Partido de los Trabajadores Socialistas

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20 de julio de 2019

La Verdad Obrera N° 452

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ITALIA

La caída de Berlusconi

10 Nov 2011   |   comentarios

Por qué la renuncia del ‘Cavaliere’ no significa el fin de las políticas antiobreras y antipopulares en Italia

Silvio Berlusconi es la segunda víctima colateral de alto rango de la crisis que está sacudiendo la zona euro y la Unión Europea (UE). Aferrado al poder desde hace meses a pesar de una mayoría parlamentaria tambaleante, son sus colaboradores más estrechos los que lo empujaron hacia la salida el 8 de octubre tras su encuentro con el Presidente de la República Giorgio Napolitano que le pidió abiertamente que se fuera, tras las renovadas presiones ejercidas por los otros gobiernos de la UE.
Italia no sólo está siendo duramente golpeada por la crisis que sacude al conjunto del Viejo continente y que agrava el estado de salud anémico de la economía italiana (…). La inestabilidad política que caracteriza desde hace ya varios meses el gobierno derechista de Berlusconi abrió brechas a través de las cuales el capital financiero internacional intensificó sus ataques contra la deuda italiana tras el estallido de la crisis griega, haciendo temer la caída de la tercera economía de la eurozona y una de las principales potencias imperialistas a nivel internacional, lo que tendría consecuencias devastadoras para Francia y Alemania.

¿Por qué cae sólo ahora el Cavaliere?

(…) Las razones de esta aparente incongruencia italiana desde el punto de vista de la política burguesa en un país imperialista se basan en varios factores.

Berlusconi gana con amplia mayoría la alecciones de 2008. Asume gracias al apoyo de la Liga Norte representando un fuerte bloque social que no coincide del todo con los intereses del gran capital italiano. La gran patronal italiana, concentrada en Confindustria, profundamente europeísta y partidaria de reformas estructurales que el gobierno de centro izquierda de Prodi que había apoyado no había podido llevar adelante, aceptó de mala gana la victoria del ‘Cavaliere’ como síntoma de su incapacidad de ejercer una hegemonía global sobre el conjunto de las otras fracciones del capital.

(…) Frente a este bloque, reacio a cualquier tipo de reforma estructural pregonada por Confindustria y la UE, la centro izquierda burguesa del Partido Demócrata (ex PCI y Democracia Cristiana) fue incapaz de encarnar a lo largo de estos meses de crisis una alternativa de poder creíble, inclusive a los ojos del establishment italiano: demasiado débil socialmente por una parte, desacreditada por varias legislaturas de centroizquierda que significaron sólo ataques para las clases populares, incapaz por consiguiente de asegurarse obtener una clara mayoría en las urnas para llevar a cabo las reformas, en caso de caída del gobierno.

Guerra de posiciones y escándalos: la apuesta del gobierno técnico

De ahí la estrategia de desgaste parlamentario lento y oneroso que decidió llevar adelante el PD y Confindustria, cuidándose de no reclamar la caída de Berlusconi, buscando simplemente restarle apoyo parlamentario para evitar elecciones anticipadas y poner en pie un gobierno técnico o de unidad. Esta ‘guerra de trinchera’ hizo pasar la bancada berlusconiana de 344 diputados al inicio de la legislatura a menos de 310 hoy en día. (…)

Hoy por hoy se está cerrando esta etapa momentáneamente bajo la presión de París y Berlín, cuando ambas capitales se dieron cuenta de que una profundización del caos italiano, luego del empantanamiento de Grecia, podía significar un golpe de gracia para la misma eurozona.
Napolitano, que actúa cómo último baluarte de estabilidad y portavoz de Confindustria, es totalmente reacio a elecciones anticipadas; es altamente probable que no saldría ninguna mayoría clara. De ahí la idea formar un gobierno técnico, esta vez encabezado por otro ex funcionario de la UE, el ex Comisario Mario Monti. (…)

Mercados y lucha de clases

La gran incógnita tiene que ver con la furia de los mercados por una parte y aplicabilidad de aquel primer paquete de reformas por la otra.

