Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
18 de diciembre de 2017

Jornadas del 19 y 20 de diciembre en Argentina:

Jornadas revolucionarias

22 Dec 2001 | Esta declaración la distribuimos en la concentración realizada en común con los partidos de izquierda frente al Congreso el sábado 22 a las 19 horas, al inicio de la sesión que en la mañana del domingo terminó consagrando presidente provisional a Rodríguez Saá   |   comentarios

Los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre marcan un antes y un después en la Argentina y tendrá, incluso, consecuencias internacionales. La irrupción popular, como nunca en las últimas décadas, ha provocado un giro en el país.
Los que dicen que "los radicales nunca culminaron un mandato" , tratando de resumir los hechos en una fatalidad histórica determinada de antemano, o no se dan cuenta de lo que pasó o mienten conscientemente. Este es el primer gobierno de la historia del país elegido por el sufragio universal que es derrocado, no por una conspiración golpista de los militares como el de Yrigoyen o Illia, sino por una espectacular irrupción y acción directa de masas que enfrentó a las fuerzas represivas y desafió el Estado de Sitio. Y al revés del apresurado adelanto del poder de Alfonsín a Menem en el 89, este cambio de gobierno pone en apuros esta vez al PJ, obligándolo a dirimir su interna y a elegir un presidente, todo en un mismo acto, mediante la Ley de Lemas. Como señala un centro de análisis imperialista: "No importa quien gane, deberá tratar con los dos impactos del default y de la devaluación, así como con una violenta reacción popular". Por ello esto no lo arregla la clase dominante con maniobras de ingeniería electoral. Los sucesivos presidentes que reemplacen a De la Rúa serán débiles por naturaleza porque no fueron paridos a partir de la conspiración de los de arriba sino condicionados por la rebelión de los de abajo.
Están los que presumen conspiraciones urdidas en la oscuridad que empujaron los acontecimientos, sin darse cuenta que la historia comenzó a escribirse lejos de los cerrados comités, en las calles y a plena luz. Otros analistas, más conscientes y con clara intencionalidad política e ideológica, quieren separar a "saqueadores" y "activistas violentos" de un lado y "los pacíficos cacerolazos de las clases medias", por el otro.
En realidad hubo un proceso de conjunto que involucró a todas las clases explotadas y oprimidas de la sociedad que se dirigían simultáneamente y con distintos métodos de lucha hacia un objetivo unificado: la caída del gobierno de De la Rúa y Cavallo. Desde la imposición del "corralito" a los ahorros de la clase media y la limitación a salarios y jubilaciones, comenzó un proceso creciente de protestas: cacerolazos y cortes de calles de pequeños comerciantes, paro masivo de los trabajadores el 13 de diciembre, manifestaciones a algunos hipermercados en Mendoza, Entre Ríos y Quilmes. Este proceso dio un salto cualitativo los días 19 y 20, transformándose en verdaderas jornadas revolucionarias, una acción histórica independiente de las masas argentinas que signará la próxima etapa.
Pan y trabajo

El 19 por la mañana irrumpen los sectores más desposeídos de la clase trabajadora y el pueblo. En once provincias y especialmente en las más populosas zonas del gran Buenos Aires, grandes contingentes de desocupados y sus familias marchan sobre los hipermercados en busca desesperada de alimentos. La proximidad de las Fiestas de Navidad y Año Nuevo, fue uno de los factores que impulsó las revueltas, que actuó como emergente de los 5 millones de desocupados y subocupados que ha dejado la depresión económica. Las declaraciones de los manifestantes señalaban una notable conciencia política culpando al gobierno de Cavallo y De la Rúa de su situación. En esta depresión económica se ven crudamente las contradicciones del sistema capitalista: millones no tienen para darle de comer a sus hijos, mientras los alimentos se abarrotan en góndolas y depósitos.
