Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
19 de octubre de 2017

Nacional

DURA CRITICA A LOS ORGANISMOS DE DERECHOS HUMANOS EN EL DISCURSO

El difícil equilibrio de Blumberg

27 Aug 2004 | Con un discurso que incorporó ribetes políticos y críticas a los organismos de derechos humanos, Juan Carlos Blumberg explicó ante una nutrida multitud reunida en el Congreso las propuestas sobre seguridad que entregó a los legisladores.   |   comentarios

Tras entregar en el Congreso un extenso petitorio sobre seguridad, que incluyó también propuestas políticas, Juan Carlos Blumberg habló a una multitud concentrada en la Plaza del Congreso. “Muchos pusieron piedras en el camino para que no seamos tantos –se quejó ante un público silencioso y ordenado que levantaba sus velas encendidas–, pero estamos aquí aunque nos corten los puentes y nos levanten programas de televisión, llegamos todos unidos para reclamar justicia y seguridad.” Tratando de hacer un difícil equilibrio entre el reclamo de la convocatoria, los temas específicamente políticos y las expectativas de la gente movilizada, Blumberg pareció salirse del discurso preparado cuando criticó a los organismos de derechos humanos: “Porque acá –exclamó–, los derechos humanos son solamente para los delincuentes, no para los ciudadanos como ustedes, a mí nadie me vino a ver de los derechos humanos cuando mataron a Axel”.
Más allá de la guerra de cifras –los organizadores dijeron 180 mil, la Policía Federal, 30 mil–, esta tercera marcha demostró que la convocatoria de Blumberg es masiva. Por sus características, no se produjeron grandes trastornos de tránsito, ya que los manifestantes llegaron a pie o en sus propios vehículos y casi al mismo tiempo. No hubo transportes, ni concentraciones previas como suele suceder en otros actos. Poco antes de las 19 parecía que la concurrencia sería bastante menor, pero la gente, prácticamente en su totalidad de clase media y media alta, terminó de llegar poco antes de las 19.30, cuando Blumberg salió a la escalinata del Congreso.
Sin pancartas, tan sólo algunas con las fotografías de las víctimas de la violencia delictiva, llevadas en su mayoría por familiares que ocuparon la zona más cercana al palco que se había levantado en la escalinata del Congreso, sobre la avenida Entre Ríos, tampoco había cantos o consignas que distinguieran a grupos políticos o sociales. La concentración se fue realizando en silencio, bajo la música atronadora de Vangelis que emitían los altavoces del sistema de sonido. Primero fue ocupada la cuadra de la avenida Entre Ríos, frente al Congreso, y luego las escalinatas del monumento, donde los manifestantes tomaron asiento, entre vendedores de velas, que anoche hicieron su agosto, y algunos vendedores de choripán, que no tuvieron el mismo éxito. Poco a poco se fue llenando también Hipólito Yrigoyen, hasta la altura del monumento, y Rivadavia hasta una cuadra más atrás.
En el palco se encontraba el Coro Kennedy, con sus integrantes vestidos con camisas blancas y chalecos. Un locutor agradeció varias veces la presencia de la gente, del Coro Kennedy y remarcó la compañía de otros familiares de víctimas de la violencia delictiva, como el joven Cristian Ramaro, que estuvo secuestrado, los padres de Nicolás Garnil y Susana Peraza, madre de un joven asesinado, así como familiares de Diego Peralta y Ariel Strajman, entre otros. Antes de su discurso, Blumberg convocó a cantar el Himno Nacional y luego pidió un minuto de silencio “por todas las víctimas de la delincuencia y víctimas del gatillo fácil”.
Los primeros en hablar fueron los representantes de las iglesias Judía, Evangelista y Católica, el rabino Sergio Bergman, el pastor Rubén Prognetti y el cura Alderico González. En general, los religiosos exaltaron la demostración de responsabilidad cívica del acto, reclamaron justicia y pidieron por la paz. El rabino Bergman agregó también el derecho a “tener una política de Estado que nos restituya la justicia y la paz que merecemos”.
La gente, la mayoría gente mayor y algunos jóvenes, se mantuvo en silencio mientras hablaron los religiosos y se limitaba a levantar las miles de velas en señal de aprobación a algunas de sus reflexiones. Para una ciudad más acostumbrada a las concentraciones políticas o de los movimientos sociales, que suelen tener una composición más heterogénea, el contraste con la homogeneidad de este acto era muy fuerte. Desde clase media hasta personas muy bien vestidas, que parecían arregladas especialmente para participar en la marcha como si se tratara de un evento social, prácticamente no había grupos o sectores más humildes y algún vendedor de Hecho en Buenos Aires trataba con poco éxito de vender su revista. Como si el acto expresara de manera muy fuerte la forma en que sensibiliza a un sector importante de la sociedad la problemática de la seguridad, pero recortándolo de otros sectores que también la sufren.
Sin embargo, esa homogeneidad en la composición social no implicaba la misma uniformidad en cuanto a expectativas políticas o relativas incluso a la problemática de la seguridad. En ese aspecto, daba la impresión de mayor heterogeneidad, donde coincidieron desde personas convocadas emotivamente hasta otras con gran rechazo a los políticos en general y otras sin definición en ese punto pero interesados en el tema de la seguridad.
En varios momentos de su discurso, Blumberg fue interrumpido por el público, especialmente el que se encontraba más cerca del palco, que abucheó y silbó cuando se mencionó a los políticos. En todos esos casos, el orador se mostró mesurado con exhortaciones a usar el voto: “No nos expresemos así –respondió a los abucheos–, respetemos a la democracia y mañana tenemos la fuerza del voto; ellos tienen la suerte y nosotros también de que tenemos propuestas que les hemos entregado a los legisladores para que las enriquezcan”, agregó entre nuevos chiflidos.
En general, la mayoría de las interrupciones provino de las personas que estaban más cerca del palco, con los que Blumberg estableció una suerte de diálogo, pero algunos de los abucheos luego se extendían al resto de la concentración. En su lectura de los puntos que entregó a los legisladores, Blumberg hizo especial mención a la “reforma integral del régimen de minoridad y la modificación del régimen de inimputabilidad” que recibió fuertes aplausos.
En otro momento aclaró que había recibido “muchísimos llamados telefónicos para que incluyera el pedido de una reforma política para acabar con las listas sábana, instalar el voto electrónico y promover una ley de financiamiento de los partidos políticos”. Esta irrupción de los temas políticos en la problemática de la seguridad fue recibida por una ovación, pero lo cierto es que introduce a Blumberg justamente en un terreno donde no hay tanta homogeneidad entre la gente que participa en esa convocatoria.
Pero la chiflatina fue mayor cuando mencionó que entregaría sus propuestas “al señor gobernador Felipe Solá y a su ministro de Seguridad, León Arslanian”. Sólo fue superada por la que provocó la mención de la jefa de los fiscales de la provincia de Buenos Aires, María del Carmen Falbo. En todos los casos, menos en este último, el orador llamó a la calma. Con respecto a Falbo, dijo que pediría que difunda públicamente las medidas que tomará contra la corrupción.
Pero si mantuvo la serenidad cuando se chifló a los políticos, pareció perder la compostura cuando surgió el tema de los derechos humanos. “Pedimos que, como se hace en otros países, se publiquen fotos de los violadores en toda la ciudad, para que la gente los conozca.” En ese momento, desde abajo del palco gritaron que “en Argentina no se puede hacer por los derechos humanos”. Blumberg no sólo no trató de aplacar a esa gente, sino que, ofuscado, resaltó su crítica a los organismos de derechos humanos: “Sí –enfatizó–, porque acá los derechos humanos son solamente para los delincuentes, no hay derechos humanos para la gente como ustedes, a mí nadie me vino a ver de los derechos humanos cuando mataron a Axel”. La frase sonó como un exabrupto y la gente aplaudió. Finalmente la desconcentración se realizó en forma pacífica mientras Blumberg se dirigía a la Casa de la Provincia de Buenos Aires para entrevistar al gobernador Solá.
 

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