Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
18 de noviembre de 2017

La Verdad Obrera N° 567

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El paro del 10, la base de las fábricas, su relación con el activismo y la lucha por un partido revolucionario

24 Apr 2014   |   comentarios

En el último LVO en la nota “Apuntes Militantes”, sobre el gran paro del 10, destacamos la intervención del PTS realizada en común con cientos de obreros y estudiantes combativos y su relación con el proyecto de construir un partido de trabajadores revolucionario e internacionalista. La actividad de este activismo en el 10A tuvo su punto más alto en el piquete de la Panamericana hecho con centenares de trabajadores de las fábricas de la zona y estudiantes, además de los otros cortes y piquetes. En esta nota queremos reflejar el importante papel que jugó la base de las fábricas y establecimientos sobre la que se apoyó esa importante vanguardia, que junto nuestro partido dio una pelea en común.

Estamos viviendo un ataque del gobierno al conjunto de la clase trabajadora para reducir su nivel de vida a través de la devaluación, el techo salarial y los tarifazos y esto influye en la conciencia y en la disposición de lucha de importantes sectores de masas.

Esta intervención tuvo ya su antecedente cercano en la gran huelga docente donde fueron protagonistas miles de docentes imponiendo un paro casi absoluto de 17 días, donde más de 250.000 docentes se mantuvieron firmes y 50.000 se movilizaron en las calles. Se confirma en la gran huelga docente de Salta que se mantiene al día de hoy que demuestra que el acuerdo de Baradel era insuficiente porque quedaban fuerzas a nivel nacional para seguir peleando.

Es sobre esta base que consideramos que la militancia del PTS puede desarrollar con toda audacia la organización en una nueva escala de sectores más amplios de los trabajadores y la juventud.

La base de las fábricas, un gran actor del 10A

En Kraft este cambio en la base fue notorio. En el paro del 20N del 2012 las asambleas habían votado en contra de parar, pese a la pelea dada por la Comisión Interna (en realidad en las votaciones había ganado la abstención, fue la forma en que los trabajadores se expresaron contra el paro, sin enfrentar abiertamente a su Comisión Interna).

La enorme mayoría de los trabajadores hizo un cálculo sobre la conveniencia o no de parar. La pérdida del pago de las horas y los premios (hoy unos $700) pesó más que la “ganancia” que pensaron que podía obtenerse con el paro. La mayoría hizo un cálculo individual, cuanto gano y cuanto pierdo, sin considerar cuánto se puede ganar como clase de conjunto con una medida que involucró a millones de trabajadores.

También pesó el hecho de que venían de una derrota en su lucha por el aumento de los premios, la división de la Comisión Interna de aquel momento y sobre todo que su propio sindicato (el STIA de Daer) no convocaba al paro, por lo que en el cálculo de los trabajadores no estuvo presente solo la posibilidad de perder parte del salario sino también verse expuestos a posibles represalias patronales por llevar adelante medidas no avaladas por el Sindicato.

Frente al paro del 10A la ubicación de la base fue muy distinta. Además de sentirse con fuerza para parar contra la dirección del sindicato, pesó más lo que se podía ganar como clase y la pérdida del pago de las horas de ese día resultó menor que el deseo de golpear a las patronales y al gobierno como representante de ella y agente de un ajuste contra todo el pueblo.

Sobre ese estado de ánimo se sostuvo un extendido activismo que salió a la Panamericana y regresó con la moral fortalecida de saber que no son una “patrulla perdida”, sino sintiéndose parte del sector más avanzado de una clase que empezó a ponerse en movimiento o a tensar sus músculos. Es por esto que en Kraft el paro fue total y a la fábrica apenas se presentó un grupito de carneros que no superó las 10 personas. Ni la Verde intentó organizar a su propia base para ir a trabajar.

Lo mismo sucedió en PepsiCo, donde en un turno se logró el record de 3 obreros que quisieron entrar. Ni los pocos obreros K que hay en la fábrica se acercaron a la empresa.

Fate que no había parado el 20N lo hizo con fuerza y una decena de trabajadores fue a la Pana desde temprano.

Las asambleas de Lear involucraron al total de la fábrica y no existieron votos en contra del paro. Pignanelli se abstuvo de dar la pelea contra el paro pese a ser un re contra alcahuete de Cristina.

