Partido de los Trabajadores Socialistas

Buenos Aires
21 de octubre de 2017

La Verdad Obrera N° 568

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EDITORIAL II

de Mayo, lucha de clases y lucha política

08 May 2014   |   comentarios

Las organizaciones que integramos el Encuentro Sindical Combativo (ESC) y el FIT, realizamos los actos más significativos del 1° de Mayo en nuestro país, en consonancia con los actos de lucha que se realizaron en varios países. Mientras Cristina intentó disimular en actos intrascendentes el duro ataque al salario real (vía devaluación, paritarias debajo de la inflación, tarifazos, etc.) y las suspensiones y despidos que han comenzado, las “centrales sindicales” hicieron pequeños actos con pequeñas políticas: la CTA opositora (incluyendo al MST y la CCC) para llamar a una marcha el 8, Moyano anunció el día antes su marcha con Barrionuevo y la agenda de la derecha para el 14, mientras la CTA y la CGT oficialistas llamaron a “defender el modelo”. Sólo los actos de la izquierda y el sindicalismo combativo levantaron una política para que la crisis no la paguen los trabajadores: denunciamos el ajuste y la entrega al imperialismo (Repsol, deuda externa), llamamos a continuar el parazo del 10A con un paro activo de 36 horas y un plan de lucha, a defender a los petroleros de Las Heras y todos los procesados por luchar, y a conquistar la independencia política de los trabajadores, frente a todas las variantes patronales, para que nuestra lucha pueda triunfar. Clarín, La Nación y Página 12 tuvieron que dar cuenta, en sus crónicas de los actos, de la importancia de este polo político, que continúa la destacada presencia que logramos en los piquetes del paro nacional, sobre todo en el de la Panamericana, luego del avance del FIT en las elecciones nacionales del 2013 (confirmado en las elecciones municipales de la ciudad de Mendoza de marzo de este año, donde mantuvimos el 15% de los votos).

Mientras las grandes patronales aprovechan momentos de crisis para aplicar suspensiones (industria automotriz) y despedir en algunos casos activistas (autopartista Gestamp, destilería de Shell), nuestro desafío es cómo prepararnos para enfrentar con éxito las duras batallas de la lucha de clases que vendrán. Desde este punto de vista analizaremos las distintas políticas que se plantearon en la Plaza de Mayo.

Masas, vanguardia e izquierda

Estamos frente a un momento histórico de cambio en la clase obrera, ya que se trata del final de una experiencia con un peronismo “de centroizquierda” (ahora derechizado, como terminan todos los centroizquierdistas). Pero ese proceso de ruptura de los trabajadores con “su” gobierno es altamente contradictorio. Veamos. El paro nacional del 10A mostró a millones de trabajadores parando (más que el ya fuerte paro nacional del 20N del 2012), muchos contrariando a sus propias direcciones sindicales “oficialistas” que llamaron a no parar. Sobre la base de este fenómeno verdaderamente “de masas” del paro (ver Editorial II, LVO 567), se destacó una “avanzada” de trabajadores que tomaron en sus manos los piquetes (Editorial II, LVO 566), pequeña pero muy significativa porque en su desarrollo está el destino de la izquierda obrera y socialista. En las grandes huelgas de los docentes bonaerenses y salteños, la vanguardia que se movilizó en forma independiente de la burocracia fue mucho más amplia, alcanzando decenas de miles.

A su vez, en el terreno electoral (expresión distorsionada de la consciencia política), millones de trabajadores vienen de romper con el kirchnerismo pero en su mayoría terminaron votando a Massa o variantes derechistas similares, mientras una franja minoritaria de 1.200.000 apoyaron al Frente de Izquierda.

Aquí, los actos del 1° de Mayo muestran un primer dato significativo: si comparamos los resultados electorales del FIT del 2013 con los 660.000 votos obtenidos en el 2011 (en la categoría de diputados nacionales) el crecimiento electoral fue del 80%. Sin embargo, la capacidad de movilización de la izquierda en su conjunto no creció en esa proporción (no nos referimos a varias decenas de miles, sino a crecer ese 80% o más en las marchas y actos), aunque las columnas del PTS y el PO, similares y de lejos las más grandes, representaron 2/3 del acto en Plaza de Mayo, y las columnas del PTS más que duplicaron a las demás fuerzas del FIT en los actos de Mendoza, Córdoba, Rosario, Neuquén, Jujuy y Tucumán, aunque en las dos últimas no hubo acto unificado.

Y si bien el 1° de Mayo es una fecha sin tradición de lucha y movilización masiva en nuestro país (desde que el peronismo lo transformó en un día “festivo”), con las columnas de la izquierda el 24 de Marzo se repitieron las mismas proporciones.

