Partido de los Trabajadores Socialistas

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26 de abril de 2019

La Verdad Obrera N° 416 (sólo en internet)

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CRÓNICA SANTACRUCEÑA

El Calafate, un lugar en el mundo... para unos pocos

03 Mar 2011   |   comentarios

La estepa de color pardo se despliega, bella en su aridez ondulante apenas interrumpida por algunos arbustos. Parece continuar infinita, pero los ojos se encuentran repentinamente con un lago de color y textura indescriptible, una especie de espejo gigantesco, de un verde lechoso donde parecen flotar las nubes, tan nítido es el reflejo. Y más allá, se erigen orgullosos los colosos que enmarcan este paisaje, la cordillera majestuosa con bosques a sus pies y glaciares que bajan voluptuosos hasta el agua o permanecen suspendidos en las alturas, ajenos al mundo pequeño de allá abajo, en el valle.

Camino hacia El Calafate, se comprende la fascinación que despiertan estas tierras. El pueblo es una pequeña villa turística a orillas del Lago Argentino, y oficia de puerta de entrada para visitar el famoso glaciar Perito Moreno. Si no se sale de las fronteras de la zona turística, da la impresión de ser un perfecto mundo lujoso y feliz, creado para los turistas (en su mayoría extranjeros) donde todo se paga a precio euro. Según la presidenta, este es su “lugar en el mundo”, y esto resulta perfectamente comprensible viendo los hoteles cinco estrellas (varios de los cuales pertenecen a su familia o allegados), los restaurantes carísimos, o los locales con carteles donde predomina el inglés.

Donde los alambrados siguen extendiéndose

Este “lugar en el mundo” está a 315 km. de Río Gallegos, donde se intalaron los Kirchner mucho antes de que naciera Néstor; esto está documentado, entre otras cosas, por volantes repartidos durante la gran huelga de los peones rurales conocida como la Patagonia Rebelde hace casi un siglo, donde entre otros llamaban a boicotear a la “casa Kirchner”, del usurero abuelo del ex presidente. Cerca de El Calafate, en la estancia La Anita, fueron masacrados por el ejército los huelguistas que intentaban escapar de la represión enviada por el radical Yrigoyen, al mando del general Varela.

A pesar de ser el más conocido, el glaciar Perito Moreno no es el único de la zona, pero el visitante se encontrará con que algunos de ellos sólo son accesibles pagando una entrada a los propietarios de los inmensos latifundios patagónicos. Varios de éstos siguen en manos de los mismos que se adueñaron de la tierra a sangre y fuego, previa matanza o marginación de los pobladores originarios. Otros tantos centenares de miles de hectáreas fueron y son vendidos a potentados locales y extranjeros, que van sumando tranqueras, impidiendo el paso de pobladores originarios a los cauces de agua o simplemente el tránsito por donde siempre han vivido, además de quedar detrás de sus alambrados grandes áreas de riqueza natural que debería pertenecer al Parque Nacional Los Glaciares, como patrimonio natural de la humanidad. Por dar un ejemplo, en este momento es imposible llegar hasta el glaciar Upsala si no se paga a los dueños de la estancia La Cristina, que cobra alrededor de 600 dólares la noche de estadía. En cuanto al patrimonio arqueológico se refiere, uno de los mayores tesoros de la zona, que incluye cuevas con pinturas rupestres hechas por los primeros habitantes del continente, está dentro de la estancia La María; el que no pueda pagar la entrada y el tour, siempre puede comprarse una postal. Muchos propietarios devinieron de empresarios ganaderos en operadores de turismo vip, o combinan ambas actividades.

Más allá de los casos más conocidos como el de los Benetton, decenas de empresarios argentinos y extranjeros siguen adquiriendo tierras en la zona, muchas veces a precios irrisorios. Es teniendo en cuenta esto que hay que interpretar las palabras de la Presidenta en su discurso del 1° de marzo, al anunciar que el oficialismo enviaría un proyecto de ley sobre la propiedad de la tierra al Parlamento: aclaró repetidas veces que el objetivo estaba lejos de desalentar las inversiones o ser “xenófobos” (o sea, limitar la venta o explotación de tierras por parte de extranjeros). Pero se cuidó bien de mencionar a quienes a fines de 2010 pusieron sobre la mesa verdaderamente la cuestión de la tierra y la vivienda: los “sin techo” que ocuparon el Parque Indoamericano y fueron brutalmente reprimidos, y los QOM que todavía acampan en Buenos Aires, luego de que algunos de sus hermanos tobas fueran muertos por las fuerzas represivas del kirchnerista Insfrán al servicio de los terratenientes en Formosa, cuando defendían su derecho a permanecer en sus tierras ancestrales.

La mirada vuelve a perderse en el paisaje por momentos desértico, por momentos boscoso y húmedo de la Patagonia. Los gigantes de hielo continúan vigilando desde las alturas, ignorando que a miles de kilómetros gobernadores y diputados preparan leyes tramposas para que las multinacionales mineras sigan lucrando aún a costa de su desaparición, con el sanjuanino Gioja como abanderado. Desde la ruta, los alambrados parecen un detalle ínfimo frente al panorama circundante. Pero no lo son. Son una realidad especialmente cruda para quienes han sido marginados y desplazados por los intereses de los terratenientes y los gobernantes. El Calafate demuestra que el corazón del kirchnerismo reside en un lugar muy alejado del discurso “nacional y popular” promovido por los medios oficialistas, un “lugar en el mundo” hoy inaccesible para la mayoría del pueblo.









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