Con ellos emergió un elemento determinante e indispensable de todo proceso revolucionario: las capas más pauperizadas de la sociedad. A diferencia del 89, la clave no fue una guerra de pobres contra pobres, más allá de hechos secundarios. Hubo una insidiosa campaña burguesa contra la amenaza de "vándalos", que generó una psicosis en sectores medios y bajos en barrios populares del gran Buenos Aires que llegaron a armarse para defender lo poco que tienen. En parte la enorme concentración del capital comercial durante la década pasada "hizo su trabajo" liquidando el pequeño comercio a favor del monopolio: las cadenas de hipermercados, parte de la oligarquía dominante junto a bancos y privatizadas, concentraron el enemigo de las revueltas del hambre. Y al revés de los hechos del 89 esta vez fueron el detonante de la caída de Cavallo y De la Rúa, iniciando un proceso de ruptura con la legalidad burguesa que abrió las jornadas revolucionarias. Esta vez los sectores más pobres y desesperados de la sociedad irrumpieron simultáneamente con las clases medias y los trabajadores en general. Como lo muestran centenares de testimonios de los protagonistas: "basta de hambre: pan y trabajo", son el sencillo mandato que deberá resolver el proceso revolucionario iniciado.
Que se vayan todos, que no quede ni uno solo
El segundo gran episodio fue esa misma noche, después del discurso de De la Rúa y la declaración de Estado de Sitio que procuraban "preservar la paz", es decir atemorizar a la clase media y reprimir los saqueos que a esa hora se cobraran varios muertos. A partir de allí se desata una formidable y espontánea movilización en la Capital, especialmente de las clases medias, en el centro del poder político nacional. Desafiando al estado de excepción, decenas de miles salen a las calles y arman fogatas en las esquinas, golpean cacerolas en las veredas y los balcones, tocan bocinazos los automovilistas y una verdadera marea humana de decenas de miles marcha hacia la Plaza de Mayo, a la Plaza Congreso y hasta la residencia de Cavallo y la Quinta presidencial de Olivos. Las consignas más cantadas son: "Que boludo, el estado de sitio se lo meten en el culo" ó "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo". El "voto bronca" de sectores de las capas medias y el voto a la izquierda en las últimas elecciones eran un indicio de esto. No hubiera sido posible la caída revolucionaria (es decir no mediante los calendarios electorales) de un gobierno en democracia burguesa, si la base principal de este régimen no hubiera pasado a la franca y activa oposición a Cavallo y De la Rúa. Cavallo se ve obligado a renunciar esa misma madrugada. Pero no se descomprime la situación.
Los que permanecieron en las calles y en la Plaza de Mayo hasta la mañana siguiente, serán el puente con el tercer episodio de las históricas jornadas.
La batalla de Plaza de Mayo
El jueves 20 con la Batalla de Plaza de Mayo, se consuma la caída del gobierno. Desde la mañana miles de jóvenes trabajadores y desocupados, oficinistas y estudiantes, empiezan a enfrentar a la policía. La juventud juega el rol fundamental. La batalla dura desde poco después de las 9 de la mañana hasta el anochecer. El forcejeo fue por mantener la posición de Plaza de Mayo. Los manifestantes una y otra vez intentaban volver a la Plaza, una y otra vez las fuerzas policiales con gases, caballos, balas de goma y en ocasiones de plomo, reprimen con saña para desalojarla. Las fuerzas sociales en presencia no alcanzar para doblegar a la policía y hacerla huir. Los sindicatos, las centrales obreras de las CGTs y la CTA, e incluso la dirección de la Asamblea Piquetera de la FTV-CTA y la CCC, estuvieron vergonzosamente ausentes, impidiendo que contingentes de obreros y desocupados se unieran en las calles a los miles de manifestantes para derrotar a la policía. Levantaron el mentado paro de 48 horas, y cuando el país ardía no convocaron a ningún tipo de acción. Tardíamente, cuando los detenidos eran centenares y la represión se cobraba varios muertos, las centrales sindicales, Moyano y Daer, convocaron al paro... para el día siguiente. Esto hace doblemente heroica la resistencia juvenil que fue creciendo y renovándose entrada la tarde, a medida de las salidas de los trabajos o al ver por TV la represión. De la Rúa comenzó su gestión asesinando dos jóvenes en Corrientes y terminó bañando de sangre obrera y popular la Capital, con casi 30 compañeros muertos.
