa, se estrujaban y se pisoteaban unos a otros furiosos y con la maldición en los labios… Se calcula que el número de muertos, heridos y prisioneros rusos fue aproximadamente de 5 millones y medio”. Esto fue generalizado en Europa. Los levantamientos revolucionarios de soldados fueron moneda corriente en el final y en la post Guerra. Basta ver el levantamiento de los marineros alemanes en Kiel en octubre de 1918.

Esos soldados en Rusia constituyeron Soviets. Comparar esto con “el levantamiento del Edificio Centinela” parece un chiste si no fuese tan penoso ver gente que se dice de izquierda dar vueltas para apoyar a un puñado de gendarmes reaccionarios. Millones de obreros obligados a ser parte de los ejércitos burgueses debían conquistar derechos y organización y enfrentar a los altos mandos. Quien no tuviera una política para ganar a las tropas realmente cometería un “crimen,” pero quien “confunda” esta política con el apoyo a un grupo de gendarmes represores que quieren mejores ingresos comete otro “delito” similar.
MS también da un ejemplo de “política bolchevique” citando a Lenin en 1905: “Los soldados de San Petersburgo quieren mejor rancho, mejor vestuario y mejor alojamiento, reclaman aumento de los haberes”. Se trataba de un momento revolucionario extremo que el artículo describe y que MS esconde (“La insurrección de Sebastopol se extiende cada vez más. El desenlace se aproxima. Los marinos y soldados que combaten por la libertad destituyen a sus jefes... Estamos, por consiguiente, en vísperas de un momento decisivo”) y se trataba de un Ejército que venía de combatir en la Guerra Ruso-Japonesa, donde por parte de Rusia participaron 2 millones de soldados con 125 mil bajas.

Para Trotsky comparar la política para ejércitos de obreros y campesinos conscriptos con la orientación hacia organismos de represión profesional está fuera de lugar. En el “Programa de acción para Francia” plantea: “Disolución de la policía, derechos políticos para los soldados (…) los obreros bajo las armas deberán conservar todos sus derechos políticos y estarán representados por comités de soldados, elegidos en asambleas especiales...Todas las policías, ejecutoras de la voluntad del capitalismo del estado burgués y de sus pandillas de políticos corruptos deben ser disueltas. Ejecución de las tareas policiales por las milicias obreras”.
Y en la “Historia de la Revolución Rusa”, afirma: “Los gendarmes son el enemigo cruel, irreconciliable, odiado. No hay ni que pensar en ganarlos para la causa. No hay más remedio que azotarlos o matarlos. El Ejército ya es otra cosa. La multitud rehúye con todas sus fuerzas los choques hostiles con ellos, busca el modo de ganarlo, de persuadirlo, de fundirlo con el pueblo”

Lejos de esto, la idea reformista de conquistar la simpatía de las fuerzas de represión como Gendarmería, Prefectura y policía por medio de la agitación y el apoyo a sus demandas no es más que un pacifismo temeroso.

El oportunismo “por otros medios”

Clausewitz escribió la famosa frase “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Sin embargo, Sorans dice, intentando citarlo que “la guerra civil (sic) es la continuación de la política por otros medios”- Sin pretender que MS (o IS) estudie sistemáticamente a Clausewitz como hacemos en el PTS, sería bueno que leyeran al menos a Lenin y a Trotsky que citan innumerables veces la archiconocida “fórmula” del teórico militar prusiano, que como todo el mundo sabe no habla de “guerra “civil “. Más bien lo contrario, ya que Clausewitz concibe la guerra como una institución donde los sujetos son los Estados y no las clases (ya que es un teórico militar burgués y no un marxista) y consecuentemente con esto opina, con buen tino desde el punto de vista de las clases dominantes, que para ir a esas guerras es necesaria la “paz civil” en el propio bando, es decir, que no haya lucha de clases interna. Siguiendo ese consejo los burgueses cuando van a la guerra intentan comprar y cooptar a los jefes del proletariado, como hizo la burguesía de todos los países con la socialdemocracia en la 1° Guerra Mundial, (a los que no pudieron cooptar los metieron en prisión o los mandaron al exilio, como a Luxemburg, Lenin, Liebknecht o Trotsky sin ir más lejos).

