Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
26 de junio de 2019

La Verdad Obrera N° 453

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GREGORIO FLORES: 1934 -2011

Homenaje a un Clasista

17 Nov 2011   |   comentarios

Gregorio Flores murió la semana pasada, en la madrugada del 10/11, en el Sanatorio Mayo de Córdoba. El 13/10 había sufrido un infarto y fue internado en urgencias. Tenía serios problemas y obstrucción en sus arterias coronarias. Esperando los materiales necesarios para su intervención, desmejoró y no pudo recuperarse.

Sus restos fueron velados en el local del PO, partido del que se reivindicaba. Luego se realizó un homenaje donde participaron familiares, ex compañeros de los ’70 y organizaciones de izquierda.
Repasar brevemente su vida y recuperar su experiencia de militante obrero clasista es nuestro homenaje.

Del campo a la ciudad

Siendo niño, Gregorio llegó del campo a la ciudad cordobesa a los 12 años y entró como pupilo en el colegio León XIII.

Su primer contacto con el progreso urbano lo sufrió al tirar la cadena del baño. “Qué susto que me pegué con el ruido del agua -recordaba-. Pensé que se inundaba todo. Puse las manos para adelante y pensaba: ¡uy, mamita mía que desastre hice!”.

En ese colegio terminó la primaria y primer año. En segundo lo echaron “porque se portaba mal -recuerda Juana, una de sus hermanas-, y se escapaba a la hora de la siesta”.

Dejó el estudio y volvió al campo, y trabajó haciendo changas. Luego le tocó la colimba en la Marina, y vivió desde adentro el golpe gorila de 1955. “Llegamos en barco a Bs. As. y los gorilas nos recibieron con pañuelos. Yo no entendía nada. Pero no me gustaba esa gente que nos saludaba”.
Con la baja, volvió a Córdoba y salió a buscar trabajo. Fue al IAME, la fábrica escuela de mecánica, pero no pudo entrar. Tras ese intento fallido, se fue a la FIAT. A los pocos días lo llamaron. Y entró en la sección donde median y calibraban las matrices y materiales. Ahí estudió y aprendió el oficio, y se transformó en un obrero calificado.

Los inicios como delegado obrero

En su sección, Gregorio era el responsable de una cooperativa que armaron con sus compañeros, donde ahorraban plata para los momentos difíciles, cumpleaños y casamientos.

Eran los tiempos finales de la dictadura fusiladora y los comienzos de Augusto Vandor, al frente de la UOM y CGT. Por aquellos días los salarios de la FIAT eran los más bajos de la industria automotriz. Es entonces cuando la empresa junto al gobierno de Arturo Illia de la UCR (que asume con el peronismo proscripto), promueve los “sindicatos amarillos” para debilitar a la CGT, y crea el SiTraC y el SiTraM .

Por esos años lo eligen delegado, “a raíz de denunciar en una asamblea a la comisión interna -nos contó- que venía carnereando una huelga. Y en la primera reunión intervine diciendo que lo que había que hacer era gremialismo, y que los que quisieran hacer política que se fueran a hacerla a sus partidos. No quería saber nada con la política. Hasta que hubo una huelga de 25 días que perdimos, y me di cuenta que había que hacer política. Y me puse a leer y estudiar sobre socialismo”.

De delegado de base a dirigente clasista

Gregorio vivió el Cordobazo, como casi todos sus compañeros del SiTraC - SiTraM, junto a las masas obreras que encabezaban “los negros de Kaiser”, el SMATA y Luz y Fuerza. Sin embargo, un año después, junto a sus compañeros, iban a tomar varias enseñanzas de los obreros de Kaiser.

Así llega marzo de 1970. La recuperación de la Comisión Interna, la toma de planta, la pelea por la democracia obrera, las asamblea como órgano soberano de la clase obrera, la lucha contra los ritmos de producción y las condiciones de trabajo, la extensión como un polo clasista en el movimiento sindical y el Viborazo (o Segundo Cordobazo), que termina volteando la dictadura de Levingston.

“Recuerdo -dijo un día al preguntarle sobre el inició del Clasismo- que me eligieron para ir a hablar en la conmemoración del aniversario del Che Guevara, en la facultad de Arquitectura, en Córdoba. Fuimos varios compañeros, activistas y delegados. Los estudiantes aplaudían a rabiar. Al otro día, la derecha peronista empezó a meter púa, a decir que éramos comunistas, que esto, que lo otro, etc. El cuerpo de delegados pidió una reunión. Medio estaban resolviendo cortarme la cabeza. Me defendí diciendo la verdad, que no era del PC, pero que sí era socialista y que la sociedad estaba dividida en clases sociales, y que estaba muy bien debatir estas cosas entre los trabajadores; que había que cuestionar a sus dirigentes y preguntarles qué y cómo piensan; que eso era muy saludable. Al rato vino a buscarme el “Gringo” Bizzi, y me dijo: ‘loco, la gente está conforme con lo que dijiste; a partir de ahora somos un sindicato de izquierda’.”