Alrededor de las 19 horas, la renuncia de De la Rúa y su huída en helicóptero desde la azotea de la Casa Rosada, corona las jornadas con un gran triunfo político. La situación es todo lo revolucionaria que las direcciones del movimiento de masas lo han permitido.
Nueva etapa
Estas jornadas no cayeron del cielo. Estuvieron abonadas con una persistente resistencia de masas prácticamente durante todo el gobierno de De la Rúa, con hitos muy importantes como los paros generales (especialmente el paro de 36 horas con piquetes de noviembre del 2000) y los levantamientos de Mosconi y Tartagal.
Esta intervención de los trabajadores y el pueblo que fue creciendo hasta las recientes jornadas revolucionarias, se colaron en las brechas abiertas en las alturas de las clases dominantes. Los sectores burgueses, de un lado los grandes bancos y las empresas privatizadas que se jugaban a "dolarizar"; del otro la burguesía "productiva nacional" que quería devaluar la moneda, no pudieron resolver su puja de intereses, ante la agonía de muerte de la "convertibilidad". Argentina viene siendo el eslabón débil de una crisis capitalista internacional que ahora ha entrado en una etapa signada por la franca recesión en la principal potencia imperialista, los EE. UU. El diario imperialista Financial Times señala que "A menudo cuando colapsan las finanzas de un país, la gente resalta que nunca la ve venir, que los acontecimientos se suceden tan rápido. No es el caso de Argentina". Esto es un reconocimiento de que antes que los sectores de la clase capitalista hayan resuelto su disputa, el movimiento de masas se adelantó entrando en la escena política. Por lo tanto, con estas grandes jornadas revolucionarias del 19 y el 20 de diciembre no culmina sino que se abre una nueva etapa donde las masas han protagonizado una irrupción histórica, tomando conciencia por primera vez desde la derrota producida a sangre y fuego por la dictadura de Videla, de lo que la fuerza de sus acciones empieza a ser capaz de hacer. Una etapa donde se hace abierta la contradicción entre "los de arriba" que no pueden seguir dominando como antes y "los de abajo" que no soportan seguir viviendo como hasta ahora.
Derrotar el hambre , la desocupación y las transas a espaldas del pueblo
El peronismo asume con el objetivo de contener la acción de masas y evitar que un verdadero triunfo de las demandas de los que volteamos a De la Rua: Pan, trabajo y terminar con este régimen y su casta de políticos. Desde el PTS, que estuvimos acompañando la Batalla de Plaza de Mayo, llamamos a no depositar ninguna confianza en el nuevo gobierno arreglado en componendas a espaldas del pueblo por los mismos nefastos personajes que provocaron la crisis. Seguramente para intentar congraciarse con las masas harán alguna que otra medida demagógica con el objetivo de desmovilizar las fuerzas sociales que se han puesto en movimiento y ansían un cambio verdadero. Pero son parte de la misma lacra de políticos capitalistas, hermanos de sangre de Cavallo y De la Rúa.
En primer lugar hay que imponer la libertad de los cientos de detenidos en las jornadas revolucionarias, la cárcel a De la Rúa, Mestre, Mathov y todos los asesinos responsables de la sangrienta represión, y la derogación inmediata del Estado de Sitio de De La Rúa, reimplantado por el PJ en Buenos Aires y varias provincias.
