Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
11 de diciembre de 2017

La Verdad Obrera N° 586

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Chile en una tendencia a la polarización política

La Herencia en cuestión

11 Sep 2014   |   comentarios

Por: PTR-CCC

Caída forzada
Ya iba quedando atrás la primera década del régimen pinochetista. La imposición mediante una dictadura de un régimen cívico militar había acabado con un gran proceso de radicales cambios en el escenario político nacional, el cual había sido empujado principalmente por los ascensos revolucionarios que datan de finales de los cincuenta con la revolución cubana como principal hito. Este largo aliento fundó las bases de profundos cambios en la subjetividad de millones de chilenos y chilenas aprestas no solo a discutir los problemas de su vida cotidiana sino que a incidir en la política de su propio destino. El gobierno del entonces expresidente Allende solo prometía progresivas reformas y metodologías, pero que a todas luces no iban a lo medular: La propiedad privada como factor decisivo en el desmedro de los trabajadores. Así, los llamados a que el “pueblo” se organizara terminaron con dos momentos decisivos: la conformación de los cordones industriales, forma de organización obrera, que embrionariamente tendía a un doble poder, una fuerza contraria al régimen tradicional de empresarios, capitalista; y en su máxima, el golpe militar perpetuado por un gran porcentaje de civiles, las fuerzas armadas, los empresarios y sus partidos y el gobierno de los Estados unidos.

La preparación
La instauración del Terror de Estado como garante político y su funcionalidad preparatoria a la regimentación de todo un país, fueron las claves del éxito del pinochetismo. El plebiscito del 80’, el “gran gesto democrático” no tenía ningún garante: no existían ni los registros oficiales del escrutinio ni los medios de comunicación podían interferir en las votaciones. Con ello el 11 de marzo de 1981 Augusto Pinochet pone firma a la actual constitución vigente de Chile.

Lo que trajo
33 años han pasado de la imposición del régimen político del neoliberalismo en Chile. Entre sus principales pilares podemos contar como los más fuertes a la salud y la educación de mercado –este último es el cuarto “nicho económico” de los empresarios en Chile-, el código laboral que no permite el derecho efectivo de huelga, mantiene sueldos bajísimos e impide la participación de dirigentes sindicales en la vida política del país- y la apertura de los mercados internos a la mano internacional. Para el abogado Roberto Garretón “la Constitución ampara a los poderes fácticos que se sirvieron de la dictadura y que hoy siguen gozando de privilegios, ejerciendo un control decisivo sobre la economía, instituciones políticas y medios de comunicación. La Constitución de 1980 no solo es ilegítima en su origen; es antidemocrática, privilegia la renta y el lucro por sobre la dignidad humana, el poder económico y jurídico queda fuera del alcance y control de la ciudadanía, y establece obstáculos insalvables para su modificación”. Esto, mediante las actuales reformas que plantea el gobierno de Michelle Bachelet queda a destiempo. Y es que la situación ha cambiado, y no solamente por el arte de la maniobra y la mantención de la misma constitución que ha perpetuado la concertación hoy “Nueva mayoría”, sino por que reconfigura el tablero nacional.
Las movilizaciones del año 2011 vinieron a demostrar cómo la juventud es sensible a los aspectos más irritantes del legado pinochetista, que con eje en la educación, venían a desnudar todo aspecto y maquillaje de la retrograda constitución. En su gobierno, el ex presidente del PPD Ricardo Lagos, prometió reformas que no cambiaban nada de fondo en la situación, sino más bien abrió la apertura a reformas a los propios intereses de la concertación. A su vez, las reformas han sido paulatinas, superficiales y de gestos políticos, respondiendo a las movilizaciones que se han desarrollado en los últimos años: contra las AFP, contra la contaminación medioambiental, contra la subcontratación, por un nuevo código laboral, por una educación gratuita y una salud estatal. Hasta hace pocas horas, en el parlamento se discute otro cambio a un sistema binominal que no permite a organizaciones anexas a las “oficiales” hacerse parte de las discusiones. Contradictorio.

Lo que se mantiene
Si bien una de las exigencias más importantes para los estudiantes es la desmantelación de la carta Magna de Pinochet por una educación gratuita como principal demanda, el desvío parlamentario y la traición a las movilizaciones se capitalizaron este 2014 mediante la incorporación del Partido Comunista a la fórmula “Nueva Mayoría”. Ahora cumpliendo un rol de contención, y convirtiéndose en el sostén por izquierda del régimen, las juventudes comunistas han dado luces de debilidad ante las ultimas marchas convocadas por las federaciones estudiantiles, a su vez, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) ve con resquemores el auge de nuevos dirigentes sindicales intermedios que dejan por derecha a los acuerdos que llegan Bárbara Figueroa (PC) y sus tratados con el Gobierno y los empresarios de la CPC como fue la tramitación del nuevo salario mínimo nacional. El premio otorgado al Partido Comunista por parte del conjunto de la Concertación fue precisamente su entrada, bajo la promesa de “un pie en la calle, un pie en el parlamento”, que aún no se expresa en ninguna fuerza real tanto para el movimiento de trabajadores, estudiantes y pobladores en su lucha.
Pareciera ser que el auge del “sentimiento reformista” y la línea estatista del gobierno son un gesto de oxigenar y perpetuar esta constitución que no tiene nada que entregar a la población chilena más que la continuación de un sistema que oprime, explota y usurpa todas las expectativas de miles y miles que encuentran su manera de enfrentarse a ella en las calles, la salida no puede ser más que una organización independiente de toda variante patronal y conciliadora, una salida verdaderamente desde las bases obreras y estudiantiles.
El legado de los cordones industriales, las movilizaciones estudiantiles y variadas luchas, muestran el camino que se ha de tomar ante estos “falsos amigos del pueblo” ad portas de cumplirse 41 años de la dictadura cívico militar en Chile en un nuevo 11 de septiembre. Una nueva situación se configura, y aún se mantiene abierta. ¿Hacia dónde se dirigirá?

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