En Donnelley el porcentaje de compañeros involucrados no solo en el paro sino también en las acciones fue histórico. De una fábrica de 330 trabajadores, más de 200 fueron a la Panamericana durante todas las horas que duró el corte y a la concentración que se hizo frente a la dependencia donde se encontraba detenido el compañero Jorge Medina, delegado de Donnelley.

La importancia de estos ejemplos lo da el hecho que estas fábricas que pararon, pertenecen a sindicatos dirigidos por burocracias alineadas al gobierno. El moyanismo, Barrionuevo y los demás dirigentes que llamaron al paro no dirigen a casi ninguna de estas fábricas. El paro se hizo entonces contra el gobierno, las patronales y la propia dirección de los sindicatos Karneros, que en muchos casos militaron como nunca para que los trabajadores fueran a las fábricas. Ellos son unos de los grandes derrotados del 10A.

Esta situación también se reflejó en las fábricas donde no hay internas independientes y donde la burocracia K, como el SMATA, llamaron a no parar. Allí existió un ausentismo muy grande como en VW que llegó al 40% o en Siderar donde más de mil trabajadores no fueron a su lugar de trabajo pese al férreo control de la burocracia de la UOM de Brunelli. Lo mismo se vio en el SUBTE parado por decisión de los trabajadores pese a las maniobras de la dirección K del sindicato que se negó a convocar a asambleas en todas las líneas. Ejemplos de este tipo hay decenas. Algunas patronales como la Ford en Pacheco o Liliana de Rosario, entre otras, dieron asueto con el argumento de que no iba a haber transporte. En realidad fueron lock out defensivos de las patronales para que no se pudiera expresar de forma más nítida la decisión de miles de trabajadores de parar. Lock outs contra el avance de la conciencia obrera que no pudieron impedir que los trabajadores como clase se sientan fortalecidos luego del parazo del 10.

Después del 10

Pese a las maniobras del gobierno, la patronal y la burocracia en todas las fábricas, al día siguiente del 10A, se respiraba un nuevo aire generado por el paro. Se discuten nuevas demandas. Los fines de semana que son arrancados por las empresas a las familias obreras pueden ser puestos en cuestión, aunque todos saben que para lograr eso habría que dar luchas muy grandes. El propio Daer tuvo que salir a plantear que el domingo en Kraft no debería ser laborable. En fábricas del Parque Industrial Pilar se comienza a debatir lo mismo; igual que en Donnelley.

Los que subieron a la Pana se sienten orgullosos de la pelea dada. La moral está de su lado. Los que no subieron sienten una fuerte simpatía por la lucha de sus compañeros y siguieron con atención lo que pasaba. Donde se fue con La Verdad Obrera luego del paro la recepción fue muy buena. Casi 150 periódicos se vendieron en una entrada al ingreso de un turno en VW de Pacheco. Más de un centenar de los trabajadores de Stani compraron también el periódico. Son solo algunos ejemplos. Hasta el propio gobierno tomó nota del cambio profundo en nuestra clase, por eso envió un proyecto de una ley antipiquetes. Esto no puede ser más que la respuesta al notorio protagonismo de la izquierda y los sectores antiburocráticos en el paro del 10.

La ruptura de franjas de la clase obrera con el gobierno y la independencia de clase

Para miles y miles el gobierno es parte del problema que tenemos los trabajadores. El 20N un porcentaje importante de compañeros había ido al paro con la ilusión de que de esta manera se podría presionar al gobierno para que cambie. Aunque no es correcto pensar que esta ilusión ya no existe, el choque con el gobierno es más claro ahora. Por otro lado, el ataque del gobierno es más general (devaluación, topes salariales, aumento de tarifas) mientras que uno de los grandes motores del 20N fue el rechazo al impuesto al salario que fue tomado demagógicamente por Massa y luego fue reformado por el gobierno. Objetivamente el paro del 10A muestra que el enfrentamiento es más profundo. La conciencia obrera no avanza más que a saltos y si el 20N fue el inicio de la ruptura de franjas de la clase obrera con el gobierno, el 10A fue un nuevo salto con mayor conciencia que el primer paro contra el gobierno de CFK, aunque ya en ese paro se había expresado la voluntad de parar amplios sectores de trabajadores.

