Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
12 de diciembre de 2017

Jornadas del 19 y 20 de diciembre en Argentina:

Crisis Revolucionaria en Argentina

21 Dec 2001   |   comentarios

El gobierno hambreador pro-yanqui del presidente Fernando de la Rúa ha caído sólo un día después de imponer el estado de emergencia. Cientos de miles de manifestantes tomaron las calles en todo el país, indignados por la declaración de la Rúa que sus derechos democráticos habían sido abrogados.
La acción del presidente fue respuesta a la protesta de las masas en la calle, la huelga general y el estallido de los saqueos que dominaron al país los días 19 y 20 de noviembre. Lo que el país vio fue un levantamiento popular contra el hambre. Luego el decreto de De la Rúa trataba de robarle a la gente su derecho democrático a protestar, de la misma manera en que ya les había robado sus puestos de trabajo, sus sueldos, sus pensiones, sus ahorros.
La reacción inmediata de la gente fue desafiar su decreto y continuar manifestándose, asediando la casa de gobierno. No satisfechas conque se les haya arrojado la cabeza del odiado ministro de economía neoliberal Domingo Caballo, las masas fueron por la renuncia de De la Rúa mismo quien huyó de la casa de gobierno en helicóptero bajo la atronadora aclamación de los manifestantes.
Trabajadores, desocupados, estudiantes, Las Madres de los Desaparecidos, todos ellos enfrentaron los caballos, las granadas de gases lacrimógenos, los cañones de agua y las balas de goma arrojados por la policía durante veinticuatro horas. Al menos 26 personas fueron asesinadas en la represión. Anteriormente, los manifestantes prendieron fuego al ministerio de economía.
No puede haber ninguna duda de que se trataron de eventos revolucionarios. La clase obrera, liderando a todas las otras fuerzas populares aplastaron el intento de imponer "orden" para el FMI. Marcaron la apertura de una profunda situación revolucionaria en Argentina. Todos los comentaristas testificaron que hay una desilusión casi total - no sólo con los radicales - sino con los peronistas también: con la clase política de conjunto. Ninguno de estos políticos sabe tampoco qué hacer para resolver la crisis.
Sin embargo, el principal peligro ahora es que la burguesía argentina puede - por su control del aparato político y del estado y de la economía - bloquear el camino del desarrollo de la lucha por una revolución social.
La austeridad del FMI

Las razones del malestar fueron expresadas muy bien por los manifestantes mismos, con sus cacerolazos y los saqueos a los supermercados. Amplios sectores de desocupados y los sectores pobres urbanos están realmente hambrientos. De los 36 millones de habitantes, 15 millones viven en o por debajo de la línea de pobreza: cinco millones están desempleados. La tercera parte de los que están empleados no han recibido sus salarios por meses. A los trabajadores del estado se les recortó el salario en un 13%. Las recientes medidas del gobierno prohibiendo el acceso a los ahorros bancarios han golpeado a la clase media y a los trabajadores también.
Esa es la razón por la cual las mujeres y sus niños han estado en la delantera en la expropiación de comida de los negocios y supermercados, ahora repletos de comestibles para las fiestas de navidad - celebración que muy pocos se pueden dar el lujo. Hay informes que dicen que la policía ha desobedecido las órdenes en vez de acatarlas.
Argentina ha pasado cuatro años de recesión absoluta. A lo largo de todo el país el desempleo llega a 18-20% de acuerdo a cifras oficiales. Pero otra cantidad similar de personas está subempleada, es decir tienen trabajo temporal, parcial, irregular o precario. Y con ese trabajo no se gana lo suficiente para que una familia pueda subsistir.
En ciudades como Rosario y Concordia, donde los saqueos de comidas y las manifestaciones fueron importantes, el desempleo llega al 22,8% y 19,5% respectivamente. Pero incluso en provincias como Mendoza, donde el desempleo llega sólo al 13,5% hubo saqueos también.
Docenas de negocios fueron saqueados en la capital, Buenos Aires, y en la norteña provincia de Entre Ríos, mientras que en Córdoba, la segunda ciudad de importancia del país, los trabajadores prendieron fuego a la municipalidad en protesta contra los planes del gobierno de querer reducir aún más los salarios.
No es difícil encontrar las razones de la aguda crisis del sistema económico argentino. Yace en el capitalismo mismo - y además de eso en la absoluta subordinación del capitalismo argentino a las "superpotencias económicas" del G7. En 1991, en un intento por escapar a la situación de hiperinflación (4,000 % en un año solo) Cavallo puso Argentina en el chaleco de fuerza de la "paridad" uno a uno del peso con el dólar.
Al principio parecía dar resultado y los inversores extranjeros entraron a raudales para beneficiarse de la liquidación de los activos del estado. Pero en 1998, Argentina entró en crisis. Ahora sus exportaciones son muy caras para el mercado latinoamericano y las importaciones de otros países son mucho más baratas, las compañías entraron en bancarrota una tras otra, despidiendo a los trabajadores y arruinando a los inversores de clase media.
Pero la burguesía argentina es tan servil al imperialismo que está incluso considerando la dolarización total - abandonando la moneda nacional por completo. En efecto, esto sería exportar los últimos vestigios de control de la economía argentina a la junta de la Reserva Federal en Washington.
El FMI, en nombre de las grandes corporaciones y bancos de Norteamérica y Europa occidental, está exigiendo que la Argentina reduzca su déficit a cero el año que viene. Está exigiendo un mayor recorte de $3 mil millones de dólares en medidas de austeridad. En los últimos tres años ya hubo ocho planes que redujeron los salarios, desmantelado los servicios como ser la salud y educación, privatizaciones y se cerraron industrias y fábricas.
RESISTENCIA OBRERA

