Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
18 de junio de 2019

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Israel profundiza su escalada militar

Después de once meses de Intifada

23 Aug 2001   |   comentarios

En las últimas semanas se ha agudizado la "guerra de baja intensidad" que Israel ha lanzado para derrotar el levantamiento de las masas palestinas que ya lleva once meses. El gobierno del derechista Ariel Sharon profundizó su campaña de "asesinatos selectivos" de reconocidos dirigentes de la Intifada, pertenecientes a distintas tendencias -Fatah, Hamas y Jihad- a los que considera "terroristas", elevando la cifra de muertos palestinos a 660, de los cuales el 80% serían niños y jóvenes armados sólo con piedras.
Esta "novedosa" táctica de "asesinatos preventivos", que recibió el apoyo del vicepresidente norteamericano Dick Cheney como una medida de "legítima defensa" contra el "terrorismo", fue presentada por Israel como una forma efectiva de disuadir a los activistas palestinos, obligar a sus dirigentes a vivir en la clandestinidad, y evitar tener que tomar acciones militares de gran envergadura, como los bombardeos a poblaciones civiles con aviones de guerra F16, que fueron duramente criticados por la "comunidad internacional". Hasta ahora esta política no ha logrado desorganizar las fuerzas de la Intifada.
Esta ofensiva militar israelí, junto con un ahogo económico que ha llevado a una situación desesperante a las masas palestinas en los territorios ocupados, no ha hecho más que alimentar la resistencia a la ocupación y alentar los atentados suicidas frente a una relación de fuerzas totalmente desigual. En este marco, se inscriben los últimos atentados con explosivos reivindicados por Hamas y Jihad en Jerusalén a principios de agosto.
Tras estos atentados, el gobierno de Sharon lanzó una ofensiva sobre el sector árabe de Jerusalén capturando nueve edificios palestinos, entre ellos la Casa de Oriente, un símbolo de la presencia palestina y del ya enterrado "proceso de paz".
La escalada israelí no se detuvo allí. En una acción militar sin precedentes, las Fuerzas de Defensa Israelí penetraron con tanques durante algunas horas en Jenin, una ciudad densamente poblada al noroeste de la Franja Occidental bajo el control de la Autoridad Nacional Palestina, destruyendo oficinas de la policía y las fuerzas de elite.
Sin embargo, para la derecha sionista, el Likud, los colonos y los partidos religiosos, que forman parte del gobierno de unidad nacional junto con los laboristas, estas medidas de Sharon no son suficientes y exigen que cumpla con sus promesas de aplastar a las masas palestinas. A tono con el clima derechista, en los últimas días han transcendido distintos planes que viene discutiendo el gabinete israelí, que incluyen desde la destrucción total de la Autoridad Nacional Palestina y la perspectiva de ocupar una a una las grandes ciudades palestinas, desarmar a la policía y arrestar a los que Israel considera "terroristas", hasta la separación unilateral de Israel, con el trazado de sus propias fronteras, apoyados por sectores del partido laborista. La izquierda sionista pacifista ha mostrado su propia impotencia y su crisis para revertir esta derechización.

Los fracasos de las "treguas"

