Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
20 de octubre de 2017

Nacional

Argentina

Declaración del PTS ante el gobierno Kirchner

16 May 2003   |   comentarios

1. La renuncia de Menem a la segunda vuelta de las presidenciales deja al desnudo la debilidad del conjunto del régimen político que buscaban emparchar con el proceso electoral tramposo que comenzó el 27 de abril.
La única posición correcta para la izquierda ante un proceso de elecciones amañadas como el que acaba de culminar, que negaba hasta la posibilidad de obtener tribunas parlamentarias para apoyar las luchas de los trabajadores y el pueblo y estaba diseñado para obligar a optar entre candidatos a la institución más reaccionaria del régimen burgués, el presidente, era el rechazo de conjunto. Lamentablemente la izquierda participacionista como IU y PO desoyeron el llamado unitario que hicimos desde el PTS junto a otras fuerzas.
La asunción de un gobierno con el 22% de los votos es el "sinceramiento" de la situación de una clase dominante que atraviesa una crisis histórica: un poder burgués jaqueado, de un lado, por su propia falta de perspectiva para el país y, del otro, por el golpe recibido en las jornadas revolucionarias de diciembre del 2001. No hacía falta ninguna elección ni encuesta alguna para determinar que la aplastante mayoría de la población nacional odia y rechaza al menemismo, sencillamente porque "los encuestados" ya repudiaron la política neoliberal de los 90 con la movilización en las calles que echó a De la Rúa y Cavallo, continuadores de Menem. Y si el menemismo moribundo tuvo sobrevida fue porque aquellas jornadas dejaron inconclusa la tarea de acabar con todo el viejo régimen político que, a su vez, cobijó y cobijará a Menem como lo hará también con López Murphy que aspira a sucederlo, bajo la máscara de la "anticorrupción", como directo representante de la crema del establishment de bancos extranjeros, empresas privatizadas y tecnócratas del FMI.
2. El fallido ballotage solo tenía el objetivo de ocultar la fragmentación y debilidad, expresada el 27 de abril, de todos los partidos de los explotadores bajo una avalancha de votos "prestados" a Kirchner y erigir un presidente con mayor legitimidad: en esto consistía la trampa. Con ella colaboraban todas las variantes de la centroizquierda como Ibarra y Carrió, la dirección de la CTA y hasta "piqueteros" como D"Elía, para no hablar de las cúpulas de las CGT.
Ahora que "el rey está desnudo", todos los que llamaban en segunda vuelta a votar por Kirchner como el "mal menor" apoyan al nuevo presidente en nombre de "la gobernabilidad". Es decir que intentarán, ilusionando con la llegada de "un nuevo amanecer", sostener a la quintaescencia del viejo régimen: Kirchner es un presidente apadrinado por el aparato bonaerense del PJ y es continuidad del actual gobierno pesificador de las millonarias deudas empresarias y del escandaloso robo al salario mediante la devaluación. Son los que propusieron que el "elegido" para la sucesión presidencial fuese Reutemann, responsable directo de la actual catástrofe social en Santa Fé. El gobierno de la llamada "burguesía nacional" no es más que el gobierno de los socios menores del menemismo, que durante el auge del neoliberalismo funcionaron como sus seguidores en las gobernaciones de Buenos Aires y Santa Cruz. La permanencia de Lavagna como ministro de economía en el próximo gabinete de Kirchner es la muestra del continuismo en la aceptación de todas y cada una de las exigencias del FMI.
3. El gobierno de Kirchner, para mantenerse, debe necesariamente recurrir al engaño y a los pactos. Intentará transformar su debilidad de origen en fortaleza a partir de pedir la colaboración de las direcciones conciliadoras del movimiento obrero y popular. Seguramente se ampliarán los mecanismos de la conciliación de clases que ya la gestión de Duhalde viene aplicando para contener la desesperación de millones de desocupados e impedir su lucha independiente, con la creación de los Consejos Consultivos para distribuir los planes Jefas y Jefes en la que participan la FTV-CTA y la CCC. Del mismo modo, para impedir o aislar las luchas de los trabajadores, Kirchner pactará con la burocracia de las CGTs y la CTA algún aumento salarial muy por debajo de la inflación y de lo que han perdido los trabajadores con la devaluación. Las burocracias obreras y "piqueteras" serán uno de los sostenes del gobierno Kirchner.
Pero, además, necesitará de las componendas con los requechos de los partidos del viejo régimen para lograr los "consensos parlamentarios" que permitan votar las leyes que reclama el FMI. Apelará a los restos de la UCR que, a pesar del repudio popular, sin embargo conserva todavía sus senadores y diputados del pasado, así como deberá negociar con los gobernadores de las provincias incluyendo, claro está, a los que se jugaron junto a Menem en la primera vuelta y le reclamaron que se retire en la segunda. Lejos de un gobierno de "transparencia" y "renovación" será uno de arreglos de trastienda y pactos a espaldas del pueblo.