En los piquetes del 10A, en varias fábricas y empresas, sí logramos que se movilizaran junto al PTS y demás organizaciones de izquierda, sectores de activistas que habitualmente no participan más allá de las luchas de su propia fábrica o gremio. Si realmente queremos constituir una fuerza política que pueda “dar vuelta la página de la historia” (como dijo el compañero Altamira en el acto) y superar al peronismo (para lo cual harán falta, además, acciones históricas independientes de la clase obrera, lo que Altamira no dijo), nuestro destino está en la capacidad que tengamos para multiplicar por miles y decenas de miles (al calor de la lucha de clases) los trabajadores cada vez más experimentados en la lucha, más conscientes y más organizados (en encuentros combativos, agrupaciones clasistas y en militancia en la izquierda revolucionaria, de acuerdo a su grado de compromiso consciencia política, ideológica y programática), que puedan jugar el papel de “los obreros templados por el partido de Lenin” (ver abajo) en un verdadero proceso revolucionario. Esta perspectiva estuvo señalada, lamentablemente, sólo por los oradores del PTS en el acto.

Lucha sindical y lucha política

Altamira insistió, acorde con la orientación votada en el Congreso del PO, en que “toda lucha de clases es una lucha política” (afirmación tan conocida del Manifiesto Comunista), dado que hay que “derribar el poder político del capital”. Como afirmación general y estratégica, es indiscutible y estamos de acuerdo, pero en su desarrollo sólo se limitó a señalar ejemplos electorales, como que en Salta y en Mendoza trabajadores peronistas habían votado al Frente de Izquierda, y redujo la lucha política sólo a aquella que tenga carácter “socialista”. No hizo referencia al paro nacional del 10A, cuando en la historia del marxismo el ejemplo “clásico” de la lucha de clases adquiriendo carácter político es la huelga general, ya que supera la lucha de “obreros contra patrones” (lucha económica) para apuntar al gobierno y al régimen en su conjunto, aunque no sea abiertamente socialista. Por supuesto que el paro del 10A no tuvo un carácter revolucionario, pero es indudable que tuvo un carácter más directamente político, al enfrentar el ajuste de conjunto, que el paro nacional del 20N (aunque expresó un malestar de conjunto contra el ajuste que se iniciaba, tuvo entre sus motores centrales demandas más puntuales, como el impuesto al salario).¿Fue o no un paso cualitativo en la práctica política de los activistas que se organizaron para garantizar el paro y se movilizaron para hacer piquetes junto con la izquierda clasista no sólo en su fábrica sino con trabajadores de otras fábricas, docentes, estudiantes, etc.? Mejor callar sobre este hecho, porque el PO estuvo a la retaguardia en esta tarea en la acción de la lucha de clases más política de los últimos años (salvo en la presencia y declaraciones de sus parlamentarios). En cambio, sin mediar un ascenso revolucionario, exigen que el movimiento obrero sea ya directamente “socialista”, subordinando el desarrollo real de la lucha de clases a un fenómeno (por ahora) electoral “socialista” como es el FIT.

En última instancia, por esto el PO se opone a impulsar iniciativas de reagrupamiento combativo y antiburocrático del movimiento obrero, para la intervención política en la lucha de clases, como el ESC. Y le contrapone un llamado propagandista (y ultimatista ya que no proponen otra alternativa) a un “Congreso clasista y socialista”. Su llamado a “politizar” se reduce a “electoralizar” la lucha de clases.

Las iniciativas del ESC no se limitan a la “lucha sindical” (como equivocadamente sostuvieron los oradores de IS) sino que apuntan a, precisamente, hacer avanzar el carácter político de la lucha de clases, levantando aspectos del programa que defendemos todas las corrientes del FIT. Por esto, el ESC de Atlanta votó, el 15 de marzo, una jornada nacional de cortes de ruta contra el ajuste y por la absolución de los petroleros de Las Heras, es decir, no demandas “económicas” sino políticas contra el gobierno y que enfrentaban al conjunto del régimen (ya veníamos de haber impulsado la jornada del 27 de febrero en defensa de los petroleros, que fue reprimida). Luego, convocado el paro nacional, decidimos que esos piquetes se realizaran como parte del paro. El ESC no es sólo sindical, es un acuerdo de tendencias combativas y antiburocráticas (no hay ninguna corriente que sea parte de la dirección de ninguna de las burocracias de las centrales sindicales), y en su seno se desarrollarán acuerdos y diferencias frente a los desafíos que presente tanto la lucha de clases como la lucha política (incluida la electoral). Pero la clave es si hoy permite el avance de miles y miles de activistas obreros que vean en este polo, donde participa abiertamente la izquierda, un punto de apoyo para desarrollar su experiencia de lucha contra las patronales, la burocracia sindical y el gobierno. En este camino, se inscribe la convocatoria a Encuentros regionales para agrupar a los trabajadores más combativos y conscientes de cada región o ciudad. Este tipo de agrupamientos son una forma importante de combatir, en los hechos y no en las palabras, el sindicalismo de limitarse a las luchas de fábricas o gremios.