Contra el hambre, todas las organizaciones obreras, ya sean sindicales o de desocupados, deben pelear por la confiscación del stock de mercadería de los grandes hipermercados y comercializadoras. Y para que esto no sea aprovechado por los punteros de gobernadores e intendentes, la distribución de los alimentos debe estar a cargo y bajo el estricto control de comités barriales y de los movimientos organizados de piqueteros. Estas medidas de emergencia, deben estar puestas en dirección de nacionalizar las grandes comercializadoras de alimentos, granos y frigoríficos, para terminar con el hambre en la Argentina.
No se trata de bajar algunos puntos porcentuales la desocupación a costa del salario sino de incorporar en masa a la producción a los 5 millones sin trabajo digno. Esto sólo se consigue con el reparto de todas las horas del trabajo entre las manos disponibles con un salario igual a la canasta familiar. Y ante la amenaza de devaluación, que traerá aumento de precios, hay que imponer la escala móvil de salarios, una cláusula gatillo para que no siga en caída el ingreso real de más de ocho millones de asalariados y sus familias, como viene sucediendo desde la época de la dictadura militar, tanto con devaluaciones como con "estabilidad" monetaria. Esto debe estar ligado a luchar por comités de empresa que planteen el control obrero y la estatización de todo establecimiento que quiebre dejando en la calle a sus trabajadores.
Toda la fuerza desplegada tiene que lograr centralidad en nuevos organismos que armonicen las distintas reivindicaciones y formas de lucha. Este fue uno de los grandes límites de las jornadas revolucionarias. Debemos impulsar Asambleas regionales, provinciales y una Asamblea Nacional de trabajadores ocupados y desocupados, con delegados elegidos en los barrios y lugares de trabajo. Uniendo así a todos los sectores de la clase trabajadora, hay que coordinar con las organizaciones de estudiantes, pequeños comerciantes y chacareros pobres.
Para el próximo período, se dará una pelea de fondo por un cambio verdadero y profundo capaz de dar respuesta efectiva a las demandas de millones: o seguimos soportando esta dictadura de banqueros y empresarios, que defenderá el PJ de cualquier modo, o luchamos por que la crisis la paguen los capitalistas: nacionalización de la banca, que no pague la deuda externa, que reestatice las empresas privatizadas bajo administración de los trabajadores. En definitiva una lucha por un Gobierno de los trabajadores y el pueblo, que reorganice el país en base a las necesidades de la mayoría nacional.
Asamblea Constituyente libre y soberana
Millones todavía no ven esta perspectiva, pero desconfían abiertamente del nuevo presidente provisional Rodríguez Saa, que será votado en la "Asamblea Legislativa" emanada del Congreso de senadores coimeros y diputados enriquecidos. Tampoco de un gobierno del PJ surgido de las elecciones de marzo vendrá ninguna solución. Ante estas trampas y pactos que se están llevando adelante a espaldas del pueblo que tiró a Cavallo y De la Rúa, y ahora nos intentan robar el triunfo, hay que luchar por imponer una Asamblea Constituyente soberana para que el pueblo pueda discutir libre y democráticamente la salida a la crisis nacional. Una Asamblea que concentre el poder legislativo y el ejecutivo, terminando con la actual división de poderes. Que liquide la Corte Suprema, esa casta de jueces corruptos y determine la elección de jueces electos por el voto directo del pueblo. Los miembros de la Asamblea Constituyente deben ser electos mediante el sufragio universal para los mayores de 16 años, sin distinción de sexo o de nacionalidad. Sus mandatos deberán ser revocables para terminar con los engaños de los falsos "representantes del pueblo" que estafan a sus votantes. Los candidatos a diputados constituyentes podrían, además, ser promovidos desde asambleas locales, cercanas a las necesidades del pueblo y ante su vigilancia. Durante el ejercicio del mandato recibirían un salario igual al de un obrero o un maestro, para terminar con los políticos ricos y hacer efectivo un gobierno barato.
Aún para abrir el camino a esta democracia generosa, hay que barrer el poder existente con una huelga general y un gran levantamiento nacional que complete la obra iniciada por las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre.
22 de diciembre de 2001
PTS
Partido de Trabajadores Socialistas









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