Hasta el momento, Sharon ha optado mantener las operaciones militares selectivas y el bloqueo de las ciudades palestinas, reteniendo los edificios e instituciones capturados en los últimos días. Esto iría acompañado de una nueva maniobra diplomática encabezada por su ministro de relaciones exteriores, el laborista Shimon Peres. Según informa el diario israelí Haaretz del 20-8, "Peres espera que Egipto y Estados Unidos convenzan a Arafat de reunirse con él sin precondiciones", la propuesta sería un plan de "cese del fuego gradual", aliviando el bloqueo económico y de circulación en aquellas ciudades donde cesen los enfrentamientos a las fuerzas israelíes. Y continúa planteando que "La tregua comenzaría en Gaza, tanto porque la Autoridad Palestina tiene más control en Gaza que en la Franja Occidental como porque el ahogo económico es peor en esa región".
Pero es muy difícil que esta política tenga éxito, sobre todos tras el fracaso del plan de cese del fuego del titular de la CIA, Tenet, y del intento de crear una nueva estructura de negociación alrededor del llamado "informe Mitchell". La política imperialista de "acuerdos de paz", impulsada por el anterior gobierno norteamericano de Clinton ha entrado en una crisis terminal. La política exterior del actual gobierno republicano de George Bush se basa en la premisa de intervenir activamente sólo en aquellos puntos del planeta en los que está en juego directamente "el interés nacional" norteamericano. En Medio Oriente, por la importancia estratégica de la región, el gobierno de Bush no puede retirarse, aunque mantiene una política de menor intervención directa, tratando de que sean sus aliados regionales, Israel y Egipto, los que intenten una solución al conflicto. A diferencia de Clinton, que actuaba como anfitrión de "cumbres" e impulsor de "acuerdos", Bush se ha limitado a emitir declaraciones para evitar que las respuestas de Israel sean intolerables y para condenar a la Autoridad Palestina por su inacción para "combatir al terrorismo".
La política de la Autoridad Nacional Palestina de seguir confiando en que las potencias imperialistas de la Unión Europea, las Naciones Unidas y los reaccionarios gobiernos árabes presionarán a Estados Unidos y a Israel a volver a la mesa de diálogo, o desplegarán "observadores internacionales" para evitar que continúe la ofensiva militar israelí, está en bancarrota. Los gobiernos de la Liga Arabe, más allá de algunas declaraciones, están más preocupados porque el conflicto no escale a nivel regional y por mantener sus lazos con el imperialismo y el estado de Israel. También intentan evitar que las masas de sus propios países salgan nuevamente a las calles a apoyar la Intifada, que goza de gran popularidad. Su apoyo se ha reducido a menos de la mitad de la ayuda económica prometida a Arafat.
Las expectativas de Arafat se han disipado luego de que Egipto declinara su apoyo al llamado de observadores internacionales, haciéndose eco de la posición de Estados Unidos de que "debe haber una intención genuina de llegar a la paz en la región".
Es que cualquier alternativa "diplomática" presupone la derrota de la Intifada palestina, principalmente de sus sectores más radicalizados, lo que Arafat no está en condiciones de garantizar.
La dinámica de los acontecimientos no descarta la posiblidad de que Israel utilice variantes más duras, que incluyen la reocupación permanente de las zonas palestinas, en caso de que su táctica de "asesinatos selectivos" no sea suficiente para detener los atentados suicidas y la Intifada. Según un analista, "la situación se seguirá deteriorando hasta que finalmente alcance una guerra abierta. Una cadena de eventos similares llevó al estallido de la Campaña del Sinaí en 1956 y después al de la Guerra de los Seis Días en 1967. (...) Aunque el gobierno no quiere una guerra abierta ni está interesado en que el conflicto actual con los palestinos se extienda más allá de sus fronteras, su acción actual llevará inevitablemente a cada vez más penetraciones israelíes en el Area A" [zona bajo el control de la Autoridad Palestina N. de R.] (Haaretz 15-8-01). Hasta ahora Israel está evitando esta variante que tendría un gran costo, dado que se vería obligado a realizar una verdadera masacre.

