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La Verdad Obrera N° 595

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BRASIL

Ajuste y corrupción marcan el segundo mandato de Dilma

12 Mar 2015   |   comentarios

El domingo 8 de marzo, la presidenta Dilma Rousseff se dirigió al país pidiendo a los trabajadores y al pueblo brasilero el ya conocido “ajuste de cinturones”. Típica receta con la que las élites suelen querer resolver sus crisis, descargándolas sobre el pueblo trabajador. Paralelamente, en ese mismo momento resonaban en las calles de los barrios acomodados las “cacerolas Essen”, base de la oposición capitalista (...)

El domingo 8 de marzo, la presidenta Dilma Rousseff se dirigió al país pidiendo a los trabajadores y al pueblo brasilero el ya conocido “ajuste de cinturones”. Típica receta con la que las élites suelen querer resolver sus crisis, descargándolas sobre el pueblo trabajador. Paralelamente, en ese mismo momento resonaban en las calles de los barrios acomodados las “cacerolas Essen”, base de la oposición capitalista tradicional.

En sintonía con esta dualidad, fueron convocadas para esta semana una movilización del arco opositor tradicional, que en su sector más radicalizado levanta la consigna de destitución de Dilma, y una movilización del arco oficialista, para distender en forma moderada la bronca de los trabajadores contra los ajustes. Un enfrentamiento que, como veremos, viene tratando de ser enfriado tanto por Dilma como por el liderazgo opositor.

Del dicho al hecho hay mucho trecho

El 1 de enero, Dilma Rousseff comenzó su segundo mandato presidencial, luego de una intensa campaña electoral en la que buscó diferenciarse de su contendiente Aécio Neves acusándolo de conservador.

Según la presidenta-candidata del Partido de los Trabajadores, su reelección significaría una victoria de los trabajadores y el pueblo sobre los neoliberales del Partido de la Social Democracia Brasilera (PSDB), los llamados “tucanos” que gobernaron durante los ’90 con el conocido estilo “menemista” de aquella década: privatizaciones, endeudamiento, ajuste, desocupación, y sigue la lista.

Sin embargo, la candidata “progresista” inauguró su mandato con ajuste a los trabajadores y una llamativa disposición al diálogo con los neoliberales. Apenas dos días antes de asumir, Dilma emitía dos decretos que entre otras cosas atacan los derechos previsionales de desocupados y pensionados.

Para llevar esto adelante, puso a un ex banquero como ministro de Hacienda y lanzó una política de ajuste fiscal, que se suma a los evidentes signos de agotamiento económico y a la devaluación de la moneda nacional, el real.

El juego de las diferencias

La semana pasada se conoció la lista de líderes políticos que van a ser investigados por la Corte Suprema en el caso de Petrobrás, investigación judicial conocida como “Lava-jato”, algo así como “lavado a chorro”. Si bien el PT y otros partidos de la alianza oficialista son los protagonistas centrales, incluye a personajes de la oposición, entre ellos un importante líder tucano, Antonio Anastasia, ex gobernador del feudo de Aécio Neves, el estado de Minas Gerais.

Ajuste y corrupción son puntos en común del oficialismo y la oposición en Brasil. Por eso las tendencias dialoguistas de Dilma y el esfuerzo contenedor de los líderes de la oposición de sus tendencias más radicalizadas, que vienen intentando sembrar la idea de destitución de Dilma (impeachment, juicio político). El mismo ex presidente FHC se ha puesto esa tarea.

El descontento no es de ahora

La contradicción entre el discurso y los actos políticos de Dilma se cerró el domingo, cuando dio por terminada la fantasía de la campaña electoral. La realidad es que la segunda mitad de su primer mandato ya había estado signada por la bronca manifiesta de la juventud y los sectores más pobres, expresada en las calles contra las obras del mundial, la suba del transporte público y la corrupción.

Este conjunto de movilizaciones que tuvo su pico en junio de 2013 abrió la hendija hacia una oleada de huelgas por condiciones laborales, a pesar de sus direcciones sindicales burocráticas. Fueron los barrenderos (garis), los trabajadores de subterráneos (metroviarios), o los docentes de la educación pública, entre otros.

Una perlita en el fondo de la caja de pandora

Pero la perlita que apareció en plena campaña electoral fue el destape de uno de los esquemas de corrupción más grandes de la historia del país, en la empresa estatal de bandera, Petrobrás. Este nuevo escándalo que incluye sobornos, sobrefacturación, licitaciones fraudulentas y otras yerbas, se sumó a anteriores como el “mensal˜ão”, ocurrido en 2005.

Todavía no está claro hasta dónde puede llegar esta crisis. Este escándalo no afecta solamente al PT, sino al conjunto del régimen, no solo porque hay fuerzas opositoras implicadas, sino porque el PT, importante pilar del régimen, se reivindicaba baluarte de la moral y ética política, lo que ha quedado demostrado como falso.

La emergencia de los de abajo

La corrupción es un problema estructural de los regímenes capitalistas, lo que explica por qué el PT no pudo escapar a este “flagelo” al transformarse, desde que llegó al poder en 2003, en el “gerente general” del estado capitalista.

Los trabajadores y el pueblo pobre brasilero vienen haciendo una sostenida experiencia con el PT, que prometió que un capitalismo limpio, favorable a los trabajadores y viene demostrando que no es posible. La experiencia con la oposición tradicional ya la hizo durante los noventa, al igual que nosotros en Argentina con el menemismo y la Alianza de De la Rúa.

Es por eso que frente a la falsa dicotomía entre gobierno y oposición que se va a expresar en las calles esta semana, sería un gran paso que los sindicatos combativos y organizaciones de izquierda se propongan encabezar una tercera alternativa de independencia política.

Esta es la propuesta que la Liga Estrategia Revolucionaria, la organización hermana del PTS en Brasil, viene impulsando en los lugares de trabajo y de estudio junto a trabajadores, jóvenes y mujeres con quienes impulsa en común el movimiento Nossa Classe, Juventude ˜às Ruas y P˜ão e Rosas, en Conlutas y otras organizaciones combativas y antigubernamentales. Para difundir estas y otras ideas estarán lanzando en breve la versión brasilera de La Izquierda Diario: Esquerda Diario.


La corrupción que atraviesa al sistema político

Escándalo Petrobras: decenas de políticos investigados por desvíos de millones de dólares: 22 diputados, 12 senadores, 14 ex-diputados, 5 ex-ministros, varios ex-gobernadores y hasta el ex-presidente Fernando Collor de Mello del PSDB. Afecta a todos los partidos del régimen, el gobernante PT, su aliado el PMDB (muy especialmente con los presidentes del Senado y de Diputados) y al opositor PSDB. Hasta Dilma Rousseff estaba implicada pero fue sobreseída.

“Mensalao” (sobresueldo): En 2005 en el gobierno de Lula Da Silva, estalló el escándalo de las “mensualidades”; los políticos recibían sueldos paralelos en negro. El caso provocó la renuncia del jefe de gabinete José Dirceu.

Junio de 2013: millones de personas se movilizan incluyendo el fin de la corrupción como una de sus demandas junto al no-aumento del boleto de colectivo y el fin de la represión. Las históricas protestas continuaron con importantísimas luchas obreras y populares.

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