Más allá de este error elemental, MS pretende basarse en Clausewitz para explicar que si en “la guerra civil” (la que para nosotros, marxistas, es junto a la insurrección la culminación de la lucha de clases) tendremos que ganar a los soldados (bue, a los gendarmes pero para el caso para IS es lo mismo), ahora en tiempos de paz hay que apoyarlos, porque la guerra es la continuación de la política. Como es cierto que la guerra es la continuación de la política por otros medios, la política revolucionaria actual de no apoyar a los gendarmes y prefectos tiene su “continuidad” en el impulso a toda forma de autodefensa obrera y popular que adopten las masas, en la perspectiva de la formación de milicias obreras para derrotar las fuerzas represivas, mientras que los apoyadores de hoy buscarán evadir con maniobras esos inevitables enfrentamientos, si es que nos preparamos para algo que merezca el nombre de revolución proletaria.

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  • AP

    21 de octubre de 2012 00:34 - La continuación del pacifismo por otros medios

    Buena nota. Invocar la política Bolchevique de agitación en el ejército o las 21 condiciones de la Tercera para justificar el apoyo a los reclamos de las fuerzas de seguridad es pura demagogia para consumo de analfabetos políticos. Baste recordar que la Tercera hablaba para una situación de guerra civil inminente y reclamaba una agitación revolucionaria sobre los soldados, vale decir, agitar, en todas las variables posibles, por la dictadura del proletariado. Ambos aspectos están explicitados textualmente y no dejan lugar a dudas, por lo cual, la defensa de Miguel Sorans se revela como una tergiversación consciente al servicio de justificar la línea histórica de la corriente a la que pertenece y queda desmentido por la práctica de quienes levantan esta orientación, no solo pacifista, sino, suicida y criminal, puesto que, baja la guardia de la clase obrera contra sus verdugos de uniforme. Pueden demostrar I.S o MST que Argentina atraviesa una situación revolucionaria? No. Pueden demostrar que las fuerzas de seguridad están integradas por trabajadores militarizados a la fuerza? No. Por el contrario, su aproximación al reclamo corporativo de los perros guardianes del sistema, es enteramente socialutópica o algo peor, oportunismo de la peor laya. Supongamos por un momento que se crean sus propias ilusiones ¿En que momento levantaron una agitación revolucionaria que implica el llamado a romper con los altos mandos y entregar las armas al proletariado?
    De todos modos no son los únicos. El PO apoya la sindicalización e incluso, en una de sus últimas notas, llama a construir organización clasista en el seno de estas instituciones, hoy informales, tal como ’lo hacemos en el parlamento’. Lo que solo puede ser admitido como una peligrosa política de infiltración clandestina, es asimilado a la formación de un bloque público en el parlamento o a una comisión interna clasista en un sindicato con bases obreras. Otros delirios podemos encontrarlos en la posición oficial de Razón y Revolución. Los aparatos de represión se nutren de una base obrera y por consiguiente encierran una contradicción latente, la ’función’ que asumen estos ’obreros’ de la porra, la bala y la picana no hace a su carácter, del mismo modo que el abito no hace al monje. Son solo un ’brazo armado’. El problema es el ’cerebro’. Queda la puerta abierta para la reforma del estado capitalista que ya no sería una maquinaria de esclavización de los trabajadores a la que es preciso destruir, enfrentándola con una adecuada política militar proletaria, sino, un ente obrero burgués al que hay que purgar de su comando, mediante la ’democratización’ de sus instituciones represivas.
    Insto a los compañeros de PTS a una respuesta a estos despropósitos.