Cierto es que la mayoría de los trabajadores que rompieron y rompen con el gobierno, que aún cuenta con apoyo en amplias franjas de la clase obrera, vieron con simpatía en las elecciones a Massa que es una oposición por derecha que hace del “problema de la inseguridad” su bandera. Se trata de un choque con el gobierno pero no aún de una ruptura de clase para la mayoría de los trabajadores, por lo que muchos de ellos que enfrentan al gobierno que los ataca, ven con buenos ojos a variantes "republicanas", al mismo Scioli y a Massa que sacó porcentajes altísimos en la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Es tarea de la izquierda clasista luchar mediante la organización, la agitación y la propaganda para que avancen los sectores más amplios posibles hacia una ruptura de clase con el peronismo. Sin embargo, ya hoy en fábricas determinadas donde existen internas independiente,s hay sectores de masas que son influenciados electoralmente por la izquierda mientras que el apoyo al FIT llegó mucho más allá de esas fábricas, conquistando el voto de cientos de miles de trabajadores para una ruptura en el terreno electoral por izquierda con el gobierno, cuestión que seguramente se profundizará con el giro abierto de Cristina hacia el ajuste.

Vanguardia y base. Un ensayo

Los sectores avanzados, los que militaron el paro, los que en sus sectores convencieron a sus compañeros para votar en las asambleas y los que fueron a los piquetes, esta vez actuaron sobre una base que quería salir a la lucha.

Ni la vanguardia actuó sola, ni la base “explotó” de forma desorganizada, espontánea.

Los sectores más decididos fueron la avanzada de una clase que de conjunto quiso pelear, aunque todavía no hay acciones de sectores más amplios por fuera de los paros mismos (y de la histórica huelga docente), por responsabilidad de la burocracia sindical que hace paros domingueros. De desarrollarse esta situación, quizá podamos ver actuar a los mecanismos de dirección por los que peleamos los leninistas donde una franja de trabajadores avanzados, cada vez más fusionados con los obreros revolucionarios, son capaces de influir sobre las capas más amplias de la clase trabajadora para ir al combate. Desde el punto de vista de la construcción de un partido leninista de vanguardia que necesariamente tiene que buscar la influencia en las masas, el 10A tiene elementos de un ensayo que muestra lo correcto de esta estrategia, contraria a la agitación externa y a la propaganda desligadas del combate y de la acción.

Nuevamente partido leninista de vanguardia

Seguir toda esta evolución del profundo proceso abierto en el seno del movimiento obrero, a veces expresada molecularmente, de la conciencia y la actividad obrera sólo tiene sentido para quienes queremos construir un partido de trabajadores donde realmente se fusione la izquierda con el movimiento obrero y donde la propia experiencia de lucha cumpla un rol fundamental. Lo contrario es crear la ilusión de que solamente con el espacio electoral, la agitación superficial y los acuerdos diplomáticos con dirigentes no revolucionarios, se van a resolver problemas tan grandes como la relación entre la clase obrera y el peronismo. Esta lógica es la que pareciera haber emprendido el PO en su último Congreso, la que lleva inevitablemente a un partido donde la militancia consciente se degrada como ya le pasó al MST, aunque diluido en el centroizquierdismo de Pino Solanas.

Nuestro partido encara todas estas posibilidades y contradicciones con la estratégica de que los sectores más avanzados que han salido a la lucha, esos nuevos activistas, avancen en su conciencia de clase y a su vez sean sujetos de su propia organización. Para ello nuestra orientación incluye, por un lado el desarrollo del agrupamiento combativo de Atlanta que pasó su primera prueba y que dará un salto con la realización de Encuentros Regionales donde apostamos a la participación de sectores cada vez más amplios. Allí nosotros constituimos una tendencia clasista diferenciada de los compañeros que como el Pollo Sobrero y Santillán, que no consideran que es necesario impulsar agrupamientos clasistas lo cual los lleva a una diferenciación insuficiente con Moyano (como el PO con el michelismo).

Al mismo tiempo defendemos al FIT para pelear a gran escala por la independencia de clase y desarrollamos la agitación política, la propaganda y formación de nuevos cuadros revolucionarios porque nos preparamos para momentos más álgidos de la lucha de clases.

