Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
24 de noviembre de 2017

La Verdad Obrera Nro 258

CONTACTO laverdadobrera@pts.com.ar

LAS JORNADAS DECISIVAS (PARTE I)

El doble poder y la insurrección

08 Nov 2007 | A 90 años, la actualidad de la Revolución Rusa hace de su estudio pormenorizado una tarea imprescindible para todos aquellos que luchamos por derrotar al capitalismo e instaurar una sociedad socialista. La Verdad Obrera y el Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx”, hemos entregado a nuestros lectores, durante todo el 2007, la historia y las lecciones de la revolución más grande de todos los tiempos. Durante este mes de noviembre dedicaremos mayor espacio para difundir las publicaciones y actividades que estamos realizando y presentaremos una serie de notas polemizando con las posiciones sostenidas por distintos intelectuales en la prensa masiva en torno al acontecimiento revolucionario.   |   comentarios

Los sucesos de octubre se desencadenaban rápidamente, y más aún cuando la dirección bolchevique decide encaminar sus esfuerzos en la preparación de la insurrección contra el gobierno provisional. Este acto de determinación fue decisivo a la hora del triunfo de la revolución rusa.

A diferencia de otras insurrecciones revolucionarias, el momento de “auge revolucionario del pueblo” contaba con la participación y acción conciente de una organización política marxista de la clase trabajadora rusa. Esta organización política no se creía sustituto o representante general del “pueblo revolucionario”. No sólo hablaba en su nombre sino que actuaba mediante la participación activa de los obreros y soldados. Los bolcheviques no eran sólo un cuerpo de hombres decididos, que en el mes de octubre de 1917 derrocaba a la burguesía. Así se habían concebido por ejemplo los seguidores de Blanqui quienes habían preparado y participados de un puñado de insurrecciones en el siglo XIX. Tampoco eran los bolcheviques una formación especial militar como posteriores concepciones inspiradas en la revolución cubana de la década del ‘60 del siglo XX, cuya expresión más genuina fue el Che Guevara.

Los bolcheviques prepararon y efectuaron la insurrección porque contaron con la participación activa de las masas, las cuales se encontraban organizadas en instituciones democráticas como los soviets y las cuales eran las dueñas efectivas de las armas. Los bolcheviques poseían así poder militar sólo porque contaba con el concurso de estas instituciones democráticas. Sólo de esta manera la insurrección puede concebirse como un arte, como una combinación de creación conciente y espontánea de las masas obreras y populares. El 10 de octubre los bolcheviques habían fijado que el partido debía instar a la toma del poder, única manera de garantizar la “libertad” de reunión y deliberación de la plenaria general del soviet. Mientras tanto, la base de los soviets de obreros y soldados comenzaba a ampliar su enfrentamiento con el Comité Ejecutivo del Congreso de los Soviets (el Tsik), aún en manos de los partidos conciliadores. El periodo de colaboración con la burguesía estaba llegando a su fin.

El gobierno provisional en el vacío

Mientras la prensa burguesa y patriótica llamaba (e incitaba) al orden reaccionario contra Petrogrado, la primer disputa se planteó en torno a cuál era la institución que poseía autoridad de mando, es decir legitimidad sobre el poder armado. Si el gobierno provisional, al cual los partidos conciliadores sostenían contra las masas, o al soviet de obreros y soldados que prontamente tomaba un carácter radicalizado impulsado por el aumento de las simpatías hacia el bolchevismo. De aquí que la guarnición de Petrogrado y su actitud ante la guerra una vez más fue la máxima expresión del agudo conflicto de clases en el seno de la “democracia revolucionaria” de la dualidad de poderes. Los generales del ejército de la “republica de febrero” ordenaron a la guarnición de Petrogrado ir en ayuda de los soldados en el frente. El primer objetivo era alejar a la tropa de la ciudad. El segundo, entregarla a las tropas alemanas para garantizar el aplastamiento de la ciudadela. La comuna de Paris de 1871 era el antecedente inmediato que recordaba hasta dónde era capaz de llegar la autodefensa internacionalista de la burguesía cuando se cuestionaba la propiedad del capital.