4. Pero los intentos conciliadores del nuevo gobierno chocarán, tarde o temprano, con las demandas más sentidas de los trabajadores y el pueblo, y aún con las disputas al interior de la clase dominante. Todas las clases reclamarán por lo suyo ante un gobierno débil. La tendencia más profunda es a la polarización social y a una larvada guerra de clases.
La lucha entre las fracciones económicas que de un lado cuentan con los bancos extranjeros, las privatizadas y las empresas transnacionales, y de los grandes grupos locales impulsores de la "patria devaluadora", del otro, continuarán y serán un factor de desestabilización económica y de chantaje político al nuevo gobierno. El desplante de Menem, aún en el marco de su debacle, a "las reglas del juego" de la democracia burguesa significa, además de autopreservarse de una derrota aplastante, una amenaza a futuro de una salida autoritaria que, aunque no pueda ser corporizada ya por el riojano, está inscripta como variante burguesa en el horizonte de una mayor polarización entre las clases.
Esta polarización se reflejó, antes que nada, en la disposición política de las clases medias, como se pudo medir en la elección del 27 de abril: el 16% de votos a López Murphy y el 14% a Carrió son una expresión de ello. Mientras que un "centro" de la clase media, más conservador de la estabilidad política y la relativa paz social lograda por la "contención" de Duhalde, optó por el continuismo y seguir al candidato oficial Kirchner, el polo de la derecha "moderna" de López Murphy está engrosado por la elite o "aristocracia pequeñoburguesa" forjada alrededor de la entrada de capitales en los 90. Las capas bajas y/o sectores progresistas que votaron por Carrió reflejan distorcionadamente otro polo que da muestras de solidaridad ante causas populares de la vanguardia obrera, en especial en su defensa ante los intentos represivos, como lo demostró en pequeño el caso de Brukman en la Capital y la defensa de los obreros de Zanon en Neuquén.
El intento del gobierno Kirchner será el de acolchonar las disputas y tendencias a la polarización social mediante un gran frente de colaboración de clases, preventivo, es decir para evitar que emerja el movimiento obrero en las brechas abiertas en el régimen y la clase dominante.
5. Aunque la masa de los trabajadores no protagoniza grandes huelgas y movilizaciones y, menos aún, tiene expresión independiente en el terreno político, las acciones de la vanguardia obrera son un anticipo de la intervención de los trabajadores en la escena nacional. Esta vanguardia no solo se ha expresado en las empresas bajo control obrero, sino también en el conflicto y primer triunfo de los trabajadores de LAPA, en procesos de reorganización de internas y nuevos delegados como en Pepsico o Ecocarne, en la lucha en curso por la recuperación de sindicatos en seccionales de ATE como Neuquén y Ensenada, en la extraordinaria marcha de los movimientos de desocupados en apoyo a la expropiación de Brukman y por la libertad de los dirigentes piqueteros presos en Salta.
Posiblemente entremos en un período en el que todavía no pueda intervenir de conjunto la clase trabajadora, dada la colaboración de los viejos dirigentes con el gobierno, pero asistamos a duras luchas donde se irá fogueando, radicalizando y haciendo sus experiencias una vanguardia obrera y nuevas direcciones combativas. Es decisivo apoyar y defender cada una de estas experiencias de lucha y organización de los trabajadores, coordinarlas y alentarlas, para que los gérmenes de una nueva dirección del movimiento obrero llegue lo más preparada posible a un próximo ascenso de masas.
6. La principal cuestión para la vanguardia de las empresas recuperadas, las asambleas populares y los movimientos de trabajadores desocupados es la delimitación de las treguas y pactos de gobernabilidad que las direcciones conciliadoras sostendrán con el nuevo gobierno. El necesario reagrupamiento de todas las expresiones de lucha y organización surgidas al calor del proceso abierto en diciembre del 2001 debe tener como primer bandera el llamado a romper la tregua y el apoyo al nuevo gobierno de las CGTs, CTA y las direcciones piqueteras conciliadoras como la FTV y CCC. La vanguardia luchadora, que el gobierno o sectores de él intentará aislar y golpear, debe buscar ganar la base de los grandes sindicatos, de la masa de los desocupados, de las amplias capas medias empobrecidas promoviendo coordinadoras y congresos de ocupados y desocupados que levanten un programa para liquidar el desempleo, elevar los salarios, recuperar los sindicatos de las manos de la burocracia y preparar pacientemente los próximos embates de los trabajadores y el pueblo. Para ello es imprescindible luchar ampliamente por demandas democráticas como la disolución de la Corte Suprema y liquidar las casta de jueces del menemismo y la dictadura, abolir el Senado aristocrático, disolver la policía de gatillo fácil y todas las viejas instituciones donde anida la reacción antipopular y desde donde partirán los ataques a los luchadores.
Hay que oponer a la conciliación de clases reinante un gran frente obrero con total independencia de los políticos patronales.
16 de mayo de 2003
Partido de Trabajadores por el Socialismo

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