La encrucijada del levantamiento palestino

A once meses del inicio de la Intifada, las masas palestinas siguen dispuestas a seguir resistiendo la ocupación israelí, a la vez que se profundiza el desprestigio y la debilidad de Arafat, situación agravada también por los ataques israelíes que ha destruido sus cuarteles y asesinado a varios de sus jefes militares.
El desgaste de Arafat sigue alimentando las filas de las fracciones más radicales del movimiento palestino, incluidos sectores de su propia organización, Fatah, que participan en acciones comunes con Hamas. La relación de fuerzas no le permite a Arafat cumplir con la exigencia israelí de encarcelar a los miembros de estas organizaciones. Según un análisis del diario Washington Post del 14-8, "Con cada funeral palestino, y con cada asesinato, ataque con misiles o disparos contra jóvenes que tiran piedras por parte de los israelíes, la atracción de Hamas se profundiza y se extiende (...) Las fracciones seculares palestinas se han encontrado avanzando hacia las posiciones que Hamas ha sostenido durante mucho tiempo -que el proceso de paz es una pérdida de tiempo y que el enemigo sólo entiende la fuerza, la resistencia y la intifada", y más adelante plantea que este apoyo se ha extendido a sectores de clase media laica, principalmente profesionales, que si bien no apoyan la estrategia de Hamas de establecer un estado teocrático, razonan que "si Hamas pelea contra la ocupación, lo respetamos". El fortalecimiento de estas variantes, el llamado de dirigentes de Fatah, como Marwan Bargohuti a redoblar la Intifada, reflejan distorsionadamente la enorme disposición de la gran mayoría de las masas palestinas a terminar con la ocupación colonial israelí, que las ha condenado a una subsistencia miserable en los territorios palestinos, verdaderos campos de concentración, rodeados por trincheras, tropas israelíes y colonos, a luchar por el derecho al retorno de los refugiados palestinos y a conseguir la autodeterminación nacional. Sin embargo, estas direcciones nacionalistas e islámicas, con sus acciones militares individuales e indiscriminadas, mientras las amplias masas resisten la ofensiva de las tropas israelíes con piedras, no tienen una estrategia independiente de los reaccionarios regímenes árabes, teocráticos o laicos, y son un obstáculo para la amplia autorganización democrática e independiente de la Intifada palestina, para superar el estado actual de resistencia.
El estado de Israel está dispuesto a agravar aún más las condiciones de opresión y a redoblar su ofensiva militar. En esta situación crítica, las masas palestinas necesitan de la más amplia solidaridad internacional activa. Los trabajadores y los jóvenes que combaten contra el imperialismo en los países semicoloniales, o los miles de jóvenes anticapitalistas que se movilizan en los países centrales, debemos tomar como propia la lucha de las masas palestinas. El levantamiento palestino debe dar un nuevo salto, uniéndose en primer lugar a la clase obrera de los países árabes y musulmanes, para enfrentar la ofensiva en curso. Debe dotarse de una estrategia y una dirección independiente de las direcciones nacionalistas y teocráticas, que luche por la destrucción del estado racista de Israel, la expulsión del imperialismo y el establecimiento de un estado palestino laico, obrero y socialista en el conjunto de los territorios donde vivan árabes y judíos, única garantía de una verdadera paz en la región, sin opresores ni oprimidos, en la lucha por una federación de repúblicas socialistas en Medio Oriente.
En las últimas semanas se ha agudizado la "guerra de baja intensidad" que Israel ha lanzado para derrotar el levantamiento de las masas palestinas que ya lleva once meses. El gobierno del derechista Ariel Sharon profundizó su campaña de "asesinatos selectivos" de reconocidos dirigentes de la Intifada, pertenecientes a distintas tendencias -Fatah, Hamas y Jihad- a los que considera "terroristas", elevando la cifra de muertos palestinos a 660, de los cuales el 80% serían niños y jóvenes armados sólo con piedras.
Esta "novedosa" táctica de "asesinatos preventivos", que recibió el apoyo del vicepresidente norteamericano Dick Cheney como una medida de "legítima defensa" contra el "terrorismo", fue presentada por Israel como una forma efectiva de disuadir a los activistas palestinos, obligar a sus dirigentes a vivir en la clandestinidad, y evitar tener que tomar acciones militares de gran envergadura, como los bombardeos a poblaciones civiles con aviones de guerra F16, que fueron duramente criticados por la "comunidad internacional". Hasta ahora esta política no ha logrado desorganizar las fuerzas de la Intifada.
Esta ofensiva militar israelí, junto con un ahogo económico que ha llevado a una situación desesperante a las masas palestinas en los territorios ocupados, no ha hecho más que alimentar la resistencia a la ocupación y alentar los atentados suicidas frente a una relación de fuerzas totalmente desigual. En este marco, se inscriben los últimos atentados con explosivos reivindicados por Hamas y Jihad en Jerusalén a principios de agosto.
Tras estos atentados, el gobierno de Sharon lanzó una ofensiva sobre el sector árabe de Jerusalén capturando nueve edificios palestinos, entre ellos la Casa de Oriente, un símbolo de la presencia palestina y del ya enterrado "proceso de paz".
La escalada israelí no se detuvo allí. En una acción militar sin precedentes, las Fuerzas de Defensa Israelí penetraron con tanques durante algunas horas en Jenin, una ciudad densamente poblada al noroeste de la Franja Occidental bajo el control de la Autoridad Nacional Palestina, destruyendo oficinas de la policía y las fuerzas de elite.
Sin embargo, para la derecha sionista, el Likud, los colonos y los partidos religiosos, que forman parte del gobierno de unidad nacional junto con los laboristas, estas medidas de Sharon no son suficientes y exigen que cumpla con sus promesas de aplastar a las masas palestinas. A tono con el clima derechista, en los últimas días han transcendido distintos planes que viene discutiendo el gabinete israelí, que incluyen desde la destrucción total de la Autoridad Nacional Palestina y la perspectiva de ocupar una a una las grandes ciudades palestinas, desarmar a la policía y arrestar a los que Israel considera "terroristas", hasta la separación unilateral de Israel, con el trazado de sus propias fronteras, apoyados por sectores del partido laborista. La izquierda sionista pacifista ha mostrado su propia impotencia y su crisis para revertir esta derechización.

