Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
11 de diciembre de 2017

Jornadas del 19 y 20 de diciembre en Argentina:

Con Rodríguez Saa el PJ intenta expropiar las jornadas revolucionarias de diciembre

24 Dec 2001   |   comentarios

El nuevo gobierno peronista encabezado por Rodríguez Saá es una expropiación de las grandes jornadas revolucionarias protagonizadas por las masas el 19 y 20 de diciembre que echaron al gobierno de De la Rúa y Cavallo. Su elección fue una verdadera conspiración contra el pueblo: los que avalaron las leyes antiobreras y los ajustes de De la Rúa y fueron corresponsables de la salvaje represión, se arrogaron la designación del nuevo presidente. Su primer objetivo fue sacar a las masas de las calles, quitarles el poder de decisión que estas demostraron con sus acciones. Es que el grito de "que se vayan todos, que no quede ni uno solo", coreado por decenas de miles en el Congreso y en Plaza de Mayo no fue sólo contra el gobierno derrotado sino contra el conjunto de los políticos patronales que vienen sirviendo a los intereses de los capitalistas y del FMI, lo que incluye obviamente a todos los actuales jerarcas del peronismo. Por más demagogia que se vean obligados a hacer en lo inmediato, ellos (y lo demostraron con creces en los diez años de gobierno menemista y en las provincias que gobiernan) son tan defensores de los intereses de la minoría de banqueros y empresarios que domina la economía nacional como el gobierno derrotado en las calles.
La gran acción de masas de los últimos días, no sólo derrotó al gobierno, sino que debilitó de conjunto al régimen político. Para recuperar legitimidad y usurpar el triunfo popular en su beneficio, el nuevo gobierno está intentando ampliar su base de sustento. En las últimas horas ya hemos visto aparecer raudamente por la Casa Rosada a viejos y odiados enemigos del pueblo trabajador: gobernadores que han aplicado golpe tras golpe a los trabajadores, viejos personeros del odiado gobierno de Menem como Scioli o Grosso y los patrones "flexibilizadores" de la UIA. Los dirigentes sindicales, otra vez, también han estado presentes, buscando subordinar los intereses de los trabajadores a los del sector de la patronal agrupado en el llamado "Grupo Productivo". Ya Moyano, Daer y Barrionuevo, totalmente ausentes -igual que la CTA- en las jornadas revolucionarias y, especialmente, mientras se combatía en Plaza de Mayo, han manifestado su apoyo al nuevo gobierno. A la vez, busca ganar la colaboración de direcciones con mayor prestigio entre las masas: el 24 mismo recibió a los dirigentes de la Asamblea Piquetera (D"Elía declaró que va a "colaborar con la nueva administración" en la implementación de los planes sociales) y hasta a Hebe de Bonafini. Y todo esto al mismo tiempo que entrega la administración de 10.000 planes sociales a las Fuerzas Armadas genocidas.
Desde el vamos el gobierno peronista busca dividir a los distintos sectores de las masas explotadas y oprimidas. A las capas medias de los trabajadores y los pobres; a los trabajadores ocupados de los desocupados; a los que tienen algo de los que nada tienen. Saben que si se desarrolla la alianza obrera y popular que tendió a expresarse en estas jornadas históricas sus privilegios tendrían los días contados. Con el objetivo de desmovilizar a las masas y congraciarse con ellas han anunciado una serie de medidas que, en el mejor de los casos, serán sólo migajas. El gobierno a lo sumo "promete" (y pocos le creen) crear un millón de puestos de trabajo... que serán con sueldos miserables, pagados en bonos y, por lo que se sabe, una versión remozada de los "planes Trabajar", es decir, una política asistencialista burguesa opuesta a la demanda trabajo genuino de los piqueteros salteños y de otros movimientos de desocupados. La creación de una "tercera moneda" sin respaldo (generalización de los patacones y Lecop) implica una devaluación de los salarios, dando bonos no convertibles a los trabajadores mientras los capitalistas se aseguran los pesos y dólares al resguardo de una probable y posterior devaluación. La suspensión de pagos de la deuda externa no debe engañar a nadie: la cesación de pagos era un hecho, acelerado por la irrupción de las masas. Lejos del desconocimiento de la deuda que implicaría una ruptura con la sumisión al imperialismo, el gobierno ya ha anunciado que lo que busca es sólo un respiro para después continuar pagando. El Departamento de Estado norteamericano acaba de anunciar que el nuevo gobierno argentino le ha informado su intención de mantener relaciones estrechas con los Estados Unidos y ha reafirmado que seguirá colaborando con la "guerra contra el terrorismo".
UNA NUEVA ETAPA