Cada una de estas medidas se encontraron con la tenaz resistencia de los trabajadores, pero al final estas medidas pasaron gracias a la falta de una dirección que igualara la militancia de los luchadores de base. Ahora pareciera que por fin los trabajadores argentinos, los desocupados e incluso la clase media se han levantado y gritado un estrepitoso y unido "¡Basta!".
El 19 de diciembre - en la octava huelga general en dos años - las fábricas y oficinas se cerraron, y el transporte público no funcionó en ningún lugar del país. Hubo también bloqueo de caminos y piquetes en muchas provincias. El apoyo de los trabajadores del transporte ayudó al éxito de la huelga. La huelga general fue llamada por las centrales "oficial" y "disidente" de la Confederación General del Trabajo (CGT) y el Congreso de Trabajadores Argentino (CTA).
Rodolfo Daer, el líder de la CGT oficial, y Hugo Moyano, líder de la CGT disidente, denunciaron las medidas impuestas por el gobierno. Pero sólo hace poco se unieron a un "pacto" podrido para controlar la inquietud social "en los intereses del país", con el argumento de que "la gente no quiere más huelgas". Quizás sea verdad que los trabajadores estaban cansándose de huelgas de un día o de 36 horas sin ningún resultado. Pero ahora es claro que están tirando de la correa pidiendo por acciones reales que garantice un punto final a la crisis y miseria en curso.
A pesar de la caída de De la Rúa los sindicatos han llamado a una huelga general indeterminada hasta que se levante el estado de emergencia. Esto está bien, pero deberían agregar que se abandone inmediatamente el plan de austeridad del FMI, que a los trabajadores se les abonen los salarios adeudados, y que se distribuya gratuitamente comida y ropa para los desocupados y subocupados.
Una huelga general, que atraiga a los desocupados, los piqueteros, los estudiantes, la juventud, las mujeres, "Tous ensemble" (todos juntos como dicen los trabajadores franceses), una huelga que una a todos estos sectores detrás de la clase obrera y que evite que la burguesía los enfrente los unos a los otros.
El objetivo debe ser armar a la clase obrera con la capacidad de lanzar una huelga general cuando el gobierno lance su inevitable contraataque contra las masas. Es necesario elegir delegados en todos los distritos de las ciudades más importantes, en cada uno de los pequeños pueblos y ciudades, en todos los lugares de trabajo y en todos los organismos de lucha. No sólo en las fábricas y oficinas sin también en las asambleas piqueteras, en las escuelas y facultades.
Estos delegados - que deben ser revocables por sus electores - pueden formar concejos poderosos para organizar la huelga y obligar a todos los líderes sindicales a seguir la voluntad des sus miembros, para evitar su entrega y traición o directamente reemplazarlos. Pueden transformarse rápidamente de organismos de lucha en organismos de poder.
Otra tarea clave es la organización de los trabajadores, estudiantes y desocupados más activos y aptos en una milicia que tome a su cargo la adquisición y distribución equitativa de alimentos, mantenga el orden en los distritos populares y que proteja las movilizaciones, los piquetes, etc. Entonces, si el gobierno trata de usar la policía y el ejército en contra para imponer sus objetivos será posible frenar o poner un alto a sus primeros ataques y hacer agitación para ganarlos. Tal huelga general puede tirar abajo cualquier gobierno que trate de imponer austeridad en cuestión de días. ¿Pero, luego qué?
Por cierto que los peronistas liderados por Carlos Menen no serán mejor. Tampoco lo será un "gobierno de unidad nacional" que es en realidad un gobierno de unidad burguesa en contra de los trabajadores, los pobres y la clase media también. Está claro que un gobierno interino débil no podrá imponer el recorte de 3 mil millones de dólares del FMI que las masas acaban de derrotar en las calles. Pero tal gobierno quizá simplemente deje que la crisis se desenfrene - diciendo que no pudieron controlarla. Tienen la esperanza de que el empeoramiento de las condiciones económicas desmoralice y desmovilice a las masas.
Un default forzado de la deuda llevará a una masiva fuga de capitales. Argentina será tratada como el paria por los banqueros internacionales y los inversores de las corporaciones. La ya terrible recesión se profundizará aún más y habrá incluso un desastroso aumento del desempleo. Por el otro lado, una devaluación conducirá a un masivo aumento de la pobreza ya que la mayoría de la gente tienen deudas de los productos domésticos y sus hipotecas en dólares y llevará a un aumento en pesos de esas deudas.
Por ello la imperiosa necesidad de expropiar los bancos y las casas financieras que controlan esas deudas y ponerlas bajo control de los trabajadores. En una situación de profundización de la crisis económica los trabajadores deben imponer su control en las fábricas, oficinas, bancos. No deben permitir que los inversores extranjeros o argentinos cierren las fábricas y se lleven las ganancias mientras los trabajadores son arrojados a la calle. La burguesía argentina y sus políticos han mostrado su completa incapacidad de manejar la economía. Por ello la necesidad de que los trabajadores tomen la propiedad y controlen la economía. Los radicales y peronistas en bancarrota tratarán de retener el control recurriendo a las urnas - a nuevas elecciones. Dado el hecho de que los trabajadores y los pobres de Argentina no tienen su propio partido esto (las elecciones) podrían ser una manera fácil de estafar a las masas y sacarles la victoria de ganaron en las calles. Enfrentados a tal trampa los militantes no deben abogar por elecciones parlamentarias al viejo estilo que sólo los políticos odiados y corruptos que causaron esta crisis podrían ganar.
¿QUE TIPO DE GOBIERNO?