Desde este ángulo consideramos equivocada la orientación que se dieron los compañeros del Partido Obrero en su Congreso ya que no buscan convertir al nuevo activismo en sujeto de su propia organización. En todos los plenarios del SUTNA, que se hicieron en el mismo salón, no entran más de 250 personas (en su gran mayoría militantes del PO) y no concurren ni los trabajadores de FATE. Esta vez se contentan con “Invita(r) al Frente de Izquierda y los Trabajadores a que convoque a un congreso general del movimiento obrero y de la izquierda, de carácter político socialista, para reforzar el desarrollo de la alternativa política de carácter obrero y socialista…esta propuesta servirá para impulsar una iniciativa de la izquierda en gran escala, para superar las tendencias faccionalistas y para convertir al Frente de Izquierda en un polo político decisivo en la crisis nacional”. El activismo que está surgiendo, que aún no es más que individualmente clasista o socialista (siendo miles de activistas y delegados que aún no se referencia con el FIT), no podría más que concurrir pasivamente a escuchar a los candidatos, a los dirigentes y parlamentarios en una instancia de este tipo que pretende superar por arriba y en un acto un problema histórico y complejo. Se abre un nuevo espacio a la izquierda, pero hay que apoyarse en el para conquistar miles y miles de nuevos militantes obreros desarrollando su propia experiencia, a partir de múltiples batallas e iniciativas (como las que impulsamos desde el Encuentro Sindical Combativo de Atlanta) y no sólo como militantes electorales del FIT.

Audacia

El PTS viene de años de acumulación militante en decenas de fábricas. La influencia sindical conquistada fue siempre por delante del peso político logrado. Las campañas electorales del FIT comenzaron a cerrar esa brecha, por lo que lejos estamos de despreciar la agitación a gran escala y menos aún el rol que pueden jugar los parlamentarios que conquistamos para el avance y desarrollo de la vanguardia obrera y la construcción de un partido obrero revolucionario.

Sin embargo somos conscientes, de que es en la propia lucha de clases como verdaderamente se pueden acortar esas distancias y surgir miles de nuevos activistas y militantes obreros clasistas, en perspectiva revolucionarios.

El paro del 10A abrió una nueva situación en la clase trabajadora, donde millones participaron de una gran acción que fue exitosa y contundente. Es por ello que nuestra militancia debería ser cada vez más audaz y despojarse de toda rutina. Si luego del 20N, se desarrollaron con más ímpetu las primeras agrupaciones clasistas, hoy hay que multiplicar la audacia porque lo que puede surgir hoy puede ser mayor de lo que surgió del paro anterior.

Una muestra de esto la dan los obreros de Donnelley que luego del paro votaron en Asamblea ser parte del Encuentro Sindical Combativo de Norte que se está organizando para el 17 de Mayo. Este ejemplo debería llevarse adelante en todas las fábricas posibles intentando que participen del Encuentro delegaciones de decenas de trabajadores por empresa. Con la misma audacia queremos tomar en estos días la invitación a participar del acto unitario en Plaza de Mayo por el 1° de Mayo, el día internacional de los trabajadores. Es posible que la política y la iniciativa que durante años recayó sobre la militancia partidaria, esta vez sea tomada en sus manos por decenas de nuevos activistas que pegaron un salto en su conciencia y en su disposición de lucha. Se trata de tener iniciativas para que el activismo que se está desarrollando, tome en sus manos la tarea de conquistar una organización superior, haciendo internas militantes, organizando Encuentros con cientos de compañeros, desarrollando agrupaciones clasistas amplias y yendo en común con esos compañeros a la calle para pelear en las paritarias y en la pelea que se abre contra la “ley antipiquetes” y por la absolución de los Petroleros de Las Heras.

Al calor de esta pelea por convertir a la vanguardia obrera en sujeto activo, de la recuperación de las internas y sindicatos, y de la creación de organismos de coordinación para la lucha, es decir, en un actor de la vida política y sindical de cada zona y del país, es que el PTS desarrolla la agitación política de un programa y una perspectiva para que la crisis la paguen los capitalistas (incluyendo la que podamos hacer desde el FIT), ganando mediante la propaganda y la formación marxista a nuevos compañeros conscientemente socialistas, como parte de la lucha por poner en pie un partido revolucionario de vanguardia, obrero e internacionalista.

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