Los fracasos de las "treguas"

Hasta el momento, Sharon ha optado mantener las operaciones militares selectivas y el bloqueo de las ciudades palestinas, reteniendo los edificios e instituciones capturados en los últimos días. Esto iría acompañado de una nueva maniobra diplomática encabezada por su ministro de relaciones exteriores, el laborista Shimon Peres. Según informa el diario israelí Haaretz del 20-8, "Peres espera que Egipto y Estados Unidos convenzan a Arafat de reunirse con él sin precondiciones", la propuesta sería un plan de "cese del fuego gradual", aliviando el bloqueo económico y de circulación en aquellas ciudades donde cesen los enfrentamientos a las fuerzas israelíes. Y continúa planteando que "La tregua comenzaría en Gaza, tanto porque la Autoridad Palestina tiene más control en Gaza que en la Franja Occidental como porque el ahogo económico es peor en esa región".
Pero es muy difícil que esta política tenga éxito, sobre todos tras el fracaso del plan de cese del fuego del titular de la CIA, Tenet, y del intento de crear una nueva estructura de negociación alrededor del llamado "informe Mitchell". La política imperialista de "acuerdos de paz", impulsada por el anterior gobierno norteamericano de Clinton ha entrado en una crisis terminal. La política exterior del actual gobierno republicano de George Bush se basa en la premisa de intervenir activamente sólo en aquellos puntos del planeta en los que está en juego directamente "el interés nacional" norteamericano. En Medio Oriente, por la importancia estratégica de la región, el gobierno de Bush no puede retirarse, aunque mantiene una política de menor intervención directa, tratando de que sean sus aliados regionales, Israel y Egipto, los que intenten una solución al conflicto. A diferencia de Clinton, que actuaba como anfitrión de "cumbres" e impulsor de "acuerdos", Bush se ha limitado a emitir declaraciones para evitar que las respuestas de Israel sean intolerables y para condenar a la Autoridad Palestina por su inacción para "combatir al terrorismo".
La política de la Autoridad Nacional Palestina de seguir confiando en que las potencias imperialistas de la Unión Europea, las Naciones Unidas y los reaccionarios gobiernos árabes presionarán a Estados Unidos y a Israel a volver a la mesa de diálogo, o desplegarán "observadores internacionales" para evitar que continúe la ofensiva militar israelí, está en bancarrota. Los gobiernos de la Liga Arabe, más allá de algunas declaraciones, están más preocupados porque el conflicto no escale a nivel regional y por mantener sus lazos con el imperialismo y el estado de Israel. También intentan evitar que las masas de sus propios países salgan nuevamente a las calles a apoyar la Intifada, que goza de gran popularidad. Su apoyo se ha reducido a menos de la mitad de la ayuda económica prometida a Arafat.
Las expectativas de Arafat se han disipado luego de que Egipto declinara su apoyo al llamado de observadores internacionales, haciéndose eco de la posición de Estados Unidos de que "debe haber una intención genuina de llegar a la paz en la región".
Es que cualquier alternativa "diplomática" presupone la derrota de la Intifada palestina, principalmente de sus sectores más radicalizados, lo que Arafat no está en condiciones de garantizar.
La dinámica de los acontecimientos no descarta la posiblidad de que Israel utilice variantes más duras, que incluyen la reocupación permanente de las zonas palestinas, en caso de que su táctica de "asesinatos selectivos" no sea suficiente para detener los atentados suicidas y la Intifada. Según un analista, "la situación se seguirá deteriorando hasta que finalmente alcance una guerra abierta. Una cadena de eventos similares llevó al estallido de la Campaña del Sinaí en 1956 y después al de la Guerra de los Seis Días en 1967. (...) Aunque el gobierno no quiere una guerra abierta ni está interesado en que el conflicto actual con los palestinos se extienda más allá de sus fronteras, su acción actual llevará inevitablemente a cada vez más penetraciones israelíes en el Area A" [zona bajo el control de la Autoridad Palestina N. de R.] (Haaretz 15-8-01). Hasta ahora Israel está evitando esta variante que tendría un gran costo, dado que se vería obligado a realizar una verdadera masacre.