Los revolucionarios deben abogar por la elección de los diputados revocables para una asamblea constituyente soberana. En dichas elecciones es vital que los delegados obreros, los delegados de los pobres de las ciudades y rurales se presenten para asegurase que la asamblea no esté dominada por los políticos corruptos de las oligarquías rivales.
Pero incluso, de elegirse una asamblea constituyente, ¿Qué tipo de gobierno y armado con qué programa debería emerger de dicha asamblea? ¿Qué necesita Argentina hoy día?
Primero, se debe renunciar al pago de los $132 millones de dólares la deuda a los organismos internacionales. En segundo lugar, las fábricas y otras empresas, los bancos necesitan ponerse bajo control de los trabajadores. En tercer lugar, debe lanzarse un plan de emergencia para alimentar, educar, dar vivienda y cuidados sanitarios. Esto podría dar empleo a todos los desocupados y subocupados, dándose así un doble golpe contra la pobreza y la exclusión social. Todo debe pagarse con la expropiación de las compañías extranjeras y los empresarios ricos de la Argentina y la oligarquía terrateniente.
Las principales palancas de la economía deben ir a las manos de los trabajadores de todos los niveles. Para llevar adelante este programa se necesita un gobierno revolucionario de los trabajadores y las masas pobres basado en concejos de delegados democráticos. Pero ¿Quién va a abogar y luchar por esa estrategia? En la primera fase de una revolución la militancia espontánea de las masas, sumada a las valientes iniciativas de los luchadores de vanguardia, puede lograr milagros. Así ha sido en Argentina. La clase obrera, liderando a todos los oprimidos y explotados, ha derrocado al gobierno que estaba llevando adelante la política del FMI.
Ahora la pregunta es: ¿Pueden las masas evitar que CUALQUIER gobierno lleve adelante la próxima "solución" con la que se salga el imperialismo que hará que los pobres paguen? Más que eso, ¿Puede la clase obrera proponer su propia solución? Aquí la experiencia de las revoluciones de los últimos 150 años indica que la espontaneidad y la improvisación no son suficientes para lograr esto. Lo que se necesita para ello es una dirección consciente - un programa de acción, un partido, los que no son fáciles de improvisar. Pero sin ellos la segunda fase de la revolución, es decir la fase social y proletaria de la revolución argentina, no triunfará.
En la Argentina hay socialistas revolucionarios - trotskistas - que están luchando por este tipo de política en las fábricas, en las calles, en especial los camaradas del Partido de Trabajadores por el Socialismo (PTS). Les enviamos nuestra fraternal solidaridad. La izquierda revolucionaria, a pesar de ser pequeña tiene importantes raíces en la clase obrera y ha jugado un rol muy valiente en las últimas semanas y días. Sus fuerzas pueden y deben crecer enormemente en los meses de lucha por delante.
Los camaradas del PTS tienen en sus hombros una enorme responsabilidad - elaborar un programa de acción que pueda liderar esta lucha a la victoria - y crear un partido de trabajadores revolucionario alrededor de dicho programa. Tenemos la confianza que ellos podrán llevar esta tarea adelante y haremos todo lo que sea posible, en Europa y en todo el mundo para ayudarlos en esta tarea.
APOYO INTERNACIONAL