Si durante la primera fase de la crisis los anuncios de los paquetes de austeridad en los distintos países de la UE le daban algo de tregua a los gobiernos en relación a los mercados, los últimos anuncios del gobierno italiano no los apaciguaron. Siguen los ataques especulativos contra la deuda italiana (como lo demuestra el “spread” italiano que subió el 9 de noviembre al 7%, un récord histórico), sin que la UE pueda responder hoy por hoy por las discrepancias que existen entre Merkel y Sarkozy en relación al rol del Banco Central Europeo. Esto podría precipitar aun más el desenlace inmediato de la crisis política, poniendo definitivamente fuera de juego a Berlusconi y acelerando la constitución de un gobierno alrededor de Monti.

Como lo plantea explícitamente Il Sole 24 Ore, vocero de Confindustria, en su editorial del 09/11, “El tiempo es el más grande de los privilegios (…) y nosotros ya no tenemos tiempo. Europa no nos dio tiempo y tenemos tres días para establecer un calendario y medidas que retomen las recomendaciones [que formularon Merkel, Sarkozy y el BCE en la última Cumbre del G20]. Se trata de un programa a través del cual Italia tendrá que reescribir por completo el contrato social que 20 años de reformas solo modificaron muy parcialmente [y que implica transformar radicalmente un país] que incrementó sus desequilibrios sociales (…), que no sabe lo que significan las liberalizaciones, que alimenta un Estado benefactor sin tener los recursos necesarios (…). El Premier que anuncia su renuncia sigue tomándose su tiempo; y más allá de cómo termine esta enésima transición política, la cuestión de las reformas es clave. Las reformas sirven a todos, hay que implementarlas. A estas alturas, batallas tácticas entre mayoría y oposición, duelos entre personalidades y trampas solo podrían llevarnos al default”.

Esta editorial, que es todo un programa de acción para la burguesía en su guerra para que la crisis la paguen los trabajadores y las clases populares, subraya otra cuestión: la de la aceptabilidad del paquete actual al cual tendrían que sumarse más medidas de austeridad.

Aunque desmoralizada por la experiencia del gobierno de Prodi (2006-2008) que dirigió el país con el apoyo de todas las centrales sindicales, y aunque fuertemente golpeada por la crisis, la clase obrera italiana podría reaccionar abruptamente frente a las medidas que se le pretenden administrar. La juventud ya demostró su reactividad, con el movimiento estudiantil del otoño austral 2008 (“l’Onda”), las manifestaciones violentas del 15/12/10 y últimamente la marcha del 15/10. Por otra parte existen luchas obreras parciales, por condiciones de trabajo sobre todo, en distintos sectores de la industria y los servicios. No abarcan solamente sectores tradicionales que volvieron al frente, como los metalúrgicos de la FIOM, en el grupo Fiat o en los astilleros de Fincantieri.
La joven clase obrera inmigrante, altamente explotada, también está llevando adelante luchas radicales en Lombardía, en el sector de las cooperativas de transporte y logística.

Todos estos movimientos sin embargo plantean la cuestión de la fragmentación, de la coordinación y de la independencia política de estas luchas. Por una parte el frente de lucha más radical está dividido entre la FIOM (que se enfrenta a la línea moderada, propatronal y conciliadora de su propia confederación, la CGIL) y los sindicatos de base. Por la otra, la dirección de la FIOM sigue con una orientación de seguidismo de las distintas variantes de la izquierda reformista, en primer lugar a SEL (Izquierda, Ecología y Libertad) de Nichi Vendola, a su vez vinculado al PD, lo que impide no sólo que pueda emerger una oposición de clase independiente en Italia sino que obstaculiza cualquier posibilidad de victoria decisiva sobre la patronal y sus distintas opciones gubernamentales.

La situación que se abre con la (próxima…) renuncia (definitiva…) de Berlusconi podrá ser aprovechada por aquellos sectores que estuvieron movilizados en los últimos tiempos sólo si son capaces de encarnar una oposición de clase al próximo gobierno que ya se anuncia más duro, más antipopular y antiobrero que el del ‘Cavaliere’. El recuerdo del gobierno Dini que abrió su mandato con la primera reforma de las jubilaciones lo atestigua, y esta vez los márgenes de maniobra de la burguesía italiana son más estrechos aún.

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