Los soldados estaban en contra de partir al frente, desconfiaban de los propósitos del gobierno provisional. Los representantes conciliadores querían, al igual que en junio, contar con el apoyo de los soviets para aprobar los planes del gobierno. Esa vez había sido otorgando un voto de confianza y se impulsó la participación de los soviets en la ofensiva militar imperialista. Pero las relaciones de fuerzas habían sido modificadas y los delegados de la guarnición no aceptaban los argumentos de los mencheviques. Fue por esta razón que los conciliadores propusieron la conformación de una comisión especial que investigara y dictaminara sobre los verdaderos motivos del traslado de la tropa. Esta comisión especial, la cual fue apoyada e integrada por lo bolcheviques, fue uno de los principales órganos dirigentes de la insurrección. El otro órgano destacado de la insurrección fue la Asamblea permanente de la Guarnición de Petrogrado.

Las armas de la revolución socialista: Audacia, audacia y más audacia
La principal arma con la que contó la insurrección bolchevique fueron la audacia política de este partido y las tendencias insurreccionales de la clase obrera, de los soldados y de los campesinos pobres. Nuevos sectores se sumaban a la insurrección a cada día. De esta manera relata John Reed (ver recuadro) que los soldados que protegían al Smolny no conocían a Trotsky, negándole el ingreso al palacio de donde había salido hacia pocas horas antes para hablar en las asambleas de la guarnición. El Smolny era la sede del Comité Militar Revolucionario. Los partidos conciliadores como los socialistas revolucionarios y el menchevismo, quienes azuzaban contra del llamado de Lenin a la insurrección, no dieron su apoyo a los llamados del gobierno provisional a la represión y el aplastamiento de la ciudad.

A diferencia del mes de julio, donde habían utilizado el soviet para apoyar la represión contra la vanguardia, indicaban los conciliadores a Kerenski que esta vez no colaborarían con el gobierno provisional en esa tarea. El aislamiento de la burguesía era así particularmente evidente. En esta atmósfera las órdenes de disciplinamiento emitidas por el Estado Mayor del ejército cayeron en el vacío e impulsaron a la sublevación de la guarnición contra el gobierno provisional. La guarnición pronto contó con la participación activa del proletariado, y las guardias rojas actuaron abiertamente en la ciudad.

En esta situación el Comité Militar Revolucionario presentaba las acciones ofensivas (la toma de las estaciones de trenes, la telefónica, la protección de los edificios donde funcionaban los soviets, etc.) como parte de las medidas de autodefensa de los obreros y soldados contra los movimientos de la reacción y del gobierno provisional. Con su decisión firme, el comité desbarataba cada una de las maniobras del gobierno, mientras cada una de las instituciones creadas por las masas reconocía como única autoridad a aquella proveniente de los soviets. Si en febrero, luego de la insurrección, se había realizado una “transferencia voluntaria” del poder de las masas de obreros y soldados a la burguesía como indicaba Lenin en sus Tesis de Abril, el mes de octubre mostraba de qué manera los soviets proclamaban ese poder como propio. En estas coordenadas se establecieron las delimitaciones de la lucha.

En el seno y en la estructura de los consejos (Soviets) con la dirección bolchevique comenzaba a transferirse el poder a la vanguardia revolucionaria, a la tropa, la guarnición, las barriadas obreras con sus guardias rojas y al campesino sublevado. La dualidad de poder terminaría sus días no con el aplastamiento sangriento emprendido por la “Republica social” de Francia contra el proletariado y su lucha por la “emancipación del trabajo”. En junio de 1848 el proletariado parisino había perecido en las barricadas. El proletariado petersburgués, a diferencia de su antecesor francés, había ganado una significativa autonomía política respecto del gobierno burgués. De esta forma se había atraído a la masa de soldados y campesinos. Su consigna había sido imponer su propio gobierno, su propia dictadura de clase: la república de los consejos de obreros, soldados y campesinos.
Mientras la ciudad comenzaba a ser gobernada por la autoridad del Comité Militar Revolucionario, por los pasillos del Smolny, comenzaban a llegar los primero delegados del II Congreso de los soviets. Las primeras jornadas decisivas habían transcurrido, y claramente sancionaban que la insurrección, ante los ojos de toda la ciudad y a plena luz del día ganaba sus primeras fortificaciones.

Temas Relacionados: A 90 años de la Revolución Rusa









moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Conectarse
Su mensaje

Este formulario acepta atajos SPIP [->url] {{negrita}} {cursiva} <quote> <code> código HTML <q> <del> <ins>. Para separar párrafos, simplemente deje líneas vacías.

  • No hay comentarios a esta nota