Por su parte, el FIT no es la única herramienta para la lucha directamente política (algo que también sostuvieron los oradores de IS). Es una coalición política de partidos que defendemos la independencia de clase y levantamos un programa que culmina en el gobierno de los trabajadores. Pero además de algunas declaraciones y actos en común, su terreno de acción central es el electoral, ya que no tenemos una práctica común en la lucha de clases. Y el terreno electoral es uno de los terrenos de agitación y lucha política, pero no el único ni el decisivo. Desde el PTS hemos insistido en buscar acuerdos –además de los electorales- para la lucha de clases, pero han surgido importantes diferencias (motines policiales, elecciones en la CTA, etc., además de las diferencias históricas sobre la intervención en el movimiento estudiantil).

Para que la lucha de clases se eleve a política en su verdadera amplitud, es decir, en la lucha por el poder, la lección de la historia es que es indispensable un partido revolucionario que solo puede nutrirse de los nuevos miles de obreros y jóvenes que pasen por las variadas experiencias de la lucha de clases, la lucha política y la lucha ideológica. Hemos planteado en este terreno también abrir un debate internacional y nacional, al que los compañeros de IS y el PO se han opuesto.

Los “obreros conscientes” de Lenin

Ya hemos polemizado, en esta columna (LVO 566), con la reducción del leninismo a una lucha sólo contra la presión “economicista” (sindicalista) desarrollada en “¿Qué Hacer?” que niega la descomunal batalla que emprende Lenin luego del ’14 contra la degeneración de los grandes partidos de la Segunda Internacional, sobre todo el Partido Socialdemócrata Alemán, cuya base fue el desarrollo de una burocracia política y sindical (apoyada en la aristocracia obrera) que se negó a poner en riesgo sus cargos parlamentarios y sindicales y lanzarse a la lucha revolucionaria contra el guerrerismo imperialista de sus propias burguesías.

Incluso en la historia de los partidos que se reivindican trotskistas, la adaptación a los regímenes democrático burgueses ha llevado al desarrollo de (mini)aparatos con una estrategia de construcción “geográfico-poblacional” en función de las “batallas” electorales, y no en base a las posiciones estratégicas en el movimiento obrero, por lo cual terminan totalmente impotentes para la lucha de clases real (sin la cual, no hay “elevación” posible a “lucha política”).

En este sentido, creemos que es pertinente una enseñanza que remarca Trotsky en su “Historia de la Revolución Rusa”, cuando polemiza con los historiadores que adjudicaban a la Revolución de Febrero de 1917 un carácter puramente espontáneo. Allí señala que, pese a la persecución implacable del zarismo que había dejado casi diezmada la estructura de dirección del Partido Bolchevique al interior de Rusia, “en la revolución de Febrero los obreros bolcheviques desempeñaron un papel decisivo”. Se trataba de “los obreros conscientes, templados y educados principalmente por el partido de Lenin” que habían pasado por la experiencia de la Revolución del 1905, la clandestinidad, el ascenso del ’12 al ’14, la guerra, etc. En todos esos acontecimientos, se fueron forjando obreros que rompieron con los liberales, los eseristas y los mencheviques, no por el “discurso” de los bolcheviques sino por convencerse en la práctica de la justeza de su programa y estrategia. Obreros que, sin dirección, supieron acaudillar a las masas en forma revolucionaria para impulsarlas hacia adelante, hasta lograr la caída del régimen zarista en Febrero. En esos mismos obreros, se apoyará luego Lenin, a su regreso, para impulsar el giro decisivo de la política del Partido Bolchevique hacia la lucha por “todo el poder a los soviets” (las famosas “Tesis de Abril”) contra la política conciliadora de la dirección bolchevique de Kamenev y Stalin.

Apostamos a impulsar la intervención en todos los terrenos de la lucha de clases (desde las luchas de fábrica hasta la participación en los piquetes de los paros nacionales, pasando por campañas de gremio para recuperar los sindicatos y la organización de encuentros nacionales y regionales) y la lucha política (campaña y acciones por los petroleros de Las Heras, campañas electorales del FIT con militancia obrera, etc.) e ideológica, con el fin de avanzar lo más rápido posible en la formación de esas camadas de obreros y obreras que combinen la comprensión del programa de la izquierda obrera y socialista y nuestros fines comunistas, con la práctica real de ese programa en lucha contra el gobierno, el régimen, las patronales y la burocracia sindical. Ellos son la savia que nutrirá la maduración, al calor de la agudización de la lucha de clases, de un gran partido revolucionario. Sin ellos sólo se construirán aparatos electoralistas o sindicalistas, no tendrá destino la revolución en nuestro país y “la lucha por el socialismo” será un saludo a la bandera.

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