Estos hechos revolucionarios en Buenos Aires y en otras ciudades a lo largo de todo el país tienen un significado histórico. La Argentina es una importante "economía emergente", en la irrisoria frase de los neoliberales. Su política ha sido aplicada a fondo en los últimos diez años. Su bancarrota se ha demostrado en las vidas de la gente. Argentina puede ser un faro para los pueblos no sólo de América Latina sino en todo el mundo. Pero la batalla está lejos de haber terminado. No se puede descartar que los EEUU y la Unión Europea, miedosos de una revolución, corran a poner un paquete de rescate como hicieron en México y en Brasil.
Un default de la deuda o el colapso del sistema bancario de la Argentina se sentirá en los países imperialistas, sobre todo en España. Pero ahora los países del G7 enfrentan una recesión y hasta ahora el gobierno de Bush parece reacio a intervenir y se muestra intransigente respecto a la deuda de Argentina. Muchos otros "países emergentes", como Turquía, enfrentan similares deudas gigantescas que apenas pueden permitirse pagar. En cualquier caso, durante los próximos meses todos los ojos estarán puestos en Argentina.
Para el movimiento de trabajadores en todo el mundo esta preocupación no deber ser la de un pasivo espectador. La revolución argentina de diciembre es un levantamiento contra las corporaciones de la globalización y la ley de las instituciones financieras "mundiales". Objetivamente es un duro contragolpe contra el imperialismo - que ahora está festejando su "victoria" en Afganistán. Necesitamos globalizar la lucha que ha empezado en las calles de Buenos Aires, Rosario y Neuquen.
La LRCI llama a los socialistas y a los militantes de la clase obrera, al movimiento anticapitalista de conjunto a movilizarse en solidaridad con los trabajadores de Argentina. Llamamos a organizar piquetes y movilizaciones para obligar al imperialismo a cancelar completa e incondicionalmente la deuda de Argentina y a evitar un bloqueo económico.
El movimiento anticapitalista tiene ahora la oportunidad de protestar no sólo contra la deuda y las dañinas políticas del FMI en general sino también de llamar a un alto al saqueo de un país entero para satisfacer los intereses de los banqueros y las grandes corporaciones. Exigimos un alto a las imposiciones de los programas de austeridad del FMI.
Llamamos a los sindicatos, los partidos socialistas, todas las organizaciones que luchan contra las corporaciones de la globalización y la dominación imperialista y contra la guerra a enviar ayuda financiera a todos aquellos que están luchando contra la austeridad del FMI. Una victoria de los trabajadores de Argentina será una victoria para todos nosotros.
Secretariado Internacional de la LRCI
21 de diciembre de 2001









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