Las jornadas revolucionarias abren una nueva etapa para los trabajadores y el pueblo. Lo actuado ha sido un gran ejemplo para las masas de todo el mundo, que se enfrentan a los planes imperialistas del FMI y sus gobiernos serviles. Por primera vez en la historia argentina, una rebelión obrera y popular ha volteado un gobierno elegido por el voto, en una acción independiente, por fuera de las direcciones burocráticas de las organizaciones de masas sostén de este sistema. La sacrosanta "legalidad democrática" y la "inviolable propiedad privada", defendidas por estas direcciones y por las distintas variantes centroizquierdistas del ARI o el Polo Social, fueron desafiadas por el pueblo pobre que se apropió de comida en los supermercados, por las decenas de miles -mayoritariamente de las capas medias- que repudiaron el estado de sitio en las ciudades y por los jóvenes que enfrentaron valientemente las fuerzas de represión en Plaza de Mayo. Pero el poder de la oligarquía de banqueros y empresarios que domina el país, los que estuvieron tras la dictadura militar y los gobiernos antiobreros de Alfonsín, Menem y De la Rúa, aunque amenazado por la irrupción de las masas, sigue en pie, y cuentan ahora con el peronismo para defender sus intereses.
POR ASAMBLEAS DE OCUPADOS Y DESOCUPADOS EN TODO EL PAÍS PARA CONSTRUIR EL PODER DE LOS TRABAJADORES
Las clases dominantes y sus personeros políticos han debido tomar nota de una nueva relación de fuerzas impuesta por las masas en las calles y se aprestan a montar todo tipo de engaños para que éstas retrocedan. Les será difícil borrar de la conciencia de millones que la acción directa de masas es una herramienta formidable para hacer valer sus objetivos. En esta etapa se agudiza la necesidad de que los trabajadores avancen en construir sus propios organismos independientes, capaces de constituirse en un poder alternativo al de las clases dominantes. Sin ellos, los que decidan seguirán siendo los odiados políticos del régimen, los explotadores nativos y extranjeros y sus burócratas sindicales sirvientes. Como venimos insistiendo desde el PTS, y señalamos en el número especial de LVO del día 20, distribuido por miles en la Batalla de Plaza de Mayo, la principal tarea de la hora es impulsar la realización de Asambleas de trabajadores ocupados y desocupados con un delegado cada veinte trabajadores a nivel nacional, provincial y regional. Las direcciones de la Asamblea Piquetera demostraron con creces ser enemigas de esta perspectiva: nunca cumplieron con el mandato de convocarla y se borraron del combate durante las jornadas del 19 y 20. Las organizaciones combativas de desocupados como el MTR, el MDT de Neuquén o la CTD Aníbal Verón, sindicatos como el SOECN de Neuquén (que han llamado a la organización de una asamblea de este tipo), los mineros de Río Turbio, los cuerpos de delegados de Luz y Fuerza de Córdoba y de FOETRA Capital, la CGT San Lorenzo, comisiones internas antiburocráticas en distintos gremios, y otros, deben ser impulsores de esta convocatoria en todos los niveles. La ausencia de organismos de este tipo y la ausencia de un partido revolucionario con influencia de masas, son el hándicap con que cuentan el gobierno y las distintas fracciones capitalistas para contener la dinámica revolucionaria que mostraron las acciones de masas. A la vez, uniendo y armonizando las distintas formas de lucha de los trabajadores hay que coordinar con las organizaciones de estudiantes, de pequeños comerciantes y chacareros pobres, para avanzar en la alianza obrera y popular que pueda preparar una poderosa huelga general activa para imponer nuestras demandas.
UNA SALIDA OBRERA Y POPULAR
El desarrollo de estos organismos es clave para que puedan resolverse verdaderamente las demandas que impusieron en las calles las clases más pauperizadas de la sociedad: "basta de hambre, pan y trabajo" y para avanzar en conquistar la alianza de las clases explotadas y oprimidas capaz de derrotar el poder de los capitalistas e imponer un gobierno obrero y popular. Sólo un programa que ataque directamente las ganancias y la propiedad capitalista, que avance en la expropiación de los expropiadores, puede dar salida a las necesidades imperiosas de las masas. La contradicción de millones de hambrientos por un lado y las góndolas y depósitos de los hipermercados repletos que afloró en estos días, es toda una metáfora de las contradicciones más generales del régimen capitalista: la riqueza se acumula en un polo cada vez más pequeño de la sociedad y la miseria en otro crecientemente numeroso. Como primera medida de emergencia hay que confiscar inmediatamente el stock de mercadería de los grandes hipermercados y comercializadoras y distribuir los alimentos bajo el control de comités barriales y de las organizaciones piqueteras y de desocupados, encaminándose hacia la nacionalización de las grandes comercializadoras de alimentos, granos y de los frigoríficos, para