Y vaya si lo fueron. “Nosotros -recordó otra vez- éramos el único sindicato clasista. Tosco no se decía nunca clasista. Su presupuesto básico era la conciliación de las clases. Nosotros les decíamos que eso era totalmente falso; que hay explotados y explotadores, y que estos tenían la función de vivir del trabajo ajeno. Y en ese proceso, los clasistas, estábamos llamados a destruir el sistema capitalista. Por eso con Tosco estuvimos enfrentados casi desde siempre”.

“Una vuelta -continuaba Gregorio-, a la salida de un plenario, vino a saludarme y me llamó para que nos juntáramos e ingresemos a la CGT, que había quedado acéfala en Córdoba. Su idea era hacer una ‘alianza junto a los más potable que tiene el peronismo’. Era una oportunidad para tomar el secretariado de la CGT y nosotros no quisimos saber nada”.

¿Cómo ves esta decisión a la distancia?, le preguntamos: “Estuvo mal. Me parece que debimos habernos metido en la CGT, y dar la pelea desde adentro. Creo que es discutible, pero habría que haberlo intentado. Tal vez en Córdoba podíamos haber disputado la dirección de la clase obrera”.

No hay pérdida

Tras el Viborazo, Gregorio pasó 18 meses preso en Rawson. En la cárcel conoció a Santucho y estudió en los cursos que daba el dirigente del PRT. Desde adentro escribió cartas y encaró debates políticos. Tras su liberación, entró a militar en el FAS y asumió responsabilidades de dirección. La amenaza de la Triple A lo obligó a pasar a la clandestinidad, y escapó hacia Buenos Aires protegido por militantes del Peronismo de Base.

Por los ’80 entró al PO, y fue candidato a presidente. En 1994 publicó, “SITRAC - SITRAM. Del Cordobazo al Clasismo”. Años después, por 2002 / 2003, lo reeditó con agregados sobre la burocracia sindical y el Estado, donde reivindicó la ANT, la organización piquetera que dirigía el PO. También destacó y apoyó el fenómeno de las fábricas recuperadas que encabezaban Zanon y Brukman.

En su segundo libro, de 2006, “Lecciones de Batalla”, Flores reivindicó al populismo guerrillero del PRT como ejemplo de partido revolucionario, lo que le valió una extensa crítica del propio Partido Obrero.

Más allá de la amistad y el compañerismo que nos unía, y la tristeza que abre su muerte, teníamos importantes diferencias estratégicas que varias veces debatimos. Desde el PTS estamos orgullosos de esos debates, que nos permitieron forjar una amistad fraternal y solidaria, que se construyó trabajando juntos. Con varios compañeros del partido compartimos almuerzos, cenas, charlas, entrevistas y discusiones sobre los ’70. Despedimos a un compañero y amigo entrañable. Un obrero que reflejaba una vieja tradición del proletariado argentino: una clase culta y estudiosa. El infarto lo encontró escribiendo y trabajando en un nuevo texto sobre el Stalinismo, el Frente Popular y el Frente Único Obrero.

Cuesta cerrar el adiós. El día de su homenaje en el local del PO, Cristian Rath, el Gringo Bizzi y otros compañeros, lo despidieron con emoción y profundo respeto. Lo mismo el camarada “Bocha” Puduu, dirigente del PTS y delegado de FIAT-IVECO, expulsado por la burocracia del SMATA.

Nos parece que las palabras emocionadas del Bocha permiten cerrar y dar continuidad a esta despedida. Primero leyó un comunicado que envió el cuerpo de delegados y comisión interna de Volkswagen-Córdoba expresando su más sentido pésame por el compañero Gregorio Flores, destacándolo como “un ejemplo de dirigentes abnegados que siempre estuvieron al frente de sus compañeros y jamás desoyeron el clamor de las bases obreras”. Luego, Bocha expresó: “me siento parte de ese mismo movimiento obrero que bajó las banderas de la multinacional FIAT y levantó las banderas de la libertad. Un camino que deberá recorrer en algún momento el actual sindicalismo de izquierda. No tuve una relación personal con Gregorio. Pero lo recuerdo en la conferencia de prensa de Luz y Fuerza, cuando el SMATA nos expulsó por defender a los trabajadores contratados. Se acercó y nos pusimos a hablar.
Tenía esa sonrisa socarrona, cómplice. Y sentí que en esa sonrisa también estaba la satisfacción de saber que hay obreros que levantamos esas mismas banderas. Creo que se va un amigo. Recuerdo ahora a uno de los mártires de Chicago, George Engel, que decía que él no combatía a los capitalistas individualmente sino a un sistema que generaba la explotación, la miseria y la pobreza, y que su profundo deseo era decirles a los trabajadores quiénes eran sus amigos y quiénes sus enemigos; lo demás merecía su desprecio. Y Gregorio Flores es un gran amigo. Fue un gran amigo y será siendo siempre un gran amigo del movimiento obrero mundial”.

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