La encrucijada del levantamiento palestino

A once meses del inicio de la Intifada, las masas palestinas siguen dispuestas a seguir resistiendo la ocupación israelí, a la vez que se profundiza el desprestigio y la debilidad de Arafat, situación agravada también por los ataques israelíes que ha destruido sus cuarteles y asesinado a varios de sus jefes militares.
El desgaste de Arafat sigue alimentando las filas de las fracciones más radicales del movimiento palestino, incluidos sectores de su propia organización, Fatah, que participan en acciones comunes con Hamas. La relación de fuerzas no le permite a Arafat cumplir con la exigencia israelí de encarcelar a los miembros de estas organizaciones. Según un análisis del diario Washington Post del 14-8, "Con cada funeral palestino, y con cada asesinato, ataque con misiles o disparos contra jóvenes que tiran piedras por parte de los israelíes, la atracción de Hamas se profundiza y se extiende (...) Las fracciones seculares palestinas se han encontrado avanzando hacia las posiciones que Hamas ha sostenido durante mucho tiempo -que el proceso de paz es una pérdida de tiempo y que el enemigo sólo entiende la fuerza, la resistencia y la intifada", y más adelante plantea que este apoyo se ha extendido a sectores de clase media laica, principalmente profesionales, que si bien no apoyan la estrategia de Hamas de establecer un estado teocrático, razonan que "si Hamas pelea contra la ocupación, lo respetamos". El fortalecimiento de estas variantes, el llamado de dirigentes de Fatah, como Marwan Bargohuti a redoblar la Intifada, reflejan distorsionadamente la enorme disposición de la gran mayoría de las masas palestinas a terminar con la ocupación colonial israelí, que las ha condenado a una subsistencia miserable en los territorios palestinos, verdaderos campos de concentración, rodeados por trincheras, tropas israelíes y colonos, a luchar por el derecho al retorno de los refugiados palestinos y a conseguir la autodeterminación nacional. Sin embargo, estas direcciones nacionalistas e islámicas, con sus acciones militares individuales e indiscriminadas, mientras las amplias masas resisten la ofensiva de las tropas israelíes con piedras, no tienen una estrategia independiente de los reaccionarios regímenes árabes, teocráticos o laicos, y son un obstáculo para la amplia autorganización democrática e independiente de la Intifada palestina, para superar el estado actual de resistencia.
El estado de Israel está dispuesto a agravar aún más las condiciones de opresión y a redoblar su ofensiva militar. En esta situación crítica, las masas palestinas necesitan de la más amplia solidaridad internacional activa. Los trabajadores y los jóvenes que combaten contra el imperialismo en los países semicoloniales, o los miles de jóvenes anticapitalistas que se movilizan en los países centrales, debemos tomar como propia la lucha de las masas palestinas. El levantamiento palestino debe dar un nuevo salto, uniéndose en primer lugar a la clase obrera de los países árabes y musulmanes, para enfrentar la ofensiva en curso. Debe dotarse de una estrategia y una dirección independiente de las direcciones nacionalistas y teocráticas, que luche por la destrucción del estado racista de Israel, la expulsión del imperialismo y el establecimiento de un estado palestino laico, obrero y socialista en el conjunto de los territorios donde vivan árabes y judíos, única garantía de una verdadera paz en la región, sin opresores ni oprimidos, en la lucha por una federación de repúblicas socialistas en Medio Oriente.

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