ponerlas a funcionar bajo control de los trabajadores. Pero para terminar con el hambre hay que terminar con la desocupación, y para esto las medidas del nuevo gobierno no son solución alguna: hay que luchar por el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles con un salario igual a la canasta familiar. Y hay que encarar un audaz plan de obras públicas con inversiones masivas en viviendas populares, escuelas y hospitales, controlado y discutido por las organizaciones de trabajadores y desocupados. Debe ser además impedido inmediatamente todo despido, nacionalizar toda empresa que cierre o despida masivamente y ponerla a funcionar bajo administración directa de sus trabajadores, comenzando ya por Zanon de Neuquén, Renacer de Tierra del Fuego, EmFer de la Provincia de Buenos Aires o el Ingenio La Esperanza de Jujuy, e imponer el control obrero de la producción en forma generalizada, para evitar que los patrones sean quienes se sigan beneficiando con la crisis. Las empresas privatizadas deben ser reestatizadas bajo el control de los trabajadores y comités de usuarios. Igual con las AFJP. No se trata, además, sólo de suspender temporariamente los pagos de la deuda como ha hecho obligado por las circunstancias el nuevo gobierno de Rodríguez Saá: la deuda externa debe ser desconocida definitivamente, nuestro país debe romper con el FMI y hay que nacionalizar la banca para garantizar los depósitos de los que ahorraron hasta $ 100.000, evitar que se fuguen las divisas al exterior necesarias para todo plan de producción y entregar créditos baratos a los pequeños chacareros y comerciantes arruinados. Para evitar las maniobras de sobre y subfacturación a través de las cuales los capitalistas fugan millones de dólares, debe ser el estado el que monopolice el comercio exterior. Estas son las medidas elementales de un plan de emergencia obrero y popular que, discutido democráticamente por los trabajadores y el pueblo, avance en terminar con la anarquía de la producción capitalista y asegure una salida en beneficio de la mayoría nacional que volteó a De la Rúa. En la lucha por sus demandas, los trabajadores, como ha vuelto a demostrarse en estas jornadas, deberán enfrentar las fuerzas de represión del estado capitalista. Por ello y por los 31 compañeros asesinados y los centenares de heridos, hay que exigir la inmediata libertad de todos los presos por luchar, la disolución de la policía y todas las fuerzas de represión, y comenzar a organizar, a la vez, piquetes de autodefensa en el camino de verdaderas milicias obreras.
POR UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE LIBRE Y SOBERANA
El interinato de Rodríguez Saá y el llamado a elecciones a presidente con ley de lemas es un verdadero fraude. Su implementación tiene como fin principal mantener la unidad del PJ y garantizarle el triunfo al peronismo en marzo y luego en el 2003. Mientras, los diputados y senadores que fueron también repudiados por el pueblo y no pudieron asomar sus narices en las movilizaciones, siguen todos en sus butacas. Con estas elecciones, buscan que haya un cambio para que nada cambie. Quieren la "legitimidad" de millones de votos para seguir gobernando contra los trabajadores. Contra esta salida a espaldas del pueblo, debemos luchar por imponer una Asamblea Constituyente libre y soberana, para que el pueblo discuta la salida a la crisis nacional. Una Asamblea que concentre el poder legislativo y el ejecutivo, terminando con la actual división de poderes. Que liquide la Corte Suprema, esa casta de jueces corruptos y determine la elección de jueces electos por el voto directo del pueblo. Los miembros de la Asamblea Constituyente deben ser electos mediante el sufragio universal para los mayores de 16 años, sin distinción de sexo o nacionalidad. Sus mandatos deberán ser revocables para terminar con los engaños de los falsos "representantes del pueblo" que estafan a sus votantes. Los candidatos a constituyentes deberían, además, ser promovidos desde asambleas locales, cercanas a las necesidades del pueblo y ante su vigilancia, y recibir durante el ejercicio de su mandato un salario igual al de un obrero y un maestro. Como deja claro la elección de Rodríguez Saá, esta salida no la darán las camarillas gobernantes sino que hay que imponerla barriendo el poder existente mediante la huelga general y un gran levantamiento nacional que complete la obra iniciada por las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre. La lucha por la Asamblea Constituyente puede poner así en movimiento amplias masas y favorecer el camino hacia la única salida de fondo: la revolución obrera y socialista que instaure un gobierno obrero y popular que empiece la construcción del socialismo.
24 de diciembre de 2001
PTS









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