Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
25 de mayo de 2019

La Verdad Obrera N° 502

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El derecho al piquete

22 Nov 2012 | “Ninguna huelga se mantiene ni triunfa sin la existencia de los piquetes. Ellos son el vigor de la lucha, el fuego de primera línea, las brigadas de avanzada en el ataque. En el piquete pueden estar el joven y el viejo, contagiados de la misma fiebre audaz…Esta línea avanza al encuentro del traidor y lo domina, busca al equivocado y lo convence y lo empuja al lado de los camaradas. Del piquete depende la huelga... los piquetes siguen su trabajo indetenido…con la conciencia de que ellos son los que dan y seguirán dándole temple y filo a la huelga…”. (Periódico obrero Spartacus, sobre la huelga de la construcción de 1936)   |   comentarios

  • Huelga en frigorífico Lisandro de la Torre

En su discurso contra el 20N CFK calificó a los piquetes de huelga como “apriete y amenazas”, aunque se preocupó en señalar que ella defiende el derecho de huelga como “sagrado”. En la misma sintonía, el Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, descalificó al paro diciendo que lo que hubo fue un “piquetazo” que impidió la “libertad de trabajo”. Un argumento menemista y patronal de un personaje que ya militaba contra los piquetes de huelga y el movimiento piquetero cuando junto al FREPASO integraba la Alianza.

El piquete produce la huelga, porque toda huelga auténtica se apoya en los piquetes. Su origen es tan viejo como el movimiento obrero y la huelga. En Argentina fueron los sindicatos anarquistas de principios del siglo XX quienes organizaron los piquetes y, desde entonces, estuvieron presentes en las grandes epopeyas de nuestra clase como las luchas del Centenario, la Semana Trágica de 1919 -que comenzó como un enfrentamiento entre los piquetes y los carneros- o las huelgas de los peones rurales de la Patagonia en los ‘20 contra los estancieros británicos, reprimidas a sangre y fuego por otro gobierno “nacional y popular” reivindicado por los K, el de Hipólito Yrigoyen. Fueron los piquetes los que sostuvieron la huelga general de la construcción de 1936. Los que forjaron la “Resistencia peronista”, en realidad, resistencia obrera al régimen fusilador, y los que protagonizaron la ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre y los combates en el barrio de Mataderos en 1959. Así podemos seguir dando ejemplos hasta la gran huelga general de junio y julio de 1975 contra el gobierno peronista de Isabel y López Rega.

En los ’90, el piquete dio los mártires de las luchas obreras y populares. Fue utilizado por los trabajadores desocupados, expulsados de la fuerza de trabajo por el menemismo -que los Kirhcner integraban- y la Alianza, como forma de impedir la circulación de mercancías cortando rutas como en Cutral-Co (donde asesinan a Teresa Rodríguez), General Mosconi (donde cae asesinado Aníbal Verón), General San Martín y Tartagal: nacía el movimiento piquetero.

Volviendo al argumento de la Presidenta, atacar al piquete es atacar el derecho de huelga. Al oponer la “libertad de trabajo” (que es de interés del patrón) al derecho de huelga se niega este último. Como decía Marx, entre dos derechos iguales decide la fuerza. Para la burguesía la única violencia legítima es la legal ya que ésta se ampara en su derecho. Frente a la huelga, el gobierno y los patrones cuentan con sus herramientas de coacción legales, más de tres millones de trabajadores precarizados sin ningún derecho y representación, son chantajeados y extorsionados para ejercer su “libertad de trabajo” contra sus propios intereses de clase; la burocracia sindical aliada a CFK que despoja de protección legal a los trabajadores de sus sindicatos que quieran ir al paro y siempre detrás de ellos la policía y los gendarmes dispuestos a reprimir; y la justicia lista para procesar a luchadores obreros y populares, mientras siempre está latente la amenaza de despido para quienes participen de la huelga. Frente a estas fuerzas extorsivas y represivas de los empresarios y su Estado, ante esta violencia, el piquete es la “fuerza de ley” de la huelga. Precisamente, la huelga es una medida de fuerza que paraliza la producción y circulación de mercancías y es el piquete el que evita que se quiebre la huelga mediante el uso de carneros, y el que garantiza el control de la calle. A lo largo de la historia del movimiento obrero internacional, el piquete se erigió como la organización del activismo para garantizar el derecho de huelga contra la coacción patronal (la “libertad de trabajo”) que se ejerce mediante el carneraje y la represión estatal. Los piquetes del 20N, además, protegieron a los trabajadores precarizados de la extorsión patronal.

Para los trabajadores el derecho al piquete es tan sagrado como el derecho de huelga porque son una y la misma cosa. Formas legítimas de lucha de clases contra la explotación y el abuso de los capitalistas y su Estado.

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  • María

    26 de noviembre de 2012 15:56 - El derecho al piquete

    Para defender nuestros derechos como trabajadores, cuando consideramos medidas injustas, inapropiadas en donde se ven perjudicadas también nuestras fuentes de trabajo,y la de los compañeros, las medidas que se tomen en conjunto en asamblea, como lo es una huelga o un piquete, nadie puede ponerse a discurir a esta altura de la historia, lo "correctamente justo o legal", sería preguntarse "justo para quién? legal para quién?".

    A veces uno hace diferentes lecturas de estas medidas de a cuerdo al contexto político, que juega un papel más que primordial, justamente el juego de poderes de los poderosos y uno como trabajador en el fulgor de la lucha y la defensa puede llegar a caer en un juego donde, somos los que ponemos el cuerpo y la sangre y los muertos, mientras se traman reclamos en las esferas del poder, y un reclamo justo, suele ser empleado como naipe de truinfo para algún burócrata sindical, que lo que menos le interesa es el impuesto a las ganacias , sino sus propias ganancias y su perdurabilidad en ese sillón y como seguir negaciando.
    Hay una escena en "Los hijos de Fierro" de Solanas, donde se hace justamente una partida de poquer. No siempre los representantes ,los delegados, los convocantes representan fielmente al movimiento obrero.

    No me representa la Federación Agraria, ni Moyano,para estar dispuesta a tener un balazo de goma, ni terminar arrastrada dejando huellas de sangre en una estación de avellaneda, por quemar gomas o hacer un cordón, cuando vi un reclamo obsolutamente justo, pero teñido de intereses.
    No compartí esta huelga, pero compartí, marché por muchas, hasta las de los docentes del año pasado, y a lo largo de 28 años, varias corridas de gendarmería y la montada. No soy marxista, pero milité en una agrupación dentro del movimiento justicialista, que dejó una plaza vacía ante la presencia de tantos traidores, que vivió la represión del genocidio del 76 y continuó la militancia por muchos años más, hasta ser esa militante de la vida que continúa defendiendo, no solo la historia del movimiento hobrero, sino las implicancias políticas, económicas, internacionales, sociales, desde siglos pasados y nuestro presente y sigue levantando banderas de lucha y pidiendo juicio y castigo también a los responsables civiles.

    A pesar de mi historia y no compartir esta huelga tampoco compartí las consignas, que convocaban a no parar, me parecía estar eschuchando a los neoliberales históricos de los medios, y no comparto la chicana barata, ni de ellos, ni de nadie que no comparta mi ideología, podemos no compartir, habrá posturas cercanas, agrupaciones o partidos con los que se puede construir, otros con los que no. Se puede convocar o no desde posturas políticas serias, profundas, sinceras.
    Tampoco compartí la respuesta del gobierno, ya que esa respuesta correspondía, para los del otro lado del ring, pero no fue una respuesta para el compañero que sale cada día a dignificar su vida con su trabajo, al obrero que se sube a un andamio sin tener ninguna seguridad laboral, al que ni figura, al que sigue siendo explotado, al que vive en un taller clandestino, al que le descuentan indiscriminadamente por ausentismo grandes sumas por unirse a las huelgas, al que hace que funcionen distintos mecanismos para que algunos tengan gas, luz y agua, ese obrero, ese trabajador, ese sujeto que deja su vida en un riel, que es esa pieza de ajedrez, que puede dar vuelta en forma organizada, la historia, como lo ha demostrado en tantos momentos.

    Cuando marchamos con Ubaldini, no eramos los que te hacian llegar tarde al trabajo, cuando nace el movimiento piquetero, dejando a Dario, a Fuentealba y a tantos compañeros, cuando defendemos nuestro derecho a tener un proyecto nacional donde no haya excluidos, ni hambrientos, no somos los que dificultan el tránsito.
    Respuestas que no son a la altura de quien corresponde y dirigíendose a un movimiento obrero, que más allá de sus dirigentes, tiene muy claro lo que quiere , necesita y reclama y tiene una historia, para sacarse el sombrero.

    Estos derechos son los que nos corresponden, los que también ganamos, es legal, auténtico y más allá de compartir o no el momento, tengo memoria, una memoria histórica, que me permite ver